Doña Perfecta
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Doña Perfecta

  1. 60 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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Doña Perfecta

Descripción del libro

Doña Perfecta es la obra de teatro en la que se basa la conocida novela de Benito Pérez Galdós. En la España profunda, una viuda acuerda con su hermano casar a su hija menor con su sobrino, para así mantener el patrimonio familiar. La irrupción de las ideas liberales del sobrino chocará de lleno con el talante tradicional de la viuda.

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Información

Editorial
SAGA Egmont
Año
2020
ISBN del libro electrónico
9788726495317
Categoría
Literatura

Acto II

Sala baja en la casa de DOÑA PERFECTA. Al foro izquierda una ventana grande que da a la calle, o al jardín: al foro derecha puerta grande, por donde entran los que vienen del exterior.
A la derecha, en primer término, una puerta, de la cual arranca la escalera interior que conduce a las alcobas de la casa. En el segundo término, el paso al comedor. A la izquierda la puerta del cuarto de PEPEREY.
La estancia es anticuada, patriarcal, revelando las costumbres rutinarias de una familia rica y noble que vive en un pueblo. Mucha limpieza y arreglo en el mueblaje, que también es antiguo, y de cierto valor artístico. Cuadros religiosos y de familia.
Mesa a la izquierda, y en ella una lámpara encendida.
Empieza el acto después de anochecer.

Escena I

PEPEREY, muy abatido, echado en un sillón; DONCAYETANO, que entra por la derecha.
DON CAYETANO.- ¿Pero qué tienes...? ¿aburridito...?
PEPE REY.- ¡Loco!
DON CAYETANO.- Por no hacerme caso... Si hubieras querido ayudarme a coordinar las Vidas de Orbajosonses ilustres... Seis horas se me han pasado en un soplo.
PEPE REY.- Yo no arreglaría a los orbajosenses ilustres y no ilustres, más que de una manera.
DON CAYETANO.- ¿Cómo?
PEPE REY.- A tiros.
DON CAYETANO.- ¡Bah!... ya estás con tu idea maniática.
PEPE REY.- ¡Qué vida la mía! Se reduce a vagar por este feísimo pueblo, en compañía de don Juan Tafetán, que es mi único amigo. Hemos visto la catedral -32- no sé cuántas veces. Por cierto que esta mañana...
DON CAYETANO.- ¿Qué?
PEPE REY.- Nada... Pues el pobre Tafetán se desvive por distraerme: me lleva a las huertas, a visitar ruinas celtíberas o romanas; me pasea por todo el pueblo, me introduce en las tertulias de la botica o de las tiendas, procura, en fin, disipar el tedio inmenso que me consume. (Exaltándose.) ¡Esto es horrible, esto no tiene nombre!... Vivo en esta casa, y ya van cinco días, cinco, que no puedo ver a Rosario... «Que está enferma, que duerme de día, que no quiere ver a nadie, y tal y qué sé yo...». ¡La esconden de mí, me apartan de ella como un apestado!
DON CAYETANO.- ¡Hombre, no! La niña tiene un arrechucho nervioso que exige, según los médicos, descanso, soledad, aislamiento.
PEPE REY.- ¿Pero es tan grave su mal, que yo, su primo, su... iba a decir su prometido, en fin, yo, no puedo pasar a verla?
DON CAYETANO.- No sé...
PEPE REY.- ¡Ah, mi buen don Cayetano, si viera usted qué cosas se me ocurren! Mis pensamientos son negros, huraños, recelosos, como el pueblo en que vivo. He dado en creer que la enfermedad de Rosario es un artificio de su madre para que la pobre niña no pueda verme ni hablarme...
DON CAYETANO.- ¡Por Dios, Pepe...! No, no; eso no te lo paso... ¡Suponer que Perfecta, que es toda bondad, cariño, dulzura...! No, hijo, no, no.

Escena II

Dichos; JACINTITO, por la izquierda, con un fajo de papeles, como de pleito.
JACINTITO.- Señor don José... ¿le molesto?
PEPE REY.- ¡Ah!... Jacintito... ¿qué tal?
JACINTITO.- Pasando. ¿Y usted?... Señor don Cayetano... -33- Pues... mucho siento, señor don José, tener que hablar a usted de este desagradable asunto.
PEPE REY.- ¿El pleito?... digo, los... porque ya pleitea conmigo medio Orbajosa.
DON CAYETANO.- ¿Y tú defiendes a ese marrullero de Licurgo?
JACINTITO.- No señor.
PEPE REY.- ¿A los Farrucos?
JACINTITO.- Ellos quieren; pero mi amistad con esta familia no me permite encargarme de tal defensa. Señor de Rey, he estudiado detenidamente el asunto, y... como letrado y como amigo, me tomo la libertad de aconsejarle que transija.
PEPE REY.- (Indignado.) ¡Transigir con esa pillería! ¡Acceder a sus enredos! ¡Nunca!
JACINTITO.- Mire usted que el Juez ha dictado una providencia, mandando... Ahí tiene, para que se entere... (Deja los papeles sobre la mesa.)
PEPE REY.- No necesito ver nada. ¿Son ellos tercos? Yo más.
DON CAYETANO.- (Interrumpiéndole.) Con todo, Pepe, vale más que cedas...
PEPE REY.- (Con energía.) No, no... Odio a la negra Orbajosa, y a todos sus habitantes.

Escena III

Dichos; DOÑAPERFECTA por la derecha.
DOÑA PERFECTA. - (Con zalamería.) ¿También a mí?
PEPE REY.- A usted no... (Dudando.) Querida tía... A usted no.
DOÑA PERFECTA.- ¿Por qué tan furioso?
PEPE REY.- Porque me siento extranjero en esta ciudad tenebrosa de pleitos, de antiguallas, caciquismo y envidia solapada... No puedo vivir más tiempo aquí. Me voy, me voy; pero entiéndase bien, sin desistir de lo que aquí me trajo. Señora, yo vine a casarme con su hija de usted. Démela usted, y me voy.
DOÑA PERFECTA.- ¿Lo ven ustedes? Si es una centella. ¡Qué carácter, Dios mío! Y hay que tener cuidado con él, -34- pues a lo mejor, por cualquier palabrita, se dispara y nos llama bárbaros, supersticiosos...
DON CAYETANO.- Querido Pepe, ten calma. Ya sabes que mi hermana con muchísimo gusto te llamará su hijo. Rosario no se opondrá tampoco queriéndolo ella. ¿Qué falta, pues? Nada más que un poco de tiempo.
DOÑA PERFECTA.- Vamos, como tú no piensas más que en máquinas, todo quieres llevarlo al vapor, ¡hala, hala! Espera, hombre, espera. Ese aborrecimiento que le has tomado a nuestra pobre ciudad, es una monomanía absurda.
PEPE REY.- (Descorazonado.) Es que hasta las piedras parecen levantarse contra mí.
DOÑA PERFECTA.- ¿Lo dices por los pleitos? ¿Tengo yo la culpa? Que te diga este (Por JACINTO.) la chillería que anoche le eché al buen Licurgo.
JACINTITO.- Sí, sí; buena peluca se llevó, por su furor jurídico y litigante.
PEPE REY.- Y hay más: desde que estoy aquí no he recibido carta de mi padre.
DON CAYETANO.- No te habrá escrito.
PEPE REY.- Imposible. (Oyendo aldabonazos en la puerta de la casa.)
DOÑA PERFECTA.- El correo.
DON CAYETANO.- Veremos lo que trae. (Vase DON CAYETANO por la izquierda.)
DOÑA PERFECTA.- Puede que hoy recibas carta.
PEPE REY.- Señora doña Perfecta, o yo tengo la cabeza trastornada, o me salen enemigos de todas las grietas de todos los rincones de este pueblo fatídico. Veo sombras que corren tras de mí, o se adelantan buscándome las vueltas, rostros entapujados que me acechan...
DOÑA PERFECTA.- ¿Pero, hijo, tan científico, y crees en fantasmas?
JACINTITO.- Don José, no recele de esta hidalga gente.
DON CAYETANO.- (Entrando con varias cartas.) Hay una para ti.
DOÑA PERFECTA.- Gracias a Dios. A ver si es de tu padre.
PEPE REY.- (Cogiendo la carta.) No, no es de mi padre. ¡Si es un pliego del
Ministerio! (Lo abre y lee rápidamente.) ¡Oh! (Atónito.)
-35-
DOÑA PERFECTA.- ¿Qué es eso, hijo?
DON CAYETANO.- ¿Qué?
PEPE REY.- Una comunicación del Ministro de Fomento, relevándome del cargo que me confirió en esta zona.
DOÑA PERFECTA.- ¡Cómo! ¿Es posible...?
JACINTITO.- Pero de un gobierno así, ¿qué se puede esperar?
DON CAYETANO. - ¡ Infamia mayor!
PEPE REY.- (Muy nervioso, arrojando el pliego sobre la mesa.) ¡Oh, yo descubriré la mano misteriosa...!
DOÑA PERFECTA.- ¡Ay, Dios mío! ¿También de esto le echas la culpa a nuestra pobre patria, donde todo es buena voluntad, paz, sencillez...?
PEPE REY.- (Con tenacidad.) ¡Ah, sí, este tiro ha salido también de aquí! Mi corazón lacerado me lo dice a gritos. No puedo, no puedo dudarlo. En esto, como en lo otro, veo una persecución sistemática, una guerra insidiosa.
DON CAYETANO.- Pepe, no seas niño.
JACINTITO.- Nada, es manía...
DOÑA PERFECTA.- Iluso, vuelve tus ojos a Madrid, dirige tus sospechas a los políticos corrompidos, a los compañeros envidiosos... (Vivamente.) Te advierto una cosa, y es que si quieres ir allá para averiguar la causa de este desaire, y pedir explicaciones al gobierno, no dejes de hacerlo por nosotros...
PEPE REY.- ¿Qué? (Fija los ojos en el semblante de su tía, como queriendo escudriñar sus más escondidos pensamientos.)
DOÑA PERFECTA.- (Con calma admirable, y tono de la más perfecta lealtad.) Digo, que si quieres ir, sobrino mío... vayas... ¿A qué ese asombro?
PEPE REY.- (Después de una pausa.) No seño...

Índice

  1. Doña Perfecta
  2. Copyright
  3. Other
  4. Acto I
  5. Acto II
  6. Acto III
  7. Acto IV
  8. Om Doña Perfecta