
- 48 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Don Sancho García
Descripción del libro
Uno de los pocos textos teatrales del autor José Cadalso. Articulado en forma de tragedia neoclásica de cinco actos, nos presenta la historia de doña Ava, condesa viuda de Castilla, quien, accede a envenenar a su hijo, Sancho García, para complacer a Almanzor, su amante y rey moro de Córdoba.
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Información
Categoría
LiteraturaCategoría
Literatura generalActo III
Escena I
ALEK
(Solo.) Inconstante fortuna, aquí me tienes
(firme en tus variaciones y vaivenes)
no como en otros tiempos estimado
de mi Rey Almanzor, sino arrojado
de lo alto de la cumbre al precipicio.
5
¡Hiciste, oh suerte, tu común oficio!
Feliz aquel que de la humilde vida
nunca subió; no teme la caída.
Aquél que sube a la mayor privanza
con susto fuerte y débil esperanza,
10
previendo en cada caso de la suerte
la vida triste; o la infelice muerte,
comprando con peligros los favores,
apura de los hados los rigores.
Escena II
La CONDESA y ALEK.
CONDESA
Ya sé de tu desgracia el fundamento.
15
ALEK
Decírtelo no puedo; no me siento
capaz de revelarte por mis labios
la falta de mi Rey, ni mis agravios.
CONDESA
Cruel es Almanzor.
ALEK
Pero es mi dueño.
Con rostro humilde adoraré su ceño;
20
y si de Rey pasando a ser tirano,
me mata, besaré su regia mano.
Estas del buen vasallo son las leyes,
por más faltas que se hallen en los Reyes.
CONDESA
¡Buen vasallo, y tan mal recompensado!
25
¿Quién te defiende del rigor del hado?
¿Quién te conserva contra su inclemencia?
¿Quién consuela tu pecho?
ALEK
La inocencia.
Ella sola me basta, y es sobrada
contra los golpes de la suerte airada.
30
El infeliz que en su inocencia piensa,
encuentra en su virtud su recompensa.
¿Y de qué la virtud nos serviría
contra el acaso, fraude y tiranía,
si no hubiese dispuesto el justo cielo
35
que en ella hallemos superior consuelo?
Su hermosa luz más clara resplandece,
cuanto más la fortuna se obscurece.
Caí; mientras más bajo, más lo estimo;
del arte de la Corte así me eximo.
40
A Córdoba me vuelvo: humildemente
en mi casa tranquila e inocente
mi vida pasaré. No es sacrificio
el que hago de la Corte; su bullicio,
cual juguete de niños ignorantes,
45
que consume los años como instantes,
divierte al joven, y al anciano enfada.
CONDESA
Admiro tu fineza.
ALEK
Es dimanada
de que no aspiro más que a ser honrado.
CONDESA
¿Contra tu Rey no te hallas irritado?
50
ALEK
Abomino a los hombres que se atreven
a dar censura a quien obsequio deben.
El Rey es como Dios: señora, atiende;
quien más lo estudia, menos lo comprehende.
Yo marcho en fin, y con valor me hallo:
55
conocerá Almanzor que un buen vasallo
no se suele encontrar tan fácilmente.
Me llamará, y entonces obediente
yo volveré a sus plantas: sus enojos
se borrarán con llantos de mis ojos.
60
Después de haber vivido algunos años,
meditando mis muchos desengaños,
más cuerdo volveré desde más lejos:
será mejor mi voto en sus consejos;
más útil le seré mientras más sabio;
65
con más servicio pagaré mi agravio;
y de verme más apto a su servicio
por corto juzgaré mi sacrificio.
Si acaso su rigor fuere tan fuerte
que me olvide en destierro, y que la muerte 70
me alcance en mi desgracia, ¡cuán dichoso
su momento será! ¡Con qué reposo
Alek espirará! ¡Con qué sosiego
de no haber sido injusto palaciego!
CONDESA
Allí viene García, noble moro.
75
Si recibirle o despedirle ignoro;
y con la turbación de mi semblante
conocerá tal vez el tierno infante
el riesgo en que le pone su fortuna.
Tu presencia será más oportuna.
80
Detenlo, no permitas que me vea
hasta que yo decida, y que mi idea
acabe de una vez de reducirme.
ALEK
Señora, en la virtud mantente firme:
oye a tu corazón; su fortaleza
85
es voz con que te habló naturaleza.
Nunca miente, señora, el pecho nuestro;
lo recto aprueba, y tacha lo siniestro.
No sofoques su luz con el nublado
que causa la pasión: el desdichado
90
que con lisonjas engañarse intenta,
su castigo en su daño experimenta.
CONDESA
A Dios, Alek.
Escena III
ALEK
(Solo.) El ente soberano
dirija tus ideas y tu mano.
¡Oh ser supremo!, cuya inmensa ciencia
95
demuestra de los hombres la demencia,
desnuda nuestros flacos corazones,
del cúmulo horroros...
Índice
- Don Sancho García
- Copyright
- Argumento
- PERSONAJES
- Acto I
- Acto II
- Acto III
- Acto IV
- Acto V
- Sobre Don Sancho García