1. Cuerpo, alma, espíritu: corazón
A pesar de tener una extensa historia literaria y una presencia en el lenguaje común, afirmar que en los seres humanos existe solo una composición de cuerpo y alma es una verdad incompleta.
La composición es más sutil y a la vez más diáfana: cuerpo, alma y espíritu. Como se lee en este texto de san Pablo: «Que Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu (neuma), el alma (psique) y el cuerpo (soma), se conserve sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo» (1 Tesaloniceses 5, 23).
Lo corporal es claro. El alma es lo que anima a un ser corporal. Por eso puede hablarse de alma vegetal y de alma animal. Pero en el ser humano existe, dentro de la unidad individual, del ser persona, una tercera dimensión, el espíritu, por el que puede abrirse o cerrarse a lo trascendente.
Si se desea un término que englobe esa tríada, propongo el de corazón, que es sinónimo de persona y de yo, no del ego. El corazón es corporal, un músculo, pero la misma palabra se emplea para todo lo que hay o puede haber en el alma y en el espíritu. Cuando en el Salmo 84, 3 se dice: «mi corazón y mi carne saltan de júbilo por el Dios vivo», la carne expresa lo corporal; el corazón, el alma y el espíritu.
2. El corazón en el Antiguo Testamento
«Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón»
(Deuteronomio 6, 5)
El término hebreo para corazón es leb o lebab. La primera aparición es en Génesis 6, 5: «Viendo Yahveh que la maldad del hombre cundía en la tierra y que todos los pensamientos que ideaba su corazón eran puro mal, le pesó a Yaveh de haber hecho al hombre en la tierra y se indignó en su corazón». Era un uso literario de atribuir un corazón a Dios (pero no lo será a Cristo). El texto lleva a pensar que el corazón es sinónimo de vida y, por tanto, sede de pensamientos, de intenciones, de determinaciones. Algo del entendimiento, pero también de la voluntad y de las pasiones.
La historia de Israel es la historia de la bondad de Dios, de las traiciones de los hombres hacia Él, de su ira y castigo, de sus perdones y de la promesa de una reconciliación definitiva, que se cumpliría en Cristo. El corazón es el que peca y el que se arrepiente: por eso Dios perdona siempre «si de todo corazón os volvéis a Yahveh» (1 Samuel 7, 3).
Decir del corazón, al corazón, decirse en el corazón, hablar al corazón
Decirse o decir o hablar en el corazón (por primera vez en Génesis 8, 21, al aspirar Yahvé el holocausto realizado por Noé después del diluvio) se usa con mucha frecuencia en la Biblia. Sobre Ana, la madre de Samuel, se escribe que «hablaba en su corazón y solamente movía los labios» (1 Samuel 1, 13). En cambio, cuando se habla al corazón suele ser para expresar sentimientos como el del amor: Rut 2, 13: «has hablado al corazón de tu sierva».
Lo que tiene su origen en el corazón
Del corazón son:
- los pensamientos: «cuál es el pensamiento, tal es el corazón» (Proverbios 23, 7). Porque el corazón debe entender «inclinando tu corazón a la prudencia» (2, 2); para que «entre la sabiduría en tu corazón» (2, 10). En el mismo libro: «sensato de corazón» (15, 14), aspirando a la sabiduría (10, 8); «el corazón inteligente busca la ciencia» (16, 21); «mediré en mi corazón» (24, 32). Es sede de la verdad (Salmo 15, 2); «dile la verdad en su corazón». El corazón tiene que comprender (Isaías 44, 18). Es entendimiento: «hasta el día de hoy nos había dado Yahvé corazón para entender» (Deuteronomio 29, 3);
- la libertad. Buscar a Dios es también tarea del corazón: «Buscarás a Yahvé tu Dios y lo encontrarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma» (Deuteronomio 4, 29). El corazón quiere y quiere libremente: impulsa a obrar (Éxodo 25, 2; 35, 5, 21 y 29);
- en ese contexto está el primer precepto de todos: «Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza», donde alma y fuerza parecen una feliz redundancia porque todo se reduce a «Amarás con todo tu corazón». Por ser lo primero, lo esencial y existencial a la vez para el ser humano, el precepto y su ofrecimiento para y en la libertad aparece constantemente (Josué 22, 5; 23, 14; 1 Reyes 2, 4; 8, 48; 2 Crónicas 6, 38; Josué 24, 23; Jueces 9, 3; 1 Reyes 8, 58). Libres son las determinaciones: «he decidido en mi corazón» (2 Crónicas 29, 10);
- la voluntad, las obras; en Génesis 8, 21 Dios decide no volver a maldecir el suelo a causa del hombre, porque «las trazas del corazón humano son malas desde su niñez»;
- los proyectos y planes: (2 Samuel 7, 3; 1 Reyes 8, 23);
- las intenciones, los propósitos (1 Crónicas 28, 2);
- las palabras (Job 8, 10): «y de su corazón sacarán esas máximas»;
- el consejo: «en el corazón del hombre es agua profunda» (Proverbios 20, 5);
- el reflejo del prójimo: «como en el agua un rostro se refleja en otro rostro, así el corazón del hombre refleja el de otro hombre» (Proverbios 27, 19);
- el placer: «de cuanto me pedías mis ojos, nada les negué ni rehusé a mi corazón ninguna alegría» (Eclesiastés 2, 109);
- la conmoción: «me hace rugir la conmoción de mi corazón» (Salmo 38, 9);
- el mundo: «también ha puesto el mundo en sus corazones, sin que el hombre llegue a descubrir la obra que Dios ha hecho de principio a fin» (Eclesiastés 3, 11).
Las mejores cualidades del corazón
- puro (Salmo 24, 4);
- limpio, «Dios es bueno para el hombre recto, para los limpios de corazón» (Salmo 73, 1);
- integridad: «Ya sé también que con corazón íntegro has procedido» (Abraham), (Génesis 20, 6);
- rectitud (Salmo 119, 7): «con rectitud de corazón te daré gracias»;
- sinceridad, que es «derramar ante Él vuestros corazones» (Salmo 62, 9);
- sabiduría (1 Reyes 3, 12): «Dios da a Salomón un corazón sabio e inteligente»; (Salmo 90, 12): «para que lleguemos a tener un corazón sabio»;
- prontitud: «Pronto está mi corazón, oh Dios, está mi corazón dispuesto» (Salmo 57, 8);
- apacibilidad, mansedumbre: «el corazón manso es vida del cuerpo» (Proverbios 14, 30);
- temor de Dios, es decir, temor a no amarle como se debería amar: «mi corazón únicamente tema tu nombre» (Salmo 86, 11);
- meditación, oración: «el susurro de mi corazón» (Salmo 19, 15); «medito por la noche en mi corazón» (Salmo 77, 7);
- valentía: «aunque acampe contra mí un ejército, no temerá mi corazón» (Salmo 27, 3);
- fortaleza: «Val...