Dionisíacas. Cantos I-XII
  1. 358 páginas
  2. Spanish
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eBook - ePub

Descripción del libro

Las Dionisíacas son un florecimiento tardío (siglo V d.C.) y curioso de la épica clásica, y uno de los últimos poemas ambiciosos del paganismo clásico.Nono (siglo V d.C.), natural de Panópolis, en Egipto, compuso en griego el poema épico Dyonisiaca, sobre las aventuras del dios Dionisio, desde su nacimiento en Tebas hasta su ingreso en el Olimpo. La obra, en cuarenta y ocho libros (la suma de los libros de la Ilíada y la Odisea, según la ordenación alejandrina) y unos 21.000 hexámetros, se centra en la expedición de Dionisio a la India y su regreso (libros 13-48). El tema no era inédito, puesto que a menudo se había identificado a Alejandro con esta divinidad, lo que incluía las campañas contra los hindúes. A partir del libro octavo, con el nacimiento de Dioniso, el poema se asemeja a un compendio mitológico, enriquecido con referencias a misterios dionisíacos, religiones orientales, magia y astrología. La obra se anima con aspectos menos habituales, como la claridad sensualista con que se describen las actividades amatorias de Dioniso.La importancia del poema, más que en el tema en sí, hay que buscarla en sus esquemas métricos y estilísticos, pues introdujo el llamado hexámetro noniano, que altera la tradicional métrica cuantitativa, ante el cambio fonológico que se produce en la lengua griega desde la época helenística, e introduce el ritmo acentual, en una aproximación a la métrica moderna.

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Información

Editorial
Gredos
Año
2016
ISBN del libro electrónico
9788424932367
INTRODUCCIÓN GENERAL
NONO DE PANÓPOLIS
A fines de la Antigüedad, cuando las antiguas creencias cedían paso al ímpetu de las cristianas, el egipcio Nono produjo un curioso reflorecimiento de la épica griega con la elaboración de las Dionisíacas , un inmenso epos en cuarenta y ocho cantos sobre las glorias del dios Dioniso. El contenido y estilo de esta obra singular, cuya extensión iguala intencionadamente la suma de la Ilíada y la Odisea , la caracterizan como la última gran producción poética de cuño pagano, y ciertamente un inestimable testimonio mitográfico. No se trata, sin embargo, de un mero ejercicio enciclopédico de versificación mitológica. Antes bien, las Dionisíacas presentan en su composición poética una nueva formulación del hexámetro, continuación de las limitaciones establecidas por Calímaco. Por otra parte, el contenido del poema exalta la idea de una misión providencial de Dioniso, el dios dilecto de la Antigüedad tardía. No obstante, resultan numerosísimos los problemas planteados por el texto: sus continuas referencias a elementos astrológicos y mistéricos, su ideario mágico y sus sincretismos religiosos, su estilo desbordante y sus articulaciones desconcertantes. Pero, a pesar de las dificultades, resulta innegable el valor de las Dionisíacas en un doble aspecto: testimonial y poético.
Ahora bien, nada sabemos de Nono al margen de su obra, por lo que toda afirmación acerca de su vida y sus creencias es absolutamente conjetural, pues carecemos de un artículo del léxico Suda acerca de su persona 1 , y a excepción de una alusión del historiador Agatias 2 , de toda referencia externa. Pero contamos afortunadamente con algunos datos ciertos, de unánime aceptación: es ante todo Nono un egipcio de la ciudad que los griegos llamaban Panópolis, la actual Achmin en el Alto Egipto 3 . En la época de Nono —s. v d. C.— Panópolis fue la patria de varios poetas y filósofos notables, como Horapolón el Antiguo, Ciro y Pamprepio 4 ; y al igual que otras ciudades del Alto Egipto, especialmente Tebas, representó por su aristocracia impregnada de helenismo un bastión pagano contra la propaganda cristiana. Así lo demuestra la confabulación pagana liderada por Pamprepio, el más antiguo discípulo de Nono, en el 483. Aunque resulta controvertido el problema de la cristianización de Egipto 5 , no caben dudas acerca de la existencia de una clase culta practicante de los cultos paganos prohibidos por Teodosio I, que había hecho suyos los dioses helénicos y la cultura clásica en desmedro de las tradiciones egipcias más antiguas. Pues bien, en tal medio nació Nono y, como representante de ese helenismo egipcio, de un paganismo agonizante, compuso más de veintidós mil hexámetros dionisíacos, exaltadamente cargados del imaginario helénico.
Entre los escasos testimonios conservados se encuentra el siguiente epigrama, transmitido en la Antología Palatina IX 198:
Nono soy yo; Panópolis mi ciudad .
Y en Faros segué con vocífera pica
las estirpes de Gigantes .
Este epigrama anónimo, sin datación precisa y dedicado a «Nono el poeta», ha sido interpretado erróneamente como una alusión a una Gigantomaquia perdida compuesta por Nono. Pero es en verdad —como ya ha señalado F. Vian 6 — una paráfrasis para referirse a las Dionisíacas . Los Gigantes —como también el monstruo Tifón en Dionisíacas , cc. III— son «nacidos de la Tierra», y constituyen un referente mitológico para simbolizar fuerzas muy arcaicas, irredimibles, que se oponen a la instauración de un nuevo orden del mundo, representado por los Olímpicos en la tradición mitológica, y por Dioniso en las Dionisíacas 7 . Por esta razón, en la expedición contra los Indios que ocupa gran parte del epos noniano 8 , los enemigos de Dioniso son llamados Gigantes (XVIII 221; XLVIII 9), y el dios Giganticida (XVII 10; XXXV 343). Por otra parte, el epigrama de Antología Palatina menciona la isla de Faros, «la vecina isla» a la que alude Nono al inicio del poema (I 13). Faros está situada frente a Alejandría, un importantísimo centro cultural de la época, donde se supone por estas referencias que Nono compuso las Dionisíacas 9 . No faltan, por lo tanto, testimonios para poder afirmar la filiación egipcia del poeta, si se tiene en cuenta además que llama «mi río» al Nilo (emós rhóos XXVI 229). Asimismo el c. XLI muestra que Nono permaneció algún tiempo en Bérito, la actual Beirut, para entonces un importante centro de estudios jurídicos 10 . Y el c. XL —vv. 311 ss.— testimonia su conocimiento in situ de la ciudad de Tiro.
A estos pocos datos acerca de la vida de Nono sólo cabe agregar algunas consideraciones extraídas de la naturaleza de su nombre: Nónnos fue, en efecto, un nombre —un sobrenombre en origen— muy frecuente en Egipto desde el s. IV de nuestra era, entre los medios ya cristianizados. Y se ha supuesto, en consecuencia, un origen de familia cristiana para el autor de las Dionisíacas 11 .
Pero a esta referencia se añade el hecho, indicador de una gran paradoja, de que se atribuye a Nono la autoría de la Paráfrasis del Evangelio según San Juan 12 , una obra que lleva indiscutiblemente el sello de su estilo y de su esquema del hexámetro 13 . Ahora bien, la existencia de una obra de inspiración cristiana junto a las Dionisíacas ha dado a la crítica ocasión de numerosas elucubraciones respecto de las verdaderas creencias del autor: en este sentido el filólogo R. Keydell 14 ha sostenido la tesis de una conversión al cristianismo en los últimos años de su vida. Según este autor, Nono, después de haber escrito las Dionisíacas , obra de largo aliento, se habría convertido al cristianismo y compuesto la Paráfrasis . Pero esta conjetura, que intenta encontrar una coherencia en aspectos religiosos, resulta insostenible por evidencias textuales: la Paráfrasis , muchísimo menor en extensión, es por estilo y métrica una producción muy inferior a las Dionisíacas , y ha de situarse en la cronología relativa como una obra anterior 15 .
De los muchos problemas planteados por la convivencia de ambas obras nos interesa detenernos en lo que concierne estrictamente a las creencias del autor 16 . En el contexto histórico de Nono se verifican ante todo dos importantes datos: la creciente conversión egipcia al cristianismo, atestiguada por estudios de onomástica 17 , y la preferencia del medio culto por la cultura clásica y la mitología pagana, que aparece claramente en el hecho de que poetas como Trifiodoro, Coluto, Cristodoro y el mismo Nono tratan ampliamente de temas helénicos sin mencionar la religión egipcia más que en sus aspectos sincréticos. En consecuencia, es necesario considerar si estas alusiones suponen una verdadera creencia, o si se deben a factores de inventiva literaria propios de la época 18 . En efecto, el gran filólogo Erwin Rohde 19 sostuvo que Nono pudo haber escrito las Dionisíacas a pesar de ser cristiano porque el tratamiento poético del antiguo material pagano no supone necesariamente una creencia verdadera. Pues la cultura clásica constituyó ciertamente para el conjunto de la Antigüedad tardía un patrimonio común, y se producen en esta época los sincretismos más extravagantes, no sólo en las referencias literarias sino incluso en el seno del culto cristiano 20 . De manera que es forzoso concluir que era posible evocar literariamente las figuras de los dioses paganos —como figuras del imaginario colectivo de la época— sin poseer ninguna convicción religiosa.
Sin embargo, aunque tal cosa es posible, entendemos que no es el caso del autor de las Dionisíacas por las siguientes razones: en primer lugar, la obra comporta un mensaje muy representantivo de la mentalidad del paganismo tardío, en el que Dioniso —denominado Kosmokrátōr , «regente del mundo»— encarna el nuevo orden del universo. Las Dionisíacas despliegan en diferentes planos la exultante misión del dios, vivificadora para la humanidad: fundamentalmente como dios del vino —y no en un sentido soteriológico o mistérico—, como configuración de un remedio de penas para los mortales («El soberano Baco lloró para liberar a los hombres del llanto», XII 171). La invención del vino —v. c. XII, passim — se manifiesta como un símbolo de una nueva Era, requerida por el mismo Eón —v. c. VII, vv. 1-109—. Asimismo —como ya indicamos— la expedición contra los Indios posee la idéntica significación de la instauración de un nuevo orden, más dichoso para la humanidad. Por último, en la última parte del epos , se asocia la misión del dios —v. c. XLI, passim — con el carácter pacificador y legislativo de Roma. Por otra parte, es pagano el estilo mismo del poema, por la sensualidad barroca de sus descripciones y sus motivos eróticos y su impresionante erudición mitológica. En síntesis —de acuerdo a la sensata afirmación de Chuvin 21 — entendemos que nadie compone más de 22.000 hexámetros en honor de Dioniso sin tener al menos cierta simpatía por el dios.
DATACIÓN
A partir de los distintos testimonios ha de situarse la figura de Nono a mediados del s. V , pues aunque son muchas las discusiones en torno de algunos puntos particulares, como el de la cronología relativa de las dos obras de Nono, no caben dudas acerca de la cronología absoluta.
Como dato más relevante para la datación de la actividad literaria del poeta, ha de tenerse en cuenta la influencia de Nono sobre sus sucesores. En efecto, el rigor métrico de la poesía noniana, continuación de las limitaciones establecidas por Calímaco, redujo a nueve los treinta y dos esquemas del hexámetro homérico 22 ; y tal reforma fue adoptada posteriormente por los últimos representantes de la poesía helénica 23 : Pamprepio, Trifiodoro, Coluto, Museo, Cristodoro y otros. Y la actividad literaria de estos autores se sitúa entre el 470 y el 510: ha de adoptarse, entonces, el 470 como término ante quem para la redacción de las Dionisíacas . Otros testimonios confirman, con menor precisión por su referencia tardía, la determinación dada: la alusión del historiador Agatias de Mirina (530-580) 24 y la destrucción de la escuela legislativa de Bérito —alabada por Nono en c. XLI— en el 551 por un terremoto 25 .
Para la determinación del término post quem se ha de referir especialmente el epigrama de Ciro de Panópolis (Ant. Pal . IX 130) de 441/2, retomado por Nono en Dion . XVI 321; XX 372. Nono demuestra, por otra parte, conocimiento de la Gigantomaquia y Del rapto de Proserpina de Claudiano (circa 395) y asimismo de Gregorio Nacianceno 26 .
De manera que la elaboración de las Dionisíacas ha de situarse entre los años 450-470, aunque nuevos tes...

Índice

  1. Anteportada
  2. Portada
  3. Página de derechos de autor
  4. INTRODUCCIÓN
  5. Ediciones de las Dionisíacas
  6. Nota textual
  7. Bibliografía
  8. CANTO I
  9. CANTO II
  10. CANTO III
  11. CANTO IV
  12. CANTO V
  13. CANTO VI
  14. CANTO VII
  15. CANTO VIII
  16. CANTO IX
  17. CANTO X
  18. CANTO XI
  19. CANTO XII