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Miserias del poder
Los poderosos locales y el nuevo Estado franquista 1963-1951
- 446 páginas
- Spanish
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- Disponible en iOS y Android
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Miserias del poder
Los poderosos locales y el nuevo Estado franquista 1963-1951
Descripción del libro
"Miserias del poder" pretende contribuir a que el debate público sobre el franquismo incluya en su agenda no sólo el importantísimo problema de la represión sino también el del funcionamiento, e intereses, del poder o las actitudes políticas de sus apoyos sociales. Entender críticamente, y en toda su amplitud, la dictadura nos permitirá valorar su lugar en nuestra historia contemporánea y comprender las razones de su «olvido».
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Información
CAUDILLOS Y DEUDOS. CLIENTES DE UN PODER LOCAL FASCISTIZADO
Comprender la relación entre el Nuevo Estado y la sociedad y valorar la capacidad de penetración en esta pasa, ineludiblemente, por considerar cómo articuló la dictadura el poder local. La escala local es un espacio privilegiado para obtener respuestas a preguntas con una importancia radical como, por ejemplo, cuál fue la percepción que tuvieron sus súbditos acerca de la dominación franquista, así como los comportamientos que estos desarrollaron ante esta.1 Esta perspectiva trasciende el localismo o las historias locales que tan solo se limitan a constatar, acríticamente, tesis o evoluciones provenientes de los estudios generales. Lejos de construir un discurso propio, esta historiografía busca ejemplos locales que constaten lo ya dicho o defendido en los estudios de ámbito estatal. Nuestra pretensión es otra. En las páginas que siguen pretendemos recrear la configuración del poder de la dictadura de abajo hacia arriba.2
Conocer la realidad cotidiana del poder franquista en las ciudades y los pueblos del país pasa por responder a una serie de problemas: ¿Se produce un retorno al poder local de las viejas oligarquías desplazadas con la proclamación de la II República? ¿Qué papel representa el partido único en el ámbito local? ¿Asistimos al advenimiento de una nueva clase política que copa los cuadros intermedios del nuevo poder? ¿Hasta qué punto influyó la experiencia italiana, alemana o portuguesa en el franquismo?
La ya vasta literatura sobre el poder local franquista ha ofrecido diferentes respuestas a estas cuestiones pero, en líneas generales, estas se pueden agrupar en dos grandes tendencias: la rupturista –que contempla la configuración del poder local franquista como una variante más del poder local en los regímenes fascistas– y la continuista –que interpreta la dinámica política local en el franquismo como una adaptación de las oligarquías decimonónicas y sus redes clientelares a un neocaciquismo de Estado y partido único–.3
A continuación describiremos estas dos líneas de análisis del poder local durante la dictadura franquista. Más adelante narraremos el proceso de reconstrucción del poder local en la provincia de Almería. Para ello analizaremos este conflictivo proceso de abajo hacia arriba, desde los ayuntamientos de la provincia hasta el Gobierno Civil, pasando por la Diputación Provincial. Después realizaremos una lectura crítica de la lucha entre la Jefatura Provincial de FET-JONS y el Gobierno Civil. Esta lucha fue consecuencia de los múltiples conflictos existentes en los municipios. Tras comparar esta situación con la existente en otras provincias, estudiaremos el proceso de concentración de poder que se puso en marcha a raíz de la llegada a la provincia de Rodrigo Vivar Téllez. La política de unificación de cargos, llevada a cabo paulatinamente en todo el Estado, redujo hasta el límite la posibilidad de crítica al poder. Defenderemos que esta política, explicándola como un proceso, supuso la consolidación del caciquismo o, si se prefiere, del clientelismo. Esta tesis no niega la renovación producida en los cuadros políticos intermedios del franquismo, pero esta únicamente le confiere un carácter fascistizado a la dictadura.4 Definiremos el poder local franquista como un ejemplo paradigmático de poder local fascistizado, mostrando cómo las redes de poder de los notables y sus clientes se beneficiaron de la desmovilización social impuesta por la dictadura. El Nuevo Estado no redujo el poder de los notables, al contrario, facilitó un sistema en el que estos fueron capaces de satisfacer sus necesidades sin las interferencias de la opinión popular. La vida política de los años cuarenta estuvo presidida por los conflictos en penumbra de las diferentes redes sociales introducidas en la coalición reaccionaria en la que se sustentó el franquismo. Para entender qué redes copan el poder y cuáles no, será decisivo atender a la capacidad de estas para influir bien en la capital de la provincia –Gobierno Civil–, bien en Madrid –Jefatura del Estado y/o Ministerio de la Gobernación–.
EL PODER LOCAL FRANQUISTA, UN PODER FASCISTIZADO
Clásica es ya la tendencia historiográfica que interpreta el Estado franquista como uno más de los regímenes fascistas que surgieron en la Europa de entreguerras. A grandes rasgos, el argumento principal de los defensores de esta interpretación es que el franquismo, al igual que el fascismo o el nazismo, cumplió la misión histórica de contrarrestar los conflictos sociales que ponían en peligro el sistema capitalista en un momento de fuerte crisis. Esta misión, que determina una supuesta esencia del régimen, se llevó a cabo mediante un amplio despliegue represivo con un objetivo claro: el exterminio de los movimientos sociales políticos y culturales de corte reformista y revolucionario. Finalmente, y a fin de vertebrar la integración de la población en el Nuevo Estado, se crearon instituciones de control social y encuadramiento de clara inspiración fascista como la Sección Femenina, el Sindicato Vertical o el Frente de Juventudes.5
Esta interpretación tendrá un discurso propio a la hora de valorar la organización de los poderes locales. Martí Marín sostiene que el franquismo desarrolló una política totalmente novedosa con respecto a los poderes locales, adaptando las instituciones locales heredadas del sistema liberal decimonónico a un nuevo esquema que transformó radicalmente la naturaleza de estas. Se eliminó todo sentido representativo o democrático de dichas instituciones para sustituirlo por los principios de sumisión y jerarquía. El franquismo puso en marcha una política de centralización que erradicó la influencia de los notables locales de forma similar a la llevada a cabo por el fascismo italiano. Asimismo se promulgó una política de dependencia político-administrativa y económica de ayuntamientos y diputaciones con respecto a gobiernos civiles y Ministerio de la Gobernación que dejó a los primeros sin capacidad ejecutiva y pecuniaria para llevar adelante políticas propias. Pocos cambios supuso la aprobación de la Ley de Bases de Régimen Local en 1945, ya que la aplicación de la democracia orgánica en los consistorios nunca significó una verdadera formula electiva. Todas estas medidas, además, se llevaron a cabo con un personal político que había mostrado su fidelidad al régimen durante la Guerra Civil y que había ingresado en FET-JONS, un verdadero filtro depurador.6
Francisco Cobo y Teresa Ortega también defienden la idea del poder local franquista como un poder local fascista. Empero, en su opinión, es decisiva la extracción social del personal político que configura los nuevos ayuntamientos y diputaciones. La heterogénea composición de los nuevos poderes locales y la participación en estos del campesinado familiar resultan, a su juicio, decisivas para comparar el caso español con el italiano o el alemán, ya que en estos se ha comprobado el decisivo protagonismo de este sector social a la hora de apoyar las opciones antiliberales y antiparlamentarias surgidas en la posguerra mundial. Amplias capas de población campesina verían sus modos de vida amenazados con la implantación de la democracia y la legislación social que esta desarrolló en el campo. Como respuesta a la amenaza, estos sectores sociales pasarían a engrosar las filas de derechas fascistizadas que se sublevaron contra la República. El fracaso del golpe y la revolución social llevada a cabo en las zonas afectas a la República provocaron una profundización en esta movilización campesina que conformaría un segundo pacto contrarrevolucionario con el establishment y la burguesía urbana con el decreto de unificación de abril de 1937. Finalmente, con la victoria franquista, el pequeño campesinado pasaría a formar parte de los sectores afectos al régimen e ingresaría en las nuevas corporaciones locales franquistas.7
La existencia de una coalición contrarrevolucionaria que pretendía poner fin a los sistemas liberales e implantar un régimen autoritario en el que quedasen eliminados los partidos políticos y sindicatos, así como la libertad de expresión y cualquier formalidad parlamentaria, es el punto de partida desde el que Ángela Cenarro establece una comparación entre las políticas locales llevadas a cabo por el nazismo, el fascismo y el franquismo. En los tres regímenes se concedería una gran importancia a las instituciones locales a fin de conseguir su consolidación, ya que, a pesar de su centralismo, las instituciones locales eran claves para que las nuevas ideas arraigaran entre la población. Estas instituciones serían pobladas por un personal que acataba sin titubeos las directrices de los nuevos Estados, siendo un elemento común a los tres regímenes los conflictos entre las elites tradicionales y los recién llegados dirigentes fascistas. La resolución de estos conflictos fue variada y respondió a los diferentes contextos en los que se produjeron, pero en las tres dictaduras las soluciones propuestas a dicha problemática respondieron a un mismo plan: cumplir los objetivos fundamentales del régimen.8
Estas lecturas de la organización local del régimen franquista difieren de aquellas que subrayan las redes de relaciones clientelares como básicas para entender el funcionamiento de ayuntamientos y diputaciones. Esta interpretación resalta el papel del clientelismo como uno de los elementos estructurales en la historia del siglo XX español, y estima que este logró adaptarse a las diferentes situaciones económicas, políticas y sociales por las que ha pasado el proceso de modernización en España. Antonio Robles Egea, por ejemplo, opina que las redes clientelares tienden a adaptarse a las diferentes situaciones políticas, lo que provoca ciertas alteraciones en las relaciones entre patronos y clientes y, a la vez, una persistencia en ese tipo de contactos como clave explicativa de la política en los diferentes sistemas. Así, durante el pasado siglo XX, habríamos asistido al funcionamiento de tres modelos de estructuras clientelares: el cacicazgo clásico –propio de la Restauración–, el clientelismo de partidos y de Estado del bienestar –típico de la II República y de nuestra actual democracia– y, finalmente, el clientelismo de Estado y partido único que dominó durante el primorriverismo y el franquismo.9
Dentro de este esquema, lo característico del patronazgo de Estado y partido único sería el reparto de bienes, servicios públicos y puestos administrativos, que traería consigo el florecimiento de las dependencias vinculadas al estraperlo, a las subvenciones, concesiones y contrataciones, así como a las corruptelas en el mundo laboral, etc.
Al margen de las novedades que este esquema introdujo con respecto a la Restauración, se subraya que en las pequeñas localidades se mantuvieron los viejos y tradicionales mecanismos de control clientelar propios del caciquismo clásico, si bien estos se vieron acompañados de una fuerte carga de represión y control social. Se produjo, así, una cohabitación entre las viejas tradiciones de dominio y el nuevo modelo de clientelismo burocrático institucionalizado.10
Esta cohabitación y la propia reimplantación del caciquismo no se produjeron de manera suave y consensuada, sino que existieron fuertes tensiones tanto entre las diferentes facciones locales como entre los caciques y las tendencias modernizadoras que aglutinaban los sectores más radicales de FET-JONS. Sobre estas tensiones construye su discurso Antonio Cazorla, quien sostiene que el proceso de construcción del Estado franquista se produjo mediante la recuperación por parte de la dictadura de una parte significativa de las redes de patronazgo todavía vivas en amplias zonas del Estado. Esta recuperación entraría en franca contradicción con la propaganda de la dictadura y con el discurso de FET-JONS, que enarbolaría como bandera la lucha y el destierro de la vieja política y de sus representantes: los caciques. Se ponía, así, en entredicho la supuesta unidad de los miembros de la c...
Índice
- Cover
- Title Page
- Copyright
- Dedication
- Dedication
- ÍNDICE
- PRÓLOGO DE CONTINUIDADES Y RUPTURAS
- AGRADECIMIENTOS
- QUIS CUSTODIETIPSOS CUSTODIES?
- VIVIR LA CRUZADA EN EL INFIERNO LA QUINTA COLUMNA
- HIJOS SUBVERSIVOS, PADRES DE ORDEN. FALANGE: MUERTE Y RESURRECCIÓN
- CAUDILLOS Y DEUDOS CLIENTES DE UN PODER LOCAL FASCISTIZADO
- CONCLUSIONES
- ANEXOS
- FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
- ÍNDICES