ACTO TERCERO
DUQUE Y DUQUESA
PERSONAS
| Fátima. | duque |
| Dońa ana de pantoja. | Caballero 1.° |
| Una dama. | — 2.o |
| Don juan. | — 3.o |
| Ciutti. | capitán. |
Caballeros, damas, criados, guardias, embozados y máscaras.
CUADRO PRIMERO
Habitación en el palacio de D. Juan en Venecia. Puertas laterales en primer término. Mesa, un candelabro con luces, sillones, etc., etc.
ESCENA PRIMERA
ciutti, embozados
Ciutti. Ya lo teneis entendido; pero como por mucho pan nunca es mal año, os repetiré mis órdenes. (A uno de los embozados.) Tú, con los tuyos á la plaza del Pópolo. (A otro.) Tú, á la de San Pietro.(A los demás.) Vosotros, ya lo sabeis... Todos con antifaces y capas negras... atentos, decididos y bien armados; y á las diez á la puerta del jardín, dispuestos á todo... Ea, á lo dicho, tomad. (Les dá dinero y se van.)
ESCENA II
ciutti
A este paso la vida es un soplo. ¡Quién diablos lo resiste!.. Comiendo aprisa, durmiendo apenas, sube á caballo, desmonta, embárcate y desembárcate, ahora á pié, después á nado. (Imitando voces.) «Ciutti, sosten la escala.» «Ciutti, descerrájale un tiro.» «Ciutti, aquí; Ciutti, allá.» Como Dios, en todas parte! Y luego por otro lado. «Dad esta misiva.» «Que no falte á las doce.» «Que esta noche no puede ser...» Y cuando, echando los bofes, uno llega á las mil y quinientas á su casa con ánimo decidido de tumbarse á la bartola, se encuentra con dueñas y doncellas, esto es un decir, que por no atreverse con don Juan, vienen á desembuchar en su escudero... ¡Pues poco es el bromazo de la que vamos á correr hoy! En fin, mientras que podamos contarla, habrá una hazaña más en la lista y otra de nuestras obras meritorias á los ojos de Dios, á cuenta de nuestra salvación eterna. (Mirando hacia la izquierda.) Hacia aquí Se dirige Fátima, lloverán sobre mí preguntas y más preguntas y compromisos para contestarle... Lo mejor es eliminarse y no hay preguntas ni respuestas... Pues eliminémonos...
(Se va por la puerta derecha. Sale Fátima por la otra.)
ESCENA III
fátima
¡Cuánto tarda!... Yo no vivo
cuando no estoy á su lado,
y él siempre de mí alejado,
ni me oye siquiera altivo.
¿Por qué me salvó la vida
si hirió de muerte mi alma,
que, por él, mira su calma
ya para siempre perdida?
Aún que de olvidarle trate,
lucho y recuerdo entre enojos,
cuando apareció á mis ojos
en el fragor del combate.
Pero el combate, en el mar,
aúnque terrible y deshecho,
no equivale al que, en mi pecho,
ardiendo está sin cesar.
Siempre en contínuos desvelos,
temiendo perder su amor,
he de sufrir, con rigor,
el tormento de los celos.
Y ante él he de hacer alarde
de tener confianza en él.
¡Ay de mí! ¡oh suerte cruel!
Cuanta zozobra... ¡Es muy tarde!
(Sale don Juan, derecha)
ESCENA ...