Historia argentina. Una mirada crítica (1806-2018)
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Historia argentina. Una mirada crítica (1806-2018)

  1. 816 páginas
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  4. Disponible en iOS y Android
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Historia argentina. Una mirada crítica (1806-2018)

Descripción del libro

Ofrece un panorama crítico de la historiografía argentina, explorando diversas formas de hacer historia: desde la oficial hasta la contrahistoria y la historia científica. Invita a reflexionar sobre cómo el pasado es interpretado y usado para legitimar o cuestionar el poder.

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Información

Año
2018
ISBN de la versión impresa
9789874490117
ISBN del libro electrónico
9789874490193
Categoría
Historia
Huehuehtlahtolli, Testimonios de la antigua palabra (texto náhuatl). Miguel León Portilla, Librado Silva Galeana. Secretaría de Educación Pública, Fondo de Cultura Económica, México, 1991
Capítulo 1
Breve panorama de la historiografía argentina
Capítulo 1
Breve panorama de la historiografía argentina
Si la historia la escriben los que ganan,
eso quiere decir que hay otra historia,
la verdadera historia,
quien quiere oír que oiga.
eduardo mignogna - litto nebbia
I. La historia y sus historiadores
1. Conceptos de historia
¿Existe una sola “Historia”, con mayúscula, o por el contrario son dos (la oposición que plantea la canción citada) o muchas?
La respuesta es complicada, porque la palabra “historia” tiene un doble contenido: designa a la vez el conocimiento de una materia (el relato y/o la explicación de hechos pasados) y la materia de ese conocimiento (el pasado en sí) (Vilar, 1982).
¿Todo el pasado es historia? Según algunos sí (“Todo es historia1). Para otros, solo lo más importante (constituido por los acontecimientos “dignos de memoria”, ya sean públicos o políticos, institucionales o relativos a las artes, ciencias u otros hechos culturales). Otros preferimos decir que la historia está conformada por los cambios que se van produciendo en las sociedades, que se transforman debido a la acción de los hombres.
Pero lo que conocemos de esos hechos es gracias a la exposición o narración que algunos hombres (cronistas, historiadores, investigadores) hacen sobre los mismos.
Sin embargo, no todo lo que se escribe sobre el pasado es calificado como “historia” por la comunidad científica2 de una determinada época. Actualmente, se considera “historia” a la ciencia que investiga esas transformaciones en la sociedad (con palabras de Pierre Vilar, “la dinámica de las sociedades humanas”), analiza distintos tipos de hechos (de masas: demográficos, económicos, de mentalidades; institucionales y acontecimientos), trata de describirlos, analiza las posibles causas de las innovaciones, saca conclusiones, selecciona lo que se valora como fundamental, y escribe los resultados de su indagación.
De este modo, tenemos distintos tipos de historia:
• La historia narrativa, también denominada anecdótica, romántica, anticuaria, precientífica, busca relatar los hechos que conmueven la sensibilidad humana a través de una narración cercana a la literatura (la diferencia con el género literario es que la historia describe hechos que realmente ocurrieron, fundamentándose en pruebas). Es la que más gusta al público general, pero también es la más devaluada por los historiadores científicos y/o críticos, porque no siempre se ajusta al método científico, y en lugar de buscar explicaciones o de revisar críticamente lo que se sabe del pasado, prefiere quedarse en el tiempo o viajar a través del mismo, con el placer por lo antiguo.3
• La historia de bronce, es la utilizada por los gobiernos para exaltar el amor a la patria. También se la llama historia reverencial, didáctica, conservadora, moralizante, pragmático-política, pragmático-ética o monumental. Busca los ejemplos morales, se ocupa de quitar defectos y ampliar virtudes de hombres extraordinarios que pasan a ser “próceres”, escribe sobre los acontecimientos que se celebran como fiestas patrias.4 Se convierte en parte de la “historia oficial”, ya que se la difunde en las escuelas para que los alumnos tengan dignos modelos a ser imitados.
• La historia oficial es, por definición, la que elaboran las instituciones del Estado o sus ideólogos (Gilly, 1984). No se limita solo a la simplista versión de la “historia de bronce”, sino que está integrada por parte de la “historia científica” que es o fue producida por academias o institutos subvencionados por el Estado. Las historias nacionales “oficiales” –afirma Villoro– suelen colaborar a mantener el sistema de poder establecido y manejarse como instrumentos ideológicos que justifican la estructura de dominación imperante. El Estado asume la representación general de la Historia (Monsiváis, 1984) y le deja a los historiadores profesionales la carga de ratificar o contradecir, pero siempre respetando su sitio de eje implícito o explícito de los procesos. La relación es laxa en gobiernos democráticos, y tensa en las dictaduras.
• La contrahistoria ofrece una versión opuesta a la transmitida por la historia oficial. Es una historia teñida por la pasión, que rescata la memoria de los dominados. Surge en general en épocas de crisis políticas o de grandes cambios, y en la urgencia por la justificación de sus objetivos, muchas veces deja de lado instancias de análisis consideradas clave para la elaboración de una historia científica.
• La historia crítica examina la historia sabiendo que lo hace desde una postura determinada frente al mundo; admitiendo que esa ideología condiciona e influye en las preguntas que el historiador le hace al pasado, pero tratando de ser lo más objetivo posible al buscar e interpretar las respuestas. Al igual que la contrahistoria, intenta socavar los pilares de los poderes establecidos, pero lo hace cuidando que su método se base rigurosamente en los criterios válidos de cientificidad. Al respecto, Karl Marx solicitaba “la crítica despiadada de todo lo que existe, despiadada en el sentido de que la crítica no retrocede ante sus propios resultados ni teme entrar en conflicto con los poderes establecidos”.
• La historia científica somete los documentos y las tradiciones a un análisis severo para tratar de establecer su origen, develar los fines y objetivos de quienes los realizaron, buscando una explicación que le dé sentido y coherencia a la interpretación que hace de los mismos. Debe ser crítica, ya que la condición del conocimiento científico es la capacidad crítica sobre el objeto del conocimiento y sobre la metodología. Sin embargo, hemos visto que aunque la “historia crítica” está encuadrada dentro de la historia científica, también existe historia científica dentro de la “historia oficial”. Esto se debe a que puede presentarse el caso de ser crítica frente a las relaciones de poder y a las situaciones existentes en el pasado, pero conservadora en cuanto a las relaciones de fuerza y de poder que se dan en el presente; ofreciendo esta interpretación del pasado como un tránsito hacia el orden de cosas existente.
2. Memoria e historia
Existe confusión entre los conceptos “historia” y “memoria”, quizás porque la historia de los aficionados está muy cercana a la memoria, si no plenamente identificada con ella, o porque la historia oficial estuvo durante mucho tiempo ligada a la memoria de las clases dominantes.
La memoria es el recuerdo, la reconstrucción que un individuo o un grupo más o menos numeroso (memoria colectiva) mantiene de un hecho o de una época. Es selectiva, fragmentaria y parcial: responde a los intereses o a los sentimientos de alguno de los distintos sectores de la sociedad. Es subjetiva: es de alguien, sea ese “alguien” una persona o una comunidad.
La historia, en cambio (según definición de Marc Bloch) es “una ciencia de los hombres en el tiempo, y que incesantemente necesita unir el estudio de los muertos al de los vivos”. Si la memoria de lo acontecido fuera exactamente igual a lo que realmente sucedió, el rol del historiador no tendría sentido (Noiriel, 1997: 173). El historiador necesita tratar de despegarse del entorno en el que vive y de la memoria colectiva que lo domina o circunda a fin de realizar su investigación científica lo más objetivamente posible. En el nivel de producción, la comunidad profesional de historiadores es la que define las normas de cientificidad propias de la investigación histórica.
Terminado el trabajo de investigación, su difusión por medio de publicaciones destinadas al gran público o ...

Índice

  1. Capítulo 1
  2. Documentos
  3. Capítulo 2
  4. Documentos
  5. Capítulo 3
  6. Documentos
  7. Capítulo 4
  8. Documentos
  9. Capítulo 5
  10. Algunas interpretaciones sobre el período
  11. Documentos
  12. Capítulo 6
  13. Algunas interpretaciones sobre el período
  14. Capítulo 7
  15. Documentos
  16. Capítulo 8
  17. Algunas interpretaciones sobre el período
  18. Documentos
  19. Capítulo 9
  20. Documentos
  21. Capítulo 10
  22. Documentos
  23. Capítulo 11
  24. Documentos
  25. Capítulo 12
  26. Documentos
  27. Capítulo 13
  28. Documentos
  29. Capítulo 14
  30. Capítulo 15
  31. Documentos
  32. Capítulo 16
  33. Documentos