
- 27 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
El alcalde de sí mismo
Descripción del libro
El alcalde de sí mismo es una de las comedias teatrales de Pedro Calderón de la Barca, uno de los géneros dramáticos que más cultivó el autor, por detrás de los autos sacramentales. En ellas se suelen mezclar los enredos amorosos y familiares con los equívocos y las situaciones humorísticas.
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Información
Categoría
LetteraturaCategoría
Letteratura generaleJORNADA I.
Dicen dentro Federico y Roberto, y salenluego como despeñados, y Federico armado, con botas y espuelas.
Rob. Precipitado vuelo
Nos despeña. Jésus!
Fed. Válgame el cielo! Salen
Rob. ¿Estás, señor, herido?
Fed. Muerto fuera mejor; mas tal ha sido
Siempre el rigor del hado,
Que vive á su pesar un desdichado.
Rob. Guarde el cielo tu vida
De cobardes contrarios defendida;
No hay horror, no hay espanto, que le asombre.
Fed. Antes en penas tales
El morir es el último en los males.
¡Pluguiera á Dios, Roberto,
Pluguiera á Dios, que alli me hubieran muerto,
Entre asombros y espantos,
Las fieras armas de enemigos tantos,
Y no fuerte y altivo,
Ó venturoso mas, hubiera vivo
Dejado por mi espada
Muerto á Don Pedro Esforcia en la estacada!
¡No hubiera yo llegado,
De duro acero, de diamante armado,
(Como ves) á este monte,
Término, al parecer, deste horizonte!
Ó ya que aqui llegase,
¡Pluguiera á Dios, que en él me despeñase,
Cuando veloz tropieza
El caballo en su propia ligereza!
Pues fuera el daño menos,
Que vernos hoy de confusiones llenos,
Y de tantos contrarios perseguidos.
Adviertan tus sentidos,
Que pierdo á Margarita lo primero;
Á Margarita bella,
Que fue del cielo flor, del campo estrella;
Luego que nos hallamos
En un monte, y que en él los dos estamos,
El caballo perdido,
Tú cansado, yo armado y sin vestido.
Y cuando á alguna aldea
Queramos ir, ninguno habrá, que vea
Á pie y armado un hombre,
Que no se ria dél, ó no se asombre;
Y siendo conocido
Por las señas tan grandes, mas seguido
De quien me busca quedo,
Donde la muerte asegurarme puedo,
Cuando preso me tenga
El Rey, pues juntamente en mí se venga
De su sobrino muerto,
Y de la grande enemistad, Roberto,
Con mi padre, que ha sido
La causa de entrar yo desconocido
En su reino, en sus fiestas,
No fiestas ya, tragedias sí funestas;
Pues con penas tan graves
Sucedió lo que callo yo, y tú sabes.
Rob. Todo lo considero,
Y peor fuera morir; que hallar espero
Remedio á mal tan fuerte.
Fed. Remedio? De qué modo?
Rob.Desta suerte.
Tú no eres conocido
En Nápoles; que nunca en él ha habido
Quien el rostro te vea;
Pues este monte muda guarda sea
De las armas grabadas:
En él con verdes ramas sepultadas
Queden; que yo no dudo
El poderte escapar, yendo desnudo
Á la primer aldea,
Diciendo, que la gente, que saltea
En este monte, ha sido
Quien te llevó la hacienda y el vestido.
Asi al fin se consigue
El no hallarte la gente que te sigue,
Y el hallar tú consuelo,
Moviendo á compasion la tierra y cielo.
Yo (habiéndote dejado
Donde quisieres tú) disimulado,
Me volveré á la corte,
Donde sabré lo que á tu amor le importe.
Las joyas tendré en ella,
Para irte socorriendo.
Fed. Si mi estrella
No me hubiera dejado
Tal amigo, ¡qué triste y desdichado
Hubiera yo nacido!
La oposicion de mi desdicha ha sido.
Siguiendo tu consejo,
Las duras armas en el monte dejo.
Desnudo iré, moviendo
Á compasion las piedras, porque entiendo
Quejarme tristemente
Con tal disfraz de lo que el alma siente,
Como aquel que ha llegado
Á tener un dolor disimulado,
Que, cuando no le deja,
Fingiendo otro dolor, de aquel se queja.
Rob. Pues hácia aquesta parte,
Que e...
Índice
- Cover
- El alcalde de sí mismo
- Copyright
- PERSONAS.
- JORNADA I.
- JORNADA II.
- JORNADA III.
- Sobre El alcalde de sí mismo