LA MÁQUINA DE FOLLAR
hacía mucho calor aquella noche en el bar de Tony. ni siquiera pensaba en follar. sólo en beber cerveza fresca. Tony nos puso un par para mí y para Mike el Indio, y Mike sacó el dinero. le dejé pagar la primera ronda. Tony lo echó en la caja registradora, aburrido, y miró alrededor... había otros cinco o seis mirando sus cervezas. imbéciles. así que Tony se sentó con nosotros.
–¿qué hay de nuevo, Tony? –pregunté.
–es una mierda –dijo Tony.
–no hay nada nuevo.
–mierda –dijo Tony.
–ay, mierda –dijo Mike el Indio.
bebimos las cervezas.
–¿qué piensas tú de la Luna? –pregunté a Tony.
–mierda –dijo Tony.
–sí –dijo Mike el Indio–, el que es un carapijo en la Tierra es un carapijo en la Luna, qué más da.
–dicen que probablemente no haya vida en Marte –comenté.
–¿y qué coño importa? –preguntó Tony.
–ay, mierda –dije–. dos cervezas más.
Tony las trajo, luego volvió a la caja con su dinero. lo guardó. volvió.
–mierda, vaya calor. me gustaría estar más muerto que los antiguos.
–¿adónde crees tú que van los hombres cuando mueren, Tony?
–¿y qué coño importa?
–¿tú no crees en el Espíritu Humano?
–¡eso son cuentos!
–¿y qué piensas del Che, de Juana de Arco, de Billy el Niño y de todos ésos?
–cuentos, cuentos.
bebimos las cervezas pensando en esto.
–bueno –dije–, voy a echar una meada.
fui al retrete y allí, como siempre, estaba Petey el Búho.
la saqué y empecé a mear.
–vaya polla más pequeña tienes –me dijo.
–cuando meo y cuando medito sí. pero soy lo que tú llamas un tipo elástico. cuando llega el momento, cada milímetro de ahora se convierte en seis.
–hombre, eso está muy bien, si es que no me engañas. porque ahí veo por lo menos cinco centímetros.
–es sólo el capullo.
–te doy un dólar si me dejas chupártela.
–no es mucho.
–eso es más del capullo. seguro que no tienes más que eso.
–vete a la mierda, Petey.
–ya volverás cuando no te quede dinero para cerveza.
volví a mi asiento.
–dos cervezas más –pedí.
Tony hizo la operación habitual. luego volvió.
–vaya calor, voy a volverme loco –dijo.
–el calor te hace comprender precisamente cuál es tu verdadero yo –le expliqué a Tony.
–¡corta ya! ¿me estás llamando loco?
–la mayoría lo estamos. pero permanece en secreto.
–sí, claro, suponiendo que tengas razón en esa chorrada, dime, ¿cuántos hombres cuerdos hay en la tierra? ¿hay alguno?
–unos cuantos.
–¿cuántos?
–¿de todos los millones que existen?
–sí. sí.
–bueno, yo diría que cinco o seis.
–¿cinco o seis? –dijo Mike el Indio–. ¡hombre, no jodas!
–¿cómo sabes que estoy loco? di –dijo Tony–. ¿cómo podemos funcionar si estamos locos?
–bueno, dado que estamos todos locos, hay sólo unos cuantos para controlarnos, demasiado pocos, así que nos dejan andar por ahí con nuestras locuras. de momento, es todo lo que pueden hacer. yo en tiempos creía que los cuerdos podrían encontrar algún sitio donde vivir en el espacio exterior mientras nos destruían. pero ahora sé que también los locos controlan el espacio.
–¿cómo lo sabes?
–porque ya plantaron la bandera norteamericana en la luna.
–¿y si los rusos hubieran plantado una bandera rusa en la luna?
–sería lo mismo –dije.
–¿entonces tú eres imparcial? –preguntó Tony.
–soy imparcial con todos los tipos de locura.
silencio. seguimos bebiendo. Tony también; empezó a servirse whisky con agua. podía; era el dueño.
–coño, qué calor hace –dijo Tony.
–mierda, sí –dijo Mike el Indio.
entonces Tony empezó a hablar.
–locura –dijo–. ¿y si os dijera que ahora mismo está pasando algo de auténtica locura?
–claro –dije.
–no, no, no... ¡quiero decir AQUÍ, en mi bar!
–¿sí?
–sí. algo tan loco que a veces me da miedo.
–explícame eso, Tony –dije, siempre dispuesto a escuchar los cuentos de los otros.
Tony se acercó más.
–conozco a un tío que ha hecho una máquina de follar. no esas chorradas de las revistas de tías. esas cosas que se ven en los anuncios. botellas de agua caliente con coños de carne de buey cambiables, todas esas chorradas. este tipo lo ha conseguido de veras. es un científico alemán, lo cogimos nosotros, quiero decir nuestro gobierno, antes de que pudieran agarrarlo los rusos. no lo contéis por ahí.
–claro hombre, no te preocupes...
–Von Brashlitz. el gobierno intentó hacerle trabajar en el ESPACIO. no hubo nada que hacer. es un tipo muy listo, pero no tiene en la cabeza más que esa MÁQUINA DE FOLLAR. al mismo tiempo, se considera una especie de artista, a veces dice que es Miguel Ángel... le dieron una pensión de quinientos dólares al mes para que pudiera seguir lo bastante vivo para no acabar en un manicomio. anduvieron vigilándole un tiempo, luego se aburrieron o se olvidaron de él, pero seguían mandándole los cheques, y de vez en cuando, una vez al mes o así, iba un agente y hablaba con él diez o veinte minutos, mandaba un informe diciendo que aún seguía loco y listo. así que él andaba por ahí de un sitio a otro, con su gran baúl rojo hasta que, por fin, una noche llega aquí y empieza a beber. me cuenta que es sólo un viejo cansado, que necesita un lugar realmente tranquilo para hacer sus experimentos. y le escondí aquí. aquí vienen muchos locos, ya sabéis.
–sí –dije yo.
–luego, amigos, empezó a beber cada vez más, y acabó contándomelo. había hecho una mujer mecánica que podía darle a un hombre más gusto que ninguna mujer real de toda la historia... además sin támpax, ni mierdas, ni discusiones.
–llevo toda la vida buscando una mujer así –dije yo.
Tony se echó a reír.
–y quién no. yo creía que estaba chiflado, claro, hasta que una noche después de cerrar subí con él y sacó la MÁQUINA DE FOLLAR del baúl rojo.
–¿y?
–fue como ir al cielo antes de morir.
–déjame que imagine el resto –le pedí.
–imagina.
–Von Brashlitz y su MÁQUINA DE FOLLAR están en este momento arriba, en esta misma casa.
–eso es –dijo Tony.
–¿cuánto?
–veinte billetes por sesión.
–¿veinte billetes por follarse una máquina?
–ese tipo ha superado a lo que nos creó, fuese lo que fuese. ya lo verás.
–Petey el Búho me la chupa y me da un dólar.
–Petey el Búho no está mal, pero no es un invento que supere a los dioses.
le di mis veinte.
–te advierto, Tony, que si se trata de una chifladura del calor, perderás a tu mejor cliente.
–como dijiste antes, todos estamos locos de todas formas. puedes subir.
–de acuerdo –dije.
–vale –dijo Mike el Indio–. aquí están mis veinte.
–os advierto que yo sólo me llevo el cincuenta por ciento. el resto es para Von Brashlitz. quinientos de pensión no es mucho con la inflación y los impuestos, y Von B. bebe cerveza como un loco.
–de acuerdo –dije–. ya tienes los cuarenta. ¿dónde está esa inmortal MÁQUINA DE FOL...