Cómo ver a Cristo en mi Biblia
Emanuel Elizondo
He tenido la oportunidad de enseñar diversos temas de interpretación bíblica en estos últimos años. Cuando uno enseña un tema en alguna iglesia o conferencia, te encuentras con diferentes tipos de reacciones de parte de los escuchas. A veces interés, y otras veces, francamente, aburrimiento.
Pero si hay un asunto que con mucha frecuencia interesa a los hermanos es el tema de cómo ver a Jesucristo en toda la Biblia, y en especial en el Antiguo Testamento. Puedo notarlo en la mirada atenta, en la expresión de concentración. Y eso me da mucho gusto. Para mí también es un tema fascinante.
La importancia del tema
Pienso que, en parte, una razón por la cual nos interesa esta cuestión de la interpretación Cristo-céntrica (o cristotélica, como veremos más adelante) es porque durante la historia de la Iglesia ha reinado una mala interpretación al respecto: la interpretación alegórica. Estas interpretaciones alegóricas son sorpresivamente populares en los púlpitos hispanos. Desde que Orígenes de Alejandría (184-253 d. C.) popularizó el método alegórico, esta manera de interpretación secuestró a la Iglesia por cientos de años. Estoy seguro que has oído algunas de estas enseñanzas, y si eres predicador, no me sorprendería que las has predicado, porque yo mismo lo hice.
Por ejemplo, Orígenes enseñaba que Jesús era el cordón escarlata que Rahab colgó sobre el muro de Jericó, pues el listón era rojo como la sangre de Jesucristo. O que el arca de Noé es la cruz de Cristo, porque ambas están hechas de madera. De esta manera, y echando a volar la imaginación, incontables intérpretes han encontrado la sangre de Cristo en cualquier color rojo y la cruz en todo árbol. Otro ejemplo de interpretación alegórica es que el Libro de Cantares se trata esencialmente del amor de Jesús por la Iglesia (ver el capítulo Cómo leer el Libro de Cantares).
Sin embargo, cada vez más hay creyentes que leen su Biblia con atención, y comienzan a preguntarse si estas formas de ver a Cristo en el antiguo pacto son legítimas.
Otra razón, y quizás esta es más a nivel de la erudición, es porque el liberalismo teológico, que surgió desde el siglo XVII hasta hoy, atacó sin piedad las Escrituras, y en especial el Antiguo Testamento. Estas teologías liberales aseguraban que el antiguo pacto había sido compuesto, descompuesto, revisado y enmendado por varios escritores y redactores que tenían un concepto tribal y anticuado de Dios. Puesto que la teología liberal, o por lo menos una buena parte de ella, negaba lo sobrenatural, por ende Cristo no se encontraba en ningún lugar del Antiguo Testamento, porque eso implicaría que los escritores bíblicos tenían conocimiento sobrenatural del porvenir, de la venida de un Mesías prometido desde el primer Libro de la Biblia.
Algunos aspectos de la teología liberal se han filtrado en muchos seminarios evangélicos, y han terminado en los mismos púlpitos. Con la venida del internet, más personas se han expuesto a este pensamiento, lo cual terminó afectando a muchos cristianos que dudan de si la Biblia es efectivamente la Palabra infalible de Dios, o las palabras falibles de lo que los hombres entienden acerca de Dios.
Una gran historia
A pesar de todo esto, la Iglesia cristiana, histórica y bíblica ha creído por 2000 años ya que las Escrituras no son un compendio de historias desconectadas, sino que «los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 Ped. 1:21), y escribieron sin error la Gran Historia que Dios está contando: la historia del Reino de Dios en el evangelio de Jesucristo.
Tomando esto como verdad, es decir, que la Biblia es lo que afirma ser —la Palabra de Dios (Juan 10:35; Rom. 3:2; 1 Tes. 2:13; Heb. 4:12; 1 Ped. 1:23)—, podemos continuar. En este capítulo quisiera argumentar bíblicamente que Dios está contando en la Biblia una Gran Historia, y esta historia se centra en la persona y obra de Jesucristo.
Todo el Antiguo Testamento apunta como una flecha hacia Jesús, y el Nuevo Testamento revela al Cristo en los Evangelios, muestra Su misión en los Hechos, explica las implicaciones de seguirlo en las Epístolas, y proclama su triunfo en Apocalipsis. ¡Todo se trata de Jesús!
Cómo ver a Jesús en las escrituras
Es imposible ver aquí todas las maneras y formas en que Jesucristo está revelado en las Escrituras. ¡Ese es un tema para un libro entero! Sin embargo, veamos algunas maneras sencillas en las cuales podemos pensar sobre cómo interpretar a Cristo en el Antiguo Testamento.
Así que: ¿cómo nos apunta la Biblia a Cristo?
De manera directa
Primeramente, las Escrituras nos apuntan a Cristo de manera directa. Me refiero a pasajes que indudablemente nos están apuntando a la persona de Jesucristo. Puesto que partimos desde la base que toda la Biblia es la Palabra de Dios, este tipo de interpretación se debe hacer a la luz de la revelación completa. No podemos ignorar que el Nuevo Testamento nos ayuda (pero no cancela) a interpretar el Antiguo.
Con esto en mente, veamos, por ejemplo, la promesa el evangelio en Génesis 3:15:
Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
La simiente de la mujer es una referencia a Jesucristo, quien finalmente heriría a Satanás (la serpiente) con una herida mortal. ¿Cómo sabemos que la simiente se refiere al descendiente de la mujer, a Jesucristo? Primeramente, porque este lenguaje de simiente se repite en el pacto que Dios hace con Abraham, a quien Dios le dice: «En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz» (Gén. 22:18, énfasis agregado). Y para dejarlo bien en claro, Pablo nos dice que la simiente es Cristo: «Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente. No dice: Y a las simientes, como si hablase de muchos, sino como de uno: Y a tu simiente, la cual es Cristo» (Gál. 3:16, énfasis agregado). Así que Dios promete que de Eva vendría un descendiente que triunfaría sobre Satanás, a Abraham le promete un descendiente que bendeciría a todas las naciones, a David le promete un descendiente que reinaría sobre su trono eternamente (Isa. 9:7), y ese descendiente es precisamente Jesucristo, quien triunfa sobre Satanás (Apoc. 20:2,7-10), bendice a las naciones a través de la salvación por la fe sola (Gál. 3:8-9), y reina eternamente (Heb. 1:8; 2 Ped. 1:11; Apoc. 11:15; 22:5).
Otra manera en que vemos a Jesús de manera directa es en los pasajes mesiánicos. Considera, por ejemplo, la siguiente tabla de salmos que hablan de Jesucristo y que son citados en el Nuevo Testamento:
La base para esta tabla es: «Psalms about Christ—quoted in the New Testament» [Salmos acerca de Cristo citados en el Nuevo Testamento...