
- 128 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Descripción del libro
¿Estás realmente impresionado por la gracia de Dios? O ¿te has acostumbrado a ella? Sí, cantamos de la «sublime gracia» de Dios, pero ¿realmente entendemos lo que como cristianos experimentamos al recibirla? O ¿damos por sentado esta gracia divina?
En Solo por gracia: Un estudio de la maravillosa gracia de Dios, el doctor Sinclair B. Ferguson lamenta que «hemos perdido el gozo y la energía que experimentamos cuando la gracia es realmente maravillosa». En un esfuerzo por restaurar la maravilla de la gracia divina, el autor reflexiona en esto desde siete ángulos, cada uno construido alrededor de la estrofa de un hermoso himno no muy conocido: «Oh, cómo me sorprende la gracia de Dios», escrito por el pastor Emmanuel T. Sibomana de la nación africana de Burundi.
Este libro presenta preguntas de indagación para los creyentes de hoy: «Si la gracia de Dios no me sorprende, ¿puedo vivir en ella? ¿Puedo probarla, saborearla y deleitarme en ella?» Pero aquellos dispuestos a profundizar en la palabra de Dios con el doctor Ferguson saldrán con un asombro más profundo de la inmensidad de la gracia de Dios.
By Grace Alon
Are you truly amazed by God's grace? Or have you grown accustomed to it? Yes, we sing of God's "Amazing Grace," but do you truly understand what you as a Christian have experienced in receiving the grace of God? Or do you take divine grace for granted?
In By Grace Alone: How the Grace of God Amazes Me, Dr. Sinclair B. Ferguson laments that "we have lost the joy and energy that is experienced when grace seems truly 'amazing.'" In an effort to restore the wonder of divine grace, he reflects on it from seven angles, each built around a stanza from a rich but little-known hymn, "O How the Grace of God Amazes Me," written by Emmanuel T. Sibomana, a pastor in the African nation of Burundi.
This book poses probing questions for today's believer: "If I am not amazed by God's grace, can I really be living in it? Can I really be tasting, and savoring, and delighting in it?" But those willing to delve into God's Word with Dr. Ferguson will come away with a deeper astonishment at the depths of God's grace.
En Solo por gracia: Un estudio de la maravillosa gracia de Dios, el doctor Sinclair B. Ferguson lamenta que «hemos perdido el gozo y la energía que experimentamos cuando la gracia es realmente maravillosa». En un esfuerzo por restaurar la maravilla de la gracia divina, el autor reflexiona en esto desde siete ángulos, cada uno construido alrededor de la estrofa de un hermoso himno no muy conocido: «Oh, cómo me sorprende la gracia de Dios», escrito por el pastor Emmanuel T. Sibomana de la nación africana de Burundi.
Este libro presenta preguntas de indagación para los creyentes de hoy: «Si la gracia de Dios no me sorprende, ¿puedo vivir en ella? ¿Puedo probarla, saborearla y deleitarme en ella?» Pero aquellos dispuestos a profundizar en la palabra de Dios con el doctor Ferguson saldrán con un asombro más profundo de la inmensidad de la gracia de Dios.
By Grace Alon
Are you truly amazed by God's grace? Or have you grown accustomed to it? Yes, we sing of God's "Amazing Grace," but do you truly understand what you as a Christian have experienced in receiving the grace of God? Or do you take divine grace for granted?
In By Grace Alone: How the Grace of God Amazes Me, Dr. Sinclair B. Ferguson laments that "we have lost the joy and energy that is experienced when grace seems truly 'amazing.'" In an effort to restore the wonder of divine grace, he reflects on it from seven angles, each built around a stanza from a rich but little-known hymn, "O How the Grace of God Amazes Me," written by Emmanuel T. Sibomana, a pastor in the African nation of Burundi.
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Información
ISBN del libro electrónico
9781535997270Categoría
Christian Ministry1
¡Oh, cómo me asombra la gracia de Dios!¡Rompió mis cadenas y me liberó!¿Por qué?Por Su propia voluntad, esto sé,Me puso, como ahora muestro,En libertad.
Capítulo 1
MIS CADENAS CAYERON
La gracia «rompió mis cadenas y me liberó». Estas simples palabras expresan la experiencia de un típico cristiano, en cada lugar, edad e idioma.
La gracia de Dios en Jesucristo trae libertad. Experimentar esta gracia es sentir liberación. Nuestras cadenas, grilletes, cargas —como sea que los describamos—, han sido rotos. Somos libres de una conciencia culpable. Confiamos en Cristo y somos liberados de inmediato. Luego disfrutamos progresivamente de esa libertad. Ya no estamos en la esclavitud. En cambio, somos hombres y mujeres libres en Jesucristo.
E. T. Sibomana comienza su himno, ¡Oh, cómo me asombra la gracia de Dios!, en el punto de la experiencia personal.
Por supuesto, nuestra experiencia no es en realidad donde comienza la gracia de Dios. La gracia se remonta mucho más allá de nuestra experiencia individual. Pero este himno comienza con nuestra experiencia porque aquí es donde damos nuestros primeros pasos conscientes hacia el mar de la gracia. Luego descubrimos que, de hecho, es un océano ilimitado que parece no tener fondo. A medida que nos hundimos en él, comenzamos a percatarnos de que sus orígenes se encuentran en Dios mismo, en la eternidad.
Esta es la gracia que «rompió mis cadenas y me liberó».
Por Su propia voluntad, esto sé,Me puso, como ahora muestro,En libertad.
Carlos Wesley expresó el mismo pensamiento. Si conoces un poco sobre los hermanos Wesley, Juan y Carlos, sabes que antes de llegar a la fe en Jesucristo, vivieron vidas impecables. Carlos era un clérigo en la iglesia de Inglaterra. No se observaban «cadenas» en él. Aparentemente no tenía adicciones. En sus días de estudiante en la Universidad de Oxford, se regía por una rigurosa rectitud moral y un servicio enérgico. Pocos sentían que podían igualar su santidad. Uno de sus libros se titulaba A Serious Call to a Devout and Holy Life [Llamado a una vida devota y santa].5 Eso lo resumía.
Sin embargo, mientras Dios trabajaba en la vida de Wesley, él se dio cuenta de que estaba en esclavitud espiritual, «tan atado al pecado y a la oscuridad»,6 como luego escribiría. Cuando fue llevado a la fe en Jesucristo, esta fue la canción que quería cantar una y otra vez en el aniversario de su conversión:
Mis cadenas cayeron, mi corazón estaba libre;
Me levanté, di unos pasos y te seguí.7
Dicha libertad no se limita a un grupo selecto de cristianos famosos. El evangelio promete lo mismo a todos los que confían en Cristo.
La libertad de la esclavitud es uno de los temas centrales en la enseñanza de nuestro Señor Jesucristo. Él les dijo a los judíos de Su tiempo que solo el evangelio podía liberarlos: «la verdad los hará libres» (Juan 8:32). Pero ¿de qué verdad habla? Él explicó: «si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres» (Juan 8:36).
Encontramos dos lecciones básicas.
LECCIÓN UNO: LA ESCLAVITUD
Jesús enseñó que todos somos esclavos espirituales por naturaleza. Tenía que ser cruel para ser amable.
Los judíos con quienes Jesús habló, al igual que nosotros, creían que no eran esclavos de nada ni nadie. Pero su respuesta a las palabras de Jesús reveló la profunda esclavitud espiritual en la que se encontraban. Las palabras de Jesús los irritó.
«¿Cómo puedes decir que necesitamos ser liberados? ¡Cómo te atreves! Somos los hijos de Abraham, sus descendientes nacidos libres». Reclamaban la libertad espiritual como su derecho de nacimiento, pero estaban en esclavitud espiritual.
«Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado —respondió Jesús» (Juan 8:34).
¿Era necesario especificar esto? Jesús pensó que sí, y tal vez alguien que lea estas páginas necesite un poco de ayuda para comprender lo que estaba enseñando aquí:
- No nos convertimos en pecadores al cometer actos específicos.
- Cometemos actos específicos de pecado porque somos pecadores.
En resumen, mi problema no son las acciones aisladas que veo como aberraciones de lo que realmente soy. Me estoy engañando a mí mismo si pienso de esa manera. Estas acciones no son aberraciones, sino revelaciones de lo que hay en mi corazón. Muestran que cometo pecado porque estoy atado a él.
Pablo desarrolla este tema en Efesios 2. Tanto el apóstol como sus lectores (v. 3) estaban por naturaleza atados al pecado: «muertos en sus transgresiones y pecados» (v. 1). Cuando escucharon el nombre de Dios y de Su gracia en Jesucristo, sus corazones se mantuvieron fríos. Al igual que los muertos, siempre fluían con la corriente, siguiendo «a los poderes de este mundo» (v. 2).
Por naturaleza, negamos que estamos en esclavitud espiritual. Nos esforzamos por mostrar nuestra libertad siendo diferentes. Pero tendemos, de una forma u otra, a convertirnos en clones. Esa es una manifestación de nuestra esclavitud. Según las letras satíricas de Ray Davies en la exitosa canción de The Kinks:
La persona que busca placer siempre se ve lo mejor posible,
Porque es ferviente seguidora de la moda.8
Por supuesto, hay un lado más oscuro en la influencia siniestra de «el que gobierna las tinieblas, según el espíritu que ahora ejerce su poder en los que viven en la desobediencia» (v. 2). Hablaremos mucho más sobre él más tarde.
Como Jesús insinuó, este pecado afecta cada dimensión de nuestras vidas:
- Nuestra mente. No pensamos con claridad. Podemos tener una buena educación y un alto coeficiente intelectual. Pero eso no garantiza que pensemos con claridad sobre las cosas espirituales.
- Nuestros deseos. Cuando estamos solos y somos sinceros, reconocemos que no somos dueños de nuestros deseos. Intentamos dominarlos. Tenemos una conciencia moral que declara: «Debes tener estas cosas bajo control». Pero internamente estamos fuera de control. Hay un mundo dentro de nosotros sobre el cual no tenemos dominio.
- Nuestra voluntad. Está esclavizada al pecado. «Ah, sí —decimos—; a este mensaje sobre estar bien con Dios lo recibiré otro día. Es mi decisión y puedo tomarla cuando quiera».
Sin embargo, la verdad es que no podemos pensar con claridad, ni desear a Cristo por nuestra propia voluntad y sin ayuda. ¿Por qué no? No podemos responder a las buenas nuevas del evangelio hasta que queramos a Cristo, y no podemos desear a Cristo mediante una decisión nuestra en cualquier momento que elijamos. No podemos decir a nuestra voluntad: «¡Voluntad, decide pertenecer a Dios!». Va más allá de nuestros poder hacer esto. ¡Nadie puede, de manera deliberada, hacer que la voluntad haga lo que no quiere! Solo la gracia de Dios puede liberarnos para confiar en Él.
¿Por qué? Por Su propia voluntad, esto sé,Me puso, como ahora muestro,En libertad.
Aquí, entonces, encontramos nuestra mayor necesidad. Lección uno: somos esclavos de nuestro corazón pecaminoso.
La comprensión de David sobre el pecado
El rey David hizo este descubrimiento meses después de su pecado con Betsabé. Había violado la ley de Dios. Había codiciado, cometido adulterio, robado la esposa de uno de los mejores hombres que conocía y planeado su muerte (ver 2 Sam. 11–12).
Cuando David entendió la realidad de la esclavitud espiritual, se dio cuenta de que se remontaba al comienzo de su vida: «Yo sé que soy malo de nacimiento; pecador me concibió mi madre» (Sal. 51:5).
Cuando somos enfrentados por primera vez al pecado, decidimos tratar de mejorar. Pero tan pronto como hemos eliminado una capa de pecado (pensando: «Fue solo un fracaso superficial de mi parte»), descubrimos otra capa debajo. David rastreó su pecado hasta el comienzo de su vida; vivía en un estado de negación espiritual. Pero cuando se dio cuenta de la verdad sobre sí mismo, admitió que la podredumbre había empezado desde el principio, incluso cuando estaba en el vientre de su madre.
Luego clamó a ...
Índice
- Prólogo
- Prefacio
- Capítulo 1: Mis Cadenas Cayeron
- Capítulo 2: Amor Incondicional
- Capítulo 3: A Expensas De Dios
- Capítulo 4: Un Gran Intercambio
- Capítulo 5: Seguridad Garantizada
- Capítulo 6: Librados Del Mal
- Capítulo 7: Verdadera Libertad
- Notas