EL REY DE LA CASA
Habitación modesta en el sotabanco de una casa de los barr i os bajos: puertas practicables en las laterales; en el centro del foro se abre una ventana, también practicable, desde la cual se verán los tejados de las casas fronteras; el mobiliario propio de gente obrera; en el centro, mesa camilla, en la que habrá un cestito de labor, y próxima á la mesa, una cuna; sillas de paja, cómoda al fondo con floreros, retratos, etc.; sobre la misma, y colgada en la pared, una estampa con la imagen de la Virgen de los madrileños. La habitación iluminada por una lámpara de luz eléctrica, pendiente de un flexible.
ESCENA PRIMERA
soledad sentada en una silla baja junto á la cuna, y dándole el pecho al rorro. Cantando en tiempo de nana
Capullito de rosa,
paloma blanca,
que tu madre te vela
duerme, mi alma.
¡Ea! ¡Ea!... ¡Refraile, no tires, hijo, que soy tu madre!... ¡Ea! ¡Ea!...
Lucerito precioso,
rosa temprana,
duérmete, cielo mío,
rey de la casa.
Pero hijo, ¿qué más quieres si te estoy dando un cubierto de cuarenta riales, sin vino?... Como sigas así, vas á comerte un día hasta el forro de la chaqueta de tu padre. (Tratando de quitarle el pecho y simulando enfado. ) ¡Vaya! ¡No, señor! No hay postre... (Con mimo. ) ¡Uy, pobrecito, qué puchero pone! ¡Si no te regaño, rey de la casa!... (volviendo á darle de mamar. ) Chupa, hijo, chupa, hasta que vengan los de tu padre, que no vienen nunca... (Canta otra vez. ) ¡Camará qué apetito!... Pues sí que has venío al mundo con ganas de pelea... Cualquiera te va á mantener á ti por dos pesetas... (Transición. ) Ya se está durmiendo... (Meciéndole. ) ¡Ea! ¡Ea!... ¡Uy, qué cara más rica!... ¡Ya se ha dormío!... (se levanta con mucho cuidadito, tratando de no hacer ruido. ) ¡Demonio de botas!... (Echándole en la cuna con gran cuidado. ) ¡Ajajá! Ahora una mantita para que no tenga frío... (Se la tiende. ) Y Dios te dé un sueño feliz, lucero de tu madre. (Le da un beso. Se dirige á la mesa donde tiene la labor, que consistirá en pañales, mantillas y un gorrito. ) ¡Jesús, la labor que me queda!... Voy á ver si le acabo este gorrito... ¡Desgraciadas las que tengan siete lebreles!... ¡Ay, Virgen de la Paloma! ¿Tendré yo siete lebreles? ¡Ay, no: creo en Dios Padre Todopoderoso! (se santigua. ) ¡Qué miedo!... Y que en casa de los pobres, grandezas no habrá, pero lo que es críos... ¡Camará con los pobres!... ¡Ay, el Señor nos libre!... (Mirando hacia la cuna. ) Sigue durmiendo.
ESCENA II
soledad y salus (1)
Salus (Desde la puerta y gritando. ) ¿Se pué?...
Sol. ¡Chist!
Salus (Más bajo. ) ¿Que si se pué?...
Sol. (A media voz. ) ¡Que te calles, condená!
Salus (Lo mismo. ) ¿Qué pasa?
Sol. Que me despiertas al niño, ¡chist! (Le hace señas de que pase. )
Salus (A media voz. ) ¡Ay, hija, desde que eres mamá, paece tu casa la Armería Rial, que hay que entrar con papeleta!...
Sol. Pero, ¿tú sabes lo que es un hijo, creatura? Ahí tiés al mío que tié dos meses, y en él tengo puesto tóo mi amor: me mira con sus ojillos negros y parece que me quié decir... ¡qué sé yo lo que me quié decir! ¡la mar de cosas!... Dende que él ha venío al mundo mi casa es la gloria; hay alegría, mi marío es otro hombre, me entrega el jornal, no sale de casa. Una bendición, chica, una bendición. Y cuando mi niño se ríe, parece su risita un repicar á gloria. Créeme á mí, Salus: ten un chico y serás feliz... (Sigue cosiendo. )
Salus Pues, hija, aquí me tiés un año de casá, y Chamberí por Hortaleza. Y entavía él está indinao, y dice lo que tú; ¿que por qué no tenemos un chico?... ¡Un chico!!... ¡Como si yo tuviera la culpa, ya ves tú!... Hija, dende que vosotros habéis tenío descendencia, yo no sé lo que ocurre en mi casa que salimos á bronca por menuto: que si Antonio es un hombre feliz con la Sole, que si la Sole es una mujer de su casa y más relimpia que la nieve de la Sierra, ¡te digo que me tié frita!
Sol. Quizá tenga razón, mujer, porque tú eres buena, pero, hija, no sé qué te ha hecho el agua de Lozoya que no la camelas.
Salus Pero, eso es por la ruma que tengo; chica, qué hombre: que si la Soledá guisa, que si la Soledá cose, que si la Soledá va por fuera como el oro y por dentro como la plata...
Sol. Oye, tú, destrozona; eso de por dentro, dile á tu marío que matarilerilerile, que se lo habrán contao, porque él ni con telescopio.
Salus Mujer, es un símili. Ya ves, porque lleva el pantalón con un siete hace una semana, no sabes cómo me ha puesto, ya ves, por un simple siete. (Se sienta, adoptando una postura de holgazana. )
Sol. (Irónica. ) Chica, sí; no se lo cosas hasta que tenga tres ceros más. (Sigue cosiendo. )
Salus A lo mejor me paso dos días sin barrer, porque he tenío que ir á casa de mi madre, ú porque me he entretenío con la portera... pues ya tenemos función; que si soy esto, que si soy lo otro, que si no sé guisar... Rediós con el hombre, yo no sabré guisa...