Durante años circularon rumores sobre la existencia de unas cintas que contenían las conversaciones de Orson Welles con el joven cineasta Henry Jaglom mientras almorzaban. Las grabaciones no eran una mera leyenda, existían y se habían registrado entre 1983 y 1985, al final de la vida del legendario cineasta, pero pasaron años acumulando polvo en un garaje. Ahora ven por fin la luz editadas por Peter Biskind. Son un documento excepcional, en el que el enfant terrible de Hollywood, el genio postergado que sobrevive con lo que gana como actor, habla a calzón quitado de cine –considera a Hitchcock sobrevalorado, no soporta las películas «terapéuticas» de Woody Allen–, de literatura y de política. Welles rememora su propia carrera –la recepción de Ciudadano Kane, su participación en El tercer hombre...– y a las personalidades del viejo Hollywood a las que conoció. Y así, aparecen el ego de Laurence Olivier, la ropa interior de Dolores del Río, Bogart refunfuñando sobre Casablanca, Katharine Hepburn hablando de sexo, Charles Laughton angustiado por su homosexualidad, Charles Chaplin, Rita Hayworth, Marlene Dietrich...

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Mis almuerzos con Orson Welles
Conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles
- 352 páginas
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Mis almuerzos con Orson Welles
Conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles
Descripción del libro
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Información
Editorial
Editorial AnagramaAño
2015ISBN de la versión impresa
9788433926081
ISBN del libro electrónico
9788433936073
Categoría
Artes escénicasSegunda parte
1984-1985

Welles y Jaglom en Alguien a quien amar, la última aparición de Orson Welles en el cine.
1984
15. «EL ÚNICO MOMENTO EN QUE HE SIDO UNA AUTÉNTICA ESTRELLA.»
Donde Orson recuerda que el director Carol Reed le quería para interpretar El tercer hombre, reflexiona sobre la carrera de Joseph Cotten y se pregunta a qué viene tanto entusiasmo por Alfred Hitchcock.
ORSON WELLES: ¿Ya estás comiendo? Tienes la boca llena, es una visión de lo más asquerosa.
HENRY JAGLOM: ¿Qué tal estás? Llegas tarde. Por eso he pedido ya.
OW: Estoy enfadado, por las cosas que pasan en mi casa. Ya sabes, esas tonterías que padecemos las personas que vivimos más de lo que deberíamos. Todas las noches tengo que ponerme un aparato en la pierna, y necesito ayuda para quitármelo. Estaban todos dormidos y yo solo no he podido quitarme el aparato. He tenido que luchar con todas mis fuerzas para sacarme el maldito artilugio. ¡Durante cuarenta minutos! Casi me quedo sin aire de la rabia que me ha entrado, una rabia sencilla, tranquila, doméstica.
HJ: Anoche estuve viendo El tercer hombre. Creo que Carol Reed no ha hecho ninguna película que esté a su altura.
OW: Pues yo creo que Larga es la noche se le acerca mucho.
HJ: Es una buena película, pero la interpretación de James Mason flojea un poco.
OW: Ya. A Carol, Mason no le gustaba demasiado. Me desaconsejó que le contratase para una de mis películas. Me dijo: «Le faltan matices. En Larga es la noche me volvió loco. No llega. Tiene una tesitura algo limitada.» Y yo me fié, porque era un estupendo director de actores. Le encantaban los actores.
HJ: Cuanto más te fijas en la interpretación de Mason...
OW: ... menos te gusta.
HJ: El personaje de Harry Lime te sentaba como un guante.
OW: La película es buenísima. Alida Valli..., chico, era genial. Era austriaca, ¿lo sabías? Aunque pasó su infancia en Italia. Y empezó en el cine muy joven.
HJ: ¿Qué fue de ella?
OW: Era la estrella más rutilante de Europa. Famosísima en el periodo fascista, y en la guerra. En Roma. Luego, Selznick la contrató, y acabó con ella. La trajo a Estados Unidos, intentó hacer de ella una gran estrella. Quería convertirla en la nueva Ingrid Bergman y la metió en tres...
HJ: ¿Después de El tercer hombre?
OW: No. El tercer hombre lo rodó entremedias. A ella y a [Joseph] Cotten se los cedió a Alex Korda, el productor. Alex quería a dos actores norteamericanos famosos aparte de mí para vender la película, así que hizo un trato con Selznick: le dio los derechos de distribución en Estados Unidos. Pero es la única buena película de Alida en Estados Unidos. Las demás son infumables.
HJ: ¿Qué más hizo?
OW: Una espantosa película sobre juicios de Hitchcock, El proceso Paradine. Y otra cosa también infumable. Volvió a Europa y nadie quería contratarla. Decían: «Si fracasó en Hollywood, no puede ser buena.» Después se limitó a hacer apariciones especiales. Nunca debió venir a Estados Unidos.
HJ: Carol Reed no te había dirigido nunca. ¿Fuiste su primera opción?
OW: Sí. Selznick se negaba. Era un estúpido. Quería a Noël Coward. Noël le tenía muy impresionado, y yo no. Noël era un poco misterioso, y a mí no me soportaba.
HJ: Claro, porque le echabas a perder todos sus juegos.
OW: Alex se plantó, decía que ese papel tenía que ser para mí, y se plantó también con Gregg Toland. Yo cogí el Orient Express en Venecia –o en París, ya no me acuerdo– y llegué a la mañana siguiente a Viena, a eso de las ocho, con mi propio vestuario. Me llevaron directamente a la noria y a las nueve en punto ya habíamos terminado la escena. Luego estuvimos rodando otros seis días, cinco en Viena y uno en Londres. Carol rodaba con tres unidades simultáneamente, porque necesitaba una unidad para cada secuencia importante, y donde en la película salen cuatro manzanas de Viena de noche, hacía falta tener al menos otra unidad en otra parte de la ciudad. La tercera unidad rodaba en las alcantarillas. Por eso terminamos la película tan pronto.
HJ: Tú no apareces prácticamente hasta el final.
OW: No. Todos los personajes hablan de Harry Lime, pero yo no aparezco hasta el último rollo.
HJ: No, no, apareces antes.
OW: No, no salgo hasta el último rollo.
HJ: No.
OW: Aparezco una sola vez, pero no intervengo, en el rollo anterior. Estoy en sombras, y la luz me da de repente cuando abren una ventana. Jo Cotten ve el gato sentado en mi pie. Es la mejor introducción de un personaje que se haya visto jamás. La rodamos en Viena, pero no en la localización auténtica. Carol hizo construir un pequeño plató sólo para ese momento. Rodábamos una toma todos los d...
Índice
- PORTADA
- INTRODUCCIÓN: HENRY CONOCE A ORSON
- NOTA AL TEXTO
- PRIMERA PARTE. 1983
- SEGUNDA PARTE 1984-1985
- EPÍLOGO: LA ÚLTIMA RISA DE ORSON
- APÉNDICE
- NOTAS
- AGRADECIMIENTOS
- CRÉDITOS
- NOTAS DEL TRADUCTOR
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