CAPÍTULO VII
La Fábrica Militar de Aceros
1. Construcción del establecimiento
Para la preparación de este capítulo, dedicado a la Fábrica Militar de Aceros, ha resultado inestimable la ayuda recibida del coronel Arturo Ricardo Von Wulffen. Su colaboración ha sido valiosa para todo nuestro trabajo, pero fue imprescindible para reconstruir los eventos tratados en esta parte, particularmente para el primer período de la Acería, hasta 1941 o 1942. También nos hemos beneficiado de la información aportada por Romeo Dal Brollo y Jerónimo A. Viola, protagonistas y testigos de la construcción, puesta en marcha y operación de la Fábrica Militar de Aceros en la primera época.
Al general Francisco Reynolds le resultó manifiesta la precariedad de los medios nacionales para la fabricación de acero cuando supo que la materia prima de los “shrapnels” – las granadas explosivas de artillería, cargadas de metralla y accionadas con espoleta de tiempo– era importada, y que incluso las planchuelas que servían de materia prima para la confección de las herraduras de la gran caballada que el Ejército aún mantenía, no eran laminadas localmente. Reynolds solía decir que “un caballo sin herraduras era como un camión sin gomas”.
Reynolds aprovechó inteligentemente la circunstancia de que la Comisión de Adquisiciones del Ministerio de Guerra, situada en Bruselas, necesitaba del asesoramiento de un técnico metalúrgico. Para desempeñar tal función designó y envío a Europa al Jefe de Talleres del Arsenal Esteban de Luca, el señor Sciarretta, a quien le solicitó que además de cumplir con la tarea oficial encomendada, hiciese averiguaciones sobre los requerimientos para instalar una microacería de unas 15.000 toneladas anuales de capacidad sobre la base de chatarra.
Unos meses después Sciarretta remitió a Reynolds un anteproyecto que incluía la fabricación y posterior laminación de lingotes de acero, sobre la base productiva de un horno Siemens Martin cargado con chatarra y calentado con fuel oil. En el anteproyecto enviado por Sciarretta intervino la casa alemana Sack. Se incluían, entre otras instalaciones industriales, un horno Siemens Martin de 10 toneladas de capacidad, un horno de recalentamiento de lingotes, un tren trío desbastador de lingotes a tochos y palanquillas, un tren laminador de barras comerciales y una usina generadora de electricidad marca Otto. Esta última, imprescindible en aquella época de escasez de electricidad industrial, constaba de tres grupos generadores de 500 HP cada uno, impulsados por motores diesel. El horno de recalentamiento de palanquillas era la única unidad de producción importante que no estaba incluida en la oferta, pues se prefería fabricarlo localmente. En el proyecto definitivo se incluía una instalación de laminación de productos planos, planchas livianas (“chapones”) y chapas para usos generales, además de la construcción industrial.
Las carencias que habían llamado la atención de Reynolds serían resueltas plenamente por las unidades descritas. La materia prima de los “shrapnels”, palanquillas de 75x75 o 100x100 mm – a ser luego embutidas en caliente– , serían producidas por el trío desbastador; las planchuelas para herraduras en el tren de barras.
Reynolds, que no contaba con asignaciones especiales, decidió destinar al proyecto una parte del limitado presupuesto que controlaba. A sus íntimos solía decirles que las primeras palanquillas laminadas estarían destinadas a la Fábrica Militar de Munición de Infantería (llamada a partir de 1938/1939 Planta Experimental de Munición de Artillería Borghi) para fabricar los “shrapnels”.
En 1934 Reynolds debió elegir el lugar de asentamiento de la acería, mientras estaba en trámite la rectificación parcial del curso del Riachuelo. Luego de estudios y consultas, se decidió instalarla en un paraje próximo a Villa Diamante, donde había existido décadas atrás un polvorín y depósito de armas.
El gran lote definitivo que resultó al finalizar las obras del Riachuelo tenía un área de unas 15 hectáreas, del lado de la Provincia de Buenos Aires. El viejo cauce del Riachuelo coincidió con el lugar en que, de acuerdo al proyecto alemán, estaría la usina generadora de electricidad. Reynolds no se arredró, y decidió hacer pilotear toda la superficie en cuestión. Según nuestros entrevistados, fue la obra de pilotaje más grande y compleja realizada hasta entonces en el país en un área no portuaria. La cimentación demandó alrededor de 1.500 estacas de hasta 21 metros de profundidad. Todos los pilotes-estacas, de hormigón armado, fueron hechos “in situ”, y se utilizaron dos martinetes a vapor en el hincado de los pilotes, uno alquilado a la firma alemana Kimbaum, y el otro prestado por el Ministerio de Obras Públicas (MOP).
La arena para la obra provino de una zona vecina a la desembocadura del río Uruguay, para cuya extracción y transporte Reynolds ordenó comprar una lancha succionadora que operaba en la zona del Río de la Plata. El hierro redondo – de importación– fue comprado en plaza en pequeños lotes, y los ladrillos se fabricaron en terrenos del polvorín Sargento Cabral. Mientras tanto, el Arsenal Esteban de Luca se abocó a la fabricación de las estructuras metálicas de los galpones, la torre tanque de almacenamiento de agua y los tanques de combustible. El mayor Carlos Martínez estuvo a cargo de las tareas de construcción hasta 1936, cuand...