1
Spinoza frente a su historia: radicalización del realismo político
Señala Étienne Balibar que «las marcas de la coyuntura histórica son omnipresentes en el TTP, por lo cual, desde ese punto de vista no se puede leer como una obra “puramente teórica”, escrita en un solo registro» (2011: 23). El TP, en cambio, puede ser visto como una respuesta posterior a los acontecimientos históricos en la Holanda del siglo XVII y como el intento por concebir un tratado teórico político más coherente y formal. Por lo mismo, esta reseña histórica no tiene sólo la función de anteceder a la presentación de los pensamientos spinozistas. La intención es mostrar de qué manera los factores culturales e históricos-políticos influyen en el giro conceptual de la obra de Spinoza. Pero de forma más específica quisiéramos sostener que la coyuntura histórica que supuso la caída y el asesinato de Jan de Witt marcó su concepción de lo político.
El 24 de noviembre de 1632 nace en Ámsterdam Baruch Spinoza. «Su verdadero nombre de pila es el portugués Bento, en hebreo Baruj, en latín Benedictus» (Gebhardt, 2008: 43). Pierre-François Moreau (2014) señala que hay al menos tres componentes de la cultura de Spinoza que son importantes para entender el conjunto de su obra. Nosotros exponemos esos elementos en orden ascendente, según el impacto directo que tiene en la constitución de su pensamiento político (sin negar que esas dimensiones se superpongan).
1. La cultura literario-filosófica-científica: la Biblia y la literatura latina son los grandes referentes de su cultura literaria. Aunque hay rasgos de herencia de cultura clásica, la originalidad de Spinoza consiste en que los toma como datos y trata de explicarlos por medio de un proceso análogo al de la física. Lo que dice de Aristóteles, Platón o Tomás de Aquino pertenece al orden de la mención. Habría que considerar, sin embargo, a Descartes y los escolásticos holandeses como una fuente más profunda de inspiración (Moreau, 2014). El latín lo aprendió en Ámsterdam junto al profesor Franciscus van den Enden. No se sabe con certidumbre en qué época se habría realizado ese contacto, pero Steven Nadler estima que fue entre 1664 y 1665, antes de la expulsión de la comunidad judía.
Además de la educación en literatura y filosofía clásicas, los alumnos de Van den Enden eran con casi toda seguridad introducidos a temas más modernos, incluidos los desarrollos recientes en ciencia natural. Es probable que la familiaridad de Spinoza con los pensadores de los siglos XVI y XVII se iniciara bajo la tutela de Van den Enden, que pudo informarle de la nueva ciencia (Nadler, 2004: 161).
Las lecturas a que Van den Enden pudo introducirle son las de Bacon, Galileo y el renacentista italiano Giordano Bruno; también pudo dirigirlo hacia humanistas como Erasmo de Rotterdam y Michel de Montaigne (Nadler, 2004). En lo que se refiere a la vertiente científica, Spinoza estuvo bien informado sobre la matemática, la física, la medicina y el lenguaje. Aunque se trate de una cultura pasiva, Spinoza muestra mucho manejo de todo lo concerniente a las ciencias de su tiempo. Su correspondencia con Enrique de Oldenburg acerca de los experimentos de Robert Boyle, es una clara muestra de que establece relaciones con científicos connotados y que habla en un lenguaje preciso. Se muestra capacitado, por ejemplo, para discutir con interlocutores de conocimiento enciclopédico como Leibniz, y no olvidemos que se dedica al pulido de lentes y que su trabajo es admirado. Sus cartas son fieles testigos de su fascinación por estos objetos:
Por el mismo señor Huygens también supe que el doctísimo señor Boyle vive y que ha sacado a la luz en inglés ese excelente tratado sobre los colores y que me lo prestaría, si comprendiese la lengua inglesa [...] El libro sobre las observaciones microscópicas también lo posee el señor Huygens [...] Por cierto, me contó maravillas de estos microscopios y también de algunos telescopios, construidos en Italia, por medio de los cuales pudieron observar los eclipses de Júpiter, producidos por la interposición de sus satélites y, además, cierta sombra en Saturno, como producida por un anillo (Spinoza, 2007: XXVI, 131).
Decir que la naturaleza no es más que una producción regulada por leyes es uno de los resultados significativos de aplicación del método geométrico de exposición; método que ocupa, por cierto, para deducir de forma genética el orden de las cosas reales. Estos elementos, aunque importantes para explicar el sentido de la obra total de Spinoza, son de menor relevancia para lo que ahora nos convoca. Aunque bien sirven para exponer el origen de algunas de sus ideas que luego serán expuestas.
2. La cultura y el contexto religioso: doble confrontación religiosa es la que se vive en los tiempos de Spinoza. Primero, en el cristianismo abundan las controversias religiosas suscitadas por los diversos bandos: asoma un pensamiento libertino cada vez más fuerte y el pensamiento judío conoce un vigor importante. Segundo, el «descubrimiento» (utilizando el eufemismo europeo) de América y Oriente refuerza el pensamiento comparatista que hasta ese momento se nutría de las tres religiones monoteístas principales (Islam, Cristianismo y Judaísmo) o de la mitología antigua (Moreau, 2014). Pareciera que el último punto tiene menos importancia; sin embargo, se debe considerar que el 31 de marzo de 1492, mismo año del «descubrimiento» de América, España decide expulsar a los judíos que durante siglos habían tenido una próspera presencia en esas tierras y desde 1391 las arremetidas de odio popular contra los judíos fueron comunes (Nadler, 2004). Los Reyes Católicos firmaron un decreto que obligaba a los judíos a adoptar las creencias católicas (Yovel, 1995). «De la noche a la mañana, los judíos se encontraron ante la siguiente alternativa: o conversión o exilio. Y en el plazo de tres meses no quedó oficialmente en España ningún judío. La otra mayoría de los exiliados (unos 120.000) pasaron a Portugal» (Nadler, 2014: 22). El rey Joao II les ofreció asilo temporal a cambio de una tarifa. Sin embargo, la acogida en este último país sólo fue momentánea. Manuel, rey de Portugal, el 5 de diciembre de 1496, decreta la expulsión de los judíos y los musulmanes de sus tierras. Pero temiendo las posibles consecuencias económicas que tendría este destierro, decide el 4 de marzo de 1497, la conversión forzosa de todos los judíos y el bautizo cristiano para todos los bebés recién nacidos. Así, otra salida forzosa sufrieron muchos judíos hacia los Países Bajos (Nadler, 2004; Yovel, 1995). ¿Quién fue, entonces, Baruch Spinoza? Un heredero directo de las expulsiones contra los judíos de la península Ibérica. «El nombre “de Spinoza” (o “Despinosa” o “d’Espinoza”, entre otras variantes deriva del portugués espinhosa, que significa “de un lugar Spinoso”. La familia pudo haber sido en su origen una de aquellas que [...] huyeron de España a Portugal» (Nadler, 2004: 55). El padre de Spinoza, Miguel, nació en Vidigere, Portugal, en el año 1587 o 1588, quien se sabe pasó a administrar algunos negocios de su tío y suegro Abraham en Ámsterdam. Ese fue el lugar de nacimiento de Baruch Spinoza, un 24 de noviembre de 1632, criado en sus primeros años bajo la normativa de vida judía y en la próspera comunidad judeoportuguesa de aquella ciudad. «No cabe la menor duda de que Miguel desearía para su hijo —nacido, a diferencia de él, como judío de una floreciente comunidad judía— una buena educación» (Nadler, 2004: 94-95). Por eso mismo, se preocupó, por ejemplo, de inscribir a sus hijos en una hermandad educativa para garantizar la educación de los niños bien dotados. Se puede afirmar que su formación siguió, durante los primeros años, un contenido de marcada tendencia religiosa-judaica.
Spinoza asistió a la escuela Talmud Torah durante los primeros cuatro grados, hasta llegar a los catorce años. Se da por supuesto a veces que fue también instruido en las materias rabínicas, lo cual querría decir que cursó los niveles superiores de la escuela [...] Spinoza, sin duda, debió de destacar en sus estudios y adquirir a través de ellos un dominio de la lengua hebrea lo suficientemente sólido como para poder escribir más tarde su propia gramática hebrea, al igual que un profundo conocimiento de la Biblia y de las más importantes fuentes rabínicas (Nadler, 2004: 101).
Existe otro evento ligado a la religión que marca el recorrido posterior de su vida. El 27 de julio de 1656 fue leído en hebreo el decreto que excomulga a Baruch Spinoza de la religión judía (Gebhardt, 2007). Maldecido y acusado de ateo, las causas de tal medida son sus pensamientos heréticos acerca de la religión. «La persona bajo cherem quedaba excluida, en mayor o menor grado, de participar en los actos rituales de la comunidad y, por tanto, de realizar muchas de las tareas que dan sentido a la vida de un judío. La severidad y la duración del castigo dependían usualmente de la gravedad de la ofensa cometida» (Nadler, 2004: 176-177). En cuanto abandona la comunidad, Spinoza entrará en un mundo dominado por la cultura religiosa calvinista. Aquellos a quienes frecuentará durante su vida no serán teólogos de profesión, sino personajes con los que mantendrá relaciones de amistad personal y epistolar: mercaderes (Balling, Jelles) o médicos (Meyer, Bouwmeester), miembros ellos a menudo de grupos de la segunda Reforma (Moreau, 2014).
3. La cultura y el contexto político: en la Europa del siglo XVII concebir el fenómeno religioso como un ámbito separado de la política es impensable. En los años anteriores al nacimiento de Spinoza, Holanda se encontraba en los primeros estadios de su Edad de Oro; sin embargo, tal bonanza se veía mermada por las diferentes guerras que la naciente potencia tuvo que afrontar durante el siglo XVII. «Aunque a mediados de 1667 la guerra con Inglaterra iba aproximándose a su fin, la paz interior de los Países Bajos se encaminaba otra vez hacia uno de sus desastres periódicos. Los debates sobre la conducción de la guerra (y sobre los términos de la paz) reabrieron las fisuras en la política y la sociedad holandesa» (Nadler, 2004: 347-348). Si bien los problemas externos se desvanecían, los internos, no. La disputa por el poder entre dos bandos fue una constante de aquellos años: la familia principesca de los Orange-Nassau y el partido de los regentes de Jan de Witt.
En 1650-1654, el día después de la independencia definitiva, una nueva crisis, una inversión de las relaciones de fuerza: por primera vez Orange intenta encaminar el Estado hacia un régimen monárquico, pero esta tentativa fracasa, el principal dirigente del partido de los Regentes, Jan de Witt, deviene Gran Pensionario y hace decretar la exclusión perpetua de la familia Orange de los cargos militares (Balibar, 2011: 35).
¿Pero quién era Jan de Witt? El descendiente de una familia adinerada y no en pleno un demócrata extremo; sin embargo, se mostró firme republicano. «Gobernó los Países Bajos como un estadista constitucional, eliminando casi en su totalidad instituciones semimonárquicas como las del virrey y la de capitán general (aunque dio a cada provincia la libertad de decidir por sí misma si quería o no nombrar a un virrey)» (Nadler, 2004: 349). Con Jan de Witt, las ciudades y las provincias de la república tenían derecho a decidir su administración y representantes. Impulsó la tolerancia, la libertad de filosofar dentro de ciertos límites y el libre credo. Pero insistimos, no por ello dejó de identificarse con un sistema cercano a la oligarquía (Nadler, 2004). En el año 1672 se recrudecen los conflictos externos y con ello los internos. Luego de algunos intentos, Jan de Witt, jefe de Estado, es asesinado. No se trata de un homicidio cualquiera, pues el telón de fondo son las disputas político-religiosas entre facciones que apoyaban distintas posturas calvinistas. El grupo que representa Jan de Witt abría «la posibilidad de una concepción “laica” de las relaciones entre Estado e iglesia» (Balibar, 2011: 37). De concepciones liberales y abiertos a las nuevas propuestas intelectuales y científicas, afirmaban la tolerancia como condición de la unidad nacional y el primado del poder civil sobre las iglesias. La otra facción era representada por la familia principesca Orange-Nassau, cuyas posiciones eran monárquicas y apoyaban un calvinismo ortodoxo que defiende «la tesis de una doble obediencia del cristiano: en materia temporal, a los magistrados o al príncipe; en materia espiritual a la iglesia» (Balibar, 2011: 38).
Spinoza estuvo ligado a la facción de Jan de Witt y a su muerte «se sintió completamente anonadado ante aquellos actos de barbarie, perpetr...