Neoliberalizando la naturaleza
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Neoliberalizando la naturaleza

El capitalismo y la crisis ecológica

Arturo Villavicencio

  1. 448 p√°ginas
  2. Spanish
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Neoliberalizando la naturaleza

El capitalismo y la crisis ecológica

Arturo Villavicencio

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El neoliberalismo tiene un mantra, "El mercado lo soluciona todo", y encuentra en cualquier pretexto, incluso en una tragedia de escala mundial, una oportunidad de expansi√≥n y reproducci√≥n sist√©mica. La contaminaci√≥n y el agotamiento de los recursos naturales, el cambio clim√°tico y la destrucci√≥n del medio ambiente, se resuelve, para el siempre hambriento capitalismo, a trav√©s de una aplicaci√≥n adecuada de mecanismos de mercado bajo la promesa de que estos pueden engendrar al mismo tiempo crecimiento econ√≥mico y sostenibilidad ecol√≥gica: perfecta y √ļnica soluci√≥n. Este falaz discurso, altamente disciplinario, tecnocr√°tico y racionalista, ha ido copando los espacios acad√©micos y de opini√≥n, y ha sido incorporado en las pol√≠ticas p√ļblicas, instrumentalizado por los organismos internacionales y asimilado por los movimientos ambientalistas.Arturo Villavicencio, cuya labor investigadora en energ√≠a, ambiente y cambio clim√°tico fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz, nos invita a la reflexi√≥n sobre la relaci√≥n entre la naturaleza y capitalismo con una cr√≠tica de las pol√≠ticas neoliberales y su estrategia de mercantilizaci√≥n.

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Información

A√Īo
2021
ISBN
9788432320217
VI. ECOTURISMO: MITOS Y REALIDADES
El verdadero ecoturista es aquel que se queda en su casa (o permanece cerca de ella) (Higham y Luck, 2007: 128).
Debemos reconocer que los seres humanos se est√°n convirtiendo en una plaga para el planeta[1].
Introducción
Hace ya algunas d√©cadas, en un influyente art√≠culo, R. Stavenhagen se√Īalaba:
En la literatura abundante que se ha producido en los √ļltimos a√Īos sobre los problemas del desarrollo y del subdesarrollo econ√≥mico y social se encuentran numerosas tesis y afirmaciones equivocadas, err√≥neas y ambiguas. A pesar de ello, muchas de estas tesis son aceptadas como moneda corriente y forman parte del conjunto de conceptos que manejan nuestros intelectuales, pol√≠ticos, estudiantes y no pocos investigadores y profesores‚Ķ Pese a que los hechos las desmienten, y a que diversos estudios en a√Īos recientes comprueban su falsedad, o cuando menos hacen dudar de su veracidad, dichas tesis adquieren fuerza, y a veces car√°cter de dogma, porque se repiten en innumerables libros y art√≠culos que se dedican a los problemas del desarrollo y subdesarrollo en Am√©rica Latina[2].
D. Kahneman (2012), premio Nobel de Econom√≠a, advierte el mismo fen√≥meno y se interroga sobre el ¬ęmisterio¬Ľ de ideas y conceptos que, a pesar de obvios contraejemplos, persisten en el lenguaje pol√≠tico y aun en el discurso acad√©mico. Este autor califica a este fen√≥meno como la teor√≠a de la ceguera inducida: una vez que un conjunto de ideas es usado como herramienta de razonamiento, es extraordinariamente dif√≠cil reconocer sus fallas. Si una observaci√≥n no encaja con la teor√≠a o modelo, se asume que debe haber una explicaci√≥n en alg√ļn lugar o se concede el beneficio de la duda a la comunidad de expertos que aceptan y promueven la teor√≠a.
Con el ecoturismo estaríamos frente a un caso típico de ceguera inducida. Alrededor del mundo, esta actividad es presentada como una panacea: un modo de financiar la conservación de la naturaleza y la investigación científica, de proteger los frágiles y prístinos ecosistemas, de beneficiar las comunidades rurales, promover el desarrollo en los países pobres, aumentar la sensibilidad ecológica y cultural, despertar una conciencia social y ambiental, satisfacer y educar a los viajeros y hasta construir un mundo de paz. En este contexto, el ecoturismo es publicitado entonces como una solución absolutamente ganadora: para los países en desarrollo, para el ambiente y, lógicamente para el turista y sobretodo, para la industria transnacional del turismo.
En el Ecuador, frente a la evidente constataci√≥n de deforestaci√≥n por las actividades de exploraci√≥n y explotaci√≥n de petr√≥leo, la contaminaci√≥n del suelo y los r√≠os por los derrames persistentes de crudo y los impactos sobre los modos de vida de las comunidades ind√≠genas, surge la idea del ecoturismo como alternativa para generar recursos econ√≥micos que compensen una suspensi√≥n definitiva de la explotaci√≥n en ciertas zonas (Parque Nacional Yasun√≠) o una eventual moratoria de la expansi√≥n de la ¬ęfrontera petrolera¬Ľ (Amazon√≠a Centro-Sur). Seg√ļn sus promotores, una estrategia semejante permitir√≠a, adem√°s de detener el deterioro ambiental de extensas regiones de nuestra Amazon√≠a, generar empleo, aliviar la pobreza, proveer un modo de vida sostenible a los habitantes de la zona y, por supuesto, constituir el pivote para el inicio de un nuevo modelo de acumulaci√≥n de la econom√≠a nacional (Senplades, 2017; Senplades, 2013; Senplades, 2009). Planteado el problema en estos t√©rminos, la soluci√≥n propuesta es obvia y no admite cuestionamientos. Es as√≠ como la opci√≥n ecoturismo ha ido adquiriendo un estatus de sabidur√≠a convencional (Leach y Mearns, 1996): un conjunto de ideas asumidas como correctas por un consenso social o ¬ęla opini√≥n p√ļblica¬Ľ y que forman una parte integral del l√©xico sobre los temas de desarrollo social y econ√≥mico. Esta ortodoxia no se restringe √ļnicamente a c√≠rculos pol√≠ticos, grupos empresariales y organizaciones de la sociedad civil, sino que peligrosamente ha incursionado en la academia (Carri√≥n, 2017; Arroyo y De Marchi, 2017; Larrea, 2017). A partir de hip√≥tesis altamente simplificadoras se codifican narrativas que pr√°cticamente se han convertido en un nuevo ¬ęparadigma del desarrollo¬Ľ cuya insistente circulaci√≥n y repetici√≥n crea la peligrosa idea de que los problemas de inequidad y pobreza pueden ser resueltos sin confrontar el sistema establecido. Estas im√°genes son amplificadas e internalizadas en los discursos sociales, econ√≥micos y ambientales mediante la incorporaci√≥n de s√≠mbolos dominantes, ideolog√≠as y experiencias reales o imaginarias (Hoben, 1996: 188).
La intención del presente análisis es clara: deconstruir un discurso ideológico altamente sesgado y simplificador que se ha articulado alrededor del ecoturismo. No se trata cuestionar o criticar proyectos ecoturísticos puntuales, que en varios casos pueden resultar exitosos y hasta pertinentes para las economías de las comunidades locales. Insistimos aquí que el problema surge cuando el ecoturismo es presentado como una solución universal, exagerando al extremo los beneficios económicos para las economías de los países receptores, ocultando sus impactos depredadores sobre el ambiente e ignorando sus efectos de erosión sobre las culturas locales. El tema del ecoturismo, al igual que una parte importante del discurso ambientalista en el Ecuador, ha quedado atrapado en dualidades simplificadoras que empobrecen el debate, oscureciendo o acotando estrechamente las alternativas y opciones para el futuro.
La ideolog√≠a del ecoturismo gira alrededor de un discurso construido sobre tres mitos: el mito del desarrollo, el mito de la conservaci√≥n y el mito de inmaterialidad. Estos son los temas centrales de reflexi√≥n y an√°lisis del presente cap√≠tulo. El primero, el del ecoturismo como un nuevo motor de desarrollo para los pa√≠ses, en especial aquellos menos avanzados, es quiz√° el m√°s persistente de los tres[3]. Promovido como un medio positivo de desarrollo econ√≥mico para muchos pa√≠ses y comunidades que han perdido sus industrias tradicionales o para aquellos que simplemente anhelan mejorar sus condiciones econ√≥micas (Reid, 2003), los beneficios econ√≥micos como fuente de divisas y efectos multiplicadores sobre las econom√≠as son magnificados por organismos internacionales, agencias de desarrollo y gobiernos; creando expectativas m√°s all√° del sentido com√ļn. Esta persistente ¬ęinflaci√≥n del optimismo¬Ľ, reflejada en estad√≠sticas dudosas e impactos econ√≥micos exagerados, tiene como trasfondo el dogma neoliberal de explotaci√≥n de las ventajas comparativas, esta vez consistentes en una rica biodiversidad, paisajes pr√≠stinos y culturas ex√≥ticas.
El mito de la conservaci√≥n esta enraizado en la difundida percepci√≥n del turismo como una ¬ęindustria sin chimenea¬Ľ; es decir, una actividad econ√≥mica que no ocasiona o produce leves efectos sobre el ambiente y, aun cuando se reconoce que pueden producirse ciertos impactos negativos, estos pueden ser mitigados por medidas de compensaci√≥n. Entonces, frente a la constataci√≥n de una alarmante degradaci√≥n ambiental, en particular la acelerada p√©rdida de la biodiversidad, el ecoturismo es presentado bajo la promesa de inyectar nuevos tipos de recursos para la conservaci√≥n de la naturaleza, especialmente en aquellas partes pobres del mundo donde los Estados no disponen de los recursos y la capacidad para una efectiva protecci√≥n de sus ecosistemas. Sin embargo, no se puede ignorar que el ecoturismo, al igual que el turismo convencional, con su demanda transporte, alojamiento, servicios y entretenimiento con¬≠ducen, parad√≥jicamente, a degradar el entorno que precisamente sirve de espacio para la realizaci√≥n de sus actividades. Los impactos negativos sobre los ecosistemas son evidentes, por lo que surge la preocupaci√≥n de limitar la afluencia tur√≠stica, tratando de establecer ¬ęcuotas¬Ľ (n√ļmero de ecoturistas) en funci√≥n de una supuesta ¬ęcapacidad de carga¬Ľ que podr√≠an soportar los fr√°giles y sensibles ecosistemas. Lamentablemente, el ecoturismo, como un fen√≥meno global, dif√≠cilmente puede ser controlado, m√°s a√ļn, en un contexto mundial donde las oportunidades de acumulaci√≥n capitalista son cada vez m√°s escasas. Por √ļltimo, al analizar los impactos del turismo sobre la naturaleza, no puede ignorarse su alarmante contribuci√≥n a la desestabilizaci√≥n del clima. El tr√°fico a√©reo es una de las fuentes importantes de emisiones de di√≥xido de carbono y su participaci√≥n en el total de emisiones sigue en aumento.
Pero adem√°s de la conservaci√≥n de la naturaleza, el ecoturismo promete mucho m√°s. El ecoturismo promete fortalecer la democracia y la participaci√≥n mediante el desmantelamiento de las estructuras y pr√°cticas restrictivas del Estado; promete la protecci√≥n de las comunidades locales garantiz√°ndoles sus derechos de propiedad y ayud√°ndolas a entrar en el negocio de la conservaci√≥n; promete la promoci√≥n de pr√°cticas verdes en los negocios, demostrando a las corporaciones transnacionales que las estrategias verdes tambi√©n producen ganancias. Finalmente, el ecoturismo se presenta como el mecanismo m√°s id√≥neo para la protecci√≥n y conservaci√≥n de las culturas y modos de vida de las comunidades ancestrales (Igoe y Brockington, 2007). En esto consiste el mito de la inmaterialidad al que nos referimos anteriormente; aquella imagen del turismo des¬≠con¬≠textualizado de sus circunstancias sociales y ambientales, una ¬ęmer¬≠canc√≠a fetiche¬Ľ, sin ning√ļn costo social para las poblaciones o centros de los destinos tur√≠sticos, ¬ęcomo si las personas de las aldeas culturales o los puestos de artesan√≠as estuviesen esperando el consumo de su cultura¬Ľ (Brockington, Duffy e Igoe, 2008: 190). Como se discute m√°s adelante, se trata de una visi√≥n id√≠lica muy alejada de la realidad. El hecho mismo de promover emprendimientos, negocios y entrar en un mundo de competencia, pr√°cticas totalmente ajenas y contrarias a tradiciones ancestrales, socaba la cultura que se pretende proteger y termina destruyendo, o por lo menos debilitando, el tejido social de las comunidades.
Un debate y reflexi√≥n sobre el tema se presenta de manera apremiante porque despu√©s de una d√©cada de un imaginario prometedor montado alrededor de cambio del modelo de desarrollo del pa√≠s, el ecoturismo es presentado en c√≠rculos pol√≠ticos, empresariales y a√ļn acad√©micos, como la nueva promesa redentora de la econom√≠a ecuatoriana. Esta nueva estrategia de desarrollo nos abrir√≠a las puertas hacia una nueva fase de las ¬ęexportaciones¬Ľ milagrosas que han jalonado la econom√≠a del pa√≠s a trav√©s de su historia; una sucesi√≥n de ciclos de oro, como agudamente se√Īala Deler: ¬ęel ciclo de la pepa de oro (cacao), el ciclo del oro verde (banano), el ci¬≠clo del oro negro (petr√≥leo)¬Ľ (2007 [1987]: 390) y tal vez ahora el ciclo del oro blanco (turismo eco, bio, verde, comunitario, cultural‚Ķ). La promesa se presenta a√ļn m√°s atractiva porque opera dentro de las estructuras sociales, econ√≥micas y pol√≠ticas existentes. Es una estrategia que puede ser f√°cilmente implementada por los gobiernos, el sector privado, las comunidades locales y las ONG (Duffy, 2002).
¬ŅTurismo o ecoturismo?
Un maquillaje verde
En 1965 el ecologista mexicano Hetzer introdujo el término ecoturismo e identificó los principios normativos de esta actividad: i) mínimo impacto ambiental; ii) mínimo impacto y máximo respeto por las culturas locales; iii) máximo beneficio económico para las comunidades locales del país anfitrión; y iv) máxima satisfacción recreacional para los turistas participantes (Bjork, 2007). Desde entonces, el ecoturismo ha concitado la atención de los medios académicos, sociales, ambientalistas y, por supuesto, empresariales, y sus definiciones no han dejado de crecer, centrándose cada una en aspectos específicos o características de esta actividad[4].
La Organización Mundial del Turismo define el e...

√ćndice

  1. Portadilla
  2. Contraportada
  3. Legal
  4. Presentación
  5. Introducción
  6. I. El proyecto neoliberal
  7. II. Los servicios ecosistémicos
  8. III. La mercantilización de la naturaleza
  9. IV. ¬ŅCu√°nto vale la amazon√≠a ecuatoriana?
  10. V. Repensando el Yasuní
  11. VI. Ecoturismo: mitos y realidades
  12. Bibliografía