Han sido innumerables las páginas dedicadas a la Transición valenciana. Desde el ámbito del ensayo, del periodismo, de la politologia y de la sociologia se nos ha ofrecido el relato del periodo en clave identitaria; pero el presente libro no tiene el mismo objetivo, se trata de un libro de historia. El anticatalanismo ha demostrado ser una formidable arma política que ha dado mucho rédito a la derecha valenciana. En una coyuntura histórica como la transición a la democracia, logró aglutinar a amplios sectores sociales tradicionales -el franquismo sociológico-, vertebrando todo un movimiento social de base popular, integrista y reaccionario contra el cambio político liderado por la izquierda que había ganado las primeras elecciones democráticas en 1977, así como las legislativas y las municipales de 1979. El conflicto estalló por el papel activo que tuvieron en el campo de la reacción amplias capas sociales de extracción popular que lograron crear un clima de tensión y violencia que convulsionó la vida ciudadana, todo un 'kale borroka' contra los partidos políticos democráticos instigado desde las instituciones del tardofranquismo y el gobierno de la UCD. El objetivo es, pues, fundamentar en la historia las causas políticas y sociales del origen de ese conflicto.

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Anticatalanismo y transición política
Los orígenes del conflicto valenciano (1976-1982)
- 272 páginas
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Anticatalanismo y transición política
Los orígenes del conflicto valenciano (1976-1982)
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IV. «LAS IDEAS Y LOS HECHOS». EL CLIMA DE ENFRENTAMIENTO ENTRE VALENCIANOS*
A los hombres o bien se les gana con prebendas
o bien se les destruye.
o bien se les destruye.
NICOLÁS MAQUIAVELO (1469-1527)
En la sociología de Max Weber la lucha organizada por el poder político encuentra en el Estado su «concreción histórica más significativa».1 Y «el medio decisivo de la [lucha] política es la violencia», con sus propios medios y fines.2 Para Weber, el Estado moderno se define en función de los medios que utiliza. Y al Estado moderno es al que corresponde el mono-polio de la violencia legítima como medio de dominación dentro de un territorio, hecho que lo caracteriza política y jurídicamente.
El control del poder político pone al servicio de quienes lo detentan privilegios sociales y económicos, además de garantizar los instrumentos materiales e ideológicos para mantener el orden social existente. A ese fin, se encaminó la ejecutoria del Estado en el tránsito del franquismo a la actual democracia parlamentaria. El Estado hizo uso de todo el poder coercitivo institucional para controlar el proceso de reforma política que, desde la más pura razón maquiavélica, exigió una política con dos varas de medir: la fuerza del león y la astucia del zorro. Particularmente, en el País Valenciano la violencia tuvo una función de equilibrio de poderes: romper la hegemonía de la izquierda y que el gobierno de Suárez tomara la iniciativa política en un territorio adverso, donde la izquierda había ganado las primeras elecciones democráticas de 1977, y las generales y municipales de 1979.
Ahora bien, ¿cuál fue la naturaleza de la violencia que se dio en el marco general de la transición española? Funcionalmente observamos dos tipologías de violencia. En primer lugar, una violencia institucional, encomendada a los Cuerpos de Seguridad del Estado que detentan el uso legal y legítimo de la violencia para asegurar la paz social y el orden público.3 Bajo el tardofranquismo (1969-1975), la Policía Armada y la Guardia Civil reprimieron de raíz cualquier tipo de disidencia, haciendo un uso indiscriminado de la fuerza para hacer frente a las acometidas de la oposición política, tal y como correspondía a la naturaleza de un Estado que tenía en el Ejército la columna vertebral de su ordenamiento jurídico, el garante del orden público y de la unidad política de la nación.
Llegada la Transición, la naciente democracia española heredaba una Policía Armada y una Guardia Civil fuertemente militarizadas, inspiradas en los valores, la jerarquía y el corporativismo de un Ejército cuyo principal cometido, desde el Gobierno, había constituido la «lucha contra la subversión» (represión, asesinato y tortura de opositores); una institución ajena a los cambios que –desde principios de los sesenta– se habían ido produciendo en el seno de la sociedad española.
En segundo lugar, una violencia alegal (de carácter parapolicial y/o paramilitar), urdida y ejecutada en dependencias gubernamentales, con funcionarios responsables en la toma de decisiones que disponían de los recursos materiales y financieros del Estado (lo que se ha conocido como «fondo de reptiles»). En el País Valenciano, la violencia fue el resultado de una estrategia encaminada a crear un ambiente de hostilidad contra las nuevas instituciones democráticas y los partidos políticos de izquierdas. ¿Cómo? Haciendo uso de todos los medios al servicio del Estado para despertar el fantasma del anticatalanismo (la ira y el odio del pueblo) contra la izquierda y el nacionalismo con el fin de fracturar y destruir el bloque social democrático. ¿El objetivo? Que el partido del gobierno (la UCD) tomara la iniciativa política haciendo saltar por los aires el acceso a la autonomía del País Valenciano por la vía del art. 151 de la CE. ¿El coste? Dividir a los valencianos en dos bandos irreconciliables: catalanistas y anticatalanistas.
Esta estrategia no puede entenderse sin la intervención de individuos y grupos «incontrolados» de la ultraderecha valenciana que actuaron con total impunidad, con la cobertura operativa y financiera de las instituciones y la legalidad posfranquista, marcando el tempo político y amparados por toda una infantería de entidades, partidos políticos y organizaciones sociales como «fuerza de choque» que mantuvieron crispados los sectores sociales más tradicionales de la sociedad sembrando el desconcierto entre los partidos políticos democráticos, y sumiéndolos en una profunda crisis orgánica que acabó por socavar la hegemonía social de la izquierda y el nacionalismo. El final es conocido. Para el País Valenciano supuso toda una desfeta conocida como «la batalla de Valencia». Un conflicto del cual la sociedad valenciana parece no haberse resarcido.
4.1 LA IMPLEMENTACIÓN DE UNA POLÍTICA DE ESTADO: LA STRATEGIA DELLA TENSIONE
Los años setenta fueron años de profunda convulsión política en el sur europeo. 1974 es el año de la caída de la dictadura de los coroneles en Grecia y de la Revolución de los Claveles de Portugal. En Italia, una de las grandes potencias industriales del mundo, el principal partido de todo el arco parlamentario, el Partito Comunista d’Italia (PCI) –el partido comunista más potente de toda la Europa occidental–, se encontraba en condiciones de llegar al poder por vía democrática (en las elecciones generales de 1976 obtuvo el 34 % de los votos). El éxito de la política de los comunistas consistió en abrir el partido a la sociedad buscando un acuerdo entre las principales fuerzas políticas para formar una mayoría parlamentaria que procediera a la reforma de las instituciones, hacer frente a la crisis económica y contrarrestar la violencia de la extrema derecha y la extrema izquierda, evitando posibles tentaciones de autoritarismo. De hecho, il compromesso storico del PCI se fundamentaba en una política de Estado, de entendimiento entre comunistas y democratacristianos, a la vez que materializaba el giro copernicano dado por los comunistas italianos al emanciparse de la tutela soviética. En aquellos años, los principales partidos comunistas europeos –el italiano, el francés y el español– auspiciaron una política común de alcance europeo para llegar al poder respetando las reglas del parlamentarismo demoliberal. Esta política comunista paneuropea, inspirada en las tesis de Gramsci y conocida como «eurocomunismo» pasaba por la formación de una amplia alianza entre la clase trabajadora y los sectores más dinámicos de las clases medias y de la burguesía, alianza en la que a los comunistas les correspondía el papel de vanguardia. Por tanto, en aquellos años de Guerra Fría, «el peligro comunista» aparecía sobre el tablero político de la Europa occidental dispuesto a alcanzar el poder democráticamente. Representaba en Italia toda una amenaza directa, inminente, al poder de la mafia y de importantes sectores económicos y políticos del establishment italiano, fuertemente presionados por el Departamento de Estado americano.
La strategia della tensione, una estrategia organizada y racionalmente ejecutada, logró aquellos años crear un clima político de desestabilización mediante atentados (unos atribuidos a las Brigate Rosse, otros, a una extrema derecha que actuó con total impunidad en conexión con mandos policiales, militares y los servicios secretos italianos). Son estos los llamados anni di piombo. El objetivo consistió en generar un clima de desestabilización política y caos social que evitara el avance electoral del PCI y frustrara la estrategia comunista de acuerdos y alianzas con la democracia cristiana. En consecuencia, la atmósfera política italiana de aquella década acabó siendo irrespirable. La strategia della tensione tuvo sus momentos más dramáticos en el secuestro y posterior asesinato el 9 de mayo de 1978, del líder de la democracia cristiana Aldo Moro y el atentado de la estación de Bolonia el 2 de agosto de 1980.
4.1.1 La violencia política de la Transición española
Pero, a diferencia de la avanzada y democrática república italiana –un país perteneciente al Mercado Común, con una democracia consolidada surgida de la lucha antifascista–, en España el clima de terror y desestabilización de los años setenta se produjo en unos momentos en que el país empezaba a transitar de una larga dictadura a una democracia liberal-parlamentaria de corte europeo. Es lo que se conoce como la transición política. El resultado fueron unos convulsos años con altas cotas de violencia política que se saldaron –según recientes investigaciones– con 591 muertos y varios miles de heridos.4 De hecho, comparativamente, la Transición española fue la más sangrienta de Europa, siendo la nota dominante en las transiciones griega y portuguesa la práctica inexistencia de violencia política (pese a que el caso portugués fue un episodio revolucionario).5
Y es que la resistencia del franquismo más ultramontano fue enorme: «Después de Franco, las instituciones» vociferaban los franquistas más fanáticos en los últimos años de la dictadura. Son los que fueron conocidos como «el búnker» (núcleo de franquistas de «inquebrantable adhesión al espíritu del 18 de Julio» situados en puestos clave del Estado y compuesto por falangistas, procuradores en Cortes, militares, obispos y altos funcionarios de extrema derecha que se opusieron a la reforma política). El «búnker» fue el sector integrista en la salvaguarda de las esencias del régimen y en la defensa de los privilegios adquiridos con la dictadura. Así pues, una vez muerto Franco, a ese objetivo se encaminó poniendo todos los medios materiales, financieros y mediáticos a su alcance para desestabilizar el proceso de transición a la democracia. Los comandos «incontrolados» de Fuerza Nueva y de Guerrilleros de Cristo Rey, la presencia de neofascistas argentinos e italianos en España,6 y la implicación de los sindicatos verticales franquistas (con el apoyo operativo y la protección policial que les otorgó total impunidad), en un contexto de continuas huelgas obreras y manifestaciones proamnistía, lograron crear, mediante actos terroristas, un clima de violencia y terror que pudiera justificar una intervención militar y la vuelta al pasado franquista.7
Asimismo, a esa violencia de la extrema derecha hay que añadir la actividad terrorista de la organización vasca, Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y de los GRAPO (Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre). A la siniestra dialéctica de acción y reacción terrorista también se sumaron en...
Índice
- Cubierta
- Anteportada
- Portada
- Página de derechos de autor
- Dedicación
- Citación
- ÍNDICE
- PRÓLOGO
- INTRODUCCIÓN: Hacia una nueva visión de la transición valenciana
- Acrónimos/siglas
- I. LA TRANSICIÓN Y EL ESPÍRITU DE LA REFORMA POLÍTICA (1973-1976)
- II. ALGUNAS CUESTIONES PREVIAS A LA TRANSICIÓN VALENCIANA
- III. EL CARÁCTER INSURRECCIONAL DE UN PUEBLO: ANTICATALANISMO Y REACCIONARISMO
- IV. LAS IDEAS Y LOS HECHOS. EL CLIMA DE ENFRENTAMIENTO ENTRE VALENCIANOS
- EPÍLOGO
- CRONOLOGÍA DEL BLAVERISMO Y LA VIOLENCIA POLÍTICA
- FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
- ÍNDICE ONOMÁSTICO
Preguntas frecuentes
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