
- 272 páginas
- Spanish
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- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Me falla la memoria
Descripción del libro
APRENDE CÓMO FUNCIONA NUESTRA MEMORIA.La memoria y su posible deterioro es la preocupación de salud más común en las sociedades modernas. Nos inquieta desconocer por qué perdemos agilidad mental y la posibilidad de llegar a padecer alguna enfermedad neurodegenerativa. Con voluntad didáctica, el doctor Álvaro Bilbao acaba con muchos mitos y recelos sobre la memoria, nos explica cómo funciona y cómo cuidarla, y cuándo se deben resolver nuestras dudas ante cualquier fallo de nuestro cerebro.
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Información
Categoría
MedicinaCategoría
NeurologíaSEGUNDA PARTE
EL CEREBRO, LA MEMORIA
Y SUS ENFERMEDADES
Esta segunda parte del libro expondrá algunas nociones básicas acerca del funcionamiento de la memoria y del cerebro que permitirán responder a las dos principales cuestiones acerca del deterioro neuronal: «¿Cómo puedo saber si tengo una enfermedad neurodegenerativa?» y «¿Cómo puedo ejercitar y mantener joven mi memoria?». Mediante la comprensión de las bases del funcionamiento neurológico de la memoria, el lector podrá, por un lado, entender los mecanismos automáticos del cerebro, conocer los diferentes tipos de fallos de memoria existentes y detectar sus propias dificultades mnemónicas. Y por otro, le permitirá tomar el control de estos dispositivos mediante las actividades más adecuadas para conseguir una buena salud cerebral a cualquier edad.
A través del conocimiento de que existe una gran cantidad de factores, situaciones vitales, estados emocionales, trastornos y enfermedades que pueden provocar problemas de memoria, podrá también poner en perspectiva sus dificultades y combatir la imaginación catastrofista que lo aboca al miedo a sufrir Alzheimer u otras enfermedades neurodegenerativas. En consecuencia, es muy posible que el lector encuentre en esta segunda sección algunas buenas explicaciones acerca de sus problemas de memoria. Muy probablemente algunas de estas serán menos terribles de lo que inicialmente se imaginaba y le ayudarán a sentirse más tranquilo y a buscar respuestas desde la curiosidad, superando así la angustia que le paraliza y le impide preguntar por miedo a obtener la respuesta temida.
Mediante la comprensión de sus propios fallos de memoria y de sus distintas causas, el lector podrá discernir entre aquellos problemas que son síntomas de una enfermedad cerebral y los que son solo efectos naturales de la edad. A partir de esta aclaración, cada uno podrá decidir si debe acudir a un especialista.
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¿CÓMO FUNCIONA LA MEMORIA?
La memoria es una de las funciones cerebrales más complejas y todavía hoy no entendemos completamente todos los mecanismos y procesos que intervienen en su funcionamiento. A pesar de ello, actualmente existen conocimientos abundantes que ayudan a comprender cómo funciona y por qué puede llegar a fallar. Para introducir este complejo sistema cognitivo podemos comenzar considerando cinco principios básicos del funcionamiento memorístico.
En primer lugar debemos tener claro que la memoria no es una función que se desarrolla de manera automática, como por ejemplo respirar, sino que es un proceso voluntario. Para recordar, se activa una serie de mecanismos que la memoria controla y dirige y que nos permiten aprender y recordar a voluntad. De hecho, todos los días seleccionamos lo que queremos y lo que no queremos almacenar. Por ejemplo, elegimos acordarnos del nombre de nuestra calle, pero en cambio no almacenamos el del restaurante en el que celebramos los 28 años de casados. Cuando se elige voluntariamente qué se quiere almacenar en la memoria, se hace un esfuerzo más o menos consciente para recordar lo que se cree que puede ser importante para la propia vida en un futuro.
En segundo lugar debemos ser conscientes de que la memoria no es una función sencilla, sino que está compuesta por varias acciones a las que llamamos procesos.
El primer proceso se basa en el principio según el cual aquello a lo que no se presta atención nunca podrá ser recordado. Por ejemplo, no nos acordaremos de unas vacaciones de amigos a las que no fuimos o de una película en la que no nos fijamos porque nos parecía aburrida. Y aunque parezca una obviedad, es muy importante tener en cuenta el papel decisivo que tiene la atención en la memoria. Casi un tercio de las personas con algún problema de memoria tienen en realidad un déficit de atención. Con frecuencia en la consulta nos encontramos con pacientes que no recuerdan bien las cosas porque están deprimidas o preocupadas, de modo que cuando van al cine o a una cena con sus hermanos dejan de prestarle atención a lo que sucede a su alrededor y se encierran en sus preocupaciones. Como es natural, posteriormente no se acuerdan demasiado bien de lo que sucedió porque, aunque su cuerpo estaba allí, su cerebro estaba en alguna otra parte. También es habitual que los problemas de atención interfieran en la memoria cuando la persona está haciendo algo difícil o novedoso para ella. Hace poco un amigo me preguntó por qué todos sus compañeros del equipo de fútbol recordaban bien distintas jugadas ocurridas durante el partido y él no. La respuesta era relativamente sencilla. Como él mismo reconoció, era tan mal jugador que toda su atención se centraba en chutar la pelota, intentar estar colocado y no cometer demasiados errores. Esa atención plena a sus piernas y a la pelota impedían que pudiera prestar atención a otros detalles del partido. Este fenómeno es bien conocido por los psicólogos criminalistas, ya que el 90% de los testigos de un atraco a mano armada son capaces de describir con detalle el arma (que por pura supervivencia captó toda su atención) y, sin embargo, no pueden recordar aspectos tan básicos como el color del pelo o la altura del atracador. Los efectos de esta saturación de los recursos atencionales son experimentados también por las personas en su primer día en un nuevo trabajo, el primer día que visitan un nuevo país, o practican un nuevo deporte; recuerdan pocos detalles. En estas circunstancias de atención plena, el cerebro está demasiado ocupado intentando orientarse como para realizar el siguiente paso en el proceso de memorización: la codificación.
El segundo proceso que debe llevar a cabo nuestro cerebro después de prestar atención a un hecho concreto es asociar. La asociación nos permite codificar la información, darle sentido, para poder encontrarla más tarde. Imagínese una persona que guardara calcetines, camisas, zapatos, pantalones, bufandas, bañadores, jerséis y guantes en un mismo baúl gigante. Sería muy difícil que localizara cada mañana los calcetines que van con la camisa que acaba de elegir, ¿verdad? Por eso las distintas prendas de ropa se distribuyen por los cajones de los diversos armarios que hay en una casa. Del mismo modo, los recuerdos deben ordenarse para poder recuperarlos posteriormente. Lo maravilloso del cerebro humano es que puede guardar las cosas en muchos compartimientos distintos a la vez. Si cenamos con los amigos del trabajo y nos lo pasamos bien guardaremos este recuerdo en el cajón del tiempo libre, del trabajo, de las comidas, de los buenos ratos, de nuestro jefe y de nuestro mejor amigo a la vez. Como existen distintas vías para acceder al recuerdo, es mucho más sencillo recuperarlo.
El tercer proceso es el de almacenar la información, de un modo más o menos espontáneo si los datos a memorizar han sido atendidos y asociados previamente. Al mismo tiempo que se mantienen los vínculos ya establecidos, se fortalece, de modo duradero, el hilo invisible que une los recuerdos entre sí. Además, esta información se guarda en el cerebro para que no se pierda. Este «almacén» funciona como un álbum de fotos. En este sentido, el individuo primero toma la fotografía, prestando atención a una escena o un instante de su vida que querría recordar. En segundo lugar, organiza y agrupa las fotos por años o temas y las etiqueta para recordar dónde y cuándo ha ocurrido cada escena. Finalmente, ordena todas estas hojas en un álbum que guarda junto con otros en un determinado armario o estantería que le facilitará su consulta cuando lo necesite.
El cuarto y último proceso es el de recuperar la información que previamente ha sido atendida, asociada y almacenada. Recuperarla supone un esfuerzo porque es un proceso de búsqueda activa, en el sentido de que el recuerdo no aparece solo y sin esfuerzo en su memoria, sino que debe buscarse y encontrarse. Se debe localizar el año en el que se tomó la foto a recuperar, se tiene que buscar el álbum donde está guardada y encontrar la hojas donde está pegada. En condiciones normales, la información se recuerda con un poco de esfuerzo, siempre y cuando se hayan seguido adecuadamente los procesos previos de atención, organización y almacenamiento.
En relación con el funcionamiento de la memoria, en tercer lugar debemos tener en cuenta que esta no solo sirve para recordar el pasado, sino también para localizar el presente y el futuro. Las funciones de memoria nos permiten recuperar asuntos que debemos atender durante esa misma semana y acontecimientos cotidianos que están pasando en ese mismo instante. Por ejemplo, usted es capaz de recordar que esta semana tiene una cita con el médico y, por lo tanto, puede recuperar un acontecimiento del futuro. Al mismo tiempo, si usted está leyendo este libro y alguien le interrumpe para preguntarle algo, cuando recupere la lectura seguramente será capaz de recordar el momento en el que se encontraba y, por lo tanto, habrá hecho un ejercicio de memoria en el presente.
Debemos diferenciar varios tipos de memoria en función del momento al que se refiere el recuerdo. Los procesos y mecanismos implicados en cada tipo de memoria varían de la misma manera que varía su significación clínica para el diagnóstico y las técnicas para afrontar el tratamiento de las dificultades asociadas. A continuación se describe el funcionamiento de cada una de ellas.
La memoria inmediata, también denominada ecoica porque permite volver a escuchar, a modo de eco interior, un sonido uno o dos segundos después de haberlo percibido, es muy importante para los procesos de aprendizaje y recuerdo porque nos permite asociar, agrupar y almacenar la información. Por ejemplo, cuando en un mismo instante conocemos a dos o tres personas, o cuando nos dan la dirección para llegar a un lugar desconocido, normalmente necesitamos repetir en nuestra cabeza la información para poder procesarla y guardarla. Con este sencillo sistema de repetición podemos memorizar el nombre de la primera persona, para después procesar y guardar el de la segunda. Como nos permite «trabajar» con la información a este tipo de memoria, también se conoce como de trabajo.
Recordar un número de teléfono que nos están enumerando el tiempo necesario para poder marcarlo es el ejemplo más clásico de poner en práctica la memoria inmediata. También la utilizamos cuando copiamos en una hoja la receta de un plato suculento que nos están dictando, o para recordar lo que nuestra esposa nos pregunta al mismo tiempo que terminamos de leer una frase de este mismo libro.
Los fallos en este tipo de memoria suponen que no se pueda retener entero un número de teléfono o que se tengan problemas para resolver un ejercicio de cálculo mental y, por lo tanto, que uno necesite que se le repitan continuamente los mismos datos. El afectado notará que no puede mantener tanta información en su cabeza como antes o que esta se «evapora» rápidamente, dificultando la fijación de nuevos conocimientos.
La memoria a corto plazo se refiere al proceso que nos permite retener información temporalmente (unos pocos minutos) para poder utilizarla durante ese período de tiempo con distintos fines y, posteriormente, olvidarla. Sería el caso de, por ejemplo, los platos que hemos leído en un menú del día y que olvidamos después de haber elegido lo que tomaremos. Es como si apuntáramos un número de teléfono en una hoja suelta y la tirásemos cuando ya no lo necesitáramos. En cambio, si quisiéramos utilizar una información en el futuro deberemos almacenarla en la memoria a largo plazo. Es como si apuntáramos un teléfono en una hoja de papel y después lo pasáramos a nuestra libreta de contactos, donde lo podemos consultar tantas veces como queramos.
Otros ejemplos de memoria a corto plazo serían el recuerdo de los tres tipos de fruta que acabamos de elegir para pedírselas al frutero, la cara del camarero que nos ha tomado nota, quién ha pagado la última ronda de vinos o en qué estantería hemos visto el libro que queremos comprar después de ojear varios en la librería. El almacén a corto plazo también sería responsable de que podamos rescatar información que inicialmente hemos pasado por alto pero que unos momentos más tarde hemos advertido como relevante para nuestros intereses.
Olvidar lo que nos acaban de decir hace dos minutos o no recordar si hemos metido o no la maleta en el coche, pueden ser ejemplos de problemas de memoria a corto plazo. En realidad, los problemas de memoria a corto plazo puros son muy extraños y lo normal suele ser que este tipo de lapsos sean debidos a fallos de atención.
Como contraste, la memoria a largo plazo hace referencia a los procesos que nos permiten recordar información que podemos necesitar con mayor o menor frecuencia en el futuro. Si estamos hablando con la recepcionista de nuestro centro de salud o del taller mecánico, es posible que su nombre aparezca en alguna insignia o cartel, pero que no le prestemos demasiada atención y lo olvidemos cuando terminemos de hablar con ella. Sin embargo, si conocemos a una nueva compañera en la clase de gimnasia, seguramente querremos recordar su nombre para futuros encuentros y entonces lo guardaremos en nuestra memoria a largo plazo. Esta nos permite recordar cualquier tipo de información (datos, información general o experiencias personales) a la que hemos sido expuestos hace más de 20 minutos. Este es el período que se considera necesario para que una información quede fijada o consolidada en nuestra memoria hasta el punto de poder acceder a ella durante un período prolongado de tiempo. Algunos ejemplos serían recordar lo que comimos ayer o lo que hemos desayunado esta mañana, el nombre de nuestros compañeros de trabajo, el recorrido para llegar a casa de nuestra hermana o el nombre de nuestra canción favorita. Cuando recordamos información o eventos que aprendimos hace más de 20 minutos y que podemos utilizar repetidamente estamos utilizando la memoria a largo plazo.
La memoria remota, en cambio, refiere a recuerdos que ocurrieron hace muchos años. Puede referirse a acontecimientos sobre nuestra vida o a hechos concretos sobre algún evento que ocurrió o que aprendimos hace muchos años. Algunos ejemplos serían recordar el día de nuestra boda o a la persona que nos enseñó a montar en bici. Cuando nos remontamos a conocimientos o acontecimientos ocurridos en un pasado muy lejano estamos utilizando este tipo de memoria.
La memoria prospectiva hace referencia a los procesos que nos permiten recordar lo que tenemos que hacer en un futuro cercano o lejano. Algunos ejemplos serían el recuerdo de que tenemos que comprar unos pasteles ante la visita de nuestros nietos, de la próxima cita con nuestro médico, o la toma diaria de nuestra medicación.
¿Se ha levantado cinco minutos antes de que sonara el despertador un día que tenía que tomar un avión temprano o acudir a una cita muy importante? En estos casos su memoria prospectiva, ayudada por un reloj que tiene en su cerebro, le ha puesto en alerta para que pueda usted llegar a estos eventos que tiene tan importantes. ¿Alguna vez se ha encontrado con un amigo y se ha acordado súbitamente de que tenía que devolverle un dinero que este le prestó? En este caso, otro tipo de memoria prospectiva se pone en marcha. Es la memoria que nos avisa de que debemos hacer algo cuando ocurra otro acontecimiento (en el caso expuesto, devolver el dinero cuando nos encontremos con el amigo que nos lo prestó). Estos dos tipos de memoria prospectiva expuestos (la basada en el tiempo y la basada en los sucesos) funcionan como una alarma que nos avisa de que es el momento de llevar a cabo un trámite, una acción, y nos informa sobre qué es lo que debemos hacer. Acordarse a las seis de la tarde de que había quedado con una amiga a las cinco implica que su alarma no sonó en el momento adecuado. Ir al supermercado y no ser capaz de recordar aquel producto tan especial que queríamos comprar implica que la alarma sonó, pero que no nos dio toda la información que precisábamos. La incómoda experiencia de encontrarse en la cocina con la sensación de estar allí porque tenía que hacer algo y no conseguir recordar el qué, u olvidar lo que estábamos a punto de decir, también son fallos de memoria prospectiva.
Todos estamos expuestos a este tipo de fallos porque la vida y los trabajos modernos son muy demandantes. Esta exigencia provoca que las personas estresadas o con muchas responsabilidades sean más proclives a los fallos de memoria asociados a eventos pasados o presentes, que afectan por igual a jóvenes y mayores. Por otra parte, las personas mayores suelen tener más problemas de memoria prospectiva basada en el tiempo que las jóvenes y, por ello, son más proclives a olvidar la toma de su medicación o las citas médicas. Afortunadamente, y como veremos más adelante, algunos trucos y ayudas pueden ser muy efectivos para solucionar este tipo de problemas.
En cuarto lugar debemos tener muy claro que la memoria es una función multimodal porque recuerda tipos de información muy diversa. Seguramente si reflexiona sobre qué tipo de cosas es capaz de recordar, le vendrán a la cabeza palabras, episodios más o menos recientes de su vida e información general. Sin embargo, seguro que estará de acuerdo conmigo en que también recuerda el mapa de su ciudad o barrio, la textura de un jersey ...
Índice
- PRIMERA PARTE. INTRODUCCIÓN
- SEGUNDA PARTE. EL CEREBRO, LA MEMORIA Y SUS ENFERMEDADES
- TERCERA PARTE. EJERCITAR LA MEMORIA Y SUPERAR SUS PROBLEMAS
- CUARTA PARTE. SALUD CEREBRAL. DE LA MEMORIA
- QUINTA PARTE. CONSIDERACIONES FINALES Y SÍNTESIS
- APÉNDICE
- BIBLIOGRAFÍA