CAPÍTULO 1
CONTEXTUALIZACIÓN HISTÓRICA.
ANTECEDENTES HISTÓRICOS DEL CONCEPTO DE ADOLESCENCIA.
A fin de estudiar una de las etapas vitales del desarrollo humano, como es la adolescencia, es importante realizar un recorrido por las conceptualizaciones teóricas que los autores de distintas épocas han dado en torno a esta temática y señalar también los cambios que se produjeron en las últimas décadas.
Para ello, se revisarán los teóricos más destacados y sobresalientes de diferentes momentos históricos que hayan brindado aportes valiosos a la psicología del desarrollo, más precisamente en el período de la adolescencia. Se presentarán también los desarrollos teóricos de autores que han investigado las sociedades primitivas y que luego han extrapolado sus resultados a la sociedad occidental desarrollada. Estos autores han estudiado el efecto que las civilizaciones tienen sobre el ser humano, más específicamente en la edad de la pubertad, a través del método antropológico, observando a los seres humanos en diferentes condiciones culturales en otras partes del mundo.
1.1 La perspectiva de las sociedades primitivas. Descripción de algunos aspectos de la vida cotidiana y de los ritos de iniciación
Durante los últimos años de la década de 1920 y los primeros de la de 1930, una serie de estudios antropológicos sistemáticos de sociedades primitivas hechos en sus propios hábitats abrieron nuevas perspectivas al pensamiento relativo al desarrollo de la personalidad y al proceso de socialización.
"Las comprobaciones alcanzadas por la antropología cultural constituyen un serio desafío a proposiciones teóricas hechas con anterioridad -especialmente por G. Stanley Hall y S. Freud-, que sostenían que ciertas pautas importantes del desarrollo y de la conducta de los seres humanos son universales e inseparables de la naturaleza humana. Puesto que antes de aquellas investigaciones se conocía relativamente poco acerca de la estructura social de las sociedades primitivas, las teorías de la adolescencia vigentes hasta entonces aceptaban con demasiada facilidad que las pautas de desarrollo encontradas en las culturas occidentales pueden ser aplicadas a la totalidad de la naturaleza humana" (Muuss, 1976: 78).
Los interrogantes en torno a la influencia que los diversos marcos culturales tienen en el carácter de los seres humanos estimularon a la investigadora Margaret Mead en la década del 30 a estudiar la estructura de los pueblos primitivos en los mares del Sur.
En la época en que Mead escribió el libro Adolescencia y cultura en Samoa, las preguntas que predominaban en el mundo científico y entre el público lector eran: ¿Qué es la naturaleza humana? ¿Hasta qué punto es flexible ? ¿Qué es lo que podemos aprender sobre sus límites y su potencialidad estudiando sociedades tan diferentes y más simples que las nuestras?
Los aportes de los estudios de la cultura primitiva permitieron demostrar cuán flexible y sensible a las influencias culturales era esta naturaleza humana acerca de la cual se sabía tan poco.
Al explicar las diferencias entre las culturas de Samoa y la occidental, Fize (2001) sostiene que "la adolescencia sólo genera situaciones conflictivas en condiciones sociales específicas... La crisis surge si se opera un desfase excesivo entre su potencial y sus posibilidades de realización en la sociedad. Finalmente, la insatisfacción sale a la luz cuando las limitaciones económicas son excesivas y la libertad y la expresión sexuales, demasiado controladas. Nada de esto ocurre en Samoa, explica Margaret Mead. Las elecciones profesionales son simples y las costumbres sexuales, muy libres" (p. 135).
Siguiendo con la descripción de las sociedades primitivas, Obiols y Obiols (1998) sostienen que "para estas sociedades la adolescencia es un momento representado por un ritual de paso de una etapa de la vida a otra en la cual se accede a la sexualidad activa y se adquieren responsabilidades y poder dentro de la tribu. En los casos en los que hay un ritual, la adolescencia casi no existe, es sólo un momento de pasaje, y las etapas importantes son la pubertad, que marca el fin de la infancia, y la etapa adulta posterior" (p. 39).
Una ceremonia de iniciación adolescente es un anuncio ritualizado a la comunidad acerca de la presencia de un joven en condiciones de realizar la transición de la infancia a la adolescencia o a la completa adultez. Estos ritos de pasaje alcanzan su máxima expresión en pequeñas tribus y sociedades. Además de la celebración, ellos también incluyen rasgos tales como la separación de los padres y de otros miembros del sexo opuesto, la enseñanza de costumbres culturales y de tareas, ritos de fertilidad que incorporan al joven en el mundo de la sexualidad adulta.
El ingreso de los jóvenes a la sociedad de los adultos culmina luego de un período de entrenamiento con una ceremonia formal, que generalmente les otorga el permiso de acceder a la sexualidad y al casamiento. La mayoría de las veces, la apariencia de los iniciados es cambiada (decoraciones en el cuerpo, uso de joyas y de nuevas prendas de vestir, cicatrices en diferentes partes del cuerpo, etc.), con el fin de que todos los miembros de la comunidad puedan identificarlos y tratarlos diferencialmente.
En Samoa, de acuerdo con los informes publicados por Mead en 1928, "la adolescencia es una edad agradable, sin ninguna de las tensiones y presiones que experimenta la juventud en los Estados Unidos de Norteamérica. En Samoa, donde la época de maduración es breve, el individuo alcanza la madurez física casi de un día para el otro y no tiene que esperar, por lo tanto, cinco años o tal vez más hasta obtener los derechos y privilegios o las responsabilidades que a dicho período corresponden" (Hurlock, 1980: 15).
Según Mead (1967), "en Samoa la comunidad ignora tanto a los muchachos como a las jóvenes desde el nacimiento hasta que tienen quince o dieciséis años de edad. Los niños menores no tienen una posición social, actividades de grupo reconocidas ni parte en la vida social. Pero un año o dos después de la pubertad -la edad varía de aldea en aldea en forma tal que los muchachos de dieciséis años serán en un lugar clasificados aún como chiquillos y en otro como hombres jóvenes- varones y mujeres se reúnen en agrupaciones similares a las de adultos; se les da un nombre para su organización y se les confieren obligaciones definidas y privilegios en la vida en la comunidad" (p. 101).
En Samoa, "la Aumaga (sociedad de los hombres jóvenes y de los adultos sin título, grupo llamado la energía de la aldea) refleja la organización de los hombres más viejos. Aquí los hombres jóvenes aprenden a pronunciar discursos, a conducirse con decoro, a servir y beber el kava y ejecutar empresas colectivas.
Cuando un muchacho es lo bastante crecido como para ingresar a la Aumaga, el jefe de su familia envía un obsequio consistente en comida al grupo que anuncia la incorporación o lo lleva a la casa donde se reúnen y entrega una gran raíz de kava como regalo. De aquí en adelante pertenecerá a un grupo cuyos integrantes estarán casi constantemente juntos. Sobre ellos recaerá toda la labor pesada de la aldea, como también la mayor parte de las relaciones sociales interaldeanas, que se concentran alrededor de los jóvenes solteros" (Mead, 1967: 66).
La organización de las jovencitas, esposas de hombres sin título y viudas, la Aualuma, según Mead, constituye una versión menos formalizada de la Aumaga. La Aualuma es una asociación muy libre que se reúne para el trabajo comunal, muy poco frecuente y para festividades aún ocasionales. En las aldeas en que las viejas complicaciones de la organización social empiezan a caer en desuso, es la Aualuma la que desaparece primero, mientras que la Aumaga tiene un lugar demasiado importante en la economía aldeana como para ser ignorada de este modo.
"En una aldea samoana viven de 30 a 40 familias, cada una de ellas presidida por un jefe llamado 'matai'" (Mead, 1967: 71).
"Cuando una niña alcanza la juventud, dos o tres años después de la pubertad, según las prácticas de cada aldea, su matai debe enviar una ofrenda comestible a la casa de la taupo principal de la aldea, anunciando así su deseo de que la hija de su casa sea contada en lo sucesivo como miembro del grupo de jóvenes que forman su corte. En cada aldea uno o dos altos jefes poseen el derecho hereditario de designar su taupo, princesa ceremonial, a alguna joven de su casa. La muchacha que a los quince o dieciséis años se convierte en taupo es aislada de su grupo de edad y a veces también de su familia inmediata, y rodeada por una aureola de prestigio. Las mujeres más viejas de la aldea le recuerdan sus títulos de cortesía, los familiares cercanos a menudo explotan su posición para fines personales y a cambio de ello muestran gran consideración por sus deseos. Pero como hay sólo dos o tres taupos en una aldea, su extraordinaria situación sirve para acentuar más bien que para confutar la condición general de los jóvenes" (Mead, 1967: 73). Los matais ejercen autoridad nominal y comúnmente real sobre todos los individuos que se hallan bajo su protección, aun sobre su padre y madre. Dentro de la familia, la edad, más que el parentesco, otorga autoridad disciplinaria.
La actividad en que todos los individuos de casi todas las edades y de ambos sexos participan en la isla de Samoa es la danza. Ella reduce el umbral de la timidez entre los jóvenes samoanos, aunque puede llegar a ser una de las fuentes del sentimiento de inferioridad en el caso de tosquedad en la pista del baile. La joven adolescente cuyo porte desgarbado, torpe y falto de coordinación puede ser espantoso se torna una personita graciosa y segura de sí misma en la pista de baile" (Mead, 1967: 140).
1.2 Características diferenciales del concepto de adolescencia en la cultura occidental y las sociedades primitivas
La teoría del acondicionamiento cultural, desde un enfoque antropológico cultural, propuesta por Benedict (1954, citado en Muuss, 1976) en articulación con los estudios empíricos hechos por Mead en Samoa, permite aproximarse a una formulación sistemática de la influencia de los factores culturales en el proceso evolutivo. Existe una articulación entre el modo de vida de una cultura y el crecimiento y el desarrollo de la personalidad individual, por lo que el crecimiento constituye un proceso gradual y continuo.
"El recién nacido depende de otras personas para sobrevivir. A partir de esta dependencia infantil, el niño tiene que desarrollarse para alcanzar un estado de relativa independencia; cuando llegue a adulto, tendrá que mantener y proteger a la progenie, que a su vez dependerá de él. Las pautas según las cuales el niño obtiene la independencia varían de una cultura a otra" (Muuss, 1976: 81).
En algunas, por ejemplo la norteamericana, las diferencias entre el niño y el adulto están fuertemente marcadas por las instituciones sociales y legales. Los cambios que se producen en cuanto al modo de la relación interpersonal en una edad y en otra provocan ciertos efectos de discontinuidad en el proceso de crecimiento.
Según Muuss (1976), un ejemplo de esa discontinuidad en nuestra sociedad lo constituye la insistencia en la naturaleza asexuada del niño, en oposición a las actividades sexuales del adulto. El niño pocas veces o nunca ve un parto, un acto sexual o la muerte; el embarazo se disimula, el amamantamiento se oculta y las niñas sufren su primera menstruación sin saber de qué se trata.
Probablemente durante la época en que Muuss teorizó sobre la adolescencia este último fenómeno estuviera presente. Hoy, se podría decir que la sociedad actual viene gestando cambios por los cuales algunos aspectos de la sexualidad de los seres humanos se hacen más presentes en la vida cotidiana de los niños. Por ejemplo, el embarazo dejó de ser un hecho para ocultar; las madres amamantan a sus bebés sin necesidad de ocultarlo; existe una tendencia a preparar a las niñas con cierta anticipación sobre los cambios físicos al comenzar a transitar la pubertad y culminar con el hecho de ser "señoritas". Esta referencia de "señorita" no es casual, sino que tiene la intención de señalar el entretejido de los efectos culturales en el desarrollo de los niños.
Continuando con Muuss (1976), el niño obtiene información muy incompleta acerca del ciclo vital de los sexos. Las perversiones, la homosexualidad, la promiscuidad y otras actividades sexuales cuya condenación social y moral en la sociedad americana desvía el desarrollo emocional hacia la neurosis o redunda en matrimonios insatisfactorios son consideradas de escasa importancia en Samoa. Se las ve como juegos y no son objeto de estigmas morales.
En la sociedad occidental, en cambio, muchas experiencias permitidas a los adultos son prohibidas o restringidas a los niños, y aquéllos se ven obligados a olvidar actitudes, habilidades y valores que tenían cuando niños.
Benedict (1954) estudia tres aspectos específicos de la discontinuidad en oposición a la continuidad en el acondicionamiento cultural. En la sociedad occidental, los mayores cambios se producen durante la adolescencia. Ellos son:
- Estatus no responsable contra estatus responsable.
- Sumisión contra dominación.
- Actitud sexual contrastante.
La diferencia entre la conducta continua y la discontinua en el paso del estatus no responsable al responsable puede ser demostrada por medio del análisis de los conceptos de trabajo y de juego.
Según la autora, en la sociedad norteamericana, especialmente en las áreas urbanas, el trabajo y el juego son considerados distinta y separadamente. El niño no aporta ninguna contribución de trabajo a la sociedad, incluso la ley prohíbe hacerlo. Pero a partir de la adolescencia, hombres y mujeres deben competir de igual a igual con otros adultos. En algunas sociedades primitivas, el tránsito de un papel social no responsable a otro responsable se verifica en forma mucho más gradual. El juego y el trabajo no están necesariamente separados; a menudo implican las mismas actividades.
En nuestra sociedad, especialmente en las comunidades urbanas y suburbanas, el cambio del juego irresponsable al trabajo responsable suele producirse de manera bastante repentina.
"La diferencia entre sumisión y dominación es aún más extrema en nuestra cultura. El niño tiene que abandonar la sumisión infantil y adoptar una actitud diametralmente opuesta -la de dominación- en la edad adulta... Nuestra insistencia en el respeto que se debe a los padres y mayores crea fuertes elementos de discontinuidad, ya que el niño sumiso tiene que convertirse en padre dominador" (Muuss, 1976: 84).
"A menudo transcurre poco tiempo entre el momento en que el adolescente abandona el hogar paterno y aquel en que funda su propia familia. A veces el adolescente que se prepara a dejar el hogar paterno experimenta conscientemente ese cambio como discontinuidad, por estar poco preparado para la independencia. Algunas sociedades primitivas, por el contrario, siguen pautas de acondicionamiento continuo con respecto a la antinomia sumisión-dominación" (Muuss, 1976: 85).
En la sociedad samoana, si un joven entra en conflicto con sus padres, puede mudarse a la casa o al pueblo de un tío, por ejemplo, sin sufrir estigmas sociales, morales ni emocionales. La influencia de los padres sobre sus hijos es limitada. La disciplina siempre está a cargo de un hermano mayor. Como resultado de ello, la comunidad samoana no conoce el conflicto emocional entre dominación y sumisión, conflicto que por lo general hace erupción durante la adolescencia en los individuos de nuestra sociedad.
"Nuestra cultura promueve la discontinuidad del papel sexual. Las experiencias sexuales de la infancia son condenadas y restringidas: el sexo es considerado pecaminoso. Hasta el casamiento, la virginidad y la abstinencia sexual constituyen ideales de la sociedad" (Muuss, 1976: 86).
Este punto de vista se ha ido modificando a través de los años en nuestra sociedad, y surgieron nuevas formas de vinculación e interacción sexual entre los jóvenes.
"El hecho de que los papeles sexuales contrastantes del niño y del adulto sean experimentados como continuos o discontinuos no depende de la madurez fisiológica, sino de instituciones sociales y experiencias culturales, ya que encauzan y alteran la influencia de los factores fisiológicos" (Muuss, 1976: 87).
De acuerdo con el desarrollo teórico acerca de las culturas que promueven la continuidad o la discontinuidad de determinadas conductas en los adolescentes, se podría resumir que aquellas culturas que promueven la discontinuidad del papel sexual generan tensión emotiva, mientras que el condicionamiento cultural de índole continua se caracteriza por un desarrollo suave y gradual.
1.3 Caracterización de algunos ritos de iniciación existentes en nuestra cultura
Mannoni, Deluz, Gibello y Hébrard, en la presentación del libro La crisis de la adolescencia (1986), escriben: "La adolescencia, como se sabe, es un concepto relativamente reciente. El concepto mismo nació en Occidente. En las sociedade...