¿Alguna vez te has preguntado por qué el éxito parece seguir a algunas personar y eludir a otras? Esta pregunta se la hizo Napoleon Hill durante toda su vida y buscó la respuesta de una manera excepcional. El camino al éxito es una recopilación de los artículos de las revistas Napoleon Hill's Magazine y Napoleon Hill's Golden Rule Magazine, editadas por él mismo, que ofrecen un valioso análisis de sus primeros artículos. Ya sea que hayas leído, o que sea la primera vez que lees el reconocido trabajo de Hill, recorrer estas páginas te hará adquirir un valiosos conocimiento que potenciará tu vida y descubrirás el por qué de su popularidad en todo el mundo y de su influencia en el actual seguimiento de la autoayuda, como ningún otro en la historia.

- 224 páginas
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El camino al éxito
Descripción del libro
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Información
Categoría
Negocios y empresaCategoría
Desarrollo empresarialI El camino al éxito · 15 principios
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Principio 1
El deseo como un objetivo concreto en la vida
¡Deseas triunfar en la vida! Deseas una casa y deseas tener un “guardadito” en el banco. Quizá deseas un automóvil propio y algunas otras comodidades para disfrutar cuando no estés trabajando.
Tendrás todo esto y mucho más si sigues el camino al éxito tal como se te muestra en éste y los siguientes mensajes.
El camino al éxito ha sido descubierto, ya ha sido explorado y se han colocado señales en su ruta. Estas señales te dirán justo lo que hay que hacer. Se trata de quince señales. Si lees estos mensajes y haces lo que te indican, nada podrá evitar que alcances el éxito.
Estas quince señales fueron pensadas por un hombre que hoy es muy exitoso, que tiene su propia casa, su propio automóvil, una enorme cuenta bancaria, una esposa y varios hijos. Es un hombre exitoso y feliz, un hombre que no tuvo la ayuda de nadie ni las ventajas con las que tú tampoco cuentas, pues se abrió camino siendo un simple jornalero en las minas de carbón, no hace mucho tiempo.
Este hombre alcanzó el éxito justo como tú puedes alcanzarlo si sigues estas quince señales en tu camino al éxito.
La primera de estas señales se llama:
¡Un objetivo concreto en la vida!
Antes de que termine otro día, deberás decidir cuál será tu objetivo concreto en la vida. Después de haberlo decidido, escribirás tu objetivo en palabras sencillas y claras. Debes describirlo de manera tan clara que cualquiera pueda comprenderlo.
Por ejemplo, supongamos que tu objetivo es ser propietario de una casa, un automóvil, una buena cuenta bancaria e ingresos suficientes que te permitan descansar y divertirte. Entonces definirías tu objetivo con estas palabras:
Mi objetivo concreto en la vida es poseer una casa, un automóvil, una buena cuenta bancaria y ganar lo suficiente para poder descansar, entretenerme y divertirme. A cambio de estos placeres de la vida, prestaré el mejor servicio que esté en mis manos y me conduciré de tal forma que el cliente se sienta satisfecho. Para asegurarme de que mi patrón siempre esté satisfecho con mi trabajo, siempre me empeñaré en dar lo mejor de mí sin importar la paga que reciba, porque mi sentido común me dice que este hábito me convertirá en el empleado preferido y dará un valor superior al tipo de servicios que ofrezco. Firmaré este objetivo concreto y lo leeré todas las noches antes de dormir durante doce días consecutivos.
(Firma)
Los psicólogos afirman que cualquier persona que escribe un objetivo concreto con palabras similares a las anteriores y observa fielmente el hábito de leerlo durante doce noches antes de dormir, tendrá la certeza de que ese objetivo se cumplirá.
Recuerda, este objetivo concreto es el primer paso en el camino hacia el éxito. Recuerda también que el hombre que dio nombre a estas señales comenzó haciendo un humilde trabajo como jornalero en las minas de carbón, prácticamente sin educación, y pronto alcanzó el éxito. Tú podrás hacer lo mismo si sigues las instrucciones de estos mensajes.
Casi el mismo día que anotes tu objetivo concreto, notarás que las cosas surgirán en tu camino. Notarás que tus compañeros de trabajo serán más atentos contigo, que tu jefe tomará en cuenta tu trabajo y te felicitará con una sonrisa que jamás habías visto. Fuerzas ocultas vendrán en tu ayuda y comenzarás a tener éxitos, como si un ejército amigable estuviera siguiendo sigilosamente tus pasos y ayudándote en todo lo que haces.
Asimismo, tú serás más amable con tus compañeros de trabajo y con tu jefe. Serás más paciente con tus amigos y te harás más agradable; finalmente, ya no tendrás enemigos. Todos comenzarán a ser amables contigo y te ayudarán a alcanzar el éxito.
¡Esto te lo garantiza alguien que ha probado el plan y descubrió que sí funciona!
No te preguntes si también te funcionará. Sigue estas instrucciones y las que te daré a continuación y, un año a partir del día en que estás leyendo esto, a las personas que te conocen les sorprenderá tu personalidad y tú mismo te sentirás como una persona atractiva y agradable a todos. Asimismo, verás que todos los que te conocen pondrán en tu camino las oportunidades simplemente porque les agradas.
Tu mundo estará determinado por tu deseo dominante
Éste es el secreto oculto que inconscientemente define la atención. “Del modo en que un hombre piensa, así es en su corazón.” Observa la frase “en su corazón” o como Hamlet lo describió, en el “corazón de corazones”. Los hebreos, que en las escrituras utilizaban la palabra corazón como símbolo de la naturaleza emocional del hombre, ignoraban por completo la psicología moderna; sin embargo, tal como John Herman Randall lo señala en su Culture of Personality, ya conocían la gran verdad psicológica de que todo pensamiento surge de sentimientos o emociones dominantes. La personalidad, considerada como la unidad autoconsciente de la razón, el afecto y la voluntad, encuentra su expresión en un proceso creativo que comienza con un impulso o sentimiento, pasa al pensamiento y termina en un acto de voluntad. En el último análisis, nuestro mundo está determinado por nuestros deseos dominantes. La personalidad es la evolución del deseo.
Así como es el deseo dominante de un hombre, así se convierte el mundo de su personalidad. O para ponerlo más sencillo, el hombre se convierte en su deseo dominante. Todos los hombres, al percibir el deseo, imploran. El deseo dominante del derrochador es: “dame mi parte”. Peary decía que, durante veinticuatro años, despierto o dormido, el único sueño y propósito de su vida era encontrar el Polo Norte. Edison y la luz, Stevenson y la locomotora, Fulton y el buque de vapor, Napoléon y la conquista de Europa, Juana de Arco y la salvación de Francia, San Pablo y la expansión del cristianismo, respondieron al deseo dominante y controlador. Esas plegarias pueden ser falsas o verdaderas; sin embargo, la plegaria es un boomerang, lo que nos advierte que debemos mantener el deseo dominante puro y desinteresado, en concordancia con la voluntad de Dios.
Si conoces los deseos fijos de un hombre, podrás predecir en qué llegará a convertirse. Muéstrame los cuadros que un hombre cuelga en sus paredes, los libros que tiene en su biblioteca, las películas que ve, la clase de amigos que reúne en su casa, y te diré el tipo de plegarias que hace, ya que estas paredes de su imaginación, las cosas que escribe en la tablilla corpórea de su corazón, el tipo de conversaciones que sostiene en sus sueños, es el mundo ideal que controla su mente inconsciente.
Si tu mundo está determinado por tu deseo dominante, la única manera de crear un mundo hermoso es pensar, como Ralph Waldo Trine lo diría, “en armonía con el infinito”. Pensar, como el gran Kepler decía, “los pensamientos de Dios que están detrás de él”; pensar, tal como el Maestro mismo lo dijo, en armonía con la Voluntad Divina: “hágase tu voluntad”.
Sólo existe una manera de hacerlo. Debes practicar la presencia de Dios. El Maestro lo señaló de esta forma cuando dijo: “Entra en tu clóset, cierra la puerta y reza en silencio”. Es el pensamiento más efectivo del psicólogo. Tanto el psicólogo como el religioso coinciden en el mismo método para inducir el momento psicológico para conectarnos con el reino de Dios. No sólo somos lo que pensamos en nuestros corazones, sino también lo que imploramos dentro de ellos. La oración nos pone en contacto con la conciencia universal, la amorosa energía de todo ser, el Dios eterno, nuestro padre celestial.
Necesitamos acudir constantemente a la Presencia Divina. Necesitamos pensar en la oración más como la comunión, la creación y la realización, y menos como una petición. La oración, por sí misma, es la mayor posesión que tiene el hombre. Tu hijo no debe decir: “Ahora me acuesto a dormir”, por temor a que Dios se olvide de él o deje de cuidarlo por las noches. Le enseñas a tus hijos a rezar: “Ahora me acuesto a dormir”, para que aprendan el camino de la oración hacia Dios, para que cuando sean adultos identifiquen los deseos dominantes o fijos unidos a Dios. Sí funciona. El reverendo James Higgins me contó que antes de sus veintiún años no había visto una Biblia, nunca había entrado a una iglesia ni escuchado las oraciones: “Ahora me acuesto” y “Padre Nuestro, que estás en los cielos”, palabras que, según recordaba, había aprendido en el regazo de su madre y que repetiría día y noche durante toda su vida. La primera oración en público que escuchó resultó en su conversión y posterior consagración al ministerio cristiano.
Un estudiante del Springfield College me comentó: “Las lecciones de la señora McCollum sobre la psicología aplicada me han permitido darme cuenta de que mi madre es una mujer tanto de religión como de ciencia, y eso me emociona”. La suya era una madre sabia que enseñó a su hijo a rezar.
La plegaria, entonces —la verdadera plegaria— es el deseo dominante de tener la protección de Dios: somos la creación de nuestras plegarias.
La plegaria es el deseo sincero del alma
evidente o implícito
la agitación de un fuego oculto
que tiembla en el pecho.
Pon tu plegaria a trabajar, no para que Dios te conceda un milagro, sino para que te conceda la energía creativa para llevar a cabo los milagros para la gloria de una mejor humanidad.
Pide a Dios cada mañana salud, felicidad y éxito en tu tarea designada. Avanza con la certeza de que su energía anticipa el logro. No aceptes menos. El espíritu divino puede lograr milagros. La concentración y la oración serán tus mayores recursos durante la creación de una personalidad eficiente al servicio de la humanidad.
La reflexión de Clinton Scollard aparece tallada así en una piedra preciosa:
Dediquemos una hora de cada día
a las cosas sagradas —ya sea cuando el sol
a las cosas sagradas —ya sea cuando el sol
entre por la ventana, o cuando la luna
brille como un topacio pulido en la cripta,
o cuando el tordo susurre al oído de Eva
su lastimera melodía; una pequeña hora
para tener una conversación con el alma
lejos de la sordidez, que sea un santuario
cubierto por el cedazo de unas alas ocultas
brille como un topacio pulido en la cripta,
o cuando el tordo susurre al oído de Eva
su lastimera melodía; una pequeña hora
para tener una conversación con el alma
lejos de la sordidez, que sea un santuario
cubierto por el cedazo de unas alas ocultas
y tocado por la inefable luz blanca.
Hace unos veinte años, un escritor sureño escribió un libro titulado Up From Slavery. El hombre que escribió el libro ha muerto más allá del Atlántico, pero su obra permanece en Tuskegee, Alabama, en la forma de un monumento que mantendrá vivo su nombre para muchas generaciones futuras.
Este hombre se llama Booker T. Washington. El monumento se refiere a la escuela industrial que fundó para la gente de su raza, una escuela que enseña a sus estudiantes el honor y la gloria de aprender a trabajar.
Este escritor acaba de leerlo por primera vez gracias al señor Lincoln Tyler, un eminente abogado neoyorquino.
Nos sentimos avergonzados de no haberlo leído hace muchos años, porque es un libro que todos los jóvenes debieron haber leído en la infancia.
Si de vez en cuando sientes desaliento, acude a la biblioteca y lee este libro. Te mostrará la verdadera causa del desaliento.
Booker T. Washington nació siendo esclavo; ni siquiera sabía quién era su padre. Cuando los esclavos fueron liberados, sintió un ardiente deseo por educarse a sí mismo. La palabra deseo tiene un importante significado en este caso en particular.
Washington había escuchado hablar de la escuela para afroamericanos en Hampton, Virginia. Sin dinero para
pagar su pasaje o sus gastos de viaje, se dispuso a caminar desde su pequeña choza en Virginia Occidental hasta Hampton.
En Richmond, Virginia, se detuvo durante algunos días para trabajar como jornalero en un barco que estaba descargando. Su hotel era un andén y su cama la fría madre tierra. Ahorraba cada centavo que recibía de su trabajo en el barco y sólo reservaba unos cuantos centavos al día para mal comer. Toda la noche escuchaba pasos desde la acera, por lo que podemos juzgar que sus aposentos no eran muy agradables.
Sin embargo, tenía el ardiente deseo de educarse, y si los hombres tienen esta clase de deseos por cualquier cosa, sin importar el color de su piel ni el tamaño de su cartera, por lo general los alcanzan.
Al terminarse el trabajo en el barco, Washington volvió a fijar su vista en Hampton. Al llegar ahí tenía un capital de tan sólo cincuenta centavos. Lo observaron y escucharon su relato; sin embargo, no le informaron si sería aceptado o no como estudiante.
Finalmente, la encargada de la escuela le aplicó un examen de admisión. Éste era muy distinto al examen de Harvard o Princeton o Yale, pero era un examen. La encargada le pidió que entrara y limpiara una habitación en específico.
Washington se dispuso a realizar la tarea con la determinación de hacer un buen trabajo, ya que tenía un deseo ardiente por ingresar a esa escuela. Barrió la habitación cuatro veces. Después limpió cuatro veces cada rincón con un trapo.
La mujer inspeccionó su trabajo. Tomó su pañuelo y buscó alguna partícula de polvo, pero fue en vano, no había nada de polvo. Entonces le dijo al joven afroamericano: “Creo que sí ingresarás a esta escuela”.
Antes de morir, Booker T. Washington se había elevado a tal posición que se codeaba con reyes y potentados, siendo este “codearse” siempre una iniciativa de ellos. Él no buscaba prestigio ni anhelaba “igualdad de derechos” con los blancos.
Como conferencista arrasó con sus audiencias. Su estilo era simple. No utilizaba palabra complicadas; no blofeaba. Actuaba siempre de manera natural. Su manera de actuar simple y directa le abrió el corazón de su gente y de los blancos en los Estados Unidos y muchos otros países. Aquí una lección para todo aquel que busca la gloria y el honor en cualquier profesión.
Washington enseñó a su gente a dedicarle más tiempo a aprender cómo colocar ladrillos, construir casas y cosechar algodón que al estudio de las lenguas muertas o la literatura. Él aprendió el verdadero significado de la palabra educar. Comprendió que la educación significa desarrollarse desde el interior, brindar un servicio adecuado, aprender a obtener todo lo necesario sin interferir con los derechos de los demás.
Tuskegee, Alabama, es ahora una de las ciudades más progresistas. Es reconocida por el éxito de la escuela que Washington fundó, no sólo en Estados Unidos, sino prácticamente en todo el mundo. Sus instalaciones en sí mismas constituyen una ciudad espléndida.
Booker T. Washington hizo una afirmación en su Up From Slavery que resaltó como una estrella reluciente en la mente de este escritor. Dijo que el éxito de un hombre debe ser juzgado no por sus logros, sino por los obstáculos que ha vencido.
Qué cierto es esto. Una familia de Nueva York que posee muchos millones de dólares, dueños de una de las propiedades más lujosas de la ciudad, es considerada exitosa; sin embargo, ni uno solo de los miembros de esa familia hizo nada para ganarse un centavo de ese dinero.
Booker T. Washington, que fue un esclavo y que no tuvo suficiente ropa para cubrir su cuerpo hasta que fue mayor, superó obstáculos que a la mayoría de nosotros nos hubieran hecho rendirnos. Él se enfrentó con dos extraordinarios obstáculos: el prejuicio racial y la pobreza.
Aun así, a pesar de estas limitaciones, se ganó un lugar para sí mismo y para su raza que muchos otros, con menos obstáculos, envidiarían.
¡Él tenía razón! No es lo que un hombre posee en cuestión de riqueza material lo que cuenta, sino los obstáculos que vence en su camino.
Lee el libro de Washington. Llévatelo a un lugar apartado y reflexiona mientras lees. Compara los obstáculos de Washington con algunos de los tuyos, pasados o presentes, que consideres insuperables. La lectura de este libro te servirá de poderosa inspiración.
El libro es educativo e inte...
Índice
- Introducción
- Prólogo
- I El camino al éxito · 15 principios
- II Éxito
- III Liderazgo
- IV El poder de la visión ampliada
Preguntas frecuentes
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