CAPÍTULO 1
Cómo poner tu libro en manos de un editor
Las ideas que se agolpaban en tu cabeza y en tu corazón han ido convirtiéndose poco a poco en palabras, frases, conceptos, expresiones e intenciones. Estas, a su vez, han ido dando forma a reflexiones, historias o aventuras que con mucho esfuerzo has conseguido plasmar en un papel. En estos momentos un manuscrito ocupa su espacio encima de la mesa del escritorio o en una de las miles de carpetas del disco duro de tu ordenador. No ha sido un trabajo sencillo, pero ahora que lo has terminado te sientes orgulloso de lo realizado, y lo que parecía que iba a ser el punto final a un proceso de creación (en muchos momentos para nada sencillo) se transforma en un punto y seguido cuando tienes que tomar una decisión acerca de lo que vas a hacer con ese montón de páginas.
Todos y cada uno de los que en alguna ocasión nos hemos sentado a escribir, aunque muchos se empeñen en negarlo, hemos tenido y tenemos la ilusión de ver esas palabras impresas en un buen libro. Con solapas, buena encuadernación, una portada impactante y, cómo no, nuestro nombre visible con letras bien grandes junto al título de nuestra creación. Ante la inevitable pregunta de qué hacer con el manuscrito que has creado, voy a darte una serie de consejos que espero sean de gran utilidad a la hora de enfrentarte con el temible momento de hacer llegar la obra a un agente o a un editor con el objetivo de que estos consideren su publicación.
Estos consejos son conclusiones a las que he ido llegando a través de años de relación con algunos de los editores más importantes de España, México y Estados Unidos. Si bien no se pueden considerar «dogmas de fe», sí es cierto que existe un consenso generalizado entre los profesionales del mundo de la edición sobre el mejor camino para que los autores, en concreto los noveles, se acerquen a este maravilloso mundo del libro.
Esta obra va a serte de utilidad desde el momento en que termines la tuya. No es un manual que te enseña a escribir un buen best seller, ni te ayudará a terminar esa «historia interminable» que lleva años en el cajón deseando que llegue la inspiración para concluir con un final apoteósico. Lo que este libro pretende es darte las herramientas adecuadas para acercarte al mundo editorial con esperanzas, al menos, de que la obra sea valorada por parte de las editoriales o los agentes adecuados.
Normas básicas para una buena presentación
Abrir el correo electrónico por la mañana y encontrar el buzón de entrada repleto con decenas de mails es una actividad de lo más normal del mundo. Muchos de estos correos son spam, pero otros no los quieres perder en medio de la vorágine de información que llega al ordenador. En una ocasión un editor me comentó que recibía una media de doscientos correos electrónicos diarios después de desechar el spam y todo lo que no tenía nada que ver con su trabajo, lo que provocaba varios días de retraso en la respuesta de la mayoría de esos correos.
La primera selección que hacía después de desechar el correo basura era la de los conocidos, clientes, compañeros de trabajo, familia y amigos. Después intentaba echar un vistazo rápido a todo lo que llegaba de personas a las que no conocía.
En total sumaban una media diaria de quince manuscritos o solicitudes de presentación de obras solo en su dirección, sin contar las que llegaban por otras vías o por medio de otras personas que trabajaban en la editorial. «¿Cuántas de estas obras valoras realmente?», le pregunté. Su respuesta fue clara: «Todas las que están bien presentadas tienen un punto a su favor».
Por lo tanto, la cuestión correcta a resolver ahora es: ¿cómo se presenta bien una obra a una editorial?
En primer lugar siguiendo los pasos que cada editorial tiene establecidos como adecuados para este proceso. Muchas editoriales hemos definido unos cauces para esas presentaciones, lo cual nos facilita mucho que podamos remitir lo que recibimos a las personas adecuadas dentro de nuestro equipo con la idea de valorar la obra recibida.
Lo que no puede faltar en esa presentación es:
a) Nota biográfica
Generalmente las editoriales reservamos una dirección (electrónica o postal) para que los autores que desean enviarnos sus obras puedan hacerlo. En algunas ocasiones es posible que tengas la oportunidad de hablar con una recepcionista o incluso con alguna persona del departamento de edición. Lo más probable es que la persona con la que has contactado o recibe el mail no será quien lea tu obra para valorarla. En cualquier caso, es prácticamente seguro que la persona que valore tu obra para decidir si se publicará tu manuscrito no te conozca. Por esta razón es importante que te presentes, porque es la oportunidad para que las casas editoriales sepan quién eres.
Mi recomendación es que envíes junto con tu obra una pequeña nota en la que expliques quién eres, qué has estudiado o a qué te dedicas, y qué te ha llevado a escribir el libro, todo esto en no más de un folio. Es muy importante que si has publicado anteriormente digas con quién y lo que has hecho, y si escribes en un blog, un periódico o en cualquier otro medio indícalo también.
Imagino que quien tiene un amigo que trabaja de médico le hace una llamada cuando tiene un problema para acceder a la solución del mismo por la vía rápida. Igual ocurre con el que tiene un amigo mecánico o electricista. Un tipo que escribe y tiene un amigo editor no es ninguna excepción. Por lo menos a mí me pasa: las personas que conozco me hacen llegar obras mediante vías «extraoficiales». No lo veo mal, pero tengo que confesarte una cosa: jamás leo nada de lo que me entregan ni de lo que llega al buzón de entrada de Ediciones Noufront si antes no ha pasado por el comité editor de nuestra editorial, y estoy seguro de que mis conocidos y amigos que me hacen llegar sus obras no conocen al comité. Este punto es importante, porque el tratar con «extraños» les da a sus obras un extra de objetividad que no concedemos a las personas a quienes apreciamos. También debes prestar atención respecto a quién das a leer tus libros. No deberías entregar una reflexión acerca de El apareamiento de los cangrejos de las playas de Madagascar a un periodista deportivo, porque seguramente su opinión no te ayudará demasiado. Pide además varias opiniones, es una costumbre que te ayudará a ser más realista con lo que has escrito. No nos engañemos: todos los autores consideran que su obra es buena, de otro modo no la mandarían a una editorial con la intención de que sea publicada. Pero estaremos de acuerdo en que no todo puede ser publicado. Hay unos requisitos que las editoriales van a demandar, y van a mirar con lupa si tu obra vale la pena, si posee calidad comercial, si comunica valores y principios, si aporta algo nuevo al mercado… En definitiva: si responde a los criterios de rentabilidad y prestigio que se establecieron.
b) Breve reseña
Consiste en el índice de la obra, con diez o doce líneas describiendo el contenido de cada capítulo, lo que es suficiente para que la persona que toma las decisiones sobre los manuscritos que se reciben en una editorial se haga una idea de qué trata la obra y determine quién la evaluará. Esta reseña no puede faltar en la presentación de tu obra. Es imposible que las editoriales se lean las obras completas que les llegan, por falta de tiempo y porque no todas las obras que llegan están en consonancia con la línea marcada por la editorial a la que has mandado tu obra.
Otro consejo: si has escrito una novela no te reserves la conclusión de la misma, te recomiendo que en la reseña cuentes, de forma resumida, la trama completa. Hace tiempo nos llegó una propuesta muy bien presentada, con una nota biográfica original, una reseña muy clara y bien estructurada, pero daba muy poca información acerca del contenido de la obra. Al hablar con la autora le comentamos que debería ser un poco más clara explicando la trama de su novela, a lo que nos respondió que no quería desvelar en una reseña los detalles de la historia, ni como concluía. Le expliqué que no podíamos pasar a la valoración de la novela sin esta información, y me sugirió que leyese las cuatrocientas páginas que la componían. Todavía la tengo en el bloque de «asuntos pendientes», porque no tengo tiempo de hacerlo ni puedo hacer que las personas del comité de edición lean algo que no ha pasado el primer filtro de calidad de nuestra editorial.
c) Obra
Bien redactada, sin faltas de ortografía y, si es posible, tras una lectura por parte de una persona de confianza y buen criterio que te haya ayudado a ver aquello que no veías y haya ofrecido una opinión sincera de lo que has preparado.
Cada editorial acostumbra a pedir las cosas de una manera determinada. Antes de enviar tu texto dedica un tiempo a examinar cómo lo piden, y aunque sé que a ti no tengo que decírtelo, utiliza color negro y una tipografía estándar, a no ser que haya una elección consciente de hacer otra cosa. No es fácil ni agradable leer una novela redactada en color rojo o verde, o con una fuente que imita la letra escrita.
La línea editorial
La mayoría de las editoriales con las que trabajo tienen una serie de pautas establecidas para regular la cantidad de manuscritos no solicitados. Este es el camino por el que una vez pasaron la gran mayoría de los autores que han conseguido publicar sus obras.
Tú has pasado semanas, meses, incluso años dando vueltas en tu cabeza a esa...