LIBRO III
1. Quienes desatienden la práctica del arte se interesan [340] más en los discursos de los sofistas mientras que se ocupan menos en conocer con exactitud la naturaleza de las extremidades. No intentan, en efecto, curar las luxaciones ni con úlcera ni sin úlcera, ni las fracturas, ni las gangrenas de los huesos de las extremidades, y ¿qué decir de quienes no se ocuparon ni de sajar un depósito de humores, ni de extirpar la parte gangrenada ni de extraer correctamente una astilla o [341] una flecha ni siquiera de hacer adecuadamente una incisión en la vena? Yo estimo que los jóvenes deben ejercitarse en primer lugar en estas cosas porque veo que son de necesaria utilidad y porque la vergüenza de su desconocimiento, según ellos mismos piensan, es tanto mayor cuanto más corto es su aprendizaje.
Pues, bien, la naturaleza completa de las extremidades está compuesta de huesos, ligamentos, músculos, arterias, venas y nervios, y además del revestimiento común a todo, que se llama «piel». Incluso los anatomistas más expertos se equivocaron, en efecto, en lo que a su naturaleza se refiere, tanto en la que está debajo del pie, que llaman planta, como en la del interior de la mano, como en la de algunas otras partes. Por esta ignorancia un hombre de no poco prestigio en cirugía, al extirpar un hueso del carpo necrosado, dejó sin sensibilidad el interior de la mano. A otro que me encontré no hace mucho, que estaba realizando una operación en el mismo lugar, le mostré la zona en la que en principio el tendón 1 que se inserta en la palma de la mano comienza a [342] estirarse y le aconsejé que desistiera de cortarlo, y por eso se salvó la sensibilidad de la mano operada. Pero en el caso de que el tendón estuviera ya gangrenado, no serás censurado si comunicas previamente la consecuente pérdida por necesidad de la sensibilidad. Y, asimismo, si todo el tendón ha sido cortado por cualquier objeto externo cortante, como a uno le ha ocurrido, tampoco será responsable el médico, si comunica por anticipado en lo que terminará el proceso. Hay otras muchas cosas respecto a las arterias, las venas y los nervios, pero lo que conviene que se conozca respecto a la palma de la mano y a la planta del pie es lo siguiente: en primer lugar, que la sensibilidad y el movimiento en cada dedo no procede de los mismos nervios, y después, que como todos los nervios van a los dedos, en el brazo, por el brazo propiamente dicho y el antebrazo, y en la pierna por el muslo y la pierna propiamente dicha, unas veces, al cortar el nervio del muslo, y otras el de la pierna, 〈unas veces al cortar el del brazo y otras el del antebrazo〉 2 , se podría provocar la insensibilidad y falta de movimiento en algunos de los dedos del pie y de la mano. Esto les ocurre por el desconocimiento de los nervios.
[343] Otras muchas cosas suceden a causa de las arterias y de las venas, que algunos médicos no conocen ni siquiera en la medida de tener cuidado para no dañarlas en las cirugías. Y por esto al cortar huesos y sajar abscesos, unas veces atraviesan venas importantes y otras cortan grandes arterias, precipitando una hemorragia incontenible. Algunos, al hacer la flebotomía, traspasan la arteria porque desconocen bajo qué venas de las extremidades subyace una arteria. El caso del que tenía dañada la sensibilidad de los dedos pequeños de la mano y de la mitad del anular que nosotros curamos, nadie lo desconoce a causa de la notoriedad del sofista 3 curado. Los médicos que lo atendían eran de la tercera secta 4 y le ofrecían cosas para los dedos como si ellos estuvieran afectados, mientras que la afección estaba principalmente en el lugar donde el nervio nace de la médula espinal. Los metódicos primero aplicaban fármacos relajantes a los dedos y después metasynkritikoí , como ellos los llaman 5 , sin ocuparse mucho de las causas ya aducidas, reconociendo sólo [344] que el estado de entorpecimiento y la falta de sensibilidad que espontáneamente se presentaba en los dedos progresaba poco a poco. El enfermo, sin obtener ningún beneficio de los fármacos, habló conmigo sobre la curación. Le pregunté si con anterioridad no se había dado ningún golpe en el brazo o en el antebrazo. Cuando me dijo que ninguno, le pregunté de nuevo si no se había golpeado en la parte alta de la espalda, y me dijo que hacía tres o cuatro meses se había caído de un vehículo y que, al desplomarse a tierra, se había tropezado con una piedra que estaba recta, con la que se había dado un golpe en la parte alta de la espalda, y que le había dolido mucho, pero que al cabo de los siete días el dolor cesó y que a los catorce días del golpe le sobrevino una pequeña sensación de entorpecimiento en los dedos que había ido en aumento hasta ahora, sin que la medicación le ayudara. Yo consideré que un resto de la inflamación surgida en la raíz del nervio que llegaba a los dedos afectados se había [345] endurecido, pues esto es indoloro, pero es causa de insensibilidad en los dedos a los que llega. Y así puse los mismos fármacos aplicados a los dedos a la zona golpeada al principio y conseguí la curación de la dolencia.
El día no me sería suficiente para contar cuántas cosas de este tipo he visto en manos y pies, en los soldados heridos en las guerras, en los llamados «gladiadores», y en muchos otros casos particulares, acaecidas en muchas circunstancias, en todas las que los ignorantes de la anatomía los desgraciaron. Pues éstos, cuando operan, unas veces cortan un pequeño nervio de no poca importancia, en cuyo caso unas veces se pierde sólo la sensibilidad de algo subyacente, otras el movimiento, y en ocasiones ambas cosas, cuando se da la circunstancia de que alguien se ha herido y por no ser capaces de predecir la afección que se presenta, fueron agentes de su causa.
Yo, en efecto, al ver que el conocimiento de las extremididades es de suma necesidad, como también la anatomía [346] de todas las partes externas, aunque ha sido extremamente descuidada, estimé procedente exponer en primer lugar la anatomía de los músculos de las extremidades y añadir a continuación la de sus arterias, venas y nervios, y dirigir a los jóvenes que se interesan en la anatomía para que se ejerciten lo primero de todo en esto y para que observen día a día que los médicos expertos en las membranas del corazón —en su número y cualidad— o en los músculos de la lengua y en otras cuantas cosas así pero desconocedores de la anatomía externa, fallan muchísimo en el pronóstico y cirugía de las afecciones que presentan estas partes, y, en cambio, los que la conocen, aunque desconozcan esas otras cosas, siempre tienen éxito.
2. Digamos ya de qué modo conviene proceder quirúrgicamente en la disección de los vasos y los nervios de las extremidades, pero antes hablemos del brazo entero. Sería bueno comenzar el discurso hablando en primer lugar del pasaje de Hipócrates, en el que dice: «El pie del hombre está compuesto de muchos pequeños huesos, como también la [347] mano extrema 6 ». Ha di...