Infancia
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Infancia

Como un relicario

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Infancia

Como un relicario

Descripción del libro

Cuando hablamos de infancia nos referimos tanto a la primera etapa de la vida como a lo que permanece guardado en el arcón de los recuerdos como una imago potente y basal, fundante de los afectos posteriores, y constitutiva de la identidad. La historia, que se aplica por cierto para la infancia, no es cómo fue, sino cómo se la recuerda.Me he propuesto como objetivo que el mundo académico haga extensivos a la comunidad los resultados y efectos de sus descubrimientos, que los saberes teóricos se tornen "haceres" comunitarios, para que de esa manera puedan tener acceso a ellos quienes no asisten a instituciones educativas formales. De este modo, se busca contribuir a su empoderamiento, a partir de un conocimiento más amplio de la importancia del período de la infancia. Fragmento del prólogo

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Información

Editorial
Eudeba
Año
2020
ISBN del libro electrónico
9789502330037
1. La infancia, las infancias
¡Escribir sobre la niñez! Referirse a la infancia, que involucra nuestros primeros años y su efecto en el resto de la vida… ¿Cómo pensar sin pensarse? ¿Sin ser atravesado por el sí mismo? Todos fuimos niños, tuvimos infancia, distintas infancias. Con ella y desde ella leeremos este texto. Cuidadosamente abriremos ese relicario, al que alude José Saramago en su libro Las pequeñas memorias, en el cual se remonta a sus años mozos. Apodaremos infancia a este relicario, y allí encontraremos los tiempos remotos de la niñez.
Françoise Dolto llamó Infancias al relato de sus primeros escarceos en la vida, de sus sentimientos de entonces, de su entorno familiar. Para Freud, en cambio, fueron menester muchas letras para contar sus primeras experiencias y develar algunos de sus significados. Jean Piaget y Bärbel Inhelder refieren a las infancias reales de sus niños a lo largo de toda su obra.
¿Por qué esa niñez aparece sesgada a nuestra conciencia, además de bloqueada por esa barrera más o menos hermética que constituye el filtro de la represión, que mantiene “a raya” a esos impulsos que pugnan por aparecer y que entorpecerían la vida cotidiana?
¿Será porque esos hechos, vividos y/o imaginados, de tan gozosos nos conducirían a pretender repetirlos, lo cual estorbaría nuestro presente y entorpecería los avatares de nuestra vida adulta? ¿Será que impedirles aparecer exige esfuerzos de nuestro aparato psíquico para que permanezcan en ese reducto escondido y preservado? ¿Será quizás porque de tan angustiantes, frustrantes y no satisfechos, nos resultarían abrumadores de sobrellevar y pretenderíamos entenderlos? Nada hay tan antagónico a una vivencia infantil que pretender comprenderla desde una mirada adulta. Solamente es dable la reflexión, no la revivencia. “El niño que fui no vio el paisaje tal como el adulto en que se convirtió estaría tentado de imaginarlo. El niño, durante el tiempo que lo fue, estaba simplemente en el paisaje, formaba parte de él, no lo interrogaba” (Saramago, 2006: 15). Mas solo habiendo sido ese niño que fue se llega a ser ese adulto que es hoy.
Como el arte o la creación, la infancia es para vivirla, y en el afán de entenderla solamente es posible resignificarla. Sea como sea, lo cierto es que esas vivencias no se recuerdan pero dejan a fuego marcada su impronta, su huella indeleble; producen un modelaje, un amasado de la materia psíquica que determina en gran parte nuestra vida futura.
El estudio de la infancia nos conduce inevitablemente a revisar nuestras historias, aún cuando nada hay más alejado de nuestra conciencia que nosotros mismos. Pero como para vivir es necesario atreverse a enfrentar los fantasmas o las sombras que nos bordean, allá vamos… invitando a cada uno o cada una, al leer estas páginas, a rever su biografía, y a su luz direccionar el sentido de lo escrito y comprenderlo adjundicándole un significado propio y particular. Resulta importante saber acerca de nosotros mismos, de ese piso real y simbólico sobre el que se asienta la subjetividad y constituye a la niñez en “infancia”.
Para ello, es útil preguntarse: “¿Quién soy? ¿Cómo llegué a ser ese que soy? ¿Quién fui? ¿Quién quiero ser? ¿Cómo creo que me ven? ¿Cómo me veo? ¿Cuáles creo que son mis fortalezas? ¿Cuáles mis debilidades? ¿Cuál es mi sueño? ¿Cuáles mis fantasmas?” o nos veremos constreñidos a vivir en algún borde de lo que podríamos llegar a ser, por fuera de nuestra zona potencial de máximo desarrollo.
Es esencial realizar esta tarea con otros, con otros significativos que otorguen múltiples versiones de nuestra historia. Que funcionen a modo de espejo multiplicador, que completen, en la medida de lo posible, agujeros negros de la memoria. Que nos canten aquellas canciones de cuna, rondas, juegos, que poblaron nuestros primeros años, nos muestren algún juguete que antes fue nuestro compañero, nos cuenten esos cuentos que hayan podido acunar el sueño.
Desde cualquiera de los roles que se aborde a un sujeto, sea madre, padre, maestro, profesional o terapeuta, siempre que se establece un vínculo con algún niño o lo infantil de un adulto, hay que animarse a ver al otro en el otro, así como a mí mismo en mí, a fin de lograr diferenciarse y establecer algún vínculo reconociendo la singularidad de cada uno.
Y luego, tratar de mirar al otro y verlo, diferenciándonos, así como también conociéndolo y reconociéndonos a través de su mirada a fin de posibilitar la disociación que se instrumenta en la labor profesional entre personas. Dicho mecanismo permite a los profesionales que trabajan con niños y niñas, especialmente en educación y salud, diferenciarse y abordar la tarea con la distancia óptima para operar, como un Otro que pueda funcionar como referente frente a un niño singular o con el niño interior de los adultos.
Este capítulo refiere a las infancias porque no hay una infancia unificada.
Considero que hay tantas infancias como situaciones, estímulos, historias, géneros, singularidades. Considerar infancias es aludir a diversidades, pero también al privilegio de una forma de abordar los objetos, las situaciones, el tiempo y el espacio. Poder conectarse en los planos real, simbólico e imaginario de un cierto modo y con una cierta lógica en la que no prepondera la razón, el juicio, lo formal, la verificación lógica, porque la lógica es el privilegio de lo imaginario, de lo lúdico, de la sinrazón, del afecto. O por lo menos, esto sería lo óptimo esperable. Y cuando digo las infancias es porque hay otros niños que no pueden acceder a este tiempo glorioso del jugar, del no pensar en ciertos temas áridos y adultos y deben enfrentarse a la vida con las herramientas que aún no poseen. Esas herramientas que no pueden construir porque en la edad de construirlas, que es ahora, ya deben instrumentarlas. Trabajar, parir, no son cosas que ningún niño debería realizar a esa edad en que debería estar tratando de ejercer todos los roles posibles en el mundo de lo lúdico, para ensayar y organizar su mundo psíquico para aprender a vivir.
Sí consideramos, de acuerdo con Gilles Deleuze y Félix Guattari, que el concepto rizoma corresponde a una “imagen de pensamiento” que aprehende una variedad de multiplicidades. La diversidad, complejo fenómeno, constituye el rizoma que está en la base de la comprensión de toda subjetividad y nos permite reemplazar ciertos paradigmas y determinar algunos parámetros respecto a cuestiones esperables para determinadas etapas y considerarlas a la luz de cada historia o fenómeno particular.
Esto nos va a proporcionar tan solo una lente para observar y mirar la realidad, para ver a través de ella al niño real que habita esa infancia. Como decía John Lennon, no podemos conocer exactamente al otro, ni predecir acerca de los hechos, pero podemos aprender las reglas del juego. Tampoco podemos saber cómo debe ser un niño o qué debe hacer en determinados momentos de su vida, pero sí marcar ciertos límites o bordes dentro de los cuales consideramos que debería esperarse su perfil.
Plantear un paradigma conlleva una nueva visión de la realidad, e incluye información que aporta modos de visión complementarios a la realidad. Un paradigma son asimismo teorías, valores, técnicas, modelos y construcciones agrupadas y compartidas por los miembros de una comunidad, y cuyos supuestos no funcionan como hipótesis, sino como creencias estratificadas, que insisten en sostener una verdad. Conviene que un paradigma científico pueda ser sensible a modificaciones, refutaciones o convalidaciones, aunque si una teoría se instala de manera eficiente por un lapso de tiempo, se torna “norma”. Convertido en marco referencial social o comunitario implícito, el paradigma se instala como forma automática de considerar un fenómeno. Así, no se juzga cuestionar o rebelarse contra algo que parece ser “el orden natural del universo”. Por siglos se ha considerado que un niño debería ser X o Y... o que debería hacer tal o cual cosa... o jugar de un cierto modo y a cierta cosa. En una sociedad que se ha transformado en forma contundente, estos paradigmas deben tener sus límites lábiles manteniendo únicamente firmes los referidos a la ética, el respeto, la búsqueda de placer y eliminación de displacer por medios aceptados socialmente y que otorguen felicidad a todos los implicados.
Vivimos en una época de conflicto de valores, en donde se proponen paradigmas renovadores y se abren nuevas orientaciones. Combinar diferentes enfoques en un equilibrio dinámico implica construir un modelo flexible y creativo de pensamiento. Un paradigma es una guía de interpretación de los hechos naturales y científicos; con el tiempo se rigidiza y se vuelve ley.
En este libro pretendo abrir esos paradigmas porque la realidad es dúctil, amplia, cambiante y está revolucionada, porque ni el juego, ni el género, ni los vínculos, ni los medios de producción y comunicación ni los cuerpos son lo que eran, por lo tanto, nuestra mirada debe adiestrarse en la incertidumbre y estar abierta a la transformación permanente.
Es por todo esto que ya no hay infancia, sino infancias, múltiples, diversas, inocentes, complicadas, vulnerables, tecnológicas, lúdicas, pobres, ricas.
2. Abordar la infancia como ciclo vital
La psicología del ciclo vital refiere a un modo de acercamiento al conocimiento teórico del sujeto en los distintos ciclos de vida.
Ciclo vital designa a lo que sucede durante un tiempo acotado en cuanto a las reacciones ante los estímulos u obstáculos internos y externos, que suelen tener un cierto patrón en distintas personas. Por supuesto, se consideran esas respuestas en sus diferencias particulares, diversidad y pluralidad.
Esas respuestas pueden ser actitudes físicas, psíquicas, afectivas o cognitivas, actos, creaciones, etc. Serán percibidas desde la óptica de sujetos que se ubican en marcos teóricos, conceptuales, referenciales –Esquemas Conceptuales Referenciales Operativos (ECRO)– definidos y diversos. Dichos ECRO constituirán el marco contextual y referencial de este libro.
A lo largo de la vida del individuo, sus respuestas a los obstáculos que le ofrece lo otro, el contexto y la vida serán los determinantes de su subjetividad, según sea su tránsito por los distintos ciclos vitales. Abordar cada ciclo vital requiere de un “entrecruzamiento de saberes” provenientes de diversas disciplinas y teorías, un enfoque pluralista que se articule con el sujeto concreto. A esa intersección llamaré “praxis crítica”, teorías y experiencia integradas.
Los ciclos son espacios de tiempo con principio y final, comprendidos o limitados por algún cambio en el tipo de relación sujeto-objeto, sujeto-medio, sujeto-otro o sujeto-sí mismo. Para abordarlos, proyectamos describir, analizar, intentar explicar o quizás predecir dichas conductas.
Los cambios pueden ser cualitativos o cuantitativos, observables o no observables.
Esos cambios se asientan sobre condiciones biológicas necesarias pero no suficientes; contextuados en un medio humano, el sociocultural, esencialmente cambiante, donde se inscribe la particularidad de cada sujeto. Por lo antedicho habrá que considerar conceptos tales como maduración neurológica, tono muscular, reflejos, esquemas de acción, hábitos, etapas libidinales, etc. y luego fijación, regresión, retroacción, significación “a posteriori” y todos los entrecruzamientos imaginables.
Aparece entonces el siguiente cuestionamiento:
¿Cómo el ser humano, desde esa condición biológica, pasa a ser sujeto de la cultura? ¿Cuáles son las mediaciones intervinientes?
En este planteo es ineludible la confrontación con el factor tiempo, entendido como historicidad, o bien como un pasado y un futuro que cobran eficacia psíquica en el presente, en oposición a concepciones lineales donde lo pasado caduca, lo cual correspondería al enfoque de la psicología evolutiva. Si bien el proceso de constitución subjetiva ocurre en el tiempo, este, per se, no es causante de los cambios.
La edad únicamente es un indicador de lo que puede ocurrir en un período cronológico determinado: la edad cronológica adquiere un valor relativo, y resulta una etiqueta bajo la cual habría que colocar una serie de variables y procesos interrelacionados, tales como mutuos atravesamientos entre individuos y los sucesos históricos. Estos actúan a lo largo del tiempo e inciden en gran medida en las transformaciones.
Las estadísticas cronológicas no son estrictas, quizás muestren las relativas probabilidades de que se produzcan ciertas conductas o desarrollos esperables en un tiempo y espacio determinado, aunque supeditado a las diferencias individuales. Dichos cambios observables parecen presentarse con cierta regularidad y también con una relativa universalidad, y por eso permiten el uso de conceptos como etapas, fases, posiciones o estadios referidos al desarrollo en los distintos sistemas psicológicos. El tiempo es dinámico y se asume desde una perspectiva dialéctica.
Los resultados obtenidos permiten ofrecer parámetros de crecimiento, desarrollo y maduración, considerando las experiencias de la familia y del medio social en que está inserto el niño, incidencias importantes pero no determinantes. Los parámetros resultarán útiles para las futuras prácticas profesionales, tanto en el ámbito de la prevención y el trabajo comunitario como en el de la salud y la educación.
El abordaje que se realiza desde las teorías psicológicas de las funciones que se desarrollan y se integran en la personalidad del sujeto concreto marca una postura frente a la relación salud-enfermedad.
En esa relación, un sujeto se inscribe desde el entrelazamiento o configuración de las contingencias individuales relativizadas por un tiempo y un espacio sociocultural.
Un emergente (síntoma, capacidad, creación, símbolo) lo es no solo de un área específica, sino de la totalidad de esa persona.
Y ese niño, adolescente, adulto o anciano, que tiene un nombre y una historicidad, está inserto en una determinada estructura familiar y hará de ese síntoma una particularidad, una capacidad diferente a la media estadística. Es a esto a lo que denominamos diversidad.
Dentro de este enfoque un término a considerar es el de maduración, que se refiere a los procesos de crecimiento físico que posibilitan un desarrollo de conducta ordenada o sujeta a un cierto determinismo. Cuando una conducta aparece en todos los miembros de una cierta especie, aproximadamente en una misma época, sin que haya mediado un entrenamiento especial, se considerará como el resultado de la maduración.
En el momento del nacimiento el niño despliega parte de su conducta potencial (por ejemplo, los niños recién nacidos no pueden hablar, gatear, sentarse, caminar o ejercer control sobre las funciones intestinales o de la vejiga). Entonces, ¿cuáles son los factores que ocasionan el desarrollo o la aparición de estas conductas? La conducta puede ser el resultado del crecimiento físico, la maduración, el aprendizaje y estímulo o una combinación de los factores anteriores.
El aprendizaje aparenta desempeñar el papel de mayor importancia en el desarrollo de las conductas, ya que la mayoría de los padres y madres en nuestra cultura proporcionan entrenamiento, oportunidad para la práctica y considerable aliento. A pesar de ello, de recientes investigaciones acerca del desarrollo de la conducta se desprende que la maduración es una variable de primordial importancia.
El desarrollo o crecimiento físico es regulado desde el interior del organismo, se presenta de manera ordenada y sujeto a normas, dentro de amplias variaciones acorde a las condiciones de cada medio ambiente.
La psicología evolutiva, a diferencia de la psicología del ciclo vital, se ocupa esencialmente de los cambios normativos o cuasi normativos. Entendemos por normativos a los procesos aplicables a todos o bien a grandes grupos de seres humanos.
Abordamos el estudio de la psicología del ciclo vital procurando explicar la estructuración del psiquismo y la peculiar organización y funcionamiento de sus diferentes aspectos en los distintos momentos del desarrollo del sujeto en relación a las situaciones, estímulos y obstáculos a los cuales el medio expone a dicho sujeto.
A la hora de estudiar los cambios psicológicos que llevan al proceso de evolución y crecimiento en un ser humano, algunas características a tener en cuenta son la cultura, el momento histórico, el grupo social y los rasgos particulares. Como este libro pretende atisbar el mundo infantil, consideremos a la psicología en su modo de abordarla. Para ello cuenta con un conjunto de herramientas que sería ideal que se configuren mancomunadamente.
  • La observación, que se realiza a través de nuestros órganos de los sentidos a fin de percibir la realidad. Todo estudio científico parte de una observación minuciosa del fenómeno de interés.
  • Interrogantes que buscan explicaciones, o la búsqueda de las causas de los fenómenos surgidos a partir de dicha percepción. He aquí el “cómo”, el “para qué”, el “por qué”: el “cómo” nos dice de las circunstancias inmediatas que produjeron el fenómeno, el “por qué” busca la explicación, el origen o la causa del fenómeno, en tanto el “para qué” explica a qué apunta la acción.
  • La predicción plantea la capacidad de anticiparnos a la ocurrencia de un fenómeno determinado, antecediendo a los hechos.
  • Para esta tarea será necesario contar con métodos, técnicas y estrategias con recursos para intentar observar los fenómenos y producir o provocar la aparición a los fines de la investigación.
La psicología, desde mi óptica, tiene una finalidad importante que consiste en bregar por que el individuo viva más feliz, en armonía, coherencia y concordancia consigo mismo y con el mundo que habita y sea más consciente de sus potencialidades.
La heredabilidad, o relación entre herencia-medio, es un tema de debate en psicología y pretende explic...

Índice

  1. Portadilla
  2. Presentación
  3. Prólogo
  4. 1. La infancia, las infancias
  5. 2. Abordar la infancia como ciclo vital
  6. 3. Un relicario
  7. 4. Ser sujeto-niño por estos tiempos, por estos lares
  8. 5. El camino de la prosocialidad
  9. 6. Mamapacha. ¡Kusilla, kusilla!
  10. 7. Un nombre y sus implicancias
  11. 8. Desde la creatividad, la grupalidad y la vivencia lúdica al aprendizaje como constructor de subjetividad
  12. 9. Acerca de las fortalezas del yo
  13. Bibliografía

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