
- 72 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Mariana Pineda
Descripción del libro
En esta obra de teatro, Lorca aborda la vida de una de las figuras emblemáticas de la desamortización absolutista del S. XIX: Mariana Pineda, mujer granadina de 26 años acusada y condenada a muerte por defender la causa liberal, al haber sido encontrada en su casa una bandera con las palabras bordadas: Libertad, Igualdad y Ley.
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Información
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LiteraturCategoría
LiteraturkritikESTAMPA SEGUNDA
Sala principal en la casa de Mariana. Entonación en grises, blancos y marfiles, como una antigua litografía. Estrado, blanco. Al fondo, una puerta con una corona gris, y puertas laterales. Hay una consola con urna y grandes ramos de flores de seda morada y verde. En el centro de la habitación, un fortepiano y candelabros de cristal. Es de noche.
ESCENA PRIMERA
En escena la Clavela y los Niños de Mariana. Visten la deliciosa moda infantil de la época. La Clavela está sentada, y a los lados, en taburetes, los Niños. La estancia es limpia y modesta, aunque conservando ciertos muebles de lujo heredados por Mariana.
CLAVELA.
No cuento más. (Se levanta).
NIÑO.
(Tirándole del vestido). Cuéntanos otra cosa.
CLAVELA.
¡Me romperás el vestido!
NIÑA.
(Tirando). Es muy malo.
CLAVELA.
(Echándoselo en cara). Tú madre lo compró.
NIÑO.
(Riendo y tirando el vestido para que se siente). ¡Clavela!
CLAVELA.
(Sentándose a la fuerza y riendo también). ¡Niños!
NIÑA.
El cuento aquel del príncipe gitano.
CLAVELA.
Los gitanos no fueron nunca príncipes.
NIÑA.
¿Y por qué?
NIÑO.
No los quiero a mi lado. Sus madres son las brujas.
NIÑA.
(Enérgica). ¡Embustero!
CLAVELA.
(Reprendiéndola). ¡Pero niña!
NIÑA.
Si ayer vi yo rezando al Cristo de la Puerta Real dos de ellos. Tenían unas tijeras así…, y cuatro borriquitos peludos que miraban… con unos ojos…, y movían los rabos dale que le das. ¡Quién tuviera alguno!
NIÑO.
(Doctoral). Seguramente los habrían robado.
CLAVELA.
Ni tanto ni tan poco. ¡Qué se sabe! (Los Niños se hacen burla sacando la lengua). ¡Chitón!
NIÑO.
¿Y el romancillo del bordado?
NIÑA.
¡Ay, duque de Lucena! ¿Cómo dice?
NIÑO.
Olivarito, olivo…, está bordando. (Como recordando).
CLAVELA.
Os lo diré; pero cuando se acabe, en seguida a dormir.
NIÑO.
Bueno.
NIÑA.
¡Enterados!
CLAVELA.
(Se persigna lentamente, y los Niños la imitan, mirándola). Bendita sea por siempre la Santísima Trinidad, y guarde al hombre en la sierra y al marinero en el mar. A la verde, verde orilla del olivarito está…
NIÑA.
(Tapando con una mano la boca a Clavela y continuando ella). Una niña bordando. ¡Madre! ¿Qué bordará?
CLAVELA.
(Encantada de que la Niña lo sepa). Las agujas de plata, bastidor de cristal, bordaba una bandera, cantar que te cantar. Por el olivo, olivo, ¡madre, quién lo dirá!
NIÑO.
(Continuando). Venía un andaluz, mocito y galán.
(Aparece por la puerta del fondo Mariana, vestida de amarillo claro: un amarillo de libro viejo, y oye el romance, glosando con gestos lo que en ella evoca la idea de bandera y muerte).
CLAVELA.
Niña, la bordadora, mi vida, ¡no bordad!, que el duque de Lucena duerme y dormirá. La niña le responde: «No dices la verdad: el duque de Lucena me ha mandado bordar esta roja bandera porque a la guerra va».
NIÑO.
Por las calles de Córdoba lo llevan a enterrar muy vestido de fraile en caja de coral.
NIÑA.
(Como soñando). La albahaca y los claveles sobre la caja van, y un verderol antiguo cantando el pío pa.
CLAVELA.
¡Ay, duque de Lucena, ya no te veré más! La bandera que bordo de nada servirá. En el olivarito me quedaré a mirar cómo el aire menea las hojas al pasar.
NIÑO.
Adiós, niña bonita, espigada y juncal, me voy para Sevilla, donde soy capitán.
CLAVELA.
Y a la verde, verde orilla del olivarito está una niña morena llorar que te llorar.
(Los Niños hacen un gesto de satisfacción. Han seguido el romance con alto interés).
ESCENA II
MARIANA.
(Avanzando). Es hora de acostarse.
CLAVELA.
(Levantándose y a los Niños). ¿Habéis oído?
NIÑA.
(Besando a Mariana). Mamá, acuéstanos tú.
MARIANA.
Hija, no puedo; yo tengo que coserte una capita.
NIÑO.
¿Y para mí?
CLAVELA.
(Riendo). ¡Pues claro está!
MARIANA.
Un sombrero con una cinta verde y dos de plata. (Lo besa).
CLAVELA.
¡A la Costa mis niños!
NIÑO.
(Volviendo). Yo lo quiero como los hombres: alto y grande, ¿sabes?
MARIANA.
¡Lo tendrás, primor mío!
NIÑA.
Y entra luego; me gustará sentirte, que esta noche no se ve nada y hace mucho viento.
MARIANA.
(Bajo a Clavela). Cuando acabes te bajas a la puerta.
CLAVELA.
Pronto será; los niños tienen sueño.
MARIANA.
¡Que recéis sin reírse!
CLAVELA.
¡Sí, señora!
MARIANA.
(En la puerta). Una salve a la Virgen, y dos credos al Santo Cristo del Mayor Dolor, para que nos protejan.
NIÑA.
Rezaremos la oración de San Juan y la que ruega por caminantes y por marineros. (Entran. Pausa).
ESCENA III
MARIANA.
(En la puerta). Dormir tranquilamente, niños míos, mientras que yo, perdida y loca, siento quemarse con su propia lumbre viva esta rosa de sangre de mi pecho. Soñar en la verbena y el jardín de Cartagena, luminoso y fresco, y en la pájara pinta que se mece en las ramas del agrio limonero. Que yo también estoy dormida, niños, y voy volando por mi propio sueño, como van, sin saber adónde van, los tenues vilanicos por el viento.
ESCENA IV
Aparece doña Angustias en la puerta y en un aparte.
ANGUSTIAS.
Vieja y honrada casa, ¡qué locura! (A Mariana). Tienes una visita.
MARIANA.
(Inquieta). ¿Quién?
ANGUSTIAS.
¡Don Pedro! (Mariana sale corriendo hacia la puerta). ¡Serénate, hija mía!
¡No es tu esposo!
MARIANA.
(Asintiendo rotundamente). Siempre tienes razón. ¡Pero no puedo!
ESCENA V
Mariana llega corriendo a la puerta en el momento en que don Pedro entra por ella. Don Pedro tiene treinta y seis años. Es un hombre simpático, sereno y fuerte. Viste correctamente, y habla de una manera dulce. Mariana le tiende los brazos y le estrecha las manos. Doña Angustias adopta una triste y reservada actitud. Pausa.
PEDRO.
(Efusivo). Gracias, Mariana, gracias.
MARIANA.
(Casi sin poder hablar). Cumplí con mi deber.
(Durante esta escena dará Mariana muestras de una vehementísima y profunda pasión).
PEDRO.
(Dirigiéndose a doña Angustias). Muchas gracias, señora.
ANGUSTIAS.
(Tris...
Índice
- Mariana Pineda
- Copyright
- PERSONAJES
- PRÓLOGO
- ESTAMPA PRIMERA
- ESTAMPA SEGUNDA
- ESTAMPA TERCERA
- Sobre Mariana Pineda