XXI
LA CARTA LLEGA A SARATOGA — SE LA ENTREGAN A ANNE — LE LLEGA A HENRY B. NORTHUP — EL ESTATUTO DEL 14 DE MAYO DE 1840 — SUS DISPOSICIONES — EL MEMORIAL DE ANNE AL GOBERNADOR — LAS DECLARACIONES JURADAS QUE LO ACOMPAÑABAN — LA CARTA DEL SENADOR SOULE — LA PARTIDA DEL AGENTE NOMBRADO POR EL GOBERNADOR — LA LLEGADA A MARKSVILLE — EL HONORABLE JOHN P. WADDILL — LA CONVERSACIÓN SOBRE LA POLÍTICA DE NUEVA YORK — SUGIERE UNA IDEA AFORTUNADA — LA REUNIÓN CON BASS — EL SECRETO DESVELADO — INSTITUIDOS LOS PROCEDIMIENTOS LEGALES — LA SALIDA DE NORTHUP Y EL SHERIFF DE MARKSVILLE HACIA LA PLANTACIÓN DE EPPS — DESCUBREN A LOS ESCLAVOS EN LOS CAMPOS DE ALGODÓN — LA REUNIÓN — EL ADIÓS
Estoy en deuda con el señor Henry B. Northup, entre otros, por muchos de los hechos incluidos en este capítulo.
La carta escrita por Bass y dirigida a Parker y Perry, depositada en la oficina de correos de Marksville el día 15 de agosto de 1852, llegó a Saratoga durante la primera mitad de septiembre. Un poco antes Anne se había trasladado a Glens Falls, en el condado de Warren, donde tenía a su cargo la cocina del hotel Carpenter. No obstante, conservó la casa, en la que vivía con nuestros hijos, y únicamente se ausentaba durante el tiempo que requería el cumplimiento de sus tareas en el hotel.
Al recibir la carta, los señores Parker y Perry se la reexpidieron de inmediato a Anne. Los niños la leyeron exaltados y sin perder el tiempo se dirigieron a la localidad vecina de Sandy Hill para consultar a Henry B. Northup y solicitar su consejo y su ayuda al respecto.
Tras estudiarlo, el caballero encontró entre los estatutos del estado una ley que estipulaba la liberación de la esclavitud de ciudadanos libres. Se aprobó el 14 de mayo de 1840 y se titulaba “Una ley más efectiva para proteger a los ciudadanos libres de este estado de ser raptados o reducidos a la esclavitud”. Estipulaba que, si se recibía información satisfactoria de que cualquier ciudadano libre o habitante de ese estado se hallaba retenido ilegalmente en cualquier otro estado o territorio de los Estados Unidos bajo la pretensión o la alegación de que dicha persona era un esclavo, o que en virtud de alguna costumbre o disposición se lo consideraba o tomaba por esclavo, era deber del gobernador tomar las medidas que considerara necesarias para procurar la devolución de la libertad a esa persona. Y a tal fin estaba autorizado a nombrar y hacer uso de un agente, y debía proporcionarle las credenciales y las instrucciones que considerara necesarias para lograr el objetivo de su nombramiento. Todo ello exigía un agente idóneo para reunir las pruebas precisas a fin de establecer el derecho a la libertad del interesado; realizar los viajes, tomar las medidas y entablar tantos procedimientos legales, etc., como fueran necesarios para devolver a esa persona a su estado, y cargar todos los gastos incurridos en hacer efectiva la actuación a los fondos del tesoro no asignados a otros menesteres.
Fue preciso establecer satisfactoriamente dos hechos a los ojos del gobernador; primero, que yo era un ciudadano libre de Nueva York y, segundo, que estaba ilegalmente sometido a cautiverio. Respecto al primer punto, no hubo dificultad porque todos los antiguos residentes del vecindario estaban dispuestos a testificarlo. El segundo punto dependía por completo de la carta a Parker y Perry, escrita por una mano desconocida, y de la carta escrita a bordo del bergantín Orleans que, por desgracia, se había extraviado o perdido.
Se preparó un memorial, dirigido a su excelencia el gobernador Hunt, y en el que se ponía en claro mi matrimonio; mi salida de la ciudad de Washington; la recepción de las cartas; que yo era un ciudadano libre y otros hechos que se consideraron importantes, todo ello firmado y autentificado por Anne.
Acompañaban al memorial varias declaraciones juradas de prominentes ciudadanos de Sandy Hill y Fort Edward corroborando íntegramente su contenido y también una solicitud por parte de varios caballeros muy conocidos del gobernador para que Henry B. Northup fuera nombrado agente de acuerdo con la ley.
Al leer el memorial y las declaraciones juradas, su excelencia tomó un vivo interés en la cuestión y, el 23 de noviembre de 1852, y bajo el sello del estado, Henry B. Northup, abogado, era “constituido, nombrado y contratado como agente con plenos poderes para hacer efectiva” mi liberación y para tomar las medidas más adecuadas para lograrla, y con la orden de trasladarse a Luisiana con la mayor celeridad.
El carácter apremiante de los compromisos profesionales y políticos del señor Northup retrasó su partida hasta diciembre. El día decimocuarto del mes salió de Sandy Hill y se dirigió a Washington. El honorable Pierre Soule, senador de Luisiana en el Congreso, el honorable señor Conrad, Secretario de Guerra, y el juez Nelson, del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, una vez escuchada la exposición de los hechos y tras examinar su mandato y las copias certificadas del memorial y las declaraciones juradas, le proporcionaron cartas abiertas para caballeros de Luisiana recomendando encarecidamente su ayuda para el cumplimiento del motivo de su nombramiento.
El senador Soule tomó un interés especial en el asunto e insistió, en términos contundentes, que ayudarme a recuperar la libertad era su deber y redundaba en el interés de todo dueño de una plantación de Luisiana, y que confiaba en que los sentimientos de honor y justicia en el seno de cada ciudadano de la comunidad lo apoyarían en mi nombre. Una vez logradas aquellas valiosas cartas, el señor Northup regresó a Baltimore y desde allí se dirigió a Pittsburgh. Aconsejado por amigos de Washington, su intención original era ir derecho a Nueva Orleans y consultar a las autoridades de la ciudad. Providencialmente, sin embargo, al llegar a la desembocadura del Río Rojo cambió de intención. De haber seguido adelante no se habría encontrado con Bass, en cuyo caso no habría tenido éxito en la búsqueda de mi persona.
Compró un pasaje en el primer barco de vapor que llegó y siguió remontando el Río Rojo, una perezosa y serpenteante corriente de agua que atravesaba una vasta región de bosques primitivos e impenetrables pantanos, casi deshabitados. Hacia las nueve de la mañana del primero de enero de 1853, abandonó el vapor en Marksville y se dirigió directamente al juzgado de Marksville, en un pueblecito situado a cuatro millas hacia el interior.
Debido a que la carta a los señores Parker y Perry había sido franqueada en Marksville, dio por supuesto que yo estaría en aquel lugar o su más inmediata vecindad. Al llegar a aquella población expuso su comisión al honorable John
P. Waddill, un distinguido hombre de leyes y hombre extraordinario y de los más nobles impulsos. Tras leer las cartas y los documentos que le fueron presentados, y una vez escuchada la narración de las circunstancias bajo las cuales yo había sido conducido a cautiverio, el señor Waddill ofreció de inmediato sus servicios y se implicó en el caso con gran celo y formalidad. Al igual que otras personas de carácter elevado, aborrecía a los secuestradores. El título de propiedad que constituía en gran parte la fortuna de sus conciudadanos y clientes no solo dependía de la limpieza con que eran efectuadas las transacciones de esclavos, sino que era un hombre en cuyo noble corazón surgían sentimientos de indignación ante semejante injusticia.
Pese a ocupar una posición prominente, y aunque figuraba en llamativas mayúsculas en el mapa de Luisiana, en realidad Marskville tan solo es un pequeño e insignificante villorrio. Aparte de la taberna, atendida por un alegre y generoso mesonero, y del juzgado, ocupado cuando no había sesiones por vacas y cerdos fuera de la ley, y un patíbulo, poco hay que atraiga la atención del visitante.
El señor Waddill no había escuchado jamás el nombre de Solomon Northup, pero estaba seguro de que si en Marksville o sus alrededores había un esclavo con aquel nombre, su criado negro, Tom, lo conocería, así que Tom fue convocado, pero en todo su amplio círculo de conocidos no existía semejante personaje.
La carta a Parker y Perry estaba fechada en Bayou Boeuf. Por tanto, se llegó a la conclusión de que debían buscarme en aquel lugar. Pero entonces surgió por sí misma una dificultad de carácter muy grave. En su extremo más cercano, Bayou Boeuf se encontraba a una distancia de veintitrés millas y era la denominación que recibía una parte de la región que se extendía entre cincuenta y cien millas a ambas orillas del pantano. Había miles y miles de esclavos en las dos orillas, pues la notable riqueza y la fertilidad del suelo había atraído a gran número de dueños de plantaciones. La información en la carta era tan vaga e indefinida que hacía difícil optar por un procedimiento concreto. Sin embargo, al final se decidió, como único plan que ofrecía alguna posibilidad de éxito, que Northup y el hermano de Waddill, un estudiante en el despacho de este, se trasladarían al brazo del río y recorrerían arriba y abajo ambas orillas preguntando por mí en cada plantación. El señor Waddill ofreció su carruaje y se decidió definitivamente que iniciarían el viaje el lunes por la mañana.
Como puede comprenderse, era muy probable que aquella opción no tuviera éxito. Les hubiera sido imposible recorrer los campos y examinar todas las cuadrillas trabajando. Y no tenían en cuenta que yo era conocido únicamente como Platt; si le hubieran preguntado al propio Epps, este habría afirmado sin mentir que no sabía nada de Solomon Northup.
Con todo, una vez tomada la decisión no se podía hacer nada más hasta que pasara el domingo. La conversación entre los señores Northup y Waddill, a lo largo de la tarde, se centró en la política de Nueva York.
—Apenas logro comprender las sutiles distinciones y los matices entre los partidos políticos de su estado —observó el señor Waddill—. Leo sobre soft- shells y hard shells, hunkers y “quemadores de establos” y soy incapaz de entender las diferencias precisas entre ellos. ¿Podría decirme cuáles son?
El señor Northup, mientras rellenaba la pipa, se explayó en una elaborada narración acerca del origen de las diversas secciones de los partidos y acabó diciendo que había otro partido en Nueva York, conocido como el de los free- soilers o abolicionistas.
—Sospecho que no habrá visto a uno solo de ellos por esta parte del país —comentó el señor Northup.
—Solo uno —repuso Waddill riéndose—. Tenemos uno en Marksville, una criatura excéntrica que predica el abolicionismo tan fervientemente como cualquier fanático del norte. Es un hombre generoso e inofensivo pero que siempre está en el lado equivocado en una discusión. Nos proporciona no poca diversión. Es un excelente mecánico y casi indispensable en la comunidad. Es carpintero. Se llama Bass.
Todavía se habló más en términos amistosos acerca de las particularidades de Bass y de pronto Waddill quedó pensativo y preguntó de nuevo por la misteriosa carta.
—Déjeme pensar, dé-je-me pen-sar —repitió pensativamente para sí mismo mientras recorría la carta con los ojos una vez más—. Bayou Boeuf, “15 de agosto”, sellada aquí. “El que escribe en mi nombre” ... ¿Dónde trabajó Bass el verano pasado? —preguntó de pronto volviéndose hacia su hermano. Este fue incapaz de contestarle, pero se levantó y abandonó el despacho y no tardó en regresar con la noticia de que “Bass trabajó el verano pasado en algún lugar de Bayou Boeuf”.
—¡Es él! —exclamó Waddill colocando enfáticamente la mano sobre la mesa—. Él es el hombre que puede contárnoslo todo acerca de Solomon Northup.
Se buscó de inmediato a Bass, pero no lograron localizarlo. Tras unas pesquisas, se supo que se encontraba en los muelles del Río Rojo. Después de procurarse un medio de transporte, el joven Waddill y Northup no tardaron en recorrer las pocas millas que separaban ambos lugares. A su llegada encontraron a Bass a punto de marcharse durante dos semanas o más. Después de presentarse, Northup solicitó el privilegio de hablar con él en privado un momento. Caminaban juntos hacia el río cuando tuvo lugar la siguiente conversación.
—Señor Bass —dijo Northup—, permítame preguntarle si se encontraba en Bayou Boeuf el pasado agosto.
—Sí, señor, estuve allí el último agosto —fue su contestación.
—¿Escribió usted desde aquel lugar una carta a un caballero de Saratoga Springs en beneficio de un hombre de color?
—Perdone, señor, pero eso es algo que no le incumbe —contestó Bass deteniéndose y mirando inquisitivamente a su interrogador a la cara.
—Es posible que vaya demasiado deprisa, señor Bass; le pido perdón; pero vengo del estado de Nueva York con vistas a lograr lo que pretendía quien escribió una carta fechada el 15 de agosto y franqueada en Marksville. Determinadas circunstancias me han llevado a pensar que quizá sea usted quien la escribió. Estoy buscando a Solomon Northup. Si lo conoce, le ruego que me diga sinceramente dónde está y le aseguro que la fuente de cualquier información que me ofrezca no será divulgada si usted desea que no lo sea.
Durante largo rato, Bass miró de hito en hito a su nuevo interlocutor sin despegar los labios. Parecía darle vueltas al posible intento de tenderle algún tipo de trampa. Al final dijo deliberadamente:
—No he hecho nada de lo que avergonzarme. Yo escribí la carta. Si ha venido usted a rescatar a Solomon Northup, estoy encantado de verle.
—¿Cuándo fue la última vez que lo vio y dónde está? —inquirió Northup.
—Le vi por última vez en Navidad, hoy hace una semana. Es esclavo de Edwin Epps, un dueño de una plantación de Bayou Boeuf, cerca de Holmesville. No se le conoce como Solomon Northup; lo llaman Platt.
El secreto había sido desvelado, el misterio desentrañado. A través de la espesa y negra nube en cuyas oscuras y lúgubres sombras yo había deambulado durante doce años, surgió la estrella que iba a iluminarme de vuelta a la libertad. Los dos hombres dejaron de lado los equívocos y las dudas y conversaron largo y tendido sobre el tema que predominaba en sus pensamientos. Bass manifestó el interés que había puesto en beneficio mío, su intención de viajar al norte en primavera y declaró que tenía decidido lograr mi emancipación, si ello estaba en sus manos. Describió el principio y el progreso de su relación conmigo, y escuchó con ardiente curiosidad el relato que le ofreció Northup acerca de mi familia y la historia de mi vida anterior. Antes de separarse, Bass dibujó en una hoja de papel un mapa del pantano con un pedazo de tiza roja que mostraba dónde se encontraba la plantación de Epps y la carretera más directa hasta allí.
Northup y su joven acompañante regresaron a Marksville donde se decidió iniciar los procedimientos legales para probar la cuestión de mi derecho a la libertad. Se formalizó la demanda, con el señor Northup como demandante y Edwin Epps como demandado. El proceso se iba a entablar en la modalidad de “reclamación y entrega” e iba a ser dirigido al sheriff de la parroquia, pidiéndole que me tomara bajo su custodia y me retuviera hasta la decisión del tribunal. Los papeles no estuvieron listos hasta las doce de la noche, demasiado tarde para obtener la necesaria firma del juez, que residía a cierta distancia de la localidad. Por tanto, se suspendieron las operaciones hasta el lunes por la mañana.
Aparentemente, todo se estaba desarrollando de maravilla, hasta que el domingo por la tarde Waddill se presentó en la habitación de Northup para manifestarle su aprensión acerca de unas dificultades que no habían esperado encontrar. Bass se había alarmado y, dejando sus asuntos en manos de una persona en el embarcadero, le había comunicado su intención de abandonar el estado. Aquella persona había traicionado de alguna manera la confianza depositada en ella y por la ciudad corría el rumor de que el forastero alojado en el hotel, que había sido visto en compañía del abogado Waddill, venía a por uno de los esclavos del viejo Epps, en el pantano. Epps era conocido en Marksville ya que había visitado con frecuencia el lugar durante las sesiones del tribunal, y el consejero del señor Northup abrigaba el temor de que fuera informado aquella misma noche, dándole la oportunidad de ocultarme antes de la llegada del sheriff.
Aquella aprensión tuvo la virtud de acelerar las cosas considerablemente. Se pidió al sheriff, que vivía en una casa del pueblo, que estuviera preparado inmediatamente después de la medianoche al tiempo que se avisó al juez de que sería requerido a aquella misma hora. Es de justicia manifestar que todas las autoridades de Marksville ofrecieron de buena gana toda la ayuda posible.
Tan pronto como se cumplimentó la demanda a medianoche y se obtuvo la firma del juez, un carruaje con el señor Northup y el sheriff, conducido por el hijo del mesonero, salió a toda prisa de Marksville por la carretera que lleva a Bayou Boeuf.
Se daba por supuesto que Epps se opondría a la cuestión relativa a mi libertad y ello sugirió al señor Northup que el testimonio del sheriff describiendo mi primer encuentro con él quizá podría resultar decisivo en el juicio. Consecuentemente, durante el viaje se acordó que antes de que yo tuviera oportunidad de hablar con el señor Northup, el sheriff me plantearía una serie de preguntas acordadas de antemano, tales como los nombres y el número de mis hijos, el nombre de soltera de mi esposa, los lugares que yo conocía en el norte y cosas así. Si mis respuestas coinci...