Reactivar el sentido común
eBook - ePub

Reactivar el sentido común

Whitehead en tiempos de debacle y negacionismo

  1. 208 páginas
  2. Spanish
  3. ePUB (apto para móviles)
  4. Disponible en iOS y Android
eBook - ePub

Reactivar el sentido común

Whitehead en tiempos de debacle y negacionismo

Descripción del libro

Cuando el saber científico se impone en el día a día de la ciudadanía, hay que replantear el debate político sobre la ciencia. Isabelle Stengers se apoya en la filosofía de Alfred Whitehead (1861-1947) para encontrar el eslabón que unirá de nuevo ciencia y sociedad en confianza: el sentido común. ¿Qué tiene que ver el negacionismo actual con la filosofía del proceso de Whitehead? Stengers desarrolla múltiples argumentos que unen estos dos acontecimientos en esta obra erudita que está llamada a revolucionar la visión de la ciencia, recuperando «el menos común de todos los sentidos» que, por otro lado, también parece haber perdido parte de la sociedad. «La contribución esencial de Stengers es habernos devuelto la lección completa de los libros de Whitehead después de tres cuartos de siglo en que han permanecido abandonados». Bruno Latour

Cuenta con la confianza de 375,005 estudiantes

Acceso a más de 1 millón de títulos por un precio mensual asequible.

Estudia de forma más eficiente usando nuestras herramientas de estudio.

Información

Editorial
Ned Ediciones
Año
2022
ISBN de la versión impresa
9788418273315
ISBN del libro electrónico
9788418273537
Categoría
Antropología
Capítulo 1
La cuestión del sentido común
¿La filosofía frente a la ignorancia?
Los ciudadanos de Atenas no sabían que Sócrates los presentaría como aquello que por contraste permitiría justificar esa extraña aventura desde entonces llamada filosofía. Yo misma quedé sorprendida al ver que el filósofo radicalmente atípico Alfred North Whitehead hacía suya esa cita formidablemente típica sobre los orígenes:
«Sócrates pasó su vida analizando las presuposiciones corrientes del mundo de Atenas. Reconoció explícitamente que su filosofía era una actitud frente a la ignorancia».1, 2
Decidí darle a la sorpresa el poder de ponerme a trabajar. No es que sea una cita en sí misma notable, hay muchas así en los textos de Whitehead, y corresponde a cada lectura decidirse ante sus palabras, ya sea para desestimarlas, sonreír y pasar a la frase siguiente o bien para detenerse y dejarse intrigar.
Al inicio, cuando imaginaba a los ciudadanos de Atenas tomados de sorpresa por las extrañas preguntas de Sócrates, no pude evitar pensar en esos afiches que vi una vez en un pasillo del edificio de la Comisión Europea, donde se reunían los funcionarios encargados de los asuntos de «ciencia y sociedad». Esos afiches reproducían los resultados de encuestas de opinión sobre lo que piensan de «la ciencia» los ciudadanos europeos y que, por la absurdidad de las opiniones vertidas, parecían estar allí para recordarles la actitud que conviene tener cuando hay que tratar con un rebaño de inveterados ignorantes, a los cuales hay que hacer como si se los respetara, pero que ante todo hay que gestionar (por su propio bien, desde luego).
Los encuestadores, es sabido, cuentan con el hecho de que lo que llaman amablemente el «ciudadano promedio» acepta responder preguntas por las cuales no ha tenido la oportunidad de interesarse y no se pregunta a qué juego se lo está haciendo jugar. La actividad de los encuestadores depende de la debilidad de los otros para entramparlos inescrupulosamente, lo que hace de ellos unos simples estafadores. Sócrates, por supuesto, no era un estafador. Él se esforzaba en convencer a los ciudadanos que interpelaba de la ignorancia que atestiguaban sus respuestas. Era otra actitud. «Una actitud», escribe Whitehead, y es ese término el que aquí adquiere importancia. La de Sócrates es en sí misma un tema filosófico: hay varios Sócrates posibles, varias lecturas de su «actitud frente la ignorancia», y, por tanto, varias figuras para los comienzos de la filosofía. Está el Sócrates maestro de las aporías, que pretende no tener ninguna respuesta, que solo busca hacer confrontar a sus interlocutores con la dificultad, tal vez insuperable, de formular una respuesta. Es el que se sabe ignorante. Luego está el Sócrates maestro de Platón, para quien la aporía es una forma de propedéutica que prepara a los ciudadanos a acoger un saber que trasciende las respuestas divergentes que proponen. Es el inventor de la filosofía como pacificadora de las discordias, la que da a la ciudad su orientación hacia el bien, lo justo y lo bello verdaderos, más allá de las ilusiones. Y, por fin, está el Sócrates condenado por ser el envenenador de la paz pública, al infundir la duda. Condena que tal vez habría ratificado Wittgenstein, el anti-Sócrates que pasó su vida interpelando, no a los ciudadanos ordinarios, sino a sus colegas filósofos, acusados de propagar la enfermedad de los falsos problemas.
Puede haber varios Sócrates posibles, pero él se dirige siempre a ciudadanos «ignorantes» que, solicitados a definir lo verdadero, lo justo o el coraje, proponen casos, muestras que producen definiciones divergentes, como es fácil demostrar. Sócrates, «el que sabe que no sabe», los despierta como un pez torpedo e intenta compartir con ellos su único privilegio. Y se puede decir también que los pasma, los deja estúpidos, convencidos de su incapacidad de saber lo que dicen y dispuestos a entregarse al filósofo que los va a guiar, y que los confronta a un desafío que también es una trampa. Las palabras no «quieren decir nada» independientemente de su uso, el cual refiere siempre a un juego de lenguaje particular. Los ciudadanos de Atenas no eran ignorantes. Sabían todo lo que tenían que saber.
¿Cuál sería la actitud de Whitehead en las calles de Atenas? En Modos de pensamiento, hace el elogio de la práctica de «ensamblaje», retomada una y otra vez de época en época, a la cual asocia lo que es propio de la filosofía: «No puede excluir nada».3 Esto cambia bastante las cosas. Ninguna de las diferentes respuestas que recoja la filosofía, por divergentes o parciales que sean, será descalificada ni reducida a testimonio de la ignorancia del interlocutor. Todas forman parte de un ensamblaje que pone al filósofo a trabajar y que tiene el carácter de lo problemático: no un problema a resolver, en el que una eventual buena respuesta se impondría frente a las demás, sino un paisaje que puede ser compartido bajo el signo de una perplejidad activada por el filósofo. Si Sócrates no se hubiera puesto en el lugar del árbitro, que juzga y excluye, tal vez podría haber hecho de la divergencia que revelaban sus solicitudes de definición un asunto de preocupación colectiva y haber acogido la perplejidad que suscitó no como un síntoma, sino como una cuestión compartida con lo que Whitehead llama el «sentido común».
«El sentido común, que rumia [brooding over] los aspectos de la existencia, (los) pone en manos de la filosofía para que los elucide dándoles una comprensión coherente».4
Tenemos aquí una figura de la ignorancia muy diferente. Los ciudadanos «despertados» por Sócrates no han abandonado, como si no tuvieran valor, sus primeras proposiciones. La interpelación de Sócrates los habría tomado de sorpresa. Sabrían que se dejaron sorprender por una pregunta inusitada y que, en ese sentido, su «ignorancia» quedaría demostrada. Pero el saber del cual sus proposiciones dan testimonio no habría sido anulado, aunque su expresión se revelara parcial. Hay que imaginar a un Sócrates que necesite que los ciudadanos de Atenas puedan rumiar, que acepten no otorgarles autoridad a los lugares comunes que amueblan el pensamiento corriente, pero sin que por ello dejen de estar dispuestos a renegar de los aspectos de la existencia que sus proposiciones hacen que importe. Por el contrario, su rumia debiera activar ese sentido de la importancia, vincularla con un aspecto de la existencia, perteneciente a la existencia en sí misma, irreductible a lo que nos hemos acostumbrado a despachar a la relatividad de lo «subjetivo».
Whitehead se prohibirá usar la divergencia entre las respuestas para negar su valor. «La actitud filosófica es una tentativa de ensanchar el campo de aplicación de toda noción que haya entrado en el pensamiento corriente. El esfuerzo filosófico toma cada palabra y cada giro de la expresión verbal del pensamiento, y se pregunta: ¿qué es lo que esto significa?».5 En Modos de pensamiento, Whitehead buscará activar las palabras sin cesar, resumergirlas en situaciones que pertenezcan a la experiencia corriente de un modo tal que esa experiencia no permita definirlas, sino que reciba el poder de engancharlas en una aventura «especulativa». Ahí no hay metáforas ni tampoco sentido literal: de lo que se trata es de dramatizar aquello que damos por sentado cuando decimos algo, el despliegue un poco vertiginoso de lo que presupone y afirma el enunciado más límpido y rutinario una vez que deja de ser reducido a «un» enunciado y es concebido como «ese» enunciado, siempre comprometido en «esa» situación y que responde a «ese» modo de compromiso en la situación.
«La filosofía comienza en el asombro (wonder). A término, cuando el pensamiento filosófico ha hecho lo mejor que pudo, el asombro permanece. Le habrá agregado, no obstante, una cierta comprensión [grasp] de la inmensidad de las cosas y cierta purificación de la emoción gracias a la comprensión».6
Cuando el pensamiento filosófico hace lo mejor que puede, el sentido de la palabra «asombro» cambia un poco. Al inicio, significaba perplejidad ante una multiplicidad discordante de significaciones que piden una elucidación. Lo que permanece, después de que el filósofo se esmeró en «comprender», está más cerca del asombro ante lo que atestigua cada aspecto de la existencia. La respuesta de la filosofía al sentido común que rumia no erradicará, por medio de selección o jerarquía, la discordancia, y no la pacificará tampoco asignándole a cada aspecto de la existencia un territorio cuidadosamente delimitado. Tales soluciones no suscitan asombro, sino más bien la triste aceptación de una finitud que nos aboca a pensar bajo vigilancia. Triunfo de la crítica:
«La fuerza de la escuela crítica reside en el hecho de que la doctrina de la evolución no entró nunca, en un sentido radical, en la erudición antigua. De allí proviene la presuposición de la fijeza de la especificación del espíritu humano; el esqueleto de esa especificación es el diccionario».7
Si los ciudadanos de Atenas hubieran estado armados de un diccionario —que diera una respuesta fija, definiera las reglas de buen uso o trazase filológicamente la evolución más o menos arbitraria de una significación—, habrían podido responder a las preguntas de Sócrates como en la escuela, es decir, de un modo que los habría protegido de toda perplejidad y de cualquier captación de la inmensidad de las cosas. Poder responder a la pregunta de Sócrates, «¿qué es?», poder definir lo que queremos decir cuando decimos «valor», «bien», «justicia», es producir enunciados esqueléticos, separados de su carne sensible, blanda y corruptible. El sueño del diccionario ideal, que extraería solo aquello que resiste a la crítica, no despejaría lo que supuestamente pertenece al espíritu humano en tanto tal, independiente de las sensibilidades cambiantes y divergentes. Eliminador de lo que remite a las pasiones, a las apariencias, a las circunstancias, ese espíritu no sería para Whitehead otra cosa que un autómata, incapaz de equivocarse, pero también de comprender. Lo que resiste a la crítica no son más que «abstracciones muertas» que se aceptan de manera pasiva porque no suscitan ninguna puesta en movimiento del pensa...

Índice

  1. Índice
  2. Prólogo
  3. Capítulo 1
  4. Capítulo 2
  5. Capítulo 3
  6. Capítulo 4
  7. Capítulo 5

Preguntas frecuentes

Sí, puedes cancelar tu suscripción en cualquier momento desde la pestaña Suscripción en los ajustes de tu cuenta en el sitio web de Perlego. La suscripción seguirá activa hasta que finalice el periodo de facturación actual. Descubre cómo cancelar tu suscripción
No, los libros no se pueden descargar como archivos externos, como los PDF, para usarlos fuera de Perlego. Sin embargo, puedes descargarlos en la aplicación de Perlego para leerlos sin conexión en el móvil o en una tableta. Descubre cómo descargar libros para leer sin conexión
Perlego ofrece dos planes: Essential y Complete
  • El plan Essential es ideal para los estudiantes y los profesionales a los que les gusta explorar una amplia gama de temas. Accede a la biblioteca Essential, con más de 800 000 títulos de confianza y superventas sobre negocios, crecimiento personal y humanidades. Incluye un tiempo de lectura ilimitado y la voz estándar de «Lectura en voz alta».
  • Complete: perfecto para los estudiantes avanzados y los investigadores que necesitan un acceso completo sin ningún tipo de restricciones. Accede a más de 1,4 millones de libros sobre cientos de temas, incluidos títulos académicos y especializados. El plan Complete también incluye funciones avanzadas como la lectura en voz alta prémium y el asistente de investigación.
Ambos planes están disponibles con un ciclo de facturación mensual, semestral o anual.
Somos un servicio de suscripción de libros de texto en línea que te permite acceder a toda una biblioteca en línea por menos de lo que cuesta un libro al mes. Con más de un millón de libros sobre más de 990 categorías, ¡tenemos todo lo que necesitas! Descubre nuestra misión
Busca el símbolo de lectura en voz alta en tu próximo libro para ver si puedes escucharlo. La herramienta de lectura en voz alta lee el texto en voz alta por ti, resaltando el texto a medida que se lee. Puedes pausarla, acelerarla y ralentizarla. Obtén más información sobre la lectura en voz alta
¡Sí! Puedes usar la aplicación de Perlego en dispositivos iOS y Android para leer cuando y donde quieras, incluso sin conexión. Es ideal para cuando vas de un lado a otro o quieres acceder al contenido sobre la marcha.
Ten en cuenta que no será compatible con los dispositivos que se ejecuten en iOS 13 y Android 7 o en versiones anteriores. Obtén más información sobre cómo usar la aplicación
Sí, puedes acceder a Reactivar el sentido común de Isabelle Stengers en formato PDF o ePUB, así como a otros libros populares de Ciencias sociales y Antropología. Tenemos más de un millón de libros disponibles en nuestro catálogo para que explores.