ESCENA II
Eufemia y Ángel.
eufemia Lo que has hecho, Ángel, créemelo, no tiene nombre. No tienes ambición; ¡no eres hombre!
ángel No, por lo visto, el que tú buscabas. ¡Tú sí que no eres..., digo, tú sí que eres mujer!
eufemia ¡Renunciar de esa manera a tu porvenir...!
ángel ¡No, a mi pasado, para conquistar nuestro porvenir!
eufemia Mira, Ángel: aún te queda tiempo de reparar lo hecho con un arranque vigoroso; hasta por higiene debías ponerte en cuerpo y alma al servicio de la causa de la libertad y del pueblo...
ángel Higiene..., libertad..., pueblo... ¡Cómo te gustan los logogrifos!
eufemia Lo que tú necesitas es distraerte. ¿Quieres que hagamos un viaje?
ángel [Aparte.] Me tiene por loco ya; no hay duda. [A ella.] No; ahora no debo salir de aquí, sino esperar los acontecimientos. ¡Quién sabe lo que hay debajo de mi renuncia...! ¡Esa dichosa revolución necesitará de una reacción que la consolide...!
eufemia Pero, Ángel, ¿qué quieres decir con eso?
ángel Me lo esperaba, porque te conozco. A ti ni el pueblo ni la libertad te quitan el sueño. Lo que quieres es que pasemos a la historia de cualquier modo que sea, y ni aun eso, sino figurar mientras vivas, influir, ser centro..., ¡la mujer deł amo...! ¡Tienes razón; acción, vida, energía..., vivir..., vivir..., vivir lo más posible!
eufemia ¡Pero hombre!
ángel Son transiciones del pobre loco... Ya sé que entre tú y tu Eusebio estáis tramando mi curación...
eufemia [Que al oír lo de «tu Eusebio» se ha levantado, indignada.] Ángel, te dejo. Te haces el loco para mortificarme con el desdén que siempre me has profesado por ser yo mujer y nada más que por eso. La esposa del genio debe ser una muñeca, ¿no es eso? Desahogas en mí tu soberbia herida... Represento a tus ojos la concesión que al instinto animal puede hacer tu espíritu privilegiado... Así sois los hombres...
ángel Pero, Eufemia...
eufemia Eufemia es tan persona como tú. Hace tiempo que me he convencido de que me tomas no de fin, sino de medio, como tú dirías. Para ti no hay más fin que tú mismo. Convéncete, Ángel, de que todo lo que sufres es un imenso orgullo, un orgullo masculino, un egoísmo monstruoso, que estás completamente encanallado en ese culto a ti mismo, que tanto combates en otros. Como vives lleno de ti mismo crees que en muriéndote tú se acaba el mundo, y la muerte significa para ti la nada...
ángel [Abatido.] ¡Calla, calla, por caridad! Calla y no hables de lo que no entiendes...
eufemia ¡Claro! Yo, pobre mujer, no entiendo de esas cosas. No puedo seguirte a las alturas. Mira lo que es haber casado el águila con la gallina...
ángel Calla, que me haces daño con tus...
eufemia ¡Es el cauterio!
ángel ¡Calla, y no me atormentes más, por Dios, Eufemia! Ven, ven y cúrame... ¡Sí, tienes razón en todo! Vamos, ven, abrázame..., no me tengas miedo... Vámonos de aquí al campo, a la soledad, y allí me mimarás como a un niño, a ver si logras devolverme la infancia...
eufemia Así..., así..., tomarme de instrumento...
ángel ¡Por Dios, Eufemia, ten piedad de mí!
eufemia [Rehaciéndose después de haberse enjugado una lágrima con disimulo.] ¿La has tenido tú de mí...? Conozco tus mañas; después de estas humillaciones y ternezas te levantas más tirano que antes. Me trajo, sí, me trajo a tu hogar un ensueño, y tú ¿qué has hecho? Te debe parecer muy grande renunciar a una reputación, despreciar una justa gloria... La quieres más exquisita... Quieres escondida ermita en que durante generaciones te rindan culto fervoroso a ti solo los iniciados, y no la pomposa fiesta de la muchedumbre en el gran tem...