Los mitos griegos
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Los mitos griegos

  1. 832 páginas
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Los mitos griegos

Descripción del libro

Los mitos griegos es una obra que sistematiza la abundante información existente sobre los dioses y los héroes de Antigüedad griega. La voluntad enciclopédica de recopilar ordenadamente toda la información disponible combinada con el estilo literario elegante y fresco que convirtió a Robert Graves en uno de los narradores históricos más sobresalientes de las últimas décadas hacen de él un libro imprescindible.

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Información

Editorial
Gredos
Año
2019
ISBN del libro electrónico
9788424939199
1. El mito pelasgo de la creación
a. En el principio Eurínome, diosa de Todas las Cosas, surgió desnuda del Caos, pero no encontró una base sólida en la cual apoyar sus pies, así que separó el mar del cielo danzando sola sobre las olas. Danzó en dirección al sur, y el viento que se creaba a su paso pareció algo nuevo y distinto, apropiado para comenzar una obra de creación. Volviéndose, atrapó este viento del norte, lo frotó entre sus manos y he aquí que apareció la gran serpiente Ofión. Eurínome siguió bailando para entrar en calor, su danza cada vez más y más salvaje, hasta que Ofión, invadido por la lujuria, se enroscó entre esos miembros divinos y se vio impelido a copular con ella. Este viento del norte, también llamado Bóreas, fertiliza por eso las yeguas que con frecuencia toman sus cuartos traseros al viento y conciben potros sin ayuda alguna de semental.1 Fue así como Eurínome quedó encinta.
b. Después tomó la forma de una paloma y anidó en las olas, y, llegado el momento, puso el Huevo Universal. A petición suya Ofión se enroscó siete veces en este huevo hasta que rompió y se dividió en dos mitades. De él salieron sus hijos, todo lo que existe: el sol, la luna, los planetas, las estrellas, la Tierra con sus montañas y ríos, sus árboles, hierbas y todas las criaturas vivientes.
c. Eurínome y Ofión establecieron su morada en la cima del monte Olimpo, donde él la ofendió afirmando ser el creador del universo. Acto seguido ella le golpeó la cabeza con el talón, le arrancó los dientes de un puntapié y lo desterró a las oscuras cavernas subterráneas.2
d. Después la diosa creó las siete potencias planetarias, poniendo cada una de ellas bajo el control de un titán y una titánide: Tía e Hiperión para el sol; Febe y Atlas para la luna; Dione y Crío para el planeta Marte; Metis y Ceo para Mercurio; Temis y Eurimedonte para Júpiter; Tetis y Océano para Venus; Rea y Crono para Saturno.* 3 Pero el primer hombre fue Pelasgo, progenitor de los Pelasgos. Surgió del suelo de Arcadia y fue seguido por varios otros a los que enseñó a construir cabañas, alimentarse de bellotas y hacer túnicas con piel de cerdo como las que siguen utilizando las gentes humildes de Eubea y Fócida.4
1. No obstante, en este arcaico sistema religioso no existían los dioses ni los sacerdotes, sino sólo una diosa universal y sus sacerdotisas, siendo las mujeres el sexo dominante y el varón una víctima asustada. La paternidad no era un honor, la fecundación se atribuía al viento, a la ingestión de habas o al hecho de tragarse accidentalmente algún insecto; la herencia era matrilineal y se consideraba a las serpientes encarnaciones de los muertos. Eurínome («vagar sin límite») era el título de la diosa como luna visible. Su nombre sumerio era Iahu («paloma suprema»), título que más tarde pasó a Jehová como creador. Fue en su forma de paloma como Marduk la cortó simbólicamente en dos en la Fiesta de la Primavera en Babilonia, cuando inauguró el nuevo orden mundial.
2. Ofión, o Bóreas, es la serpiente demiurgo del mito egipcio y hebreo. En el primitivo arte mediterráneo la diosa aparece constantemente en su compañía. Los pelasgos nacidos de la tierra, que al parecer se consideraban nacidos de los dientes de Ofión, quizás fueran originariamente el pueblo neolítico de las «vasijas pintadas» que llegaron a Grecia desde Palestina alrededor del año 3500 a.C., y a quienes los primeros helenos —inmigrantes llegados de Asia Menor cruzando las Cíclades— encontraron ocupando el Peloponeso setecientos años después. Pero el término «pelasgo» llegó a aplicarse de forma vaga a todos los habitantes prehelénicos de Grecia. Así Eurípide (citado por Estrabón: v.2.4) dice que los pelasgos adoptaron el nombre de «danaides» a la llegada a Argos de Dánao y sus cincuenta hijas (véase 60./). Las severas críticas a su licenciosa conducta (Herodoto: vi.37) se refieren seguramente a la costumbre prehelénica de orgías. Estrabón cuenta en el mismo párrafo que los que vivían cerca de Atenas eran conocidos con el nombre de pelargi, que significa «cigüeña», quizás por ser ésta su ave totémica.
3. Los Titanes («señores») y las Titánides tenían sus equivalentes en las as trologías babilonia y palestina, donde eran deidades que regían los siete días de la sagrada semana planetaria, y es posible que fueran introducidas por los cananeos o los hititas, colonia que se asentó en el istmo de Corinto a principios del segundo milenio a.C. (véase 67.2), o incluso por los primeros helenos. Pero cuando se abolió en Grecia el culto a los Titanes y la semana de siete días dejó de aparecer en el calendario oficial, su número, según algunos autores, se redujo a doce, seguramente para hacerlos corresponder con los signos del zodíaco. Hesíodo, Apolodoro, Estéfano de Bizancio, Pausanias y otros dan listas incongruentes de sus nombres. En el mito babilonio los regentes planetarios de la semana —a saber, Samas, Sin, Nergal, Bel, Beltis y Ninib— eran todos varones excepto Beltis, la diosa del Amor. Pero en la semana germánica, que los celtas habían tomado del Mediterráneo oriental, el domingo, el martes y el viernes estaban regidos por Titánides y no por Titanes. A juzgar por el carácter divino de las parejas de hijos e hijas de Éolo (véase 43.4) y el mito de Níobe (véase 77.7), cuando el sistema llegó por primera vez a la Grecia prehelénica desde Palestina se decidió emparejar a una Titánide con un Titán como una forma de salvaguardar los intereses de la diosa. Pero no pasó mucho tiempo antes de que los catorce quedaran reducidos a una compañía mixta de siete. Las potencias planetarias eran las siguientes: el Sol, que representaba la iluminación; la Luna, el encantamiento; Marte, el crecimiento; Mercurio, la sabiduría; Júpiter, la ley; Venus, el amor; Saturno, la paz. Los astrólogos griegos clásicos estuvieron de acuerdo con los babilonios y adaptaron los nombres a Helio, Selene, Ares, Hermes (o Apolo), Zeus, Afrodita y Crono, cuyos equivalentes latinos, mencionados anteriormente, siguen dando nombre a las semanas italiana, francesa y española.
4. Al final, mitológicamente hablando, Zeus se tragó a los Titanes, incluida su primitiva identidad, ya que los judíos de Jerusalén adoraban a un Dios trascendental formado por todas las potencias planetarias de la semana. Esta teoría se encuentra simbolizada en el candelabro de siete brazos y en los Siete Pilares de la Sabiduría. Según Pausanias (ii.20.9), los siete pilares planetarios, instalados junto a la tumba del Caballo en Esparta, estaban adornados al modo antiguo, y posiblemente guardaban relación con los ritos egipcios introducidos por los pelasgos (Herodoto: ii.57). No es seguro que los judíos tomaran prestada esta teoría de los egipcios, o que fuera al contrario, pero el llamado Zeus Heliopolitano, del que habla A. B. Cock en su Zeus (i.570-76), era del tipo egipcio y llevaba bustos de las siete potencias planetarias como ornamentos frontales de su envoltura corporal, y frecuentemente también bustos de las restantes potencias olímpicas como ornamentos posteriores. Una estatuilla en bronce de este dios fue hallada en Tortosa, España; otra en Biblos, Fenicia; y una estela de mármol de Marsella muestra seis bustos planetarios y una figura de cuerpo entero de Hermes —a quien se le otorga suprema importancia en las estatuillas—, supuesto inventor de la astronomía. En Roma, Júpiter fue aclamado igualmente como dios trascendental por Quinto Valerio Sorano, aunque allí no regía el sistema semanal como en Marsella, Biblos y (probablemente) Tortosa. Pero nunca se permitió que las potencias planetarias influyeran en el culto olímpico oficial por ser consideradas no griegas (Herodoto: i. 131) y por tanto antipatrióticas. Aristófanes (La paz, 403 y ss.) hace decir a Trígalo que la Luna y «el Sol, ese viejo villano», están tramando una conspiración para traicionar a Grecia y entregarla a los bárbaros persas.
5. La afirmación de Pausanias de que Pelasgo fue el primer hombre es una prueba de la continuidad de una cultura neolítica en Arcadia hasta la época clásica.
2. Los mitos homérico y órfico de la creación
a. Algunos dicen que los dioses y todas las criaturas vivientes se originaron en la corriente de Océano, que envuelve al mundo, y que Tetis fue la madre de todos sus hijos.1
b. Pero los órficos dicen que la Noche de alas negras, diosa que inspiraba temor al propio Zeus,2 fue cortejada por el Viento y puso un huevo de plata en el vientre de la Oscuridad; y que Eros, al que algunos llaman Fanes, salió de ese huevo y puso el universo en movimiento. Eros poseía los dos sexos, tenía alas doradas, cuatro cabezas, a veces mugía como un toro o rugía como un león, y a veces siseaba como una serpiente o balaba como un carnero. La Noche, que le dio el nombre de Ericepayo y Protógeno Faetonte,3 vivía en una cueva con él manifestándose en su triple aspecto: Noche, Orden y Justicia. Delante de esa cueva se hallaba sentada la inevitable madre Rea, que tocaba un tambor de latón para llamar la atención de los hombres a los oráculos de la diosa. Fanes creó la tierra, el cielo, el sol y la luna, pero la triple diosa gobernó el universo hasta que su cetro pasó a manos de Urano.4
1. El mito de Homero es una versión del relato pelasgo de la creación (véase 1.2), ya que Tetis gobernaba en el mar como Eurínome y Océano circundaba el universo como Ofión.
2. El mito órfico es otra versión pero con influencias de una doctrina mística posterior del amor (Eros) y de teorías sobre la adecuada relación entre los sexos. El huevo plateado de la Noche representa a la luna, siendo la plata el metal lunar. Como Ericepayo («comedor de erica»), el dios del amor Fanes («el que revela») es una abeja macho celestial de fuerte zumbido, hijo de la Gran Diosa (véase 18.4). La colmena era objeto de estudio como modelo de república ideal y confirmaba el mito de la Edad de Oro, cuando la miel caía de los árboles (véase 5 .£>)• Rea tocaba su tambor de latón para evitar que las abejas enjambrasen donde no debían y ahuyentar las influencias malignas, como las bramaderas utilizadas en los Misterios. Como Protógeno Faetonte («primogénito deslumbrante»), Fanes es el Sol, que los órficos consideraban símbolo de la iluminación (véase 28.d), y sus cuatro cabezas corresponden a los animales simbólicos de las cuatro estaciones. Según Macrobio, el Oráculo de Colofón identificaba a este Fanes con el trascendental dios Iao: Zeus (carnero), la primavera; Helio (léon), el verano; Hades (serpiente), el invierno; Dioniso (toro), el Año Nuevo.
Con el advenimiento del patriarcado el cetro de la Noche pasó a Urano.
3. El mito olímpico de la creación
a. Al principio de todas las cosas la Madre Tierra surgió del Caos y, mientras dormía, parió a su hijo Urano. Mirándola tiernamente desde lo alto de las montañas, derramó lluvia fértil sobre sus grietas ocultas y ella concibió la hierba, las flores y los árboles, con los animales y las aves que podían vivir en ese entorno. Esta misma lluvia produjo las corrientes fluviales y llenó las cavidades con agua, y fue así como aparecieron los lagos y mares.
b. Los primeros hijos de la Madre Tierra, de forma semihumana, fueron los Gigantes de Cien Manos llamados Briareo, Giges y Coto. Luego aparecieron el viento salvaje, los tres brutales Cíclopes de un solo ojo, maestros herreros y constructores de gigantescas murallas, originariamente procedentes de Tracia, luego de Creta y Licia,1 cuyos hijos encontró Odiseo en Sicilia.2 Sus nombres eran Brontes, Estéropes y Ar ges, y sus fantasmas habitan las cavernas del volcán Etna desde que Apolo los mató en venganza por la muerte de Asclepio.
c. Sin embargo, los libios aseguran que Garamante nació antes que los de las cien manos y que, cuando emergió de la planicie, ofreció a la Madre Tierra un sacrificio de bellotas dulces.3
1. Este mito patriarcal de Urano fue aceptado oficialmente en el sistema religioso olímpico. Urano, cuyo nombre vino a significar el «cielo», parece haber ganado su posición como Padre Original al ser identificado con el dios pastoral Varuna, uno de los integrantes de la trinidad masculina aria. Pero su nombre griego es una forma masculina de Ur-ana («reina de las montañas», «reina del verano», «reina de los vientos» o «reina de los bueyes salvajes»), es decir, la diosa en su aspecto orgiástico estival. El matrimonio de Urano con la Madre Tierra recoge una primitiva invasión helénica del norte de Grecia que permitió al pueblo de Varuna afirmar que él había sido el padre de las tribus nativas que encontró allí, aunque reconocían que era el hijo de la Madre Tierra. Una enmienda al mito recogida por Apolodoro dice que la Tierra y el Cielo se separaron en una batalla mortal y posteriormente volvieron a unirse por amor. Esto también lo mencionan Eurípides (Melanipo el sab...

Índice

  1. Prólogo
  2. Prefacio
  3. Introducción
  4. 1. El mito pelasgo de la creación
  5. 2. Los mitos homérico y órfico de la creación
  6. 3. El mito olímpico de la creación
  7. 4. Dos mitos filosóficos de la creación
  8. 5. Las cinco edades del hombre
  9. 6. La castración de Urano
  10. 7. El destronamiento de Crono
  11. 8. El nacimiento de Atenea
  12. 9. Zeus y Metis
  13. 10. Las Parcas
  14. 11. El nacimiento de Afrodita
  15. 12. Hera y sus hijos
  16. 13. Zeus y Hera
  17. 14. El nacimiento de Hermes, Apolo, Ártemis y Dioniso
  18. 15. El nacimiento de Eros
  19. 16. Naturaleza y hechos de Posidón
  20. 17. Naturaleza y hechos de Hermes
  21. 18. Naturaleza y hechos de Afrodita
  22. 19. Naturaleza y hechos de Ares
  23. 20. Naturaleza y hechos de Hestia
  24. 21. Naturaleza y hechos de Apolo
  25. 22. Naturaleza y hechos de Ártemis
  26. 23. Naturaleza y hechos de Hefesto
  27. 24. Naturaleza y hechos de Deméter
  28. 25. Naturaleza y hechos de Atenea
  29. 26. Naturaleza y hechos de Pan
  30. 27. Naturaleza y hechos de Dioniso
  31. 28. Orfeo
  32. 29. Ganimedes
  33. 30. Zagreo
  34. 31. Los dioses del mundo subterráneo
  35. 32. Tique y Némesis
  36. 33. Los hijos del Mar
  37. 34. Los hijos de Equidna
  38. 35. La rebelión de los gigantes
  39. 36. Tifón
  40. 37. Los Alóadas
  41. 38. El Diluvio de Deucalión
  42. 39. Atlante y Prometeo
  43. 40. Eos
  44. 41. Orion
  45. 42. Helio
  46. 43. Los hijos de Heleno
  47. 44. Ión
  48. 45. Alcíone y Ceice
  49. 46. Tereo
  50. 47. Erecteo y Eumolpo
  51. 48. Bóreas
  52. 49. Álope
  53. 50. Asclepio
  54. 51. Los oráculos
  55. 52. El alfabeto
  56. 53. Los Dáctilos
  57. 54. Los Telquines
  58. 55. Las Empusas
  59. 56. ío
  60. 57. Foroneo
  61. 58. Europa y Cadmo
  62. 59. Cadmo y Harmonia
  63. 60. Belo y las Danaides
  64. 61. Lamia
  65. 62. Leda
  66. 63. Ixión
  67. 64. Endimión
  68. 65. Pigmalión y Galatea
  69. 66. Éaco
  70. 67. Sísifo
  71. 68. Salmoneo y Tiro
  72. 69. Alcestis
  73. 70. Atamante
  74. 71. Las yeguas de Glauco
  75. 72. Melampo
  76. 73. Perseo
  77. 74. Los mellizos rivales
  78. 75. Belerofonte
  79. 76. Antíope
  80. 77. Niobe
  81. 78. Cénide y Ceneo
  82. 79. Erígone
  83. 80. El jabalí de Calidón
  84. 81. Telamón y Peleo
  85. 82. Aristeo
  86. 83. Midas
  87. 84. Cleobis y Bitón
  88. 85. Narciso
  89. 86. Filide y Caria
  90. 87. Arión
  91. 88. Minos y sus hermanos
  92. 89. Los amores de Minos
  93. 90. Los hijos de Pasifae
  94. 91. Escila y Niso
  95. 92. Dédalo y Talos
  96. 93. Catreo y Altémenes
  97. 94. Los hijos de Pandión
  98. 95. El nacimiento de Teseo
  99. 96. Los trabajos de Teseo
  100. 97. Teseo y Medea
  101. 98. Teseo en Creta
  102. 99. La federalización del Ática
  103. 100. Teseo y las Amazonas
  104. 101. Fedra e Hipólito
  105. 102. Lapitas y Centauros
  106. 103. Teseo en el Tártaro
  107. 104. La muerte de Teseo
  108. 105. Edipo
  109. 106. Los siete contra Tebas
  110. 107. Los Epígonos
  111. 108. Tántalo
  112. 109. Pélope y Enómao
  113. 110. Los hijos de Pélope
  114. 111. Atreo y Tiestes
  115. 112. Agamenón y Clitemnestra
  116. 113. La venganza de Orestes
  117. 114. El juicio de Orestes
  118. 115. La pacificación de las Erinias
  119. 116. Ifigenia en Táuride
  120. 117. El reinado de Orestes
  121. 118. El nacimiento de Heracles
  122. 119. La juventud de Heracles
  123. 120. Las hijas de Tespio
  124. 121. Ergino
  125. 122. La locura de Heracles
  126. 123. Primer trabajo: el león de Nemea
  127. 124. Segundo trabajo: La hidra de Lema
  128. 125. Tercer trabajo: La cierva de Cerinia
  129. 126. Cuarto trabajo: El jabalí de Erimanto
  130. 127. Quinto trabajo: Los establos de Augias
  131. 128. Sexto trabajo: Las aves estinfálidas
  132. 129. Séptimo trabajo: El toro de Creta
  133. 130. Octavo trabajo: Las yeguas de Diomedes
  134. 131. Noveno trabajo: El cinturón de Hipólita
  135. 132. Décimo trabajo: Los bueyes de Geríones
  136. 133. Undécimo trabajo: Las manzanas de las Hespérides
  137. 134. Duodécimo trabajo: La captura de Cerbero
  138. 135. El asesinato de ífito
  139. 136. Ónfale
  140. 137. Hesíone
  141. 138. La conquista de Élide
  142. 139. La toma de Pilos
  143. 140. Los hijos de Hipocoonte
  144. 141. Auge
  145. 142. Deyanira
  146. 143. Heracles en Traquis
  147. 144. Yole
  148. 145. La apoteosis de Heracles
  149. 146. Los hijos de Heracles
  150. 147. Lino
  151. 148. La asamblea de los argonautas
  152. 149. Las mujeres lemnias y el rey Cícico
  153. 150. Hilas, Ámico y Fineo
  154. 151. Desde las Simplégadas hasta Cólquide
  155. 152. La toma del vellocino
  156. 153. El asesinato de Apsirto
  157. 154. El Argo vuelve a Grecia
  158. 155. La muerte de Pelias
  159. 156. Medea en Éfira
  160. 157. Medea en el destierro
  161. 158. La fundación de Troya
  162. 159. Paris y Helena
  163. 160. La primera reunión en Áulide
  164. 161. La segunda reunión en Áulide
  165. 162. Nueve años de guerra
  166. 163. La ira de Aquiles
  167. 164. La muerte de Aquiles
  168. 165. La locura de Áyax
  169. 166. Los oráculos de Troya
  170. 167. El caballo de madera
  171. 168. El saqueo de Troya
  172. 169. Los regresos
  173. 170. Los viajes de Odiseo
  174. 171. El regreso de Odiseo a su hogar
  175. Notas