Sonetos
eBook - ePub

Sonetos

  1. 79 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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Descripción del libro

Este poemario recoge las poesías en arte mayor compuestas por Luis de Góngora en la segunda mitad de su vida, una vez alcanza la madurez y entregado a los poemas de arte mayor. Los poemas presentes tocan todo tipo de temas: amor, sátira, moral, filosofía, mitología, religión, muerte, etc.; así como una de las obsesiones de Góngora: el paso del tiempo y los estragos de la vejez.

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Información

Editorial
SAGA Egmont
Año
2021
ISBN del libro electrónico
9788726551457
Categoría
Literatura

Datos biográficos

Nace en Córdoba el 11 de julio de 1561, en su casa de la Plazuela de la Trinidad.
Era su padre don Francisco de Argote, juez de bienes confiscados de la Inquisición. Amigo de don Ambrosio de Morales, eminente humanista. Don Francisco poseía una gran biblioteca. Su madre fue doña Leonor de Góngora.
Fue Luis el mayor de cuatro hermanos, adoptando el apellido materno como primero y el de su padre como segundo. Con quince años llega a Salamanca para empezar sus estudios acompañado de su ayo, costeándole los estudios su tío Francisco de Góngora, hermano de su madre.
En Salamanca estuvo desde su llegada en 1576 hasta 1580, matriculándose en Cánones, aunque nunca llegó a terminar la carrera. En esta ciudad empieza a sentir la diferencia de culturas entre lo castellano y lo morisco.
De vuelta a Córdoba es racionero de la Catedral al renunciar en su favor su tío Francisco de Góngora. Una vez recibidas las órdenes mayores es acusado por el obispo Pacheco en 1587 de concurrir poco al coro y de abandonarlo durante las horas canónicas; de hacer una vida propia de comediantes y asistir a las corridas de toros y sobre todo de componer poesías ligeras.
De sus viajes por España se sabe que estuvo en Palencia en los años 1589 y 1596; en Madrid en 1590; y en Salamanca en 1593, recordando sus tiempos de estudiante. En Cuenca y en Valladolid cuando en esta ciudad estaba la Corte. En 1603 vuelve a Córdoba donde reside hasta 1609.
Comisionado por el cabildo cordobés visita Madrid, Alcalá, Álava y Pontevedra y lugares de Andalucía como Granada y Huelva. En 1616 consta que pasó por Toledo.
Una vez ordenado sacerdote de misa en 1606, Góngora llega a Madrid en 1617 como capellán de Felipe III. La suerte no está de su parte en la Corte a pesar de seguir siendo un «pretendiente» cerca del Conde-Duque de Olivares ya bajo el reinado de Felipe IV. Mas a pesar de sus cargos, más bien honoríficos, las penurias económicas le abruman.
Durante su estancia en Madrid vive en la calle llamada entonces del Niño, hoy Quevedo. Vecino de Lope de Vega, que habitaba en la calle de Francos, hoy Cervantes. En este barrio madrileño vivieron la mayoría de poetas del Siglo de Oro. Uno de sus mejores amigos fue el también poeta Conde de Villamediana.
Se sabe la enemistad que hubo entre el poeta y Quevedo, debido, según cuentan las crónicas de entonces, a unas letrillas sobre el río Esgueva de Góngora que molestaron a Quevedo. A tal extremo llevó Quevedo sus críticas sobre el poeta cordobés, que una vez muerto éste siguió hablando mal de sus Soledades y sobre todo del culteranismo atribuido a Góngora. Lope de Vega fue otro de sus detractores.
Sus dos obras dedicadas al teatro tuvieron escaso interés y se estrenaron bajo el título de Las Firmezas de Isabel y El Doctor Carlino.
Sus sonetos pueden fecharse entre 1582 y 1624, y según los más destacados críticos son los más bellos de toda la poesía española. Emplea el estrambote en los sonetos LIV, dedicado a Felipe IV y su esposa Isabel y en el LV dedicado a Lope de Vega. Es constante su crítica a la poesía de Lope y de Quevedo en sus sonetos.
En 1625 sufre un ataque cerebral que le deja impedida su memoria.
Vuelve a Córdoba donde fallece a causa de una apoplejía, en la casa que le vio nacer el día 24 de mayo de 1627.
Entre los muchos retratos de Góngora destaca el busto de la Casa de la Moneda, donde el poeta aparece con ese perfil de gancho, nariz aquilina y sobre todo una cara seca y antipática para el que ve por primera vez su retrato.
Góngora murió sin haber dado sus poesías a la imprenta, ya que sus obras corrían de mano en mano manuscritas. Éstas aparecieron en el mismo año de su muerte preparadas por Juan López de Vicuña con el título de Obras en verso del Homero Español. Esta primera edición fue retirada por la Inquisición, apareciendo más tarde la edición mejorada de Gonzalo de Hoces en 1633.

- I -

Tres veces de Aquilón...
Tres veces de Aquilón el soplo airado
del verde honor privó a las verdes plantas,
y al animal de Colcos otra tantas
ilustró Febo su vellón dorado,
 
después que sigo (el pecho traspasado 5
de aguda flecha) con humildes plantas
(oh, bella Clori!) tus pisadas santas
por las floridas señas que da el prado.
 
A vista voy (tiñendo los alcores
en roja sangre) de tu dulce vuelo 10
que el cielo pinta de cien mil colores,
 
tanto, que ya nos siguen los pastores
por los extraños rastros que en el suelo
dejamos, yo de sangre, tú de flores.

- II -

A las damas de la corte, pidiéndoles favor para los galanes andaluces
Hermosas damas si la pasión ciega
que os arma de desdén, no os arma de ira,
¿quién con piedad al andaluz no mira
y quién al andaluz su favor niega?
 
¿En el terreno, quién humilde ruega, 5
fiel adora, idólatra suspira?
¿Quién en la plaza los bohordos tira,
mata los toros y las cañas juega?
 
¿En los saraos quién lleva las más veces
los dulcísimos ojos de la sala, 10
sino galanes del Andalucía?
 
A ellos les dan siempre los jueces
en la sortija el premio de la gala,
en el torneo, de la valentía.

- III -

Clori
Al sol peinaba Clori sus cabellos
con peine de marfil, con mano bella;
mas no se parecía el peine en ella
como se oscurecía el sol en ellos.
 
Cogió sus lazos de oro, y al cogerlos, 5
segunda mayor luz descubrió aquella
delante quien el sol es una estrella
y esfera España de sus rayos bellos.
 
Divinos ojos, que en su dulce oriente
dan luz al mundo, quitan luz al cielo, 10
y espera idolatrarlos occidente.
 
Esto amor solicita con su vuelo,
que en tanto mar será un arpón luciente,
de la cerda inmortal mortal anzuelo.

- IV -

Al Escorial
Sacros, altos, dorados capiteles,
que a las nubes robáis los arreboles,
Febo os teme por más lucientes soles,
y el cielo por gigantes más crueles.
Depón tus rayos, Júpiter; no celes 5
los tuyos, sol; de un templo son faroles,
que al mayor mártir de los españoles
...

Índice

  1. Sonetos
  2. Copyright
  3. Datos biográficos
  4. - I -
  5. - II -
  6. - III -
  7. - IV -
  8. - V -
  9. - VI -
  10. - VII -
  11. - VIII -
  12. - IX -
  13. - X -
  14. - XI -
  15. - XII -
  16. - XIII -
  17. - XIV -
  18. - XV -
  19. - XVI -
  20. - XVII -
  21. - XVIII -
  22. - XIX -
  23. - XX -
  24. - XXI -
  25. - XXII -
  26. - XXIII -
  27. - XXIV -
  28. - XXV -
  29. - XXVI -
  30. - XXVII -
  31. - XXVIII -
  32. - XXIX -
  33. - XXX -
  34. - XXXI -
  35. - XXXII -
  36. - XXXIII -
  37. - XXXIV -
  38. - XXXV -
  39. - XXVI -
  40. - XXXVII -
  41. - XXXVIII -
  42. - XXXIX -
  43. - XL -
  44. - XLI -
  45. - XLII -
  46. - XLIII -
  47. - XLIV -
  48. - XLV -
  49. - XLVI -
  50. - XLVII -
  51. - XLVIII -
  52. - XLIX -
  53. - L -
  54. - LI -
  55. - LII -
  56. - LIII -
  57. - LIV -
  58. - LV -
  59. - LVI -
  60. - LVII -
  61. - LVIII -
  62. - LIX -
  63. - LX -
  64. - LXI -
  65. - LXII -
  66. - LXIII -
  67. - LXIV -
  68. - LXV -
  69. - LXVI -
  70. - LXVII -
  71. - LXVIII -
  72. - LXIX -
  73. - LXX -
  74. - LXXI -
  75. - LXXII -
  76. - LXXIII -
  77. - LXXIV -
  78. - LXXV -
  79. - LXXVI -
  80. - LXXVII -
  81. - LXXVIII -
  82. - LXXIX -
  83. - LXXX -
  84. - LXXXI -
  85. - LXXXII -
  86. - LXXXIII -
  87. - LXXXIV -
  88. - LXXXV -
  89. - LXXXVI -
  90. - LXXXVII -
  91. - LXXXVIII -
  92. - LXXXIX -
  93. - XC -
  94. - XCI -
  95. - XCII -
  96. - XCIII -
  97. - XCIV -
  98. - XCV -
  99. - XCVI -
  100. - XCVII -
  101. - XCVIII -
  102. - XCIX -
  103. - C -
  104. - CI -
  105. - CII -
  106. - CIII -
  107. - CIV -
  108. - CV -
  109. - CVI -
  110. - CVII -
  111. - CVIII -
  112. - CIX -
  113. - CX -
  114. - CXI -
  115. - CXII -
  116. - CXIII -
  117. - CXIV -
  118. - CXV -
  119. Sobre Sonetos