Filosofía y razón
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Filosofía y razón

Kant, 200 años

  1. 208 páginas
  2. Spanish
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Descripción del libro

La difusión de los conocimientos de la universitas, a veces demasiado restringidos a las paredes de las aulas de las facultades, es un objetivo prioritario y de interés de las instituciones académicas y culturales. En este sentido, los textos que se reúnen en este libro -procedentes del Congreso sobre Emmanuel Kant celebrado en el año 2004 en Valencia- permiten acercar el pensamiento del gran filósofo que siguió aquellas jornadas, desmintiendo la idea que restringe el interés por la filosofía a una minoría tan limitada como escasa. De este modo, desde la Universitat de València y el Museu Valencià de la Il·lustració i de la Modernitat (MuVIM), responsables de aquel Congreso, se apuesta por la difusión de las ideas kantianas y se invita a la reflexión y al debate sobre un pensador ilustrado que continúa siendo sugestivo para abordar no sólo las cuestiones estrictamente filosóficas, sino también para la fundamentación de problemas políticos tan actuales como la legitimación de la guerra, el cosmopolitismo o la construcción de estructuras de gobierno internacionales.

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Información

Año
2011
Edición
1
ISBN del libro electrónico
9788437086200
ROUSSEAU Y KANT: UNA RELACIÓN COMPLEJA
José Rubio-Carracedo
Universidad de Málaga
INTRODUCCIÓN
La relación Rousseau-Kant, planteada en el último tercio del siglo xix conjuntamente por estudiosos alemanes y franceses, ha provocado una amplísima bibliografía, en la que han participado también autores británicos e italianos,1 sin que hasta el momento se haya podido llegar a un acuerdo mínimo ni sobre el alcance preciso ni sobre la profundidad del influjo del ginebrino sobre Kant. A mi juicio, este desacuerdo se debe en parte a razones de enfoque y en parte a la ambigüedad del concepto de influencia. Para ciertos autores, como Philonenko y, en general, los británicos, el influjo se mide por las dependencias registradas y reconocidas por el segundo autor respecto del primero. Para los demás, en cambio, el concepto de influencia es mucho más amplio e indeterminado: incluye no sólo las ideas o teorías concretas, sino también la fuerza de inducción de nuevos horizontes mentales, la sugerencia de ideas y motivos que el autor influído puede desarrollar de un modo propio e independiente, pero que deben el impulso inicial y algunas orientaciones generales, al menos, al primero. De todos modos, resulta incomprensible la opinión de un experto reconocido como A. Philonenko quien no sólo niega tal relación, sino que presenta a Kant como el crítico incesante de Rousseau (1968), para pasar a afirmar que el influjo de Rousseau en Kant es «una fábula», una «pura invención» (1971) y concluir que lo que sucede es que Kant «deformó conscientemente» el pensamiento de Rousseau para acercarlo al suyo (1972).2
El segundo concepto de influjo me parece el adecuado, y no sólo para el caso Rousseau-Kant. De todos modos, existe una base sólida como punto de partida: a) se da un reconocimiento explícito de Kant sobre su deuda con Rousseau al menos en tres textos inequívocos; y b) existe un elenco exhaustivo y preciso, elaborado por J. Ferrari (1979, 293-294) sobre la edición de la Academia, de las referencias expresas de Kant a Rousseau que contabiliza 79 citas (en 16 casos con expresión explícita de la obra concreta de Rousseau y en otros 18 con alusiones implícitas, pero claras); a estas citas hay que añadir otras 29 registradas en obras todavía no incluídas en la edición de la Academia de las Ciencias de Berlín por aquella fecha (1979). Eso sí, el reconocimiento y las explicitaciones más claras se contienen en los escritos no destinados a la publicación, lo cual avala en cierto modo su veracidad. En las grandes obras de los años ochenta es citado en forma excesivamente sucinta y escasamente generosa, mientras que reaparece con fuerza en las obras de los noventa.
Dado que ya me he ocupado de la base documental y del debate producido en un trabajo de 1988 (Rubio-Carracedo, 1988, 29-74) y de las diferentes áreas de influencia en otro de 1989 (Rubio-Carracedo, 1989, 349-368) dedicaré este ensayo a tratar en profundidad algunas de las cuestiones más debatidas en la compleja relación Rousseau-Kant.
LA RECEPCIÓN DE ROUSSEAU POR KANT: ALCANCE Y PROFUNDIDAD DEL INFLUJO
Los tres pasajes más explícitos corresponden a Bemerkungen (Anotaciones) escritas mayoritariamente entre 1764-1765 en su ejemplar de Beobachtungen,3 que constituyen una larga reflexión sobre Rousseau a lo largo de unas doscientas páginas, en las que comenta diferentes ideas del ginebrino, en especial las expresadas en el Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres, La nueva Heloísa, Emilio y, en mucha menor medida, El contrato social. Como es sabido, se trata de la época en la que Kant cuestiona y revisa sus concepciones precedentes relativas a la moral y la antropología. Pues bien, una de las primeras dice así:
La primera impresión que un lector atento recibe de los escritos de Rousseau es que se encuentra ante una rara penetración de espíritu, un noble impulso de genio y un alma plena de sensibilidad en tal grado que jamás ningún escritor, en cualquier tiempo o país, puede haber poseído semejante conjunto de dones (AK 20 043 13).
El texto es elocuente por sí mismo. Kant tenía por entonces 40 años y había publicado ya ocho libros, por lo que no puede decirse que sea efecto de un deslumbramiento juvenil. Ciertamente es un influjo emocional (como subrayan los comentaristas británicos), pero también mental, como confirman los demás textos y la evolución del propio Kant. Por lo demás, el mismo regiomontano se muestra consciente y se pone en guardia:
El gusto entorpece la inteligencia. He de leer y releer a Rousseau hasta que la belleza de la expresión no me cautive; sólo entonces podré disponer de mi razón para juzgarle (AK 20 030 05).
Pese a su admiración genérica por el ginebrino, no deja de anotar su desconcierto ante algunas de sus opiniones tan singulares como paradójicas (AK 20 043 19). El eco de este impacto inicial se mantendrá activo en las diferentes modulaciones que se reflejan, sobre todo, en sus Reflexionen y en los borradores de lecciones, pero también en sus últimos escritos, por lo que se trata de un influjo intelectual a la vez persistente y renovado.
Ahora bien, ¿cuál fue la revelación principal que hizo Rousseau a Kant? Este mismo lo refiere con cierta solemnidad en el mismo escrito:
Soy por naturaleza un investigador. Siento toda la sed de conocimiento y la inquietud ávida de progresar en él, así como la satisfacción por cada conquista. Hubo un tiempo en que creí que sólo eso podría constituir el honor de la humanidad y desprecié al pueblo ignorante. Rousseau me abrió los ojos y me devolvió al camino recto. Ha desaparecido la ofuscación que daba origen a esa preferencia, aprendo a honrar a los hombres y me sentiría más inútil que el trabajador común si no creyera que mi tarea puede aportar a todas las demás un valor: el de promover los derechos de la humanidad (AK 20 044 12, s. m.).
Una confirmación preciosa nos la proporciona Herder, quien había sido discípulo de Kant por aquella época, en sus Cartas para la liberación de la humanidad, donde rememora la actitud del regiomontano en estos términos:
Con el mismo interés con que estudiaba a Leibniz, Wolff, Baumgartner, Crusius y Hume, con que escrutaba las leyes de la naturaleza en Newton, Kepler y los físicos, se aplicó a los escritos de Rousseau que acababan de aparecer, su Emilio y su Eloísa, como a todo descubrimiento científico que acabara de conocerse. Los ensalzaba y volvía una y otra vez a profundizar sin prejuicios en la naturaleza, así como en la dignidad moral del hombre (Carta 79).
Es probable que el énfasis de Rousseau sobre el primado de la conciencia y la oposición entre el ser natural y el ser civilizado evocase también en Kant la formación pietista que había recibido de sus padres. Pero el influjo intelectual va mucho más allá, como relata el propio Kant en un pasaje de las Bemerkungen donde no duda en atribuir a Rousseau el título de «Newton de la moral». Dice así:
Newton ha sido el primero en ver el orden y la regularidad, unidos a una gran simplicidad donde, ante él, no parecía haber más que desorden y multiplicidad mal combinada, pero tras él los cometas siguen su curso describiendo órbitas geométricas. Rousseau ha sido el primero en descubrir bajo la diversidad de formas convencionales la naturaleza del hombre en las profundidades en las que se ocultaba, así como la ley secreta por la que, gracias a sus observaciones, la providencia queda justificada. Hasta entonces la objeción de Alfonso y de Manes mantenía toda su validez. Tras Newton y Rousseau, Dios queda justificado y en adelante la doctrina de Pope queda como verdadera (AK 20 058 16).
El texto resulta nítido y corrobora la profundidad del influjo. Sólo un arraigado prejuicio puede permitir a Paton (1946) afirmar que el paralelismo Newton-Rousseau es engañoso porque el texto kantiano contiene algunas imprecisiones: la fijación de las órbitas de los cometas se deben a Kepler más bien que a Newton y resulta improcedente atar el dúo Newton-Rousseau al carro de su designio de teodicea popiana. Ello es cierto, aunque si Kant leyó la Carta a Voltaire bien pudo vincular a Rousseau con Pope, aunque en versión mucho moderada.4 Pero ello en nada oscurece la claridad con que Kant atribuye a Rousseau en el orden moral los mismos títulos y la misma metodología empírico-racional que a Newton en el orden natural.
El texto confirma, por lo demás, la perspicacia de Kant. En efecto, mientras que sus colegas ilustrados franceses malentendían sus propuestas (Voltaire, Diderot, D’Alembert) Kant fue el primero, en su lectura de Rousseau, en captar la unidad interna de su pensamiento pese a la contraposición aparente que hacía entre naturaleza y cultura-sociedad. Kant interpretó el intento de Rousseau como una investigación antropológico-social con derivaciones morales y políticas. El ginebrino se proponía conocer la naturaleza originaria del hombre oculta tras las peripecias histórico-sociales; trataba de desvelar, en definitiva, el hombre original y su destino propio bajo las brumas del proceso civilizatorio y la desigualdad social. Kant repite esta idea una y otra vez. Pero, eso sí, su acuerdo en la teoría no obsta a un desacuerdo en el método: «Rousseau procede sintéticamente y parte del hombre natural. Yo procede analíticamente y parto del hombre civilizado» (AK 20 014 15). Como apunta Ferrari (1979, 184), Kant alude a la distinción que acababa de establecer (Untersuchung..., 1764) entre el método de los matemáticos (que proceden sintéticamente por construcción de conceptos) y el de los filósofos (que han de atenerse a la experiencia). El mismo Rousseau había comparado en el segundo Discurso (Origen de la desigualdad...) su método constructivo con el de Buffon y Maupertuis en sus intentos de reconstruir los orígenes.
Es de notar que no fue Kant el único en Alemania en interesarse vivamente por Rousseau. Tenemos también a Lessing, Schiller, el mismo Herder (quien en su correspondencia a propósito de las Confesiones le evoca como «lucero de la mañana») o Basedow. Y el interés por Rousseau perdurará en el idealismo (Fichte, Hegel). Todavía Nietzsche evocará en su diatriba con el moralismo de Kant que a éste «le había picado también aquella tarántula moral que se llamó Rousseau» (Prólogo de Aurora). El influjo de Rousseau sobre Marx está sobradamente documentado; y, de hecho, Marx toma de su Rousseau la fórmula del anti-contrato o contrato histórico de vasallaje (Das Kapital, I, 8ª. sección, cap. 30). Sin duda influyó, desde luego, que los alemanes no considerasen al ginebrino un autor francés, sino suizo. Ello pudo facilitar su recepción. De hecho, las obras de Rousseau eran inmediatamente traducidas al alemán. Y es probable que el clima prerromántico que dominaba ya la cultura alemana en aquel momento potenciase el interés. Pero Kant fue, entre todos, quien mejor supo entender el designio de Rousseau; incluso en la teoría educativa, es superior a Basedow (Philanthropinum). Por todo ello resulta llamativo que el influjo de Rousseau sobre Kant no haya pasado a los manuales, al menos en España, en contraste con el de Hume, siendo el primero mucho más importante que el segundo.
LA FILOSOFíA MORAL DE...

Índice

  1. Portada
  2. Portada interior
  3. Créditos
  4. INTRODUCCIÓN, Manuel E. Vázquez & Romà de la Calle
  5. ANTAGONISMO EN LA HISTORIA. Isaac Álvarez
  6. EL DERECHO A LA GUERRA Y LA OBLIGACIÓN DE LA PAZ. Adela Cortina
  7. KANT. FUNDAMENTO Y ABISMO. Félix Duque
  8. EN TORNO AL CONCEPTO «DIALÉCTICA» EN KANT. Felipe Martínez Marzoa
  9. EL SENTIMIENTO DE LOS LÍMITES Y LO SUBLIME TECNOLÓGICO. José Luis Molinuevo
  10. KANT: TEORÍA DE LA ACCIÓN Y LIBERTAD. Ramón Rodríguez
  11. ROUSSEAU Y KANT: UNA RELACIÓN COMPLEJA. José Rubio-Carracedo
  12. IDENTIDAD OCULTA Y SUBJETIVIDAD EN EL PENSAMIENTO DE KANT. Sergio Sevilla
  13. EN TORNO A LA IDEA KANTIANA DE RAZÓN. Mercedes Torrevejano
  14. EL TIEMPO ABSOLUTO DEL HOMBRE. PENSAR LA HISTORIA POLÍTICA CON KANT. José Luis Villacañas

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