Che Guevara
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Che Guevara

Vida, muerte y resurreción de un mito.

  1. 448 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
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Che Guevara

Vida, muerte y resurreción de un mito.

Descripción del libro

Reginaldo Ustariz Arze nació en Cochabamba-Bolivia el 15 de junio de 1940. Ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad Mayor de San Simón de Cochabamba, donde se graduó como médico en año 1966. Entre 1962 y 1967 trabajó como periodista en Prensa Libre de la ciudad de Cochabamba. En 1967 recabó de Prensa Libre su credencial de Corresponsal de Guerra, el cual lo hizo visar legalmente en el Ministerio de Defensa. Entre 1995 y 2006 realiza cuatro viajes a la Argentina y Cuba con el objeto de entrevistar a sus amigos y compañeros de lucha del Che. Publica su primer libro Exitus Letalis el año 1966, basado en un diario que escribió durante toda la enfermedad de su esposa. El año 2002 publica Vida, muerte y resurrección del Che en Bolivia, publicándolo en Brasil en 2004. El año 2006, publica tres libros. El Combate del Churo y el Asesinato del Che, Evo Morales, un Indígena Presidente y Fidel Castro. Un repaso de su vida.

Preguntas frecuentes

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Información

Año
2010
ISBN del libro electrónico
9788497635004
Edición
1
Categoría
History

El Che sentado junto a sus guerrilleros en un momento de descanso, luego de largas horas de caminata.
El 10 de octubre de 1967, todos los periodistas que estuvimos presentes en Vallegrande, fuimos transportados, desde el día anterior, en un avión hacia La Paz. Este había llegado en la mañana a la localidad, que en la coyuntura era nuestro lugar de trabajo. Yo bajé en Cochabamba junto al jefe de redacción de Prensa Libre, y de inmediato me dirigí a las oficinas del periódico, que estaba situado en la plaza Colón de Cochabamba. Fue allí donde escribí un artículo titulado: "La autopsia del Che", en el cual, con cierta autoridad —pues soy médico—, y con mis magros conocimientos en medicina legal, concluía denunciando el asesinato del Che.
El director del periódico era el señor Carlos Bejar, quien leyó mi artículo y me dijo:
—Reginaldo, no puedo publicar esto.
—¿Por qué? —le interrogué.
—Porque aquí afirmas que el Che ha muerto el lunes 9 de octubre, alrededor del medio día, y el Ejército ha lanzado un comunicado público donde dice que ha muerto en combate, el mismo día 8 de octubre.
Le conté con mayores detalles por qué afirmaba eso, que correspondía estrictamente a la verdad, y que debíamos darlo a conocer al mundo. Aunque insistí varias veces, fue en vano. Le dije incluso:
—Yo firmo el artículo, entonces, quien responderá seré yo.
Me contestó:
—Por la ley de prensa, el director del periódico también es responsable, y si publicamos esto ¿sabes qué va a ocurrir mañana? Dos cosas: mi periódico será cerrado, y tú, con certeza, desparecerás; vale decir, estarás muerto.
Debían de ser las 4 de la mañana cuando sucedió todo esto. Me fui desconsolado. Le pedí que me devolviera mis 4 rollos fotográficos, incluso mis negativos, que fueron revelados unas horas antes en un laboratorio fotográfico, situado en la plaza principal. Me dirigí a mi casa, y dos horas después ya estaba embarcando con destino a Vallegrande. Hice escala en Comarapa, recogí mi maletín y llegué a Vallegrande al amanecer del jueves 12 de octubre.
El pueblito de Pukara situado a 15 klómetros de La Higuera.
Foto del autor.
El reloj marcaba seguramente las 9 de la mañana. Fui al Hospital Nuestro Señor de Malta, que estaba fuertemente custodiado por decenas de soldados y por una faja grande y bien legible: "Prohibido el ingreso de periodistas". Bueno, yo soy médico, era conocido en el Hospital Nuestro Señor de Malta, ingresé como tal y no como periodista. Pero, una vez dentro, el periodista actuó entrevistando a 4 soldados heridos allí hospitalizados que participaron en el combate del Churo.
Resolví ingresar en la zona de guerra, es decir, en La Higuera y sus alrededores, donde sabía que aún quedaban vivos 10 guerrilleros del total de los 17 que se enfrentaron a 195 soldados el 8 de octubre.
Durante el ejercicio de mi profesión, y en calidad de médico de provincia, ya había ido a todos esos lugares más de una vez a realizar vacunaciones por determinación de la Sanidad Departamental, con sede en Santa Cruz de la Sierra, y subsede en Vallegrande, donde me pagaban mi salario. De modo que conocía muy bien el lugar, tenía preparado un ardid que no fallaría: llevaba mi maletín médico (que recogí en Comarapa), que nada se parecía a los maletines de cuero elegantes y pequeños de un galeno. Era una inmensa maleta de madera, donde no solo llevaba las vacunas, sino también instrumental quirúrgico de emergencia. Dejé mi máquina fotográfica, la cual usé en el Hospital Nuestro Señor de Malta, y mi motocicleta, en el Hotel Teresita, pues mi moto de nada me serviría a partir de Pukara: de ahí en adelante ya no había carreteras.
El transporte de pasajeros entre Vallegrande y Pukara era realizado en camiones, en cuya carrocería colocaban unas tablas atravesadas, de tal manera que debajo de los pies de los viajeros no iban solo los bultos de los pasajeros, sino chanchos y gallinas. Yo tenía 27 años. Iba munido de mi cartera profesional de médico, de documentos de la sanidad departamental de Santa Cruz, de hojas de pago que eran realizadas en Vallegrande; todo esto para comprobar que era un médico que estaba internándose en la zona de guerra, donde todavía se combatía.
Me embarqué en un camión para transporte. Los pasajeros teníamos que sentarnos sobre un palo del camión destartalado, y sujetarnos con las manos a otro palo o travesaño superior cuando pasaba por los baches, pues los caminos eran pésimos.
A dos kilómetros de Vallegrande, en la zona de Guadalupe, había una "tranca" consistente en un palo chueco apoyado sobre dos palos en forma de "V", siendo un punto fijo el tronco sobre el cual basculaba, y el otro simplemente un apoyo; a la derecha se encontraba una pequeña caseta. El vehículo paró, los pasajeros bajamos y nos identificamos. Todos los que iban conmigo eran campesinos que retornaban a sus lugares de origen, o comerciantes que llevaban productos alimenticios como azúcar, arroz o aceite, y volvían con verduras, frutas, gallinas, huevos, etc.
Presenté mis documentos de identidad y de médico. Estaba de turno un sargento, que no se convenció de mi identidad ni de mis objetivos. Me condujo a su superior, un capitán, al cual enseñé mi "maleta" de médico, cuyo tamaño era de aproximadamente de 40 x 40 x 60 cm., a pesar de ello él no dudó de los motivos de mi viaje, que eran claros: iba a "vacunar" y a "cumplir mis tareas habituales de médico".
Llegué a Pukara al atardecer. La distancia que faltaba por recorrer no era superior a 40 kilómetros, pero la velocidad del vehículo no pasaba de los 10 ó 15 kilómetros por hora: tal era la "excelente calidad de la carretera". Dormí en Pukara en la compañía de piojos, vinchucas y chinches, pero debido a mis frecuentes viajes al interior de la provincia de Comarapa y Vallegrandem, ya estaba acostumbrado.
Nos fuimos por un camino de herradura a La Higuera. Desde Pukara se oían disparos esporádicos, y en La Higuera los estampidos eran más frecuentes. Era el día 13 y quedaban todavía 10 guerrilleros, que rompieron el cerco del Churo el día 8. El Ejército no tenía la menor pista de ellos. La historia vendría a demostrar que cuando llegué a La Higuera y después al Abra del Picacho, donde había una media docena de casuchas, yo estaba muy cerca de los 6 sobrevivientes; de ahí la razón de que los frecuentes disparos que retumbaban en toda la zona llegaran a mis oídos.
Realicé mis tareas habituales como médico en La Higuera, aunque no encontré a los 296 habitantes que mencionaban los datos estadísticos de población en Vallegrande. No encontré siquiera a 100 habitantes. La gran mayoría se había ido incluso antes del 8 de octubre, como me dijo más de un campesino, por miedo a ser hechos prisioneros por el Ejército y acusados de ser colaboradores de la guerrilla.
No fue fácil obtener la información que me interesaba. Debía hacerlo de forma sutil. No podía comportarme como un inquisidor impertinente al obtener la información acerca de lo que ocurrió los días 8 y 9 de octubre. Pero entre una y otra consulta, una y otra vacuna, conversaba con los campesinos, de quienes obtuve muchas de las informaciones que transcribo en este capítulo. La más importante de todas: el Che había llegado el domingo 8 de octubre, y el día 9 había sido ejecutado alrededor del mediodía. Esto coincidía con las observaciones que hice en Vallegrande el día 10, cuando denuncié la ausencia de rigidez cadavérica, la tibieza del cadáver y el orificio delante del corazón con pólvora a su alrededor, prueba incuestionable de su ejecución a quemarropa.
Lo que relato a continuación, como dije al principio de este libro, es fruto ante todo de los testimonios que me ofrecieron los 4 heridos en el combate del Churo, los campesinos de toda la zona de Pukara, La Higuera, Abra del Picacho y Masicurí. No tuve el coraje de obtener informaciones de soldados y oficiales, con quienes me cruzaba con una frecuencia inusitada, y quienes me detenían con frecuencia para identificarme. Sin embargo, en 1983 conseguí el testimonio de unos soldados que participaron en el combate del Churo. He aquí, entonces, el fruto de mis investigaciones.

DOMINGO 24 DE SEPTIEMBRE DE 1967

Santa Cruz está de fiesta. La población cruceña presencia desfiles escolares y militares, recuerda el 157 aniversario de la revolución de los hijos de Santa Cruz de la Sierra contra el conquistador español.
Tropa de Gary Prado que va en busca de los guerrilleros.
El actual general de división Gary Prado Salmón entrevistado por el autor.
Intervienen las llamadas Fuerzas Especiales del Ejército, los "boinas verdes bolivianos", que fueron entrenados desde abril en la técnica de la lucha contraguerrillera en la jungla.
El campo militar de instrucción está ubicado en la región tropical de la Esperanza, un ex-ingenio azucarero. Militares norteamericanos fueron los instructores de esta nueva clase de soldados. Los oficiales extranjeros son también green berets, instruidos en Fort Bragg, y con experiencia guerrera en Vietnam. Estos soldados, orgullosos, tocados con boinas, desfilan. Forman el batallón de Asalto Ranger Manchego No. 2.
El batallón de boinas verdes ha recibido la orden de movilizarse a Vallegrande. Pasada la medianoche, una larga caravana de vehículos lleva a las Compañías A, B y C a Vallegrande, comandadas respectivamente por los capitanes Celso Torrelio, Gary Prado Salmón y Ángel Mariscal.
El comandante de la Octava División, el Coronel Joaquín Zeteno Anaya, dispone que la Compañía B de los boinas verdes salga de inmediato a la zona de La Higuera. Los boinas verdes de Gary Prado son los primeros en pisar zona roja. En su recorrido llegan a Pukara, y posteriormente marchan a La Higuera. En menos de dos días, se han desplazado por el norte del Río Grande, San Antonio, Jagüey, Abra del Picacho, Alto Seco, Citanos, Chujlas, Casa Monte, Pucará, La Higuera, Pucarillo, Loma Larga y otras regiones.
He recibido testimonios del actual General de División y ex-embajador boliviano en México, Gary Prado Salmón, desde el año 2000.
Hasta el mes de septiembre de 2002, los contactos fueron realizados vía telefónica, primero, y vía internet, después; pero este año Prado Salmón ha estado en Sao Paulo durante la primera semana de septiembre (estoy escribiendo este capítulo en 2004). Aproveché la ocasión y lo entrevisté; lo que surgió de ese encuentro lo ofrezco ahora. Mi primera pregunta se refería a quiénes y cuántos fueron sus instructores:
—Usted ha recibido instrucción militar en la hacienda La Esperanza, ¿podría indicar quiénes y cuántos eran los instructores?
—Recibimos de Estados Unidos un equipo de instructores, entre los cuales había un coronel, cuatro capitanes y 12 sargentos.

MARTES 26 DE SEPTIEMBRE

Este día se produce el combate de la vanguardia del Che con la tropa del subteniente Eduardo Galindo Grandchandt, que causa tres bajas a la guerrilla: Coco, Miguel y Julio, y provoca la deserción de Camba y León. La tropa del Che, al ver el combate que libra su vanguardia, se encamina con rapidez hacia ella, y los remanentes del combate retroceden al reencuentro con su jefe.
Esa noche llega a Pukara el capitán Gary Prado Salmón, Comandante de la Compañía B de los Rangers, junto a su tropa, compuesta por 165 soldados. El pelotón del subteniente Eduardo Galindo tuvo un encuentro con los guerrilleros en el Abra, e interrogo entonces al capitán Gary Prado Salmón:
—¿Cuánto tiempo ha durado su entrenamiento? —Doce semanas.
—La tropa que le fue asignada bajo su comando, ¿formaba para usted un grupo ideal?
—¡Sí!, porque yo conocía muy bien a mi tropa y ellos a mí, lo que tiene capital importancia durante una guerra. Esto permite un alto grado de eficiencia y rendimiento por la empatía creada entre los soldados y el jefe militar.

MIÉRCOLES 27 DE SEPTIEMBRE

La guerrilla observa que el Ejército está cerca de ellos. Están ocupando una loma por donde pretendían ir hacia el norte. El Che lamenta este hecho en su diario:
Aniceto acababa de hacer una exploración y vio en una casa cercana un buen grupo de soldados, ese era el camino más fácil para nosotros y está cortado ahora.
La guerrilla ve a los soldados Ranger's, que han sido trasladados el 24 a Vallegrande, y el 26 dislocados hacia La Higuera.
Pacho apunta este día:
Rodeados. Nos seguimos internando en el cañón al anochecer.
En esta fecha la guerrilla ya no tenía carpas, lonas, plásticos, hamacas o algo que pudiese ayudarles a luchar contra la intemperie, todos estos elementos se fueron destruyendo, se perdieron, o tuvieron que ser abandonados en determinados ...

Índice

  1. Portada
  2. ÍNDICE
  3. PRÓLOGO
  4. NOTA DEL AUTOR
  5. DE ERNESTO AL CHE
  6. EL CHE Y SU ASMA
  7. BOLIVIA, PERÚ Y GUATEMALA
  8. EL VIAJE A MÉXICO
  9. EL GRANMA
  10. ALEGRÍA DE PÍO
  11. PATRIA O MUERTE
  12. COMANDANTE CHE GUEVARA
  13. EL CHE Y LA CABAÑA
  14. EL SER HUMANO MÁS COMPLETO DE NUESTRA ERA
  15. LA MISTERIOSA DESAPARICIÓN DEL CHE
  16. ¿QUIÉN, CUÁNDO, CÓMO Y DÓNDE?
  17. ÑANCAHUAZÚ
  18. PRIMEROS COMBATES
  19. CASUALIDADES Y TRAICIONES
  20. EMBOSCADA DE VADO DEL YESO
  21. COMBATE DEL CHURO
  22. CAUSAS DE LA DERROTA
  23. ÚLTIMAS HORAS
  24. LA VERDAD ENTRE LAS MENTIRAS
  25. LA MASCARILLA Y LAS MANOS DEL CHE
  26. EL CHE, EL MITO
  27. BIBLIOGRAFÍA
  28. NOTAS