Fabricación casera
eBook - ePub

Fabricación casera

  1. Spanish
  2. ePUB (apto para móviles)
  3. Disponible en iOS y Android
eBook - ePub

Fabricación casera

Descripción del libro

Una perturbadora historia adolescente de sexo y obsesión, el primero de los cuentos del deslumbrante Primer amor, últimos ritos, publicado por primera vez en 1980.

Preguntas frecuentes

Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción.
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Obtén más información aquí.
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
  • El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
  • Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Ambos planes están disponibles con un ciclo de facturación mensual, semestral o anual.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 1000 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Obtén más información aquí.
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información aquí.
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS o Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación.
Sí, puedes acceder a Fabricación casera de Ian McEwan en formato PDF o ePUB, así como a otros libros populares de Literatura y Literatura general. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.

Información

Año
2012
ISBN del libro electrónico
9788433933676
Categoría
Literatura
FABRICACIÓN CASERA
Parece que lo estoy viendo, nuestro cuarto de baño, demasiado estrecho, y Connie, con una toalla sobre los hombros, llorando sentada al borde de la bañera mientras yo lleno el lavabo de agua caliente y silbo –de excelente humor«Teddy Bear» de Elvis Presley; lo recuerdo, nunca me fue difícil recordar, pelusa de la colcha acanalada arremolinándose sobre la superficie del agua, pero sólo últimamente me he dado plena cuenta de que si éste fue el final de un determinado episodio, suponiendo que los episodios de la vida real tengan algún final, Raymond llenó, por así decirlo, el comienzo y la mitad; y si en los asuntos humanos no hay episodios, habría que insistir en que esta historia es sobre Raymond y no sobre la virginidad, el coito, el incesto y la masturbación. Empezaré, pues, por deciros que, debido a razones que no se aclararán hasta mucho más adelante –habréis de ser pacientes–, tiene gracia que fuera precisamente Raymond quien quisiera alertarme sobre mi virginidad. Raymond se me acercó un día en el parque de Finsbury y, conduciéndome hasta unos arbustos, se puso a doblar y reenderezar misteriosamente un dedo delante de mis narices, sin dejar de mirarme fijamente. Yo le miré, inexpresivo, tras lo cual doblé y estiré a mi vez el dedo y supe que estaba haciendo lo adecuado, porque Raymond sonrió abiertamente.
–¿Te das cuenta? –dijo–. ¡Te das cuenta! –Asentí, contagiado por su regocijo y en la esperanza de que me dejara solo para poder doblar y estirar el dedo y llegar por mis propios medios a desentrañar en lo posible su asombrosa alegoría digital. Raymond me asió por las solapas con inusitada intensidad.
–Bueno, ¿qué me cuentas? –bufó. Tratando de ganar tiempo, volví a doblar y estirar lentamente el índice, frío, seguro, de hecho tan frío y tan seguro que Raymond contuvo el aliento y se puso rígido siguiendo el movimiento. Me miré el dedo estirado.
–Depende –dije, mientras me preguntaba si habría de descubrir en el curso del día de qué estábamos hablando.
Raymond tenía por entonces quince años, uno más que yo, y aunque yo me consideraba intelectualmente superior –lo que me obligaba a simular que comprendía el significado de su dedo–, quien sabía cosas era Raymond, y era Raymond quien dirigía mi educación. Raymond me iniciaba en los secretos de la vida adulta, que él comprendía intuitivamente aunque nunca del todo. El mundo que me mostraba, con todos sus fascinantes detalles, secretos y pecados, ese mundo donde venía a ejercer la función de maestro fijo de ceremonias, nunca llegó a sentarle muy bien. Conocía ese mundo bastante bien, pero el mundo –por así decirlo– no lo conocía a él. Por ello, si Raymond conseguía cigarrillos, el que aprendía a tragarse el humo, hacer anillos y proteger la cerilla del viento con las manos como una estrella de cine era yo, mientras él se ahogaba y titubeaba; más adelante, cuando Raymond se hizo con un poco de marihuana, fui yo quien terminó por colocarse hasta la euforia, mientras Raymond confesaba –cosa que yo nunca hubiera hecho– no sentir nada. Igualmente, aunque era Raymond quien, gracias a su voz profunda e indicios de barba, nos abría las puertas de las películas de terror, después se pasaba la película tapándose las orejas y con los ojos cerrados. Algo realmente notable, dado que en un mes nos vimos veintidós películas de terror. Cuando Raymond robó una botella de whisky en un supermercado con el fin de introducirme en los secretos del alcohol, mi risita de borracho duró las mismas dos horas que sus ataques convulsivos de vómitos. Mis primeros pantalones largos habían pertenecido a Raymond, que me los había regalado cuando cumplí trece años. Instalados en Raymond se detenían, como toda su ropa, cuatro pulgadas por encima de los tobillos, se abultaban por las caderas, hacían bolsas por la ingle; y ahora, cual parábola de nuestra amistad, me quedaban como hechos a la medida, tan bien, tan cómodos de llevar que no me puse otros en un año. Todo ello sin olvidar las emociones del robo de tienda. La idea, tal como me la expuso Raymond, era...

Índice

  1. Portada
  2. FABRICACIÓN CASERA
  3. Créditos
  4. Notas