Segunda parte
LA UNIVERSIDAD DEL ROSARIO: UNA UNIVERSIDAD RECTORAL
Capítulo IV
Rafael María Carrasquilla, el segundo fundador
Usted comentaba en alguna ocasión que la Universidad del Rosario es, esencialmente, una universidad rectoral; por lo tanto, a partir de este momento vamos a concentrarnos en los rectores de la Universidad, desde monseñor Carrasquilla hasta nuestros días. Empecemos hablando del contexto que se estaba viviendo en el país y en el Colegio hacia finales del siglo XIX.
La lucha por su autonomía va a marcar al Rosario en el siglo XIX. Todos los presidentes, sin excepción, quisieron intervenirla. Como vimos, Núñez quiso imponer a Manuel Ezequiel Corrales, quien no se acomoda mucho al Rosario, y el Rosario tampoco se acomoda a él. Por eso, una vez la Regeneración toma fuerza, Núñez releva a Corrales con Carlos Martínez Silva, y después sustituye a este último con Marroquín. Ambos duraron apenas un año en el cargo, pues no van a terminar adaptándose a la dinámica del Colegio. Tampoco habían sido rosaristas, y eso genera sospecha y cierto rechazo dentro de la comunidad académica. Finalmente, se nombra a Rafael María Carrasquilla, en 1890.
Lo va a nombrar Carlos Holguín Mallarino, quien en ese momento era el encargado de la presidencia. Núñez, como se sabe, no ejerció directamente su mandato durante todo el periodo que le correspondía.
Rafael María Carrasquilla. Retrato de Andrés de Santamaría. Universidad del Rosario.
¿Quién fue Rafael María Carrasquilla?
Rafael María Carrasquilla era hijo de un educador que va a tener un Colegio: don Ricardo Carrasquilla, que es nacido —y esto es importante— en Quibdó. Señalo que es importante, porque creo que Carrasquilla sí tenía un conocimiento claro de lo que era el país; es decir, él no fue como don Miguel Antonio Caro, que se preciaba de jamás haber salido de Bogotá. Uno tiene que asumir que, si su papá nació en Quibdó, pues debe saber que este país no es solamente el altiplano; sin embargo, a pesar de todas sus virtudes, Carrasquilla tampoco va a ser bien recibido en el Colegio, porque no era rosarista.
Y, además, era sacerdote.
Exactamente. Su nombramiento fue visto como el retorno de la unión de la Iglesia y el Estado en materia educativa: uno de los puntos más críticos en la confrontación de los radicales con el gobierno. En ese sentido, los radicales, obviamente, lo entienden como una marcha atrás. Todo eso hace que no sea fácil su recepción.
Hay una anécdota que cuenta el mismo Carrasquilla en algún escrito: él vivía en la casa contigua, que se ubicaba donde hoy se encuentra la Biblioteca. Era una casa republicana que se debió de construir, más o menos, a principios del siglo XIX. Una de las primeras cosas que le tocó enfrentar como rector fue la guerra de los Mil Días, cuando hay una toma del Colegio y proceden a expulsar a todo el mundo; es más, al Rosario lo cierran durante tres años. Cuenta Carrasquilla cómo, de golpe, un militar llega al Rosario y ordena la expulsión de todos los estudiantes del Claustro, porque iban a convertirlo en un cuartel del ejército. Entonces, él mismo logra recuperar todos los objetos de valor, los cuadros y algunos libros, meterlos en un cuarto, cerrarlo y dejar todo al uso de lo que le pidieron los militares. El Claustro va a sufrir mucho durante ese periodo, y él mismo se duele de esa situación.
Además, le parece impresionante encontrar en el mercado pedazos de los libros de la Biblioteca, que los vendían como papel para envolver, y hasta el cuadro de La Bordadita, que hoy está en el Aula Máxima, fue objeto de un saqueo. Ese cuadro, tiempo después, se lo encuentra una señora en un mercado de segunda mano, lo compra y se lo va a retornar al mismo Carrasquilla años después diciéndole: “Mire, yo sé que este cuadro es de ustedes, y vengo a devolvérselo”.
Pero, así como con el cuadro de La Bordadita pasaba con todo, porque también se cuenta la anécdota de que las tropas que invadieron el Rosario debían echar mano de todo para venderlo y financiar su guerra. Lo que hoy vemos en el Claustro es como una especie de milagro que se salvó de esa guerra. Los jarrones de la sacristía que tienen el escudo del Rosario —que mandó a hacer Carlos Martínez Silva—, por ejemplo, se salvaron porque Carrasquilla los alcanzó a guardar.
Carrasquilla recibe, en sus palabras, “un infeliz colegio de secundaria”. Cierran el Claustro y después…
Logra —y, en gran medida, gracias al gobierno de Rafael Reyes— que se le reconozca por ley de la República la autonomía al Claustro. Ya el Rosario tiene muy pocas rentas. Eso está todo narrado en las Constituciones que se llaman “nuevas”. Él hace una alusión a las cruentas guerras civiles y hace una relación pormenorizada de lo poco que le queda al Rosario: fundamentalmente, unos créditos y alguna finca en Machetá.
Constituciones Nuevas del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario (4 de abril de 1863).
A Carrasquilla le corresponde un momento muy difícil, porque le tocó, prácticamente, reconstruir un Colegio que había sufrido mucho durante esos tres años en que se convirtió en un cuartel militar. Él termina obteniendo unos recursos del gobierno para reconstruir este Claustro, hacer el llamado Edificio Nuevo y para rehacer la Facultad de Jurisprudencia, que empezó nuevamente a funcionar en 1906. Eso estaba totalmente cerrado, y la enseñanza del Derecho la había asumido la Universidad Nacional.
Es más, ese auxilio que Carrasquilla consiguió para la reconstrucción del Claustro va a servir también para que esto sea el dormitorio de los estudiantes de ingeniería y medicina de la Universidad Nacional y para dar becas a muchas personas que van a venir a estudiar al Rosario.
Es gracias a ese sistema de auxilios educativos como acá llegan los doctores Rocha, Echandía, Montalvo, los Zuleta Ángel, los Lozano y Lozano, y, en general, gente de todas las regiones. Es decir, se vuelve a presentar en la época republicana lo que se vivió en la época colonial y la independentista: gente de todo el territorio nacional que se encontraba aquí en el Rosario, haciendo que el Colegio retomase ese papel de integrador de la república; porque hay que decirlo claramente: estos personajes no se habrían podido conocer si no hubiera sido por el Rosario.
Afortunadamente, aún hoy se mantienen algunas de esos enclaves regionales: la colonia de la costa, de Valledupar, por ejemplo, que es muy fuerte y traza su historia gracias a esa situación inicial.
¿Cuál fue el eje central de los primeros años de su rectoría?
Carrasquilla va a desarrollar particularmente la Facultad de Filosofía. Primero, él mismo es filósofo, y, en segundo lugar, la contraprestación a la que se comprometió por los auxilios que recibió del gobierno de la Regeneración sería la formación de los educadores para las normales superiores. Según entiendo, esa formación se constituía en dos partes: la primera, un ciclo inicial de un bachillerato en filosofía y letras, y luego, ya un doctorado en filosofía y letras, que produjo personajes importantísimos y suscitó debates muy profundos en ese momento; sobre todo, respecto al tema del darwinismo, con la evolución de las especies.
Los egresados del doctorado de Filosofía y Letras van a tener una decidida vocación de educadores, que se va a reflejar en que muchos de ellos también van a cofundar Colegios en sus regiones o se convertirán en rectores de esas instituciones. Uno de ellos, un filósofo, funda la Universidad Gran Colombia un poco después. Carrasquilla, en un principio, busca privilegiar y establecer la Facultad de Filosofía, y después, en 1906, se daría el grito de independencia del Rosario, ya total, frente a la Universidad Nacional, y se enfocará en la autonomía del Claustro y el retorno de Jurisprudencia a su lugar natural en la enseñanza de Colombia.
Todas las personas formadas por Carrasquilla van a fundar normales superiores y colegios en todo el país.
También, hay que decirlo, monseñor es, por un periodo corto, ministro de instrucción pública de la Regeneración. Parece ser que ya en ese momento ha habido una radicalización de Miguel Antonio Caro, quien pretendía que el Partido Nacional (hoy en día, Conservador) se convirtiese en el Partido Católico, y por eso chocó duramente con la Iglesia. Carrasquilla, entonces, pronto advierte que la Iglesia no ve con buenos ojos que él sea ministro de Caro, y regresa nuevamente al Claustro.
Pero, además, era un hombre con un alto sentido pragmático y práctico. Si no estoy mal, funda la Escuela de Artes y Oficios; es decir, lo que después será una especie de “Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA)”. Y sobra decir que en esos ochos meses no devenga sueldos del Rosario.
Él era supremamente austero. Hay una página del doctor Luis Eduardo Nieto Caballero que cuenta que usaba todo el tiempo la misma sotana brillante y raída. El doctor Nieto Caballero habla muy bien de Carrasquilla, y dice algo que me ha impresionado siempre: “que, probablemente, por su rol de sacerdote y por el ejercicio de la confesión, se había vuelto muy humano”; es decir, que esa circunstancia lo había hecho conocer muy de fondo la miseria humana: el hecho de escuchar en confesión a la gente le daba una dimensión, sensibilidad y profundidad mucho mayores que las de una persona que no tenía esa posibilidad de ingresar a esa intimidad.
A Carrasquilla también le corresponde lidiar con el terremoto de 1917. Pero antes de entrar en esa tragedia, hablemos sobre la estatua del fundador, a las que los estudiantes hoy en día llaman “viejo verde”.
La estatua del fundador, en la plazoleta del Claustro, simboliza el esfuerzo de unión de los rosaristas. Obviamente, después de la guerra de los Mil Días hubo una polarización muy grande porque los derrotados —es decir, el Partido Liberal—, estaban totalmente excluidos del gobierno. El gran aporte de Reyes fue moderar esa condición y permitir el ingreso al gabinete de dos ministros liberales, y la gran lucha de los históricos frente a los nacionales fue, justamente, esa: evitar la división tan profunda en la que se encontraba el país. Carlos Martínez Silva, que había sido rector, sería uno de los líderes de los históricos.
Carrasquilla, quien logra por ley la autonomía del Colegio y que el gobierno le otorgue unos recursos importantes para su restauración, tiene la idea de unir a los rosaristas con un símbolo. Eso se materializó con el levantamiento de una estatua al fundador, para fomentar el culto a todos esos personajes antiguos que son símbolos del Colegio.
Esta historia está reseñada por el doctor Fernando Mayorga y publicada por la Academia de Historia, que nosotros volvimos a editar en una segunda edición aquí, en los Cuadernos de historia institucional: “La estatua de Fray Cristóbal de Torres en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario”.
En todo caso, se nombra para dirigir ese proyecto a Nicolás Esguerra…
Lo cual demuestra que Carrasquilla no es el sectario que muchas veces han querido pintar.
Voy a contar una anécdota que es muy diciente respecto a la personalidad de Carrasquilla: a él le correspondió hacer una restauración de la capilla. La Bordadita fue objeto de vandalismo más que cualquier otro sitio del Claustro; es más, durante la guerra de Mosquera llegaron a llevarse hasta el altar. El altar de hoy lo compró muchos años después el padre Jaime Hincapié Santamaría, de la iglesia de Pasca, en Cundinamarca; es decir, eso demuestra hasta dónde lleg...