De Zhöu Göngdàn a Galileo, de Burke a Evo Morales, de Lord Byron a Angela Merkel… 130 oradores toman la palabra. Las voces aquí reunidas de políticos profesionales y dirigentes, también ciudadanos, científicos y escritores dan buena cuenta de la variedad retórica y argumental de los discursos políticos y de su influencia cambiante sobre la vida pública. Si en los siglos XIX y XX vive su apogeo gracias a la extensión de la imprenta y la prensa y la aparición de un amplio público lector, en nuestras audiovisuales culturas masivas y mediáticas, la figura del elocuente orador ha sido desplazada por la del eficaz comunicador; el discurso político y la verbalización de argumentos más o menos complejos ha dado paso a nuevas y simplificadas formas de comunicación, basadas en la preeminencia publicitaria de la imagen y del carácter telegráfico e inmediato del mensaje político: así el tuit, el canutazo televisivo o la consigna mediática. Sin ceñirse exclusivamente a nuestra contemporaneidad y a nuestro mundo occidental, su editor, Antonio Rivera, ha compilado una completa y representativa selección de discursos –muchos vertidos por vez primera al castellano–, procedentes de todas las épocas y latitudes, con la voluntad de conformar e ilustrar, al hilo de los grandes temas y acontecimientos, no solo una historia del discurso político, sino "una historia del mundo". Discursos improvisados o pensados, leídos brillantemente o a duras penas, escritos por sus oradores o por talentosos "negros" y pronunciados ante una multitud organizada o espontánea, ante políticos en un debate parlamentario, ante un juez, ante periodistas frente a una cámara de televisión o un micrófono de radio, en un acto fúnebre o conmemorativo, etc., muestran la heterogeneidad de voces y escenarios que componen esta antología, en la que los interesados en la filosofía, la política, la historia o la evolución del pensamiento encontrarán una fuente inmejorable.

- 442 páginas
- Spanish
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Antología del discurso político
Descripción del libro
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Información
Editorial
Los Libros de La CatarataAño
2019ISBN de la versión impresa
9788490971178
ISBN del libro electrónico
9788490977637
Categoría
LiteraturaCategoría
Colecciones literariasAngela Merkel
Nuestra cohesión
31 de diciembre de 2015, transmisión a través de la cadena pública de televisión ZDF
Criticada dentro de su país por los sectores más nacionalistas representados por el movimiento Pegida (acrónimo de “Patriotas europeos contra la islamización de Occidente”) o por el partido Alternativa para Alemania, la canciller democristiana ha tomado una posición activa y protagonista en la crisis de los refugiados, enfrentándose incluso a su propio partido. La guerra civil en Siria reanimó una corriente migratoria de huidos, a la que se han sumado importantes contingentes procedentes de otros países como Afganistán o Irak. Alemania admitió en 2015 a casi un millón de refugiados, una cifra muy lejos de la intención de cualquier otro país europeo. Esta circunstancia altera sustancialmente la entidad nacional alemana y da lugar a una contradictoria reacción: la de quienes profundizan en unos valores nacionales estrictos y excluyen de la nacionalidad a los recién llegados —un asunto complejo si se tiene en cuenta el todavía reciente proceso de reunificación o absorción de la Alemania del Este, curiosamente la región más xenófoba en estos momentos—, y la de quienes proclaman una condición posnacional que habría arrancado del reconocimiento de la culpa por el Holocausto y que se intensificaría con esta novedad migratoria. Buscando un intermedio virtuoso, Angela Merkel centra su discurso navideño en este asunto y une con habilidad las referencias al origen de la crisis, la buena situación de la economía alemana, el aniversario de la Reunificación, la oportunidad de la migración para el país, el respeto a los valores de la sociedad germana, la necesidad tanto de la integración como de la cohesión y la apertura de horizontes que precisa cualquier idea nacional de futuro. La referencia a la selección de fútbol es casi su único guiño nacionalista.
Queridos conciudadanos: hace un año, en la noche de Fin de Año de 2014, hicimos balance de un año que fue testigo de demasiadas guerras y crisis. Tragedias como la catástrofe del ébola en África han desaparecido ya de los titulares. Otros hechos, que ya nos consternaron en 2014, no han perdido vigencia este año, por desgracia. Entre ellos están la guerra en Siria y los brutales asesinatos de los terroristas de Estado Islámico.
El día de Fin de Año de 2014 dije: “Una consecuencia de estas guerras y crisis es que hay tantos refugiados como nunca desde la segunda guerra mundial. Muchos de ellos han escapado a la muerte, literalmente. Es evidente que los ayudaremos y que acogeremos a aquellos que busquen refugio entre nosotros”. Esta noche reitero esos pensamientos, pues han sido pocos los años en que nos hayamos visto tan apremiados a pasar de las palabras a los hechos.
2015 ha sido uno de esos años. Por eso me dirijo a ustedes, en esta noche de Fin de Año, para decirles una cosa: “Gracias”. Gracias por la enorme, espontánea y conmovedora oleada de voluntarios de la que fuimos testigos este año ante el gran número de personas que emprendieron la marcha con el fin de buscar refugio entre nosotros, en muchas ocasiones con peligro para sus vidas. Agradezco a los incontables voluntarios su caridad y su vocación, virtudes que quedarán para siempre vinculadas a este año 2015. Extiendo mi agradecimiento a todo el personal de ayuda, a todos los policías y soldados por sus servicios, a los empleados de las agencias estatales, de los Estados federados, de los municipios. Su entrega va mucho más allá de su deber. Todos ellos, tanto voluntarios como personal oficial, han realizado una labor encomiable. Y la siguen realizando también en estos instantes.
No cabe duda de que la llegada de tantas personas nos exigirá aún más. Nos costará tiempo, esfuerzo y dinero. Especialmente la integración de aquellos que permanecerán en el país, una tarea de vital importancia. Queremos y debemos aprender de los errores del pasado. Nuestros valores, nuestras tradiciones, nuestra forma de entender la justicia, nuestra lengua, nuestras leyes y nuestras reglas son los cimientos de nuestra sociedad y también condiciones indispensables para una convivencia correcta y basada en el respeto mutuo de todos los habitantes de nuestro país. Esto concierne a todo el que quiera vivir entre nosotros.
Todo país se beneficia siempre de la inmigración bien gestionada, tanto en lo económico como en lo social. Del mismo modo, es incuestionable que nuestro país se ha enfrentado con éxito a grandes desafíos y que siempre ha sabido estar a la altura de las circunstancias.
El 3 de octubre celebraremos el 25º aniversario de la Reunificación de Alemania. ¿No es maravilloso lo que hemos alcanzado veinticinco años después? Nos hemos consolidado como nación. Tenemos la cuota de desempleo más baja y los niveles de actividad más altos desde la Reunificación. El Estado encadena ya dos años sin nuevo endeudamiento. Los salarios reales aumentan, la economía es sólida e innovadora.
Estoy convencida de que, bien gestionada, la llegada de refugiados y la integración de tantas personas representan una oportunidad de cara al futuro, pues poseemos un maravilloso compromiso civil y un amplio plan de medidas políticas.
Estamos trabajando a nivel nacional e internacional para mejorar la protección de las fronteras exteriores de la Unión Europea, para transformar la inmigración ilegal en legal y para atajar las causas que obligan a las personas a huir. Todo esto reducirá el número de refugiados de manera perceptible y duradera.
Alemania también contribuye de manera importante a la lucha contra el terrorismo de Estado Islámico. Nuestros soldados defienden en cuerpo y alma nuestros valores, nuestra seguridad y nuestra libertad. Les doy las gracias d...
Índice
- Introducción. Del discurso al ‘canutazo’, por Antonio Rivera
- Zhöu Göngdàn. El mandato del cielo
- Tucídides. El único derecho válido es el del poder
- Demóstenes. La palabra al servicio de la comunidad
- Tácito. Arenga de Calgaco a los pictos
- Urbano II. El Señor os designa como heraldos de Cristo
- Bertrand de Born. Me agrada el alegre tiempo de Pascua
- Peter de la Mare. Los Comunes demandan una auditoría de las cuentas
- John Ball. Cuando Adán trabajaba la tierra, ¿quién era entonces caballero?
- consTantino XI. Llegó el momento de nuestro triunfo o de nuestra última hora
- Fray Antón Montesino. Primer sermón en defensa de los indios
- Hernán Cortés. Pocos somos, pero la unión multiplica los ejércitos
- Martín Lutero. Mi conciencia está cautiva de la palabra de Dios
- Carlos V. Discurso de abdicación
- Galileo Galilei. Retractación
- Luis XIV. La escena del teatro cambia
- Guillermo III. Una monarquía controlada
- Edmund Burke. La ley y el poder arbitrario son eternos enemigos
- George Washington. Dios y Constitución
- Antoine Barnave. Ya es hora de terminar la revolución
- Claire Lacombe. La ‘sans-culotte’ feminista
- Louise-Antoine Saint-Just. No se puede reinar inocentemente
- Maximilien Robespierre. Sobre los principios del Gobierno revolucionario
- Napoleón Bonaparte. Todos los pueblos envidian vuestro destino
- Lord (George Gordon) Byron. En defensa de los luditas
- Simón Bolívar. Discurso de Angostura
- James Monroe. América para los americanos
- Noah Sealth (si’ahl o Jefe Seattle). Tribus siguen a tribus y naciones siguen a naciones
- Karl Marx. El proletariado ejecutará la sentencia de la historia
- Patrick Henry. Dadme libertad o dadme muerte
- Camilo Benso, conde de Cavour. Iglesia libre en el Estado libre
- John Stuart Mill. Acceso de la mujer al derecho a voto
- Abraham Lincoln. El Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo
- Pedro Egaña. Religión, historia y armadura
- Mikhail Bakunin. Marx quedará muy descontento
- Emilio Castelar. Abolición (inmediata) de la esclavitud
- Benjamin Disraeli. Las esencias de la Inglaterra victoriana
- Susan B. Anthony. ¿Son personas las mujeres?
- Louise Michel. La bandera negra
- Otto Von Bismarck. El socialismo de Estado
- Friedrich Engels. El más grande pensador de nuestros días
- Joseph Chamberlain. La nueva idea de imperio
- Lord Salisbury. Las naciones moribundas
- Guillermo II. El discurso de los hunos
- Christabel Pankhurst. Si son arrestadas, enviaremos otras más
- Emiliano Zapata. La revolución es lo único que puede salvar a la República
- Jean Jaurès. La única promesa de una posibilidad de paz
- Vladimir I. Lenin. Las tesis de abril
- Woodrow Wilson. Catorce puntos para la paz mundial
- Adolf Hitler. Derrotaremos a los enemigos de Alemania
- Sun Yat Sen. El ‘pan-asianismo’
- Bartolomeo Vanzetti. He sufrido más por lo que creo que por lo que soy
- José OrteGa y Gasset. Rectificación de la República
- Franklin D. Roosevelt. La prioridad es poner a la gente a trabajar,
- Otto Wels. Estamos desarmados, pero no deshonrados
- Mustafa Kemal Atatürk. Feliz es aquel que dice ‘Yo soy turco’
- Alfred Rosenberg. Sangre y suelo
- Indalecio Prieto. Siento a España dentro de mi corazón
- Emilio Mola. El golpe de Estado preventivo
- Manuel Azaña. Paz, piedad y perdón
- Benito Mussolini. A los camisas negras
- Philippe Petain. El trabajo nacional
- Rabindranath Tagore. La crisis de la civilización
- Mahatma Gandhi. Abandonad la India
- Eamon de Valera. La Irlanda con la que soñamos
- Joseph Goebbels. Lo peor ha quedado atrás
- Charles de Gaulle. París liberada
- Hirohito. Japón se rinde
- Ho Chi Minh. Declaración de independencia de Vietnam,
- Juan D. Perón. Todo el poder a Perón
- Winston Churchill. Una cortina de hierro
- Kurt Kauffmann. ¿Sería Kant responsable de Auschwitz?
- George C. Marshall. La rehabilitación de Europa
- Andrei Jdanov. Los dos campos,
- Golda Meir. La única retaguardia que tenemos sois vosotros
- Jorge Eliécer Gaitán. Oración por la paz
- Ben Chifley. La luz en la colina
- Joseph MccarThy. Comunistas en el Departamento de Estado,
- Robert Schuman. Nace la Europa unida
- Dougglas McarThur. En la guerra no hay sustituto para la victoria,
- Eva Perón. Vísperas del renunciamiento,
- Joseph Stalin. La Brigada de Choque del movimiento revolucionario mundial
- Albert Einstein. El derecho (o el deber) a no colaborar con el mal,
- Sukarno. Vamos a crear una nueva Asia y una nueva África
- Nikita Kruschev. Denuncia de los crímenes de Stalin
- Mao Tse-Tung. Que se abran cien flores y compitan cien escuelas
- Harold Mcmillan. Vientos de cambio
- Patrice Lumumba. Nuestro país está ahora en manos de sus hijos
- John F. Kennedy. La Nueva Frontera de los años sesenta,
- Juan XXIII. La Iglesia mirará intrépida a lo futuro
- Martin Luther King. Yo tengo un sueño hoy
- Francisco Franco. Ante los veinticinco años de paz
- Ernesto Che Guevara. Discurso en la ONU
- Leonid BréZhnev. Leyes comunes de gobierno en la construcción del socialismo
- Angela Davis. El imperialismo yanqui nos mata aquí y en Vietnam
- Jesús Fernández Naves. Estos muertos son nuestros
- Salvador Allende. De nuevo se abrirán las grandes alamedas
- Yasir Arafat. No dejen que caiga de mi mano la rama de olivo
- Adolfo Suárez. Perder el miedo al miedo
- Ayatollah Ruhollah Jomeini. No podemos tener dos gobiernos en el país
- Julius K. Nyerere. La OCDE del Tercer Mundo
- Felipe González. Hay que ser socialistas antes que marxistas
- Oscar Arnulfo Romero. En nombre de Dios, cese la represión
- Ronald W. Reagan. El Gobierno es el problema
- Deng Xiaoping. Abrir en toda la línea nuevas perspectivas para la modernización
- Gabriel García Márquez. La soledad de América Latina
- Raúl R. AlFonsín. Se acabó la dictadura militar
- Richard Von Weizsäcker. Quien cierra sus ojos al pasado se vuelve ciego ante el presente
- Mijail Gorbachov. Fin de la ‘guerra fría’ y nuevo orden mundial
- Slobodan Milosevic. El anuncio de la tragedia yugoslava
- Fidel Castro. ¿Qué significa periodo especial en tiempo de paz?
- Octavio Paz. La búsqueda del presente
- José Antonio Ardanza. El conflicto vasco es un conflicto entre vascos
- Silvio Berlusconi. Por mi país
- Luis Donaldo Colosio. La única continuidad que propongo es la del cambio
- Noël Hitimana. Que la desgracia caiga sobre ellos
- Nelson Mandela. Una nación irisada, en paz consigo misma y con el mundo
- Margaret Thatcher. La libertad y el Gobierno limitado
- Umberto Bossi. Una nación imaginaria
- Elie Wiesel. Los peligros de la indiferencia,
- Comandanta Esther. Soy indígena y soy mujer, y eso es lo único que importa ahora
- Osama Bin Laden. Nuestra nación islámica ha estado probando lo mismo
- José Luis Rodríguez Zapatero. Un país más decente
- Evo Morales. Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre
- Nicolas Sarkozy. Contra Mayo del 68 (y sus herederos)
- Al Gore. La tierra tiene una fiebre
- Barack Obama. ‘Yes, we can!’
- Kevin Rud. Perdón a los aborígenes australianos
- Naomi klein. Superar la sobrecarga
- Vladimir Putin. ¿Nuevas reglas de juego o juego sin reglas?
- Angela Merkel. Nuestra cohesión
Preguntas frecuentes
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