De un octubre a otro.
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De un octubre a otro.

Revolución y fascismo en el periodo de entreguerras, 1917-1934

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  1. 360 páginas
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De un octubre a otro.

Revolución y fascismo en el periodo de entreguerras, 1917-1934

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Descripción del libro

Esta obra coordinada por Alejandro Andreassi y José Luis Martín Ramos contiene textos de Aldo Agosti, Ramón Alquézar, Chris Ealham, Francisco Erice, Ferran Gallego, Claudio Natoli, Josep Puigsech y Sandra Souto. La lucha contra el fascismo, especialmente a partir de la llegada de Hitler al poder, y la consiguiente destrucción del movimiento obrero alemán por el nazismo, provocará que la Tercera Internacional actúe como un verdadero partido organizado y unificado a nivel mundial. Los acontecimientos de Octubre de 1934 en España tendrán una connotación similar, ya que las reacciones cuyo epicentro se sitúa en Asturias, Cataluña y Madrid estarán inspiradas por el temor a la implantación de una dictadura fascista que acabará con el movimiento obrero peninsular y las libertades republicanas, en el contexto de un gobierno claramente inclinado a la derecha que había comenzado a cuestionar las instituciones republicanas y que intentaba limitar algunos de sus avances. Por lo tanto Octubre de 1934 debe observarse como un acontecimiento que se enmarca con todo derecho en el contexto general europeo y mundial de lucha antifascista, y que a pesar de ser protagonizado exclusivamente por fuerzas políticas locales, éstas realizan sus diagnósticos políticos y prescriben sus acciones también en función de lo que está sucediendo más allá de sus fronteras. Hay, pues, un hilo conductor que enlaza estos dos Octubres: el de la revolución bolchevique y el de los momentos insurreccionales que estallan en España.

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Información

Editorial
El Viejo Topo
Año
2010
ISBN del libro electrónico
9788492616855
nés comparable al ultraizquierdismo del “tercer periodo” de la Internacional Co munista.45 A partir del conflicto del puerto de Barcelona en 1931 hu bo varias luchas intersindicales entre la UGT y la CNT. Es importante des tacar la más dura entre ellas, la violenta huelga de la cons-42. Solidaridad Obrera, 11, 16, 18 de noviembre de 1933; Tierra y Libertad, 24 de noviembre de 1933.
43. Adelante, 19, 30 de diciembre de 1933; La Revista Blanca, 28 de diciembre de 1933.
44. Santos Juliá, “La UGT de Madrid en los años treinta: un sindicalismo de gestión”, Reis: Revista española de investigaciones sociológicas, 20, 1982, pp. 121-154.
45. Véase Fernando Claudín, La crisis del movimiento comunista. De la Komintern al Kominform, Ruedo Ibérico, París, 1970.
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D E U N O C T U B R E A OT RO / C h r i s E a l h a m trucción que duró 4 meses en la primavera y verano de 1933, pues pone en clara evidencia lo conflictiva que era la relación entre ambos grupos.46
Cuando la central socialista optó inevitablemente por no secundar la huelga y apoyar a cambio la negociación dentro de los Jurados mixtos, los piquetes cenetistas empezaron a atacar a las patrullas de la Guardia Civil que escoltaban a los “esquiroles”, “social-fascistas” y “chaqueteros de la UGT” a las obras y, en cosa de unas semanas, siete ugetistas destacados murieron a tiros en Barcelona.47 En medio de un ambiente cada vez más conflictivo, El Socialista se convirtió a ojos de los anarcosindicalistas en el
“periódico de la policía”, el “órgano oficial” de la burguesía catalana. El entendimiento entre las grandes centrales sindicales se volvió imposible.48
La situación era igual de complicada con los socialistas catalanes de la Unió Socialista de Catalunya (USC),49 que compartía el poder con la Esquerra en la Generalitat desde el inicio de la República y que colaboró en varias iniciativas represoras como la repatriación de los parados y, con la Ley de Vagos y Maleantes, su detención en campos de concentración. Con un base entre los obreros más cualificados y con menos influencia entre el proletariado inmigrante, la USC compartía la perspectiva de la Esquerrra sobre una clase obrera desnaturalizada. Con el endurecimiento de relaciones entre la Confederación y la Generalitat, la USC incrementó sus críticas hacia el anarcosindicalismo, acusando a la CNT de ser un “sindicato de pistoleros y atracadores profesionales”, y describiendo a la FAI como un
“grupo delictivo” de “murcianos”, “delincuentes natos”, y los desechos del “lumpenproletariado”.50 En ocasiones, sus miembros empleaban un 46. Comercio y Navegación, mayo-agosto de 1933.
47. Comercio y Navegación, mayo-agosto de 1933; L’Opinió, 9 de julio de 1933; Sindicalismo, 14 de julio de 1933; Justicia Social, 15, 22 de julio, 4 de noviembre de 1933; La Vanguardia, 21 de julio de 1933.
48. Solidaridad Obrera, 9, 14, 23, 30 de julio, 6-14, 23 de agosto de 1931.
49. Rafael Alcaraz, La Unió Socialista de Catalunya, Edicions de la Magrana, Barcelona, 1987; Miquel Caminal, Joan Comorera. Catalanisme i Socialisme (1913-1936), Empúries, Barcelona, 1984, 2 vols.
50. Justicia Social, 22 de julio, 7, 14 de octubre, 11 de noviembre de 1933; A. Paz, Chumberas y alacranes, p. 113; La Veu de Catalunya, 27 de abril de 1934.
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discurso médico-biológico para denunciar al movimiento libertario, describiendo a la CNT y a la FAI como asociaciones de “infrahumanos” y
“degenerados”, “parásitos de los bajos fondos”, “vagos profesionales” y
“maleantes, ladrones y terroristas”, liderados por “indigentes” déclassé y una “minoría de aventureros de origen obrero”.51 También insinuaban que los anarquistas eran “anarcofascistas”, parte de una conspiración antirrepublicana más amplia con la extrema derecha o, como diría un inge-nioso, la “FAI-lange”.52 En un estilo marcadamente draconiano, la USC
aplaudió la ofensiva contra el anarquismo, declarando que “la primera tarea que debemos realizar es aniquilar la FAI y todos los faístas sin con-templaciones, por todos los medios, sin piedad y sin temor”.53 Por contra, los libertarios cuestionaban las credenciales antifascistas de un partido que, pese a criticar las medidas represivas “Nazis” en Alemania, no tenía escrú-pulos en defender la creación de campos de concentración para los parados en Cataluña y las medidas represivas contra la Confederación.54
En cuanto al Bloc Obrer i Camperol (BOC), se trataba de un pequeño partido comunista antiestalinista, el que quizás mejor comprendía la necesidad de unidad antifascista y el arquitecto y motor detrás de la táctica de la Alianza Obrera.55 A simple vista, las posibilidades de acuerdo de la CNT con el BOC tendrían que haber sido superiores al resto, dado que este grupo no había participado en el gobierno central o el autónomo, como los demás partidos ya mencionados. También sabemos que algunos militantes del BOC, varios de ellos antiguos y aguerridos cenetistas desde 51. La Victòria, 28 de mayo, 11 de junio, 31 de diciembre de 1932; La Vanguardia, 26
de abril, 29 de julio de 1934; L’Opinió, 26 de marzo, 5 de noviembre de 1933, 7 de marzo, 19 de abril, 1 de mayo, 15 de agosto de 1934; Justicia Social, 1 de agosto de 1931, 29 de abril, 22 de julio, 11 de noviembre de 1933; Cataluña Obrera, 26 de mayo, 9 de junio de 1933; La Publicitat, 18 de abril de 1934.
52. Aurora Bertrana, Memòries del 1935 fins al retorn a Catalunya, Pòrtic, Barcelona, 1975, p. 787.
53. Justicia Social, 16 de diciembre de 1933.
54. CNT, El Congreso Confederal de Zaragoza, p. 159.
55. Para el BOC, véase Andrew Durgan, BOC 1930-36: El Bloque Obrero y Campesino, Laertes, Barcelona, 1996.
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D E U N O C T U B R E A OT RO / C h r i s E a l h a m los años negros del pistolerismo, como Pere Bonet y Daniel Rebull, mantenían relaciones con la CNT; por ejemplo, durante los sucesos de octubre, fueron comunistas los que alertaron a los cenetistas sobre un supuesto plan de Dencàs y los escamots de abatirlos a tiros si salían a la calle.56 Pero el desencuentro entre la CNT y la Revolución Rusa a partir de 1922 volvió difíciles las relaciones entre los anarquistas y los comunistas dentro de la Confederación.57 Y esas relaciones empeoraron con la República. Si bien la reconstrucción de la CNT durante 1930-31 era una obra colectiva de anarcosindicalistas, anarquistas, y comunistas antiestalinistas,58 en el Pleno de la CNT catalana en Sabadell en abril de 1932, los libertarios más
“puros” consiguieron la expulsión de varios sindicatos simpatizantes del BOC por su herejía comunista, incluyendo a las Federaciones Locales de Girona, Lleida y Tarragona, así como un número de cenetistas de Barcelona, con todo el rencor y dolor que acarreaba una escisión de este tipo.59
El último grupo importante de la Aliança Obrera, los Sindicatos de oposición de la CNT y de la Federación Sindicalista Libertaria, formados por anarcosindicalistas y ex miembros de la Confederación, separados o expulsados por los anarquistas más radicales después de la publicación del manifiesto treintista, firmado por 30 cenetistas moderados en agosto de 1931 que criti-caban el rumbo insurreccional del movimiento.60 La escisión de la “familia 56. CNT, El Congreso Confederal de Zaragoza, pp. 160, 167. Para la versión de Dencàs, veáse Josep Dencàs, El 6 d’octubre des del Palau de Governació, Mediterrània, Barcelona, 1935.
57. Chris Ealham, “An Impossible Unity: Revolution, Reform and Counter-Revolution and the Spanish Left, 1917-23”, en Ángel Smith y Francisco Romero (comps.), The Agony of Spanish Liberalism: From Revolution to Dictatorship, 1913-23, Palgrave Macmillan, Ba -
sings toke, 2010.
58. Los comunistas “oficiales” formaban su fantasmagórico ‘Comité Nacional de Reconstrucción de la CNT, un juego de palabras cínico dado que era una táctica escisionista.
Sólo tuvo éxito en Sevilla, donde hubo una escisión en la CNT en el año 1929 (José María Macarro Vera, Sevilla la roja, Muñoz Moya y Montraventa, Brena, 1989, p. 24).
59. La Batalla, 25 de febrero, 3 de marzo, 7 de julio, 15 de septiembre de 1932.
60. Vega, El trentisme a Catalunya y de la misma autora, Entre revolució i reforma. La CNT a Catalunya (1930-1936), Pagès, Lleida, 2004.
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libertaria” fue muy amarga: los radicales acusaron de “agente de la policía”
al destacado treintista Joan Peiró y ex-secretario general de la CNT durante la Dictadura de Primo de Rivera, un hombre que había dedicado toda su vida a los sindicatos.61 Los treintistas siempre se mostraron mucho más abiertos a la unidad antifascista no sólo en Barcelona, donde eran minoritarios dentro del movimiento obrero, pero también en Valencia, donde la mayoría de la CNT apoyaba su línea.62 Pero los anarquistas radicales con influencia en la orientación de la Confederación, sobre todo en Cataluña, no perdonarían a los disidentes anarcosindicalistas, a los que llamaban “los treinta judas”,63 hasta después de octubre de 1934, como veremos más adelante.
Así que al considerar los diversos componentes de la Aliança Obrera, resulta obvio que los anarquistas radicales no tuvieron dificultad en presentar el proyecto como una alianza de los enemigos de la CNT en el movimiento obrero, o el “apéndice obrerista de la Esquerra”, en palabras de La Revista Blanca.64 Por razones sectarias y estratégicas, los líderes del ce-netistmo catalán, por ser mayoritarios dentro del movimiento obrero, no estaban interesados en una alianza con todos estos grupos minoritarios, pero públicamente era más fácil y factible criticar la Aliança como una coalición oportunista y anti-CNT, como lo explicaba un delegado catalán en el congreso confederal de Zaragoza en mayo de 1936, cuando sus compañeros le pidieron explicaciones sobre su orientación en 1934:
“En todos los mítines de Alianza, si bien se hablaba del fascismo nunca se protestó contra la persecución sañuda y criminal de que eran objeto los trabajadores de la Confederación. Y es que esta persecución convenía a la Alianza.”65
61. Tierra y Libertad, 1, 22 de abril de 1932; El Luchador, 5, 12, 19 de febrero, 8, 15 de abril de 1932; Solidaridad Obrera, 15 de marzo de 1932.
62. Richard Purkiss, “Anarchism and anarcho-syndicalism in the city and province of Valencia, 1918-1936”, tesis doctoral, Universidad de Lancaster, Reino Unido, 2010, capítulo 7.
63. Ricardo Sanz, Los treinta judas, La Protesta, Buenos Aires, 1933.
64. La Revista Blanca, 6 de octubre de 1934.
65. CNT, El Congreso Confederal de Zaragoza, p. 159.
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D E U N O C T U B R E A OT RO / C h r i s E a l h a m Además, si recordamos los vínculos entre la Esquerra y la Aliança Obrera catalana, podemos entender por qué a ojos de muchos cenetistas la protesta de octubre era poco más que un montaje de todos los enemigos declarados de la Confederación, igual o peor que la suerte que les esperaba con un gobierno de los radicales y la CEDA. De hecho, como ha explicado Antonio Elorza en uno de sus estudios sobre el anarquismo de los años 30:
“La definición de la etapa republicana como una fase de opresión y de frustración de las expectativas revolucionarias del pueblo permitía borrar de momento las diferencias entre los componentes distintos del espectro político.”66
Por eso, bajo el argumento que no había ninguna diferencia entre las distintas opciones electorales, y la sugerencia incluso de que el fascismo ya estaba en el poder, los radicales anarquistas asumieron un papel divisorio y ultraizquierdista, similar al del Partido Comunista de Alemania (KPD) antes del triunfo electoral de Hitler en 1933.67 Y como había hecho el KPD, los líderes catalanes de la CNT bloquearon la unidad antifascista, dirigiendo su furia contra lo que veían como el ‘fascismo’ de sus enemigos, ya fuesen treintistas, socialistas, republicanos o bloquistas, todos ellos considerados como simples variantes del mismo autoritarismo. A su vez, restaban importancia al peligro de la extrema derecha, sugiriendo que la quintaesencia del
‘espíritu libertario’ se interpondría en el camino del fascismo.68
66. Antonio Elorza, “Notas sobre cultura y revolución en el anarcosindicalismo”, en José Luis García Delgado (comp.), La II República española. Bienio rectificador y Frente Popular, 1934-1936. IV Coloquio de Segovia sobre Historia Contemporánea de España, dirigido por Manuel Tuñón de Lara, Siglo XXI, Madrid, 1988, p. 161.
67. Véase el estudio magistral, desgraciadamente no publicado en castellano, de Eve Ro-senhaft, Beating the Fascists? The German Communists and Political Violence 1929-1933, Cambridge University Press, Cambridge, 1983.
68. Solidaridad Obrera, 1, 10 de febrero, 1 de marzo, 22 de septiembre, 12, 15, 17 de octubre, 23 de noviembre de 1933; La Revista Blanca, 15 de noviembre de 1933.
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Teniendo en cuenta las relaciones con la Esquerra y los elementos de la Aliança Obrera que acabamos de describir, no es ninguna sorpresa que el manifiesto clandestino repartido por la CNT barcelonesa el 6 de octubre destacase su oposición ‘a todos los principios autoritarios’,69 mientras sus líderes insistiesen en que sólo intervendría en el movimento si la Aliança Obrera rompía abiertamente e inmediatamente con ‘el verdugo de nuestro Movimiento’ que gobernaba desde la Generalitat.70 Pero una cosa era secundar el movimiento protaganizado por la ERC y la Aliança Obrera y otra aprovechar la coyuntura de conflicto entre el gobierno central y la Generalitat para iniciar su propio movimiento callejero. Así, tras la orden de huelga general emitida por la Aliança Obrera el 5 de octubre, los militantes de la CNT salieron de la clandestinidad impuesta por la Generalitat con la intención de reorientar o cambiar el rumbo de la rebelión. El gobierno catalán y sus fuerzas policiales ya estaban preparados para tal even-tualidad e hicieron un gran esfuerzo para dificultar la irrupción de la CNT
en las calles. La noche anterior a la protesta, la policía catalana había organizado una redada contra destacados cenetistas, sobre todo ‘hombres de acción’ como, por ejemplo, Buenaventura Durruti.71 El día de la huelga general, la Generalitat confiscó Solidaridad Obrera. A raíz de esto, la CNT
catalana y la Federación local barcelonesa sacaron el manifiesto ya mencionado arriba en lo cual abogaron por:
“[una] accion fuerte y contundente...Acción del proletariado revolucionario, por cuenta propia y con decisiones propias. Reivindicación de nuestros principios libertarios, sin el menor contacto con las insti...

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