
- 42 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Libro sin tapas
Descripción del libro
«Libro sin tapas» es la recopilación de textos literarios que Felisberto Hernández publicó en «La Palabra», publicación trimestral que dirigía el periodista Carlos N. Rocha. En los relatos de esta publicación el misterio prima sobre el realismo.
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Información
Categoría
LiteraturaCategoría
ClásicosLibro sin tapas
Este libro es sin tapas
porque es abierto y libre:
se puede escribir antes
y después de él.
Al doctor Carlos Vaz Ferreira
PRÓLOGO
A la última religión se le termina la temporada. A los hombres de ciencia se les aclara el epílogo que sospechaban. Los jóvenes, vigorosos y deseosos de emociones nuevas, tienen el espíritu maduro para recibir el tarascón de una nueva religión. Todo esto ha sido previsto como las demás veces. Se ha empezado a ensayar la parte más esencial, más atrayente, más fomentadora y más imponente de la nueva religión: el castigo. El castigo de acuerdo con las leyes de la religión última; con el caminito de la moral, que ha de ser el más derecho, el único, el más genial de cuantos han creado los estetas que han impuesto su sistema nervioso como modelo de los demás sistemas nerviosos.
Tenemos muchos datos. A los locos nos tienen mucha confianza en estas cosas. Escribiremos sólo algunos de los datos del primer ensayo y dejaremos muy especialmente a la orilla del plato los de la formación del jurado de los Dioses.
I
El jurado de los Dioses logró reunirse. –En esto fueron inferiores a los católicos porque conviene que en religión mande “Un Solo Dios Verdadero”.
El primer ejemplar estaba pronto a someterse. El pobre muerto había sido egoísta. Jamás se preocupó del dolor ajeno. Jamás dejó de pensar en sí mismo. Fue un hombre tranquilo. Todo esto pareció mal al jurado y decidieron por unanimidad castigar al muerto: lo colgaron de las manos al anillo de Saturno, le dieron un gran poder de visión y de inteligencia para que viera lo que ocurría en la Tierra; le dieron libertad para que se interesara cuanto quisiera por lo que pasaba en la Tierra, pero si pensaba en sí mismo, se le aflojarían las manos y se desprendería del anillo.
II
Los primeros tiempos fueron horribles. De repente se quedaba agarrado de una mano, de dos dedos, pero en seguida atinaba a prenderse con la otra mano. Hacía esfuerzos sobrehumanos para no pensar en sí mismo. De pronto se quedaba mirando fijo a la Tierra y eso le distraía un poco. Lo primero que le distrajo absolutamente sin tener que preocuparse de las manos ni de sí mismo, fue muy curioso: estaba mirando fijo a la Tierra y se le ocurrió pensar por qué daría vueltas y más vueltas. Así pasó mientras la Tierra dio treinta vueltas.
III
Ya no podía más de aburrido, de pensar siempre lo mismo sin hallar solución. A veces le venía una esperancita de solución y aprovechaba a ponerse contento antes que se diera cuenta que no había encontrado solución. Entonces, durante la alegría de la esperancita movía alternativamente las piernas.
IV
Al mucho tiempo de aburrirse de no encontrar solución se dio cuenta que la Tierra además de las vueltas sobre sí misma, daba otras vueltas alrededor del sol: vuelta a las esperancitas y vuelta a volver a aburrirse. Pero a medida que pasaba el tiempo y se preocupaba de los demás, se le aguzaba la visión y la inteligencia. Por eso descubrió nuevamente, que los animales y los hombres, al mismo tiempo que seguían a la Tierra en sus dos clases de vueltas, daban otras dos clases de vueltas más: unas para conseguir qué comer y otras alrededor de las hembras.
V
La visión y la inteligencia seguían aguzándosele. Esto le libraba en muchos momentos del aburrimiento y de pensar en sí mismo. Cada vez se internaba más en los problemas de la Tierra. Se diría que progresaba: el progreso lo hacía distinto, lo hacía más visual y más inteligente, pero no se sabía si le suprimía dolor. La complejidad progresiva le quitaba dolor de aburrimiento y de esfuerzo en no pensar en sí mismo. Pero nacían nuevos dolores: los dolores de no hallar solución, ahora que le crecía el interés por la Tierra y que no tenía más remedio que dejárselo crecer, porque si dejaba de mirar fijo y de pensar en la Tierra, le amagaba el pensamiento de sí mismo y se descolgaría. ¡Y ni siquiera podía pensar qué sería de él si se descolgaba y si se le importaría o no descolgarse!
VI
Ya tenía una inmensa suma de “porqués”. ¿Por qué la Tierra daba vueltas sobre sí misma? ¿Por qué además daba grandes vueltas alrededor del sol? ¿Por qué los hombres tenían que dar vueltas alrededor de los alimentos y comer para no morirse? ¿Por qué daban vueltas alrededor de las hembras? Le cruzó la idea semisolución de que la Tierra y los hombres hacían todo eso para no aburrirse. ¡Qué bien le hubiera venido ahora un pequeño descansito! A pesar de la alegría y el placer último seguía colgado; además no tenía más remedio que darse cuenta que la solución era falsa, seguir mirando la Tierra y aumentar la complejidad.
VII
Los nuevos y últimos “porqués” eran: ¿por qué los hombres tienen que no aburrirse? ¿Por qué no se anulan y anulan la Tierra? ¿Por qué tienen ese fin optimista para cargar con la tarea del no aburrirse? Y siguió ahondando y ahondando y preocupándose más de la acción de los hombres y aumentando la complejidad trágica e imprescindible. Al seguir preocupándose más de la acción de los hombres descubrió el mismo problema de él y que él no sabía que lo tenía por no poder pensar en sí mismo: descubrió que los hombres progresaban, que eran distintos a los de las épocas anteriores.
VIII
Más adentro descubrió que el porqué provisori...
Índice
- Libro sin tapas
- Copyright
- Libro sin tapas
- Acunamiento
- La piedra filosofal
- El vestido blanco
- Genealogía
- Historia de un cigarrillo
- La casa de Irene
- La barba metafísica
- Drama o comedia en uno o varios cuadros
- Sobre Libro sin tapas