El bucle prodigioso
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El bucle prodigioso

Veinte años después de "Elogio y refutación del ingenio"

  1. 192 páginas
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El bucle prodigioso

Veinte años después de "Elogio y refutación del ingenio"

Descripción del libro

Hace veinte años, José Antonio Marina publicó su primer libro, Elogio y refutación del ingenio. Fue el comienzo de una copiosa producción filosófica, dispersa en temas y estilos. Sin embargo, Marina siempre ha afirmado la necesidad de elaborar un sistema filosófico, si no quiere uno perderse en una colección de fragmentos ingeniosos. Todo filósofo debe decir cómo sabe lo que dice que sabe, si quiere sobrepasar el nivel de la autobiografía. Marina ha presumido siempre de trabajar en un sistema de filosofía que partiría de la neurología y acabaría en la ética. María Teresa Rodríguez de Castro intenta en este libro hacer su cartografía para saber si esa pretensión es verdadera o es un mero espejismo, mientras que José Antonio Marina se ha encargado de hacer la biografía de esas ideas. El resultado es una teoría de la inteligencia que se crea a sí misma, que inventa sin parar, y que convierte la ficción en la esencia del ser humano. En eso consiste el bucle prodigioso. De él deriva nuestra grandeza y también nuestra precariedad.

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Información

Año
2012
ISBN de la versión impresa
9788433963499
ISBN del libro electrónico
9788433934116
Categoría
Filosofía

VI. EL BUCLE ENVOLVENTE: EL GRAN PROYECTO DE LA HUMANIDAD

Se enseñó a sí mismo el pensamiento alado y la furia constructora de ciudades.
SÓFOCLES, Antígona
Tesis número 28: El deseo de felicidad del ser humano le impulsa a resolver los problemas de la convivencia, lo que ha promovido la elaboración de sistemas normativos en todas las sociedades. Este mismo impulso le ha llevado a elaborar el proyecto de un uso racional de la inteligencia, un proyecto de liberación y un modelo de persona: el sujeto moral dotado de dignidad.
El bucle prodigioso, capaz de transfigurar las propiedades que tiene el ser humano dirigiéndolas mediante un proyecto, ha seleccionado tres grandes posibilidades humanas: el uso racional de la inteligencia, los procesos de liberación y la afirmación del sujeto moral. Un sujeto racional y libre, capaz de someterse a normas morales, se reconoce a sí mismo como agente moral, dotado de dignidad, no sólo responsable de sus actos, sino capaz de someter las normas sociales al tribunal de la propia conciencia.
MT: La novedad introducida en esta tesis es la aparición del «sujeto moral».
JAM: Es una creación del «bucle prodigioso». La cultura occidental ha cambiado el modo de considerar al ser humano. Durante la edad media, la noción importante fue la de persona. Un ser humano es persona porque posee el fundamento de sí mismo, se posee a sí mismo. En la edad moderna, adquirió más importancia la noción de «sujeto», que tiene un significado más gnoseológico. Es «mi» conciencia la realidad originaria. Hay un reflujo hacia el yo. La racionalidad y la liberación reflexionan sobre sí mismas y transforman la pasiva sujeción a normas sociales en un protagonismo aceptado que acabará convirtiéndose en un protagonismo legislador. Kant fue quien expuso programáticamente esta nueva formulación, pero el movimiento venía de lejos. La rama del cristianismo agustiniano que desemboca en el luteranismo, la vuelta hacia el sujeto a partir de la filosofía cartesiana, los movimientos sociales liberadores, la megalómana afirmación del yo del idealismo alemán, el individualismo de la sociedad contemporánea condujeron a este triunfo del sujeto. El súbdito se convierte en soberano.
MT: En La pasión del poder escribes: «Nacemos siendo sujetos –es decir, un centro de conciencia y actividad– pero éste no es un dato definitivo sino inicial. Del temperamento, la cultura y la propia biografía emerge el modo concreto de entenderse como sujeto. A este proceso lo llamamos “subjetivación”.» ¿Te refieres a esto?
JAM: Sí. El sentirse responsable de la propia vida, por ejemplo, fue una conquista tardía. En La lucha por la dignidad estudiamos la historia de la libertad de conciencia. En 1555 se firmó la Paz de Augsburgo y católicos y protestantes se ponen de acuerdo en que sea el rey quien decida la religión de sus súbditos. No se pensó que ésa era una decisión personal. Foucault en sus últimas obras, cuando dio el giro ético, habló mucho de los procesos de subjetivación. Acabó considerando que el núcleo de la filosofía era la ética, a la que definía precisamente como el modo de constituirse como sujeto. «El sujeto no es una sustancia. Es una forma y esa forma no es siempre la misma. Lo que interesa es precisamente la constitución histórica del sujeto en relación con el juego de la verdad. El sujeto se constituye a sí mismo en un proceso de subjetivación. «De la idea de que el sujeto no nos es dado, pienso que se deriva una consecuencia práctica: tenemos que crearnos a nosotros mismos como obra de arte
MT: ¿Pero esto es un suceso metafísico o psicológico?
JAM: Creo que es metafísico. Si tenemos que incluir dentro de la naturaleza humana la cultura como fuente de posibilidades realizadas que se convierten en propiedades (la racionalidad y la libertad, por ejemplo), hemos de reconocer que afecta a la propia naturaleza del ser humano. Zubiri propuso una solución parecida a la que propongo: «Además de las propiedades formales que emergen “naturalmente” de las sustancias que la componen, la sustantividad humana tiene otras cuya raíz no es una “emergencia” sino una “apropiación”: la apropiación de posibilidades. Esto es lo que entiendo por realidad moral. Lo moral es a su modo algo también físico» (Sobre el hombre, Alianza, Madrid 1986, pp. 343-345).
MT: Ponme un ejemplo.
JAM: No es lo mismo concebirse como imagen de Dios que como un simio evolucionado. No es lo mismo pensarse a partir del concepto de sexo que pensarse a partir del concepto de género. Cuando Göring dijo: «Yo no tengo conciencia, mi conciencia es el Führer», estaba proponiendo un modelo de subjetivación.
Tesis número 29: Todas las culturas se han enfrentado a nueve problemas universales: 1) el valor de la vida propia y de la ajena; 2) la relación entre el individuo y la tribu; 3) el poder y su administración; 4) los procedimientos para resolver conflictos de intereses; 5) los bienes, su producción, distribución y posesión; 6) el sexo, la procreación y la familia; 7) el cuidado de los enfermos, los débiles y los ancianos; 8) la relación con los extranjeros; 9) la relación con los dioses, la muerte y el más allá. La solución a estos problemas constituye la moral de esa cultura.
La especie humana es social y conflictiva. Eso quiere decir que no puede prescindir de la relación con los demás, pero que esa relación está siempre a punto de romperse. «Es un productor de caos, pero también es un creador de cultura y libertades. Al independizarse, los instintos, los deseos, los sistemas de recompensa y castigo, los desencadenantes, no responden a una lógica común. No se dan sólo los conflictos entre acercamiento y evitación, que sufren todos los animales, sino conflictos entre varios acercamientos y varias evitaciones simultáneas y dirigidas a varias cosas a la vez, en un juego a múltiples bandas, que se impone al sujeto y al mismo tiempo depende del sujeto. Hay un desconcierto provocado por la descomunal oferta de posibilidades que todo el mundo goza o sufre» (Las arquitecturas del deseo, p. 177). No es extraño, pues, que con habitantes tan inquietos todas las culturas hayan desarrollado procedimientos para conseguir una pacífica convivencia. Los animales grupales también lo han hecho, y tienen conductas ritualizadas para dirimir los enfrentamientos sin producir demasiados daños. Pero el ser humano carece de esos mecanismos de salvaguardia y provoca incesantemente acontecimientos trágicos. Por ello, las sociedades han inventado sistemas de frenado tratando de evitar estos dramáticos derrapes. «Hay razones para pensar que todas las sociedades humanas debieron de tener muy pronto sistemas normativos para organizar la convivencia y la colaboración, y también para poder resolver de forma adecuada los inevitables conflictos. Una vida tan precaria y amenazada no se podía permitir el lujo del individualismo» (La lucha por la dignidad, p. 19). Esos sistemas morales son, en principio, verdades privadas grupales, es decir, no se someten a ningún criterio de evaluación universalmente válido. Por eso, dan lugar a enfrentamientos. Lo que en una cultura es lícito, en otra puede considerarse criminal.
«En el origen de la moral y el derecho hallamos como motor inventivo un afán solucionador. Además, encontramos también un afán emancipador, reivindicativo, fácil de descubrir en la historia de los movimientos sociales. Una situación dolorosa o insatisfactoria provoca un movimiento de rebeldía contra el sufrimiento» (ibídem, p. 24). Existe un tercer dinamismo que se corresponde con el tercero de nuestros grandes deseos: la ampliación de posibilidades, el deseo de elevarse, de ennoblecerse. Con este deseo enlaza la obra de grandes genios morales: Buda, Confucio, Moisés, los profetas, Sócrates, Jesús, Mahoma, etc., lo que Bergson llamó «moral abierta». Propusieron un modelo de vida que sedujo y sigue seduciendo a millones de personas.
Los sistemas morales son, ante todo, un conjunto de soluciones. De la misma manera que las explicaciones sobre la realidad física sufren un periodo de prueba, crítica y corrección, también las morales cambian. Lo hacen unas veces porque dentro de la sociedad aparece un movimiento crítico acerca de las normas, del fundamento de las normas o de los celadores del orden. Otras veces, los cambios sociales y culturales plantean problemas que la anterior moral es incapaz de resolver. Así nos está ocurriendo con los adelantos en bioingeniería. Por último, el contacto con otras morales, con otras culturas, socava la confianza en la infalibilidad de la propia.
Al estudiar las diferentes culturas podemos percatarnos de que los problemas son los mismos, pero que el modo de resolverlos es diferente. Todas las sociedades han necesitado hacer música, pero la música oriental es muy distinta a la occidental. Todas las sociedades han inventado religiones, pero hay cientos de propuestas. Con los sistemas normativos sucede igual. Al agrupar los problemas fundamentales, al concebir la moral como un sistema de respuestas a cuestiones relacionadas, se ve con claridad que las soluciones tienen que ser coherentes, es decir, sistemáticas, porque una moral no funcionaría si las normas que resuelven un problema agravasen los otros. Una fundamentación práctica de la ética puede lograrse evaluando las soluciones que las morales dan a esos problemas, para comprobar así la fortaleza de sus evidencias, su capacidad o incapacidad para resolverlos.
MT: Hemos llegado a la moral al final de un largo recorrido que comenzó definiendo la inteligencia como la facultad de dirigir bien la conducta. Has dicho muchas veces que consideras que la ética es la gran creación de la inteligencia humana. ¿Por qué?
JAM: Por la universalidad, complejidad e importancia de los problemas con que tiene que enfrentarse: conseguir la felicidad subjetiva y la felicidad objetiva. La creación del orbe ético, la decisión de abandonar la selva, siempre tan próxima, es el gran relato de la especie humana. Todo lo demás son narraciones secundarias. Como hemos contado, somos esa historia, porque en ella estamos constituyendo nuestra esencia. Además, me parece un relato emocionante, porque la inteligencia humana ha formulado una gran solución, adecuada a la grandeza del proyecto. Lo veremos en esta conversación.
MT: Las morales son fruto de la inteligencia social.
JAM: En efecto. La génesis de una moral concreta se compara a veces con la evolución biológica porque se supone que es un proceso orientado a un fin, pero sin conciencia de fin. Se mejora por acomodación y tanteo. Hayek, por ejemplo, ha insistido en considerar la formación de las morales como un proceso irracional. La arrogancia fatal consiste en creer que el hombre puede racionalmente diseñar su propio destino. Le falta, entre otras cosas, capacidad para manejar suficiente información. La evolución social –incluida la moral– ha de producirse por la espontánea colaboración de infinitos agentes que van resolviendo como pueden sus problemas. Esto es verdad, pero olvida que hay también un pensamiento más reflexivo y crítico que intenta promover soluciones más generales, y también rangos diferentes de influencias, y, por último, gigantescas personalidades que han tenido un influjo descomunal. Aquí surge la necesidad de una «teoría crítica de la inteligencia social y de sus creaciones culturales». Seguimos normas que se han gestado a lo largo de los siglos para resolver esos problemas pero de las que desconocemos cómo se han formado. Pertenecemos a tradiciones que no hemos elegido y de las que tal vez deberíamos liberarnos, si no son buenas. El genial Giambattista Vico lo dijo hace siglos: «homo non i...

Índice

  1. Portada
  2. Prólogo corto. Por qué este libro debería titularse «Anatomía del elefante»
  3. Prólogo largo y conversación sobre el estilo
  4. Introducción
  5. I. La inteligencia humana
  6. II. Nueva aparición del bucle prodigioso
  7. III. El ejemplo perfecto de bucle prodigioso: el lenguaje
  8. IV. En busca de una definición de inteligencia
  9. V. Otro alarde del bucle prodigioso: la autonomía como deseo y la libertad como artificio
  10. VI. El bucle envolvente: el Gran Proyecto de la Humanidad
  11. VII. Ramificaciones del bucle prodigioso
  12. Epílogo de José Antonio Marina
  13. Bibliografía de José Antonio Marina
  14. Créditos