Para / caídas
eBook - ePub

Para / caídas

  1. Spanish
  2. ePUB (apto para móviles)
  3. Disponible en iOS y Android
eBook - ePub

Descripción del libro

Leer este libro es experimentar una disposición total hacia el escritor y sus materias primas: el amor, la imaginación y el azar.

Preguntas frecuentes

Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción.
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Obtén más información aquí.
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
  • El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
  • Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Ambos planes están disponibles con un ciclo de facturación mensual, semestral o anual.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 1000 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Obtén más información aquí.
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información aquí.
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS o Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación.
Sí, puedes acceder a Para / caídas de Rogelio Guedea,Rogelio Guedea en formato PDF o ePUB. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.

Información

ISBN del libro electrónico
9786075210070
Contraviento
No es saberlo todo lo que yo quiero,
sino reunir lo que está hecho añicos.
Elías Canetti
MUJERES QUE CIERRAN LAS VENTANAS
No se da cuenta, pero diario que sales a la puerta trasera del patio, y me pongo a fumar un cigarrillo, la muchacha del fondo cierra las ventanas. Piensa tal vez que es algo inapropiado u ocioso lo que haces, no me tiene conmiseración. Tal vez piense que la observa con ojos no de encanto sino de odio, o que aprovecho la ocasión para disuadirla, o que buscas la forma de lavarte cualquier culpa pasada. No se da cuenta, o sí me doy cuenta o es demasiado ingenuo como para darse cuenta, pero lo mismo sucede con la inglesa de la casa de al lado. Su belleza no lo deja dormir. Sus labios me cortan el sueño con un cuchillito. Sus cabellos de inglesa te tiemblan de amor. Y lo mismo te pasa con la chinita de la esquina, que me grita que el cigarro es malo, que lo va a matar, que deje por favor esos malditos vicios ciertamente tercermundistas. Nada hay que hacer, entonces. Mujeres que cierran las ventanas: y no las abren hasta un nuevo amanecer.
MR. CLIP
Por primera vez me he detenido a observarlo. Siempre permanece en el margen izquierdo de mi ordenador. Mientras escribo, él, Mr. Clip, sobre una hoja de rayas, me mira escribir. Mientras leo: me mira leer. Siempre está erguido con la manilla empuñada en su quijada, sus ojos abiertos, sus enormes pestañas. Si me quedo pensado una frase más del tiempo debido, se estira y se enconcha con aburrición. Si no lo consulto, se echa en su hoja y se queda dormido. Presto con su libreta de notas y su bolígrafo, anota cuantas palabras le dicto: escribe y revisa, borra y reinicia. Me he dado cuenta que sus ojillos, a veces, son buenos, son tristes, son solos, como los míos. Si pudiera escucharme, yo quisiera esta noche decirle que ahora lo quiero como se quiere a un amigo.
SÓLO PARA FUMADORES
Ha callado de más esta tristeza. Esta tristeza que no tiene día para nacer ni día para morir. Esta tristeza de hijo que crece. Esta tristeza que no puede más con su tristeza. Tristeza que no sabe a qué vino y que no sabe qué. Tristeza del día y de la noche. Siempre vuelta de espaldas sin espalda. Siempre rodeada de recuerdos sin ayer. Ha hablado de más de esta tristeza. Esta tristeza sin paraguas. Sin boleto de avión. Sin una chimenea para calentarse. Tristeza que nadie cita en las tesis de maestría. Tristeza sin bibliografía ni subvenciones del gobierno. Tristeza con jardín pero sin casa. Sin ojos pero con lágrimas. Con lágrimas pero sin después. Esta tristeza sin amigos, sin lectores, sin agentes literarios, sin mujer. Esta tristeza que dura una semana y a la siguiente semana, indemne, vuelve a nacer.
NÚMEROS, HUELLAS, PALABRAS
Uno es, de pronto, un número que aparece y desaparece al girar la manecilla. Un separador de un libro de páginas innumerables. La palabra que borra a otra palabra o que la hace nacer: a veces. La marca del zapato en la alfombra de una casa sin alfombra. Es, uno, una pequeña combinación: el uno junto al tres, el tres junto al cinco, el cinco no cinco sino seis. Un acierto, un equívoco: otro error. No hay escapatoria: uno mira a su alrededor y lo que mira no es el reflejo de uno mismo sino un sino y un no.
LA MOSCA Y YO
Frase nacida gracias a una mosca que esa noche, atrapada entre las cuatro paredes de mi biblioteca, volaba sin tregua de una orilla a otra de la habitación, y que viendo que el paraje no le ofrecía ningún quicio por donde emprender la huida, se estrellaba, loca, impertinente y bruta contra el foco de luz o el cristal de la ventana, queriendo llegar también con todo esto a no se sabe qué diablos y macabros fines pero consiguiendo que yo, en tal distracción y arrobamiento, en tal dislocación de espacio y tiempo, llegara a la siguiente reflexión: se alejaba para no perder la cercanía.
LAS GAVIOTAS
Habría que consignar en esta página —que, como todas las páginas, también es una página de la historia— a esta gaviota blanca. Habría que decir que vino esta mañana a detenerse en el balcón. Habría que decir, por supuesto, que no es una gaviota cualquiera, sino precisamente la gaviota que vino a detenerse en el balcón de mi casa, justo en el instante en que yo estaba contemplando el mar. No deberíamos obviar que el mar se ve desde el balcón de mi casa, porque entonces sería decir cualquier cosa. Y decir cualquier cosa en una mañana como ésta no es decir mucho. Una gaviota y un hombre contemplado el mar siempre será más que eso. Será como el verdadero significado que tiene cruzar una calle o subir una escalera o abrir una puerta que da a un país desconocido. Lo que no entrega el amante al entregarse es lo que vale una gaviota y un hombre contemplando el mar. O acaso lo que olvida recordar el hombre que recuerda. O acaso, tal vez, y ni eso, lo que calla esa gaviota cuando se echa de nuevo a volar.
TRATOS
Como el uno sabía redactar todo tipo de proyectos de investigación, en los cuales no faltaba un aparato crítico y metodológico aplastante, y un cronograma pormenorizado de las actividades a realizar durante cada día del año, e incluso durante cada hora de cada día del año, y como el otro, por el contrario, sabía escribir los más intrincados tratados que incluso bordeaban lo inefable, y siempre descubría un misterio o daba en el centro de una profecía, cada vez con un lenguaje más deslumbrante y un discurso que consignaba todos los estilos incluyendo el suyo propio, decidieron llegar a un común acuerdo, a saber: el uno se quedaría arreglando la casa, limpiando la alfombra, cortando el césped, dándole de comer al gato y poniendo leña en la chimenea, mientras el otro, para no importunar (porque mucho ayuda el que no estorba), se llevaría el recuerdo de la casa, la tesitura de la alfombra, los olores del césped, las caricias del gato y los tizones de la leña, para con ellos fundar, ca...

Índice

  1. Arte de lanzar
  2. Contraviento
  3. Acróbata