¿Quiénes son los Cronistas Oficiales de la Villa de Madrid? ¿A cuándo se remontan? ¿Qué nos contaron de sus respectivas épocas? ¿Cómo fue el Madrid que vivieron? Todas estas cuestiones y mu chas más se responden en Crónica Mínima de Madrid, un magnífico y ameno trabajo de investigación de la historia de la ciudad a través de eruditos que la amaron, la anduvieron y escribieron sobre ella, desde Mesonero Romanos, en 1864, hasta Constantino Mediavilla, en 2019.

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Journalist Biographies1. Ríos de tinta sobre Madrid: muere Tierno Galván
Eran las 11 de la fría noche del 19 de enero del 86 en el número 39 de la madrileña calle de Juan Bravo. Eran las 11 de la fría noche en la Plaza de la Villa. Eran las 11 de la fría noche en las redacciones de todos los periódicos, televisiones y radios de Madrid, y de España entera. Todos pendientes del fatal desenlace de la vida de Enrique Tierno Galván. A las 23 horas de aquel domingo fallecía «el mejor alcalde de Madrid, el mejor alcalde de España, el Viejo Profesor», según comunicó el primer teniente de alcalde, Juan Barranco.
Periodistas de todas las edades, de todos los medios de comunicación y de todas las ideologías se habían apiñado en torno a los dos centros de información, la clínica Ruber y la Plaza de la Villa, para estar «al loro», expresión que robó el alcalde a los jóvenes de la movida madrileña.

Enrique Tierno Galván y Ramón Tamames asisten a la manifestación del 1.º de Mayo, de 1979, en Madrid.
En aquella noche, las rotativas, micrófonos y cámaras echaban humo, un humo muy negro y triste. Ante hechos como estos se ponen a prueba las mentes y dedos de todas las personas que se ponen delante de un papel para relatar acontecimientos más o menos relevantes, históricos o anecdóticos, escritos en verso, novela, como artículo de opinión o simple información. Ríos de tinta cubren la ciudad.
«Madrid se ha puesto sobre su espalda de cemento, humos, flores y humanidad un mantón de Manila ribeteado de crespones negros. Se ha muerto su alcalde. El Manzanares, al que lavó la cara y dio vida con peces y patos, guarda silencio; la glorieta de Atocha, a la que comenzó a quitarle las cadenas de scalextric, está fría y triste; el viejo sillón de su despacho llora lágrimas de cuero…». Es la pluma de Ángel del Río, cuando todavía no era Cronista Oficial de la Villa de Madrid. Tras muchos años de información, artículos, crónicas, libros y locuciones en radio y televisión, el Ayuntamiento madrileño le otorgó esta distinción en 1999.
«Se ha muerto Tierno y Madrid se ha quedado huérfana. Saben los madrileños que nunca han tenido regidor más castizo, chulapón, marchoso, crema de la “intelectualidad”, riguroso, agnóstico, marxista en retirada, sincero y abierto como don Enrique, el que pintó de colores la angustia ciudadana con bandos llenos de humanidad y esperanza, el que hizo del dolor un estímulo para vivir, de la muerte anunciada un pregón de voluntad inquebrantable», es lo que escribía el Cronista en un artículo de opinión publicado el día 20 de enero de 1986 en el desaparecido periódico Ya.
En 1999, el pleno del Ayuntamiento de Madrid, con José María Álvarez del Manzano de alcalde, nombró a cuatro Cronistas Oficiales: los periodistas Ángel del Río, Pedro Montoliú, Luis Prados de la Plaza y el historiador José del Corral. Y había ya tres: los periodistas Enrique de Aguinaga, Lorenzo López Sancho y el arquitecto Fernando Chueca.
Todos ellos son personalidades que escriben, viven y aman Madrid en su extensión, aunque no hay que olvidar ni desmerecer a cientos de periodistas, historiadores, pintores e investigadores que hacen otro tanto por la capital de la España. Todos y cada uno han escrito y están escribiendo la historia de Madrid. Pero este libro solo se refiere en profundidad a los Cronistas Oficiales de la Villa y Corte.
La Real Academia Española (RAE) hace dos definiciones de cronista:
1. m. y f. Autor de crónicas.
2. m. y f. Historiador oficial de una institución.
La Wikipedia define cronista oficial así: «Cronista es el escritor que recopila y redacta hechos históricos o de actualidad en el género literario que recibe el nombre de crónica. En algunos casos ocupaba un cargo oficial cuyo cometido era desempeñar tales funciones. Hasta la época de la Ilustración era un equivalente de historiador, al describir cronológicamente hechos dignos de ser recordados, pero ya el oficio de historiador tenía una acepción diferente a la de Cronista en su estudio del pasado. Posteriormente el uso del término se refirió a los periodistas que redactan crónicas como género periodístico o a la práctica de la historia no profesional».
Aunque en el siglo XVI ya se puede encontrar el primer Cronista (López de Hoyos), me ciño a aquellos que han tenido el reconocimiento oficial de un nombramiento plenario o «Cronistas de derecho».
Aquí nos encontramos con el Cronista por antonomasia, Ramón de Mesonero Romanos, nombrado en 1864. De forma cronológica llego hasta nuestros días con los condecorados con este título en 1999 — Ángel del Río, Luis Prados de la Plaza, Pedro Montoliú, José del Corral —, en 2007 — Antonio Castro Jiménez —, en 2008 — Andrés Ruiz Tarazona —, en 2011 — Mayte Alcaraz, Ruth Toledano, Carmen Iglesias —, en 2013 — Feliciano Barrios — y, por último, en 2019, Constantino Mediavilla Fernández.
El Artículo 2.º del Estatuto del Cuerpo de Cronistas de la Villa de Madrid, aprobado el 30 de enero de 1998, señala que el título de Cronista de la Villa de Madrid recaerá sobre personas físicas que se hayan distinguido en su actividad profesional en cualquier tipo de estudios, investigaciones, publicaciones o trabajos en temas relacionados con la Villa de Madrid. Y en su artículo 1 dice que el título de Cronista de la Villa de Madrid lo confiere, discrecionalmente, el pleno de la Corporación Municipal.
Retomando lo dicho anteriormente, en el sentido de que este libro solo se refiere en profundidad a los Cronistas Oficiales de la Villa y Corte, hay que señalar que, en concreto, se destacan aquí su trabajo simplemente porque, en la modesta opinión de la autora, es lo más representativo y diferenciador de estas personas que han merecido el título municipal.
Sin duda alguna, Cronistas o no, todos los periodistas han contribuido a escribir la historia de Madrid a través de sus informaciones, pero todas ellas están redactadas de manera fundamentalmente neutral y objetiva, al menos esa es la intención. Sin embargo, el estilo literario se aprecia más en las columnas, artículos y crónicas de opinión. Ello no significa que la información general de los redactores no sea digna de mención.
Hechos históricos: informar y opinar
Centrándonos en el acontecimiento inicial del fallecimiento de Tierno Galván, nos encontramos con los siguientes periodistas que forman las plantillas de los periódicos en esas fechas y que escriben artículos de opinión o información o ambas cosas: en el diario Ya hay que mencionar a Ángel del Río, José Antonio Martínez Vega, Francisco Ventura y la autora del presente libro. En ABC encontramos a María González Vega, Luis Prados de la Plaza, Ángeles del Pozo, Javier Barrientos y al Cronista Lorenzo López Sancho. En El País escriben José L. Verdes, Javier Valenzuela, Sol Fuertes y Fernando Jáuregui.
Es importante señalar que en estos grandes acontecimientos todas las noticias redactadas están sin firmar, y en algunos casos se elabora un recuadro al final de las páginas especiales donde figuran todos los redactores que han contribuido. Entre noticia y noticia o en las páginas de opinión aparecen artículos personalizados, que suelen pertenecer a los jefes de sección y a políticos y escritores e historiadores de renombre.
La mayoría de los periodistas y Cronistas que se mencionan forman parte de las plantillas de prensa escrita. Sin embargo, en los últimos años se está nombrando Cronistas a arquitectos, historiadores e investigadores, así como a periodistas de televisión y radio. No obstante, dada la facilidad para mostrar su trabajo mediante documentos escritos, este libro se centra más en prensa escrita. Asimismo, hay que recordar que en 1986 solo existían TVE y las radios RNE, SER, Antena 3 Radio, COPE y Onda Madrid.
Lorenzo López Sancho es ya Cronista Oficial cuando fallece el alcalde de la capital. El día 21 de enero de 1986, este periodista dedica su Planetario a la figura de Tierno; titula así: «Mito y modernidad de Tierno Galván»[1]. El artículo de opinión comienza de la siguiente forma: «Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, “muerto en su ley”, según exacta expresión necrológica de José María de Areilza, ha sido apasionadamente despedido, en dolor de multitud, por el pueblo de Madrid. Adiós de romance si a estas alturas brotase todavía del pueblo un romancero. Pompa sin desvanecimiento, que no solo el personaje era poco propicio a desvanecerse, sino que su condición de mito vivo y de alcalde muerto eliminaba de raíz de la emoción del duelo popular cualquier florecilla, aun de legítimo enorgullecimiento». López Sancho termina su elogio al regidor: «Creo que el pueblo madrileño, con su fino instinto, había percibido ese itinerario hacia la modernidad. Por eso llora hoy, cuando se cierra el pasado y se abre el mito».
Otro Cronista, aunque no lo es en ese momento, es Luis Prados de la Plaza, quien dedica su columna Contraventana a la figura del alcalde: «Han sido demasiados disgustos, aunque poco a poco la mesurada aflicción del Viejo Profesor y su preferente gusto se refugiaban en sus libros, en la representación del cargo y en el esfuerzo por apaciguar la convivencia interna de la Casa de la Villa. Este último mérito no hay quien se lo quite en los últimos siete años […]»[2].
En el diario El País, que costaba 60 pesetas, Javier Valenzuela titula un artículo: «Enrique Tierno, el Búho Rojo que llegó a regidor para hacer de la ciudad un pueblo grande». Comienza así: «Vestía un terno gris perla, los espesos cristales de las gafas le daban aire de sabio despistado, y agitaba la mano derecha con tono de padre prefecto […]. El Enrique Tierno que se dirigía a los reclusos de la Tercera de Carabanchel ya era un hombre tocado por una enfermedad implacable. Pero no se notaba […]».
El periodista continúa su relato: «El momento culminante de la carrera política de Enrique Tierno, el hito que le permitió desarrollar con entera libertad su carácter, serio y flemático por fuera, terriblemente zumbón por dentro, fue su elección como alcalde de Madrid en abril de 1979 […]». Y Valenzuela termina: «Tierno llegó siempre a los incendios y otras catástrofes urbanas al mismo tiempo que los bomberos. Lo tenía dicho a la Policía Municipal: “Cuando pase algo grave, ustedes me llaman, me sacan de la cama si es menester”».
También en El País, pero un cuarto de siglo después, el Cronista Oficial de la Villa Pedro Montoliú escribe del alcalde de Madrid con motivo del aniversario de su muerte: «Sorprende que hayan pasado ya 25 años desde que Madrid se echó a la calle para despedir al que, sin grandes equipos de comunicación y sin costosas campañas de imagen, se había convertido en su mejor alcalde. Y sorprende más que, 25 años después, muchos de los madrileños que hoy cuentan con más de 45 años — e incluso de 30 — aún recuerden con cariño a Enrique Tierno, un personaje que a todos asombraba, pues parecía salido de principios del siglo XX, con su traje gris, unas gafas que le cubrían unos ojos miopes pero escrutadores, unas manos que proclamaban que su trabajo principal había sido pasar las páginas de los libros que él decía que había que leer como las gallinas — es decir, levantando la cabeza para meditar sobre lo que se acababa de leer — y esa voz que no necesitaba elevar para dejar clara su posición, por muy dura que esta fuera (…)».
Este artículo, publicado en madridiario.es (19/01/2011), titulado «Tierno en la memoria», finaliza así: «El Viejo Profesor, que era capaz de hablar al papa en latín, que no tenía problemas en aparcar su agnosticismo para presidir las procesiones, que no dudaba en invitar a los jóvenes a colocarse y estar al loro — lo que le convirtió en objetivo de la derecha —, que reconvenía a los madrileños con bandos arcaicos y llenos de humor, tuvo claro desde el principio cuál debía ser su papel al frente de la alcaldía. Se propuso devolver la ciudad a los madrileños; algo, según parece, demasiado revolucionario para que fuera continuado. No es extraño que los madrileños aún le recuerden».
Otra periodista de El País que informaba sobre la muerte de Tierno fue Sol Fuertes, habitual redactora de Local. «Su erudición, actitud y terminología llenaba de orgullo a los madrileños. Su salutación — escribe el 21/01/1986 — al papa Juan Pablo II en latín, o su desplante al presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, por ignorar al Ayuntamiento de la capital de España, fueron motivos para que se le recibiera con gritos de “Enrique Tierno, presidente del Gobierno”. Tierno era popular porque caló en todos los estratos sociales y generacionales madrileños»[3]. El artículo se titula «Una intensa gestión municipal protagoniza...
Índice
- Portada
- Créditos
- Título y autor
- Dedicatoria
- Prólogo
- 1. Ríos de tinta sobre Madrid: muere Tierno Galván
- 2. La plantilla de Cronistas Oficiales de la Villa de Madrid
- 3. Ángel del Río López: el Diablo Cojuelo
- 4. Ramón de Mesonero Romanos: el Cronista por antonomasia
- 5. Enrique de Aguinaga López: más de 3.000 artículos sobre Madrid
- 6. Tomás Borrás Bermejo: caballero de sombrero y bastón
- 7. Pedro de Répide Gallegos: el señor de la capa
- 8. Emilio Carrere Moreno: pintor de la bohemia
- 9. Lorenzo López Sancho: Isidro, un apasionado del teatro
- 10. Luis Prados de la Plaza: madrileño de corazón y adopción
- 11. Pedro Montoliú Camps: influir en la opinión pública
- 12. Constantino Mediavilla Fernández: «Es como si me nombraran alcalde de mi pueblo»
- 13. Definir la crónica
- 14. Calles y monumentos a los Cronistas
- 15. Los Cronistas, de tertulia por los cafés populares
- 16. Orígenes de los Cronistas
- 17. Las funciones de los Cronistas
- 18. Recorrido desde los Reglamentos al Estatuto
- 19. El costumbrismo, un género literario
- 20. Retratos de la Villa y Corte
- 21. El legado literario de 20 Cronistas
- 22. El Cuerpo de Cronistas
- 23. Asociación Española de Cronistas Oficiales
- 24. Algunas pinceladas de Cronistas Oficiales de España
- 25. Conclusiones
- Epílogo de Constantino Mediavilla Fernández
- Bibliografía
- Agradecimientos
- Mecenas
- Contraportada
- Otros títulos publicados
Preguntas frecuentes
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