Poco antes y durante la Segunda Guerra Mundial, muchos psicoanalistas europeos encontraron refugio en Sudamérica, concentrándose en Buenos Aires. Aquí, junto con profesionales locales, crearon un movimiento psicoanalítico fuerte y productivo, el cual dio a luz a importantes contribuciones teóricas y clínicas que transformaron esta disciplina. En Los pioneros del psicoanálisis sudamericano, Nydia LismanPieczanski y Alberto Pieczanski, los editores, reúnen trabajos de esos pioneros e introducen al lector a sus ideas y avances más importantes. Los ensayos aquí presentados vienen acompañados de introducciones académicas escritas por psicoanalistas, muchos de los cuales conocieron personalmente a los pioneros. Este libro será de enorme interés para psicoanalistas, psicoterapeutas, académicos interesados en la historia y desarrollo del psicoanálisis, y estudiantes avanzados.

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Los Pioneros del Psicoanálisis en Sudamérica
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Mental Health in PsychologyPARTE I
PROCESO PSICOANALÍTICO
Madeleine Baranger y Willy Baranger, ambos provenientes de Francia, se radicaron en Buenos Aires inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial e hicieron su formación psicoanalítica con los analistas que constituyeron el grupo inicial que con anterioridad había formado la Asociación Psicoanalítica Argentina. Años después, entre mediados de los años cincuenta y mediados de los sesenta, ellos se trasladaron a Montevideo, donde fundaron la Asociación Psicoanalítica del Uruguay. Luego volvieron a Buenos Aires, donde continuaron dando formación a diversas generaciones de analistas argentinos.
Los estudios más significativos de Madeleine y Willy Baranger están centrados en relación a los problemas que se suscitan en el campo psicoanalítico. Ambos estudiaron las vicisitudes del proceso psicoanalítico cuando este se detiene por la convergencia de obstáculos que son pertinentes a analista y paciente, configurando un estado de estancamiento del proceso que los autores denominan “baluarte”. Este último concepto tiene similitudes con las descripciones que muchas décadas después fueron dadas acerca de lo que se denominó “escenificación” (“enactment”), si bien el concepto de “baluarte” confiere mayor profundidad y comprensión al acontecer analítico, por cuanto el “baluarte” remite a una fantasía conjunta configurada por analista y analizado. Un ejemplo típico de esto acontece mediante la distribución de roles alternantes o fijos entre analista y paciente durante los estados sadomasoquistas. Una síntesis de las contribuciones de Madeleine al estudio del proceso psicoanalítico está contenida en sus consideraciones acerca de lo que acontece en la mente del analista durante el proceso de escucha e interpretación (M. Baranger, 1993). Un artículo que antecede al anterior y que expresa con claridad la teoría del “campo dinámico psicoanalítico” (M. Baranger et al., 1983) fue escrito con W. Baranger y J. Mom.
Una de las contribuciones significativas de Madeleine Baranger consiste en sus consideraciones acerca de los cuadros de “mala fe”. Este trastorno de la identidad que se caracteriza por la inautenticidad del sujeto, tanto consigo mismo como con los demás, imprime a las relaciones de objeto un carácter artificial que impide todo contacto real del sujeto frente a sus personajes internos y a sus objetos. La autora ubica este cuadro en tanto organización patológica del carácter, con lo cual lo desprende de la condición de “juicio de valor” que el término “mala fe” contiene en el lenguaje cotidiano. Por otra parte, la autora establece una diferenciación entre la descripción fenomenológica de J. P. Sartre sobre la “mala fe” y su propia definición del cuadro, en tanto amplía su significación al encontrar los determinantes inconscientes de este cuadro. Considera las distorsiones a la regla fundamental como la principal vía de acceso para una posible comprensión de este rasgo de carácter. Con esta finalidad, diferencia las transgresiones comunes a esta regla, las cuales no responden a un problema caracterológico, de la intención del analizando propia de este cuadro de desvirtuar la base misma del proceso analítico. No se trata solo de una dificultad en el cumplimiento de la regla fundamental: se trata de que esta resulta esencialmente distorsionada y esto responde a “un deseo de pervertir radicalmente la situación analítica, de reducir al analista a la impotencia y convertir el material analítico en carente de todo valor”. Centra la comprensión del cuadro de “mala fe” entre los trastornos de la identidad y relaciona el problema de inautenticidad que la mala fe imprime al sujeto con las vicisitudes de las introyecciones.
M. Baranger expresa que si bien la identidad se establece a partir de introyecciones que se integran en la estructura del yo configurando rasgos de carácter, en la mala fe, estas introyecciones parecen proporcionar al yo máscaras antes que rasgos. También destaca una característica de la situación interna del yo, la cual consiste en “una multiplicidad de identificaciones no sedimentadas contemporáneas y contradictorias, que hace que el analizando se viva y se presente como varios personajes, sin que pueda saberse quién es él auténticamente”, pero destaca que el sujeto no quiere renunciar a aspectos incompatibles de sus personajes. Una característica interesante de esta condición es que la inautenticidad resulta evidente para el observador, pero el sujeto no tiene conciencia de actuar múltiples personajes. De este modo, es posible apreciar que el problema de la inautenticidad no queda limitado solo a la cuestión del engaño, sino que remite a la multiplicidad de identificaciones que determinan en el analizando un nivel de inconciencia de esta patología. Esta forma de defensa permite al sujeto no renunciar a su omnipotencia, y su función esencial reside en ser una forma de evasión ante la angustia.
Referencias bibliográficas
1. Baranger, M. (1969). Mala fe, identidad y omnipotencia. EnBaranger, W. yBaranger, M. Problemas del campo psicoanalítico. (pp. 109–127). Buenos Aires: Ediciones Kargieman.
2. Baranger, M. (1993). The mind of the analyst: From listening to interpretation. En International Journal of Psychoanalysis, 74, 15–24.
3. Baranger, M., Baranger, W., Mom, J. (1983). Process and non-process in analytic work. En International Journal of Psychoanalysis, 64, 1–15.
4. Baranger, M., Baranger, W., Mom, J. (1988). The infantile psychic trauma from us to Freud: Pure trauma, retroactivity and reconstruction. En International Journal of Psychoanalysis, 69, 113–128.
Willy Baranger nació en Argelia. Durante su infancia se trasladó a Francia, donde se educó. Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial obtuvo su doctorado en Filosofía. Baranger tuvo una breve carrera docente en Francia que solo duró un año. Eventualmente, el matrimonio Baranger emigró a Argentina, donde Willy continuó enseñando filosofía.
Su paso por la filosofía fue breve, pues al tiempo tanto él como su esposa Madeleine se interesaron por el psicoanálisis y comenzaron una evolución simultánea. Esta llevó a que muchos analistas se refieran a ellos como “los Baranger”, una unidad conceptual que se manifestó en múltiples publicaciones compartidas y una larga y fértil carrera docente que a veces hace difícil separar contribuciones individuales.
Willy comenzó su análisis con Pichon-Rivière y su formación analítica en la recientemente fundada Asociación Psicoanalítica Argentina (APA). Sin embargo, el destino itinerante de la familia Baranger no se detuvo en Buenos Aires. En aquel tiempo, un grupo de profesionales uruguayos viajaba regularmente a Buenos Aires para hacer su carrera analítica en la APA y se analizaba en Montevideo con el pionero uruguayo Valentín Pérez Pastorino. Durante el primer gobierno de Juan Perón, tensiones diplomáticas con el gobierno de Uruguay que impusieron restricciones a los viajes entre ambos países hicieron difícil continuar con ese modelo de formación.
La muerte de Pastorino en 1948, sumada a la situación política, dejó a los pioneros uruguayos en una situación de “orfandad” que desencadenó una búsqueda internacional de analistas que quisieran establecerse en Uruguay. Entre los analistas que consideraron seriamente la oferta se encontraba Hanna Segal, otra profesional que tuvo varios cambios de residencia cuando su familia debió abandonar Polonia.
Ya cercano el final del gobierno de Perón en diciembre de 1954, los Baranger, siguiendo una sugestión de Pichon, su mentor y analista, se trasladaron a Montevideo con su hijo de siete años para organizar la incipiente sociedad psicoanalítica, cuya acta formal de fundación se firmó en 1955. Allí Willy se encargó principalmente de los análisis didácticos y Madeleine estuvo a cargo de la organización de la sociedad e instituto de formación. La Sociedad Uruguaya pidió ser aceptada como miembro de la IPA en el Congreso de Copenhague en 1959, en el que Melanie Klein invitó a los uruguayos presentes a un almuerzo en el que les dijo que no serían aceptados por su filiación kleiniana. La incorporación a la IPA tuvo lugar en el congreso de Edimburgo de 1961, un año después de la muerte de Klein.
Los Baranger pasaron once años en Uruguay y regresaron a Buenos Aires, donde Willy falleció en 1994 y donde Madeleine sigue trabajando hasta este momento (2016).
Posiblemente, una de las contribuciones más importantes de los Baranger es el concepto de campo analítico, una co-creación de analista y paciente, un tercer componente de la experiencia analítica que, a mi entender, funciona como una fantasía inconsciente (me refiero al concepto kleiniano de fantasía inconsciente) y que informa el proceso analítico. Este concepto tiene su origen en las contribuciones de Pichon-Rivière, Racker, Álvarez de Toledo, Jorge Mom, León Grinberg y David Liberman, todos ellos fuertemente influenciados por las ideas de Klein. El concepto de “campo” va, sin embargo, más allá del universo del psicoanálisis e incluye elementos de la psicología social, la filosofía y la literatura que se manifiestan en la fuerte presencia de Merlau Ponty, fenomenólogo interesado en cómo los seres humanos atribuyen significado a sus percepciones.
La perturbación del proceso creativo en el trabajo clínico fue conceptualizada en su teoría sobre el “baluarte”, una co-creación de la pareja analítica al servicio de la resistencia. Willy investigó profundamente el concepto de Objeto en psicoanálisis, concepto que aparece en toda su producción, comenzando en Freud, pasando por Klein y finalmente encontrando en Lacan el camino hacia un psicoanálisis más allá de una psicología unipersonal o bi-personal. Durante su fecunda carrera, Willy “interrogó” los modelos económicos de Freud, la teoría del complejo de Edipo tanto en Freud como en Klein, y la ausencia del padre en Klein, entre muchas otras críticas fundamentales.
Baranger estuvo siempre profundamente comprometido en el diálogo etimológico dentro del universo psicoanalítico, el cual a lo largo de los años adquirió una relevancia fundamental dentro del psicoanálisis contemporáneo. En su trabajo “Métodos de objetivación en la investigación psicoanalítica” (1959), nos pide que abandonemos los métodos cuantitativos y mecánicos de investigación y nos animemos a desarrollar nuestros propios modelos de investigación y validación, así como criterios de verdad enraizados en nuestra práctica clínica.
Finalmente quisiera mencionar una línea de investigación que, a mi criterio, toca aspectos fundacionales de nuestras herramientas de trabajo. Me refiero aquí a sus investigaciones sobre la ideología como teoría implícita y/o explícita, y su rol como organizador del Yo del paciente y del analista. Dado que la función del psicoanálisis no es curar síntomas aislados sino modificar la vida de las personas, el problema de la ideología adquiere cada vez más importancia en el proceso analítico. La obra de Willy en este sentido tiene múltiples perspectivas que van desde la importancia de la ideología del paciente como material analítico, la función estructurante de la ideología en la comprensión e interpretación del analista y, en un sentido general, el problema de la teoría psicoanalítica como ideología. Esta problemática es trascendente, además, porque como él lo planea opera en el yo de ambos tanto consciente como inconscientemente.
Además de su extensa lista de trabajos, Willy Baranger publicó cuatro libros: Problemas del campo psicoanalítico, con Madeleine Baranger (1969), Posición y objeto en la obra de Melanie Klein (1971), Aportaciones al concepto de objeto en psicoanálisis (1980) y Artesanías psicoanalíticas (1994).
Willy Baranger tuvo también una intensa actividad institucional. Además de la ya mencionada participación en la Asociación Psicoanalítica del Uruguay, participó activamente en congresos psicoanalíticos nacionales e internacionales, presidió COPAL (Comité Coordinador de las Organizaciones Psicoanalíticas de América Latina) y tuvo un rol activo en la creación de la Sociedad Peruana de Psicoanálisis.
Referencias bibliográficas
1. Baranger, W. (1958). The Ego and the function of ideology. En International Journal of Psychoanalysis, 39, 191–195.
2. Baranger, W. (1959). Métodos de objetivación en la investigación psicoanalítica. En Revista Uruguaya de Psicoanálisis, 3(1), 26–41.
No es ninguna novedad el reconocer que las primitivas descripciones de la situación analítica como situación de observación objetiva de un paciente en estado de regresión más o menos pronunciado por un analista-ojo que se limitaría a registrar, entender y a veces interpretar lo que en él está pasando, peca por unilateralidad.
Tanto la observación directa como los trabajos cada vez más profundizados sobre la contratransferencia,(27) los medios inconscientes de comunicación que se desarrollan en la situación analítica con particular facilidad e intensidad, los significados latentes de la comunicación verbal ya implican un concepto muy distinto y mucho más amplio de la situación analítica, donde el analista interviene —a pesar de su necesaria “neutralidad” y “pasividad”— como integrante de parte completa.
La situación analítica tiene por lo tanto que formularse no como situación de una persona frente a un personaje indefinido y neutral —al final, de una persona frente a sí-misma— sino como situación de dos personas indefectiblemente ligadas y complementarias mientras está durando la situación, e involucradas en un mismo proceso dinámico. Ningún miembro de esta pareja es inteligible dentro de la situación sin el otro. No se quiere decir otra cosa cuando se recomienda, con justa razón por cierto, de utilizar la contratransferencia como instrumento técnico.(17)
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* Publicado en la Revista de Psicoanálisis, Vol. 69, Nro. 23, pp. 311–352.
† Este trabajo es un intento de síntesis de ideas ya expuestas por ambos autores en trabajos anteriores, varios de ellos inédit...
Índice
- Cover
- Half Title
- Title Page
- Copyright Page
- Dedication
- Table of Contents
- Listado de Editores y Contribuyentes
- Prólogo
- Agradecimientos
- Introducción
- Parte I: Proceso Psicoanalítico
- Parte II: Técnica Psicoanalítica
- Parte III: Metapsicología
- Parte IV: Psicoanálisis de Niños
- Parte V: Cultura y Sociedad
- Parte VI: Medicina Psicosomñtica
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