Este libro ofrece el primer análisis moderno y una descripción amplia del comercio británico con Hispanoamérica en su conjunto a fines de la época colonial, que abarcan unas décadas que marcaron la transformación de las relaciones comerciales anglo-hispanoamericanas y que sentaron las bases de la hegemonía comercial británica en las primeras repúblicas americanas. Se concentra en el periodo entre la Guerra de los Siete Años y las guerras revolucionarias francesas, cuando el comercio británico experimentó su mayor reconfiguración desde hacía dos siglos, y analiza todas las vertientes de la actividad mercantil: tanto la que pasaba por la península ibérica como las que se dirigían a través de las colonias británicas del Caribe o los puertos estadounidenses.

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El comercio británico con hispanoamérica, 1763-1808
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Historia1. LOS ORÍGENES DEL COMERCIO BRITÁNICO CON LAS COLONIAS ESPAÑOLAS, DEL SIGLO XVI A 1763
Establecer con precisión la fecha del inicio del comercio británico con América es problemático. Teóricamente, es posible que hubiera mercancías inglesas entre los comestibles, armas, herramientas y “varios cofres de productos comerciales y mercaderías para regalar a los indios” que se llevó Cristóbal Colón en su primera travesía de 1492, si bien lo anterior es por fuerza mera especulación.[1] La primera presencia confirmada de comerciantes ingleses en las Indias Occidentales ocurrió en Santo Domingo, en la isla de La Española, de 1527 a 1528, aunque los detalles son poco precisos.[2] Los mercaderes ingleses estuvieron activos en Brasil desde un periodo muy temprano (entre 1530 y 1542), y probablemente lo estuvieron de nuevo en el Caribe, incluso antes de que tuvieran lugar las actividades mucho más célebres de John Hawkins en la década de 1560.[3] Sin embargo, los viajes de Hawkins y de su contemporáneo y socio ocasional Francis Drake son los que han recibido la mayor atención. En 1562, Hawkins hizo un “intento relativamente pacífico” de suministrar esclavos y otros artículos a los primeros asentamientos españoles en el Caribe, un esfuerzo que culminó en un desastroso enfrentamiento con los buques de guerra españoles en el puerto mexicano de Veracruz en 1567.[4] Los ingleses entonces emprendieron una serie de ataques a los asentamientos en el istmo de Panamá que perduraron hasta fines de la década de 1570, antes de que su atención se desviara hacia el sur, “más allá del círculo equinoccial”, al Río de la Plata y las costas bajas de Sudamérica. En 1574 sir Richard Grenville hizo una expedición al Río de la Plata, mientras que entre 1577 y 1578 Drake pasó varios meses en las costas atlántica y pacífica antes de regresar a Inglaterra en la segunda circunnavegación del mundo.[5] Drake volvió más adelante al Caribe, y murió frente a las costas de Portobelo cuatro años antes del fin del siglo, aunque para entonces sus esfuerzos y los de sus compañeros estuvieron más dirigidos al pillaje que al comercio.
Hawkins y Drake dominan las percepciones populares acerca de las interacciones tempranas entre los ingleses y las colonias españolas, pero la obra de Gordon Connell-Smith sugiere que esto es en gran medida engañoso. Connell-Smith demuestra la sorprendente vitalidad del comercio anglohispanoamericano en unas fechas muy tempranas a través de España.[6] Es decir, los mercaderes ingleses establecidos en España o los que operaron a través de ella comerciaron con la mayor parte de las colonias españolas del Caribe desde comienzos del siglo XVI. Por lo menos desde 1509, Thomas Malliard surtió artículos de Gran Bretaña a Santo Domingo a través de Sevilla. En 1522, Roger Barlow hizo un contrato para enviar vino a Santo Domingo con el capitán de barco español Diego Rodríguez Pepino, y al parecer mantuvo a un agente comercial en La Española. Quizás el mercader inglés más importante fuera Robert Thorne, quien envió 40 toneladas de mercancía a Santo Domingo, Cuba o la Nueva España con el capitán Pedro de Agustín en 1525. En el mismo año envió harina y otros comestibles, velas, jabón, hojalata, artículos de hierro y esparto, valuados en 455 000 maravedís, con Juan de Murcia para que se vendieran en Puerto Rico o en La Española. Thorne también invirtió en el viaje de Sebastián Caboto al Río de la Plata en 1526, mientras que su hermano Nicholas envió 22 318 maravedís de tela inglesa para vender en Cubagua, Venezuela, en 1527.[7] El mercero londinense Thomas Howell también hizo negocios con el Nuevo Mundo en estos momentos, y de un modo similar mantuvo a un agente comercial en Santo Domingo para administrar las ventas. Lo sorprendente de estos mercaderes es que vivían y comerciaban abiertamente en España, y no estaban limitados al comercio clandestino por medio de intermediarios españoles, como sucedió más adelante. Los agentes comerciales ingleses, igual que los españoles (entre ellos Thomas Tison, Nicholas Arnote y John Martin) incluso vivieron y se movieron con relativa libertad por el Caribe español en representación de sus respectivas casas. Este grado de libertad comercial fue producto de derechos de tratado inusualmente favorables para los ingleses en el comercio español, derivados de distintos tratados entre ambas potencias; también reflejó la ausencia de tensión en torno a asuntos religiosos antes de la Reforma anglicana, así como las laxas estructuras administrativas que gobernaron el comercio español en el Atlántico durante sus primeros años. [8]
La Reforma y las circunstancias políticas derivadas de ella durante los últimos años del reinado de Enrique VIII (1509-1547) dieron lugar a un serio deterioro en las condiciones de estos mercaderes ingleses, e incluso a su persecución pública. Durante algunos años las hostilidades angloespañolas en alta mar llevaron a una interrupción virtual del comercio, y a pesar de que hubo cierta recuperación en la década de 1550, todo indica que los mercaderes ingleses en España se vieron cada vez más obligados a convertirse “para la mayoría de los efectos y fines, en españoles naturalizados”.[9] La ruptura final, y la transición hacia las condiciones en las cuales los mercaderes ingleses y extranjeros quedaron estrictamente excluidos del comercio con las colonias españolas, vinieron durante el reinado de Felipe II, a partir de 1559. Connell-Smith concluye que “cuando John Hawkins llegó a desafiar el monopolio español [...] su protesta no fue contra el monopolio que hasta entonces había excluido a los mercaderes ingleses del Nuevo Mundo, sino contra la interrupción de un comercio legítimo que dos generaciones de sus coterráneos habían disfrutado durante mucho tiempo”.[10] A esto siguió medio siglo de hostilidad política en las relaciones angloespañolas, durante el cual el comercio inglés con las colonias españolas fue sujeto de desorden y trastornos frecuentes.[11]
La década de 1660, que fue testigo de los viajes de Hawkins, vio también, casi al mismo tiempo, cómo la organización del comercio español en el Atlántico tomaba la forma que mantendría prácticamente durante todo el periodo colonial. El sistema que se desarrolló en este momento para las relaciones comerciales con las colonias se ha descrito muchas veces, de modo que aquí se sintetizará únicamente de un modo muy breve.[12] Su principio fundamental fue un riguroso monopolio comercial en el cual el comercio estuvo estrictamente limitado a los españoles, y todo trato por parte de extranjeros quedó prohibido. Sevilla, sobre el río Guadalquivir en Andalucía, fue el único puerto español autorizado para mantener relaciones comerciales con las colonias, además de que fue sede de la burocracia comercial (aunque ambas funciones se trasladaron a Cádiz a inicios del siglo XVIII). La mayor parte del comercio se organizaba en grandes flotas, y posteriormente bajo la supervisión de una escolta naval, mismas que, en teoría, salían de Sevilla dos veces al año. Una de ellas, la “flota”, abasteció a la Nueva España y a América Central mediante una rica feria comercial en Veracruz, mientras que la otra, llamada de “galeones”, abasteció a Sudamérica por medio de un...
Índice
- PORTADA
- PORTADILLAS Y PÁGINA LEGAL
- DEDICATORIA
- ÍNDICE
- LISTA DE TABLAS Y MAPAS
- PREFACIO A LA EDICIÓN ESPAÑOLA
- LISTA DE ABREVIATURAS
- NOTA SOBRE LAS TASAS Y VALORES DE CAMBIO
- ENSAYO INTRODUCTORIO A LA EDICIÓN INGLESA DE 2007
- 1. LOS ORÍGENES DEL COMERCIO BRITÁNICO CON LAS COLONIAS ESPAÑOLAS, DEL SIGLO XVI A 1763
- 2. EL COMERCIO ESPAÑOL, 1763-1783: LA EXPANSIÓN GEOGRÁFICA Y LOS PUERTOS LIBRES
- 3. EL “COMERCIO DE COLONIAS” Y LA CONSOLIDACIÓN DEL SISTEMA DE PUERTOS LIBRES, 1783-1796
- 4. EL COMERCIO EN TIEMPOS DE GUERRA (1796-1808): EL COMERCIO ESPAÑOL BAJO LICENCIA EN LAS INDIAS OCCIDENTALES BRITÁNICAS
- 5. EL COMERCIO EN TIEMPOS DE GUERRA (1796-1808): EL CONTRABANDO BRITÁNICO Y LA PERSPECTIVA HISPANOAMERICANA
- 6. EL COMERCIO EN TIEMPOS DE GUERRA (1796-1808): EL COMERCIO NEUTRAL, LOS CONTRATOS DE PLATA, Y EL “COMERCIO SECRETO”
- 7. CONCLUSIONES
- MAPAS
- APÉNDICE ESTADÍSTICO EL COMERCIO BRITÁNICO CON LAS COLONIAS ESPAÑOLAS, 1788-1795
- NOTA SOBRE FUENTES DE ARCHIVO
- BIBLIOGRAFÍA PARA EL ESTUDIO DEL COMERCIO BRITÁNICO CON LAS COLONIAS ESPAÑOLAS
- SOBRE EL AUTOR
- COLOFÓN
- CONTRAPORTADA
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