«Tiempo perdido» (1881) es una recopilación de textos de Rosario de Acuña. Reúne los cuentos «Melchor, Gaspar y Baltasar» y «El primer día de libertad», los apuntes «Algo sobre la mujer» y el ensayo breve titulado «Los intermediarios».

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Tiempo perdido
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ClásicosLOS INTERMEDIARIOS.
(BOCETO.)
I.
Etimología de la palabra.
Viene de intermedio: intermedius, interjacens: aquello que se encuentra entre dos extremos opuestos; la parte media de una línea recta que no lo seria sin la precisa condicion de tener en su centro ese agente que liga su principio y su fin: hé aquí el intermediario. La historia de la geología, ó sea de la formacion de la tierra, nos le muestra alguna vez fósil en la escala animal ó vegetal, ligando especies extremas y desconocidas en la actualidad.
El intermediario es el preciso eslabon con que se une la existencia en sus múltiples trasformaciones; es una palabra que realiza todas las evoluciones de la naturaleza; su orígen es divino, suprimirla es suprimir á Dios; desde Él hasta nosotros, debe existir un intermediario; este es el espíritu, intermediario entre la divinidad y la materia, entre el alma y el cuerpo, entre la idea y la palabra, entre el Creador y la criatura: hé aquí el intermediario celeste.
En el mundo de los sentidos, el intermediario son los nervios; unen las manifestaciones del espíritu á los movimientos de la carne; hacen vibrar los gustos sensitivos bajo el impulso de la inteligencia, intermediaria del espíritu, intermediario de Dios; hénos ya con la cadena reconstruida desde los últimos eslabones, por medio de los intermediarios; en desapareciendo esos agentes de la unidad, desapareceria la armónica escala de la naturaleza; la significacion de esta palabra es, pues, tan sublime como la más precisa de las leyes que regulan la vida; hay que admitirla como necesaria, reverenciarla como divina, conservarla como reveladora; traduce todo un mundo de misterios; es el universo puesto en accion bajo el poder de las perfecciones armónicas de Dios; sin ella no pueden reconstruirse los principios de la vida, como no pueden adivinarse los fines del espíritu; esta palabra forma los sostenidos de la creacion; suprimiéndola, marcando rudamente con enérgicos trazos los contornos de la vida, desapareceria de entre nosotros el claro-oscuro de las obras de la naturaleza; el mundo del espíritu y el de la materia, serian vigorosos escorzos jamás suavizados por los tonos de las medias tintas; hénos aquí de frente con la necesidad imprescindible de los intermediarios, lo mismo en el mundo físico que en el mundo moral: pasemos á otro género de reflexiones sobre el asunto.
II.
Los intermediarios geológicos.
Son muchos y en múltiples formas, y sin embargo, no son bastantes á reconstruir con minuciosa perfeccion la escala de los séres.
Desde la piedra hasta el hombre, faltan infinidad de intermediarios, que los profundos estudios de los más hábiles geólogos no han podido descubrir, pero que no por esto se les niega la existencia.
Remontemos el pensamiento á los tiempos en que nuestro sistema planetario era una nebulosa, masa de luz fosforescente, rielando en la inmensidad de los espacios siderales; desde entonces hasta el momento que separados en órbitas gigantescas empezaron á girar los planetas al rededor del sol, existe un intermedio fabuloso de miriadas de siglos, intermedio que apenas concibe la mente y que nunca analizaron los sábios; hé aquí, en esos siglos, los primeros intermediarios que contribuyeron á la formacion de nuestro universo.
La tierra es un hecho; el enfriamiento de su corteza ígnea, la inmensa pérdida de su calor central, al girar en vertiginosa carrera por las soledades del Eter, modifican las condiciones de su naturaleza, crean su atmósfera y la disponen para recibir los primeros gérmenos de la vida; hénos ya en el período intermediario entre la potencia del Creador y el nacimiento de la criatura; ya estamos enfrente de las primeras manifestaciones de vitalidad desarrolladas en la frágil corteza de nuestro incandescente planeta.
El agua, condensándose en la atmósfera, cae en torrentes de fuego sobre la tierra, ofreciendo la cuna que sirve de orígen á los séres orgánicos; en este momento aparece el período de transicion, punto intermediario entre la nada y el todo, entre las tinieblas y la luz, entre la muerte y la vida.
La naturaleza se desarrolla exuberante sobre nuestro globo, mal enfriado todavía, llevando en su seno torrentes de lava y mares de fuego; bajo el calor externo del sol y el de sus entrañas, se forman los gigantescos bosques de helechos y de calamitos; aparece el reptil, así como en las aguas el zoofito y el pez; y el período hullifero marca su paso sobre la superficie de la tierra; hé aquí otro intermedio en el cual han de terminarse los más árduos problemas de la generacion espontánea.
La tierra se puebla de infinidad de séres; los peces y las aves, los reptiles y los mamíferos, los zoofitos y los insectos vagan por sus contornos, cruzando el mar, girando en el ambiente, arrastrándose en los pantanos, paciendo en las praderas, vegetando en las rocas, zumbando en los bosques; la creacion se realiza en sus maravillosos principios, y los tipos primitivos de los séres orgánicos aparecen sobre la superficie de nuestro globo con toda la salvaje rudeza de sus formas enérgicas y vigorosas; la tierra registra entonces otro período intermediario entre los orígenes de la vida y las modificaciones consecutivas á los medios en donde tiene que desarrollarse.
Pero el mundo está hecho; nada importa que parciales enfriamientos de su superficie trastornen las escalas botánicas y zoológicas; nada importa que la desviacion de su órbita primitiva empuje las aguas de los mares y deshaga en diluvio las nubes del cielo, sepultando en ondas cenagosas especies enteras; los orígenes de la vida, manifestados ya en la extension terráquea, subsistirán á pesar de tan espantosos, cataclismos, y los grandes misterios de la creacion tendrán ancho espacio donde realizar sus maravillas, en tanto que el calor del astro central reparta sus benéficos rayos por la superficie del planeta.
Pero aún no ha terminado la geología de manifestarnos sus intermediarios; en pos de los grandes períodos en que divide la formacion de la costra terrestre, vienen las divisiones zoológicas á iluminar con su brillante colorido la formacion de nuestra planetaria morada; la geología desciende hasta encontrar el humus, humildísima cuna de nuestras fecundas existencias, y desde aquel elemento orgánico parte, por grados ascendentes, hasta encontrarse con el mamífero cuadrumano, última manifestacion de la vida, con la cual cierra la geología sus hábiles descubrimientos. Del uno al otro extremo existen los intermediarios, y, por consecuencia lógica á la forma clasificadora de los períodos geológicos, entre esa extensa colectividad de intermediarios, entre el humus y el hombre, entre el gérmen y la criatura, entre la idea y la forma, existen, á manera de firmes pilares, especies tipos donde convergen las condiciones más opuestas, representadas por otra série de intermediarios. Del uno al otro reino, de la una á la otra especie, la transicion se verifica insensiblemente, por medio de séres cuyas cualidades alcanzan alguna parte de los extremos; subdividiendo esta segunda escala, encontraremos tambien tipos que concretan especies y familias, y entre ambos otra série de intermediarios, muchos de ellos perdidos con toda su descendencia en la oscura noche de los siglos pasados, y algunos, tales como el pterodactylo, presentándose en esqueleto fósil ante las escudriñadoras miradas del geólogo y mostrando en su gigantesco cuerpo de reptil, en su poderoso cuello y cabeza de pájaro y en sus vigorosas alas de murciélago, la mision intermediaria de su existencia, lazo de union entre el ave y el saurio, entre el cielo y el cieno, entre lo bello y lo feo, entre la luz y la sombra.
Por donde quiera que abra la geología sus páginas de piedra, se descubren vestigios del intermediario, y si á grandes distancias se pierden en las tinieblas esos escalones por donde la vida ascendia á su perfeccionamiento, en otros períodos está reconstruida con minuciosos detalles tan hábil evolucion, no habiendo género de duda al afirmar que existieron los intermediarios, hoy perdidos á pesar de las indagaciones de la ciencia, puesto que con una sola especie, con una sola familia, con un solo indivíduo en que aparezcan las cualidades distintivas de su mision intermedia, basta para asentar como ciertas las modificaciones ascendentes de la vida por transiciones lentas y múltiples.
III.
El intermediario de la especie humana.
A primera vista, y sin previo conocimiento de causa, á cualquiera se le ocurre que el intermediario de nuestra especie es el gorilla ó el mandril, y áun los que más avanzan suponen encontrarle en el cafre ó en el hotentote: no se puede negar, de una manera rotunda, que ambos grupos no forman una clase de intermediarios entre nuestra familia; pero el sitio que ocupan en la escala animal es anchísimo terreno donde se hallan diseminadas las cualidades distintivas de la humanidad, desde sus más toscos principios hasta los trazos rudimentarios de la más alta inteligencia; por lo tanto, no puede verse en esos grupos de monos y de salvajes otra cosa que el principio de una especie intermediaria, es cierto, de otras más toscas é inferiores, pero nunca el paso insensible y delicado al perfecto ser racional; entre el mono y el cafre han debido existir un sinnúmero de intermediarios, así como entre el cafre y el hombre existe una infinidad de los mismos, siendo casi seguro que entre el hombre y el angel existirán miles de especies intermedias; la dificultad de encontrar las perdidas entre el gorilla y el hotentote es insuperable; no se ha descubierto ningun ejemplar que las manifieste, y si fuera posible que así como en la extructura anatómica se encuentran analogías asombrosas, se hallasen afinidades en la moral, el paso medio estaria reconstruido; pero desgraciadamente el abismo no se llena, y el orgullo humano es una de las rémoras que entorpecen la aclaracion de tan árduo misterio: ya se ve, ¿cómo conceder sin violencia que nuestros abuelos descendian por línea recta de una pareja de mandriles...? ¡El salto es espantoso! Desde la divinidad al mono, desde el hombre hecho á imágen de Dios hasta el racional nacido del cuadrumano, la negacion es absoluta, aunque la evidencia geológica y anatómica sea un hecho consumado. A partir desde esa especie de intermediarios perdidos entre el mono y el hombre, ya no se reconoce ninguna gradacion en la escala de los racionales; todos son hombres; desde el hotentote hasta Miguel Angel, desde el cafre hasta Dante, desde el patagon hasta Sócrates, y sin embargo, la escala no está cerrada en una sola nota representada por el hombre; hay intermediarios que, partiendo del estado salvaje ó rudimentario, preparan suavemente, por medio de conatos de racionalidad, el ascenso á la suprema inteligencia del hombre.
Hé aquí la gran dificultad para los actuales moradores de nuestro mundo; buscar, encontrar, bajo las multiplicadísimas y variadas formas en que se presentan, á esos intermediarios de nuestra especie, verdaderos híbridos, que arrastran su organismo por las esferas de las más nebulosas constituciones, y no hay que buscarlos fuera de las divisiones de raza; nada de eso, el intermediario del negro no puede ser el malayo, como no puede ser el intermediario del blanco ni el esquimal ni el mogol: los intermediarios de las razas hay que buscarlos entre sus congéneres, y de aquí la inmensa dificultad de hallarlos, mucho más cuando los caractéres exteriores apenas si difieren, ante los ojos del más sagaz observador, de los rasgos característicos de sus semejantes. ¿Acaso la dificultad de encontrarlos demuestra que no existen? Nada de eso; existen, se ven, desprendiéndose de vanas preocupaciones; y aún más, se ven en asombroso número de ejemplares; estos séres pululan y se multiplican; para cada indivíduo de la especie humana que ostenta en su completo desarrollo las facultades racionales exclusivas del hombre, hay cien intermediarios que no poseen más que en estado rudimentario, en embrion, y permítasenos la frase, las condiciones del alma; no parece sino que á medida que la vida avanza hácia su perfeccionamiento, se hace más precisa esa preparacion paulatina hácia lo exacto, demostrada por los séres intermedios.
Sin duda en los crisoles donde se purifican los atributos del espíritu racional, tienen que verterse en grandes cantidades diferentes escorias, cuyas partículas invisibles sean aprovechables para la formacion del todo perfecto; sólo así, y despues de haber reconocido en el estudio del ayer la presencia ineludible de los intermediarios, es como se puede contemplar, sin movimiento de espanto, esa inmensa familia de séres que llena el vacío entre el irracional y el hombre, entre el instinto y la inteligencia.
IV.
Rasgos caracteristicos del intermediario de nuestra raza.
Este es el punto culminante de la cuestion. Una vez conocida la etimología y significacion de la palabra; una vez repasada la geología y expuestos en diferentes formas, condiciones y estados sus períodos intermedios; una vez asentada la imprescindible necesidad de su existencia, y por último, una vez encontrados vivientes los intermediarios del hombre, es necesario, si no se quiere que tal aserto pase á la categoría de fábula, probar en qué, cómo y cuándo se conocen esos célebres intermediarios del hombre. Asunto es difícil, porque hay que descender mucho: desde la tierra en estado ígneo hay que bajar hasta el gomoso de nuestra sociedad; desde el período de transicion tenemos que penetrar en el perfumado ambiente de un gabinete á lo Luis XV; desde el interior de los bosques de calamitas hay que encerrarse en las oficinas de algun Banco hipotecario sobre porcelanas del Japon; hay que sentarse en los escaños de un Congreso, en las butacas de un coliseo, en la trast...
Índice
- Tiempo perdido
- Copyright
- AL PÚBLICO.
- MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR.
- ALGO SOBRE LA MUJER.
- EL PRIMER DIA DE LIBERTAD.
- LOS INTERMEDIARIOS.
- Sobre Tiempo perdido
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