Introducción biobibliográfica. Fernando Ortiz
Al iniciar con la Historia de la Isla de Cuba debida a la pluma del patriota Pedro J. Guiteras, la Colección de Libros Cubanos, cuya dirección nos confía la respetable casa editora Cultural de La Habana, nos creemos obligados a redactar unas páginas que precedan su texto, como para justificar, lo que nos parece harto fácil, la elección que se ha hecho de dicha historia para encabezar con ella la serie de volúmenes escritos por cubanos o sobre Cuba, que habrán de componer la colección bibliófila que así comienza.
Creemos que una biblioteca cubana, que aspira a recoger del olvido las más valiosas producciones de la mentalidad criolla y los escritos sobre los temas cubanos de más interés, debe iniciarse con una historia de Cuba, que ofrezca al lector el panorama general de la evolución de nuestra patria en relación con el cual habrán de poder valorizarse después las otras obras que vayan publicándose, así de carácter histórico como literario o científico.
La Historia de la Isla de Cuba por Pedro José Guiteras, que hoy se reproduce, no comprende sino hasta el gobierno del capitán general Tacón, en 1838. Puede decirse que toda la gestación libertadora queda fuera de su campo, pues al cesar aquel gobernante en su mando aún no había tremolado la bandera tricolor de la estrella solitaria.
Pero no existe otra historia de Cuba, que, como la de Guiteras, pueda representar mejor el ideario cubano de su época, constituyendo un fuerte alegato por la libertad de esta nación.
Escrita y publicada la obra en Estados Unidos (1865-1866), su autor pudo, sin duda, pues los conocía íntimamente, tratar los acontecimientos posteriores a Tacón, y analizar completamente aquellos trascendentalísimos sucesos que ya se habían producido en Cuba, tales como las invasión de Narciso López, que ya enrojecían su historia y señalaban el advenimiento de una joven nación en el mundo americano; pero Guiteras debió de temer que se extendieran su narración y comentarios hasta los sucesos de los tiempos últimos, porque su contemporaneidad, unida a la acritud y dolor con que inevitablemente habrían de ser narrados muchos de ellos, serían motivo de que el extranjero que leyera el libro llegara a juzgarlo acaso como poco veraz y turbado por la pasión política, y de que aquél no pudiera circular en Cuba, como su autor deseaba, para influir en el pensamiento de su juventud.
No estuvo desacertado Guiteras en sus temores, pues, aun sin comprender su historia la relación de los años más sangrientos y recientes, el gobierno colonial, que permitió la circulación del primer tomo, publicado separadamente en 1865, prohibió un año más tarde la entrada en Cuba del segundo, por razón de los juicios contenidos en él contra las instituciones y actitudes políticas de los gobiernos absolutistas de Cuba en el primer tercio del siglo XIX.
Esta circunstancia acrecienta el valor de esta nueva edición que se presenta de la Historia de la Isla de Cuba, de Pedro J. Guiteras, pues tan raros fueron los ejemplares que clandestinamente llegaron al país y pudieron salvarse de la censura gubernativa, conservados hoy por unos pocos afortunados bibliófilos, que el segundo volumen de la primera edición, que comprende desde la conquista de La Habana por los ingleses (1762) hasta Tacón (1838), puede considerarse aún como casi inédito.
La primera edición de esta obra fue publicada con el título de Historia de la Isla de Cuba, por los editores Jorge R. Lockwood, 411 Broadway, y F. W. Christern, 763 Broadway, ambos de Nueva York; con los tipos de John F. Trow & Co. en 50 Greene St. en la misma ciudad, y gracias a la generosidad del cubano Joaquín M. Delgado, quien, él solo, cubrió la suscripción con que Guiteras se proponía reunir los fondos necesarios para sufragar el costo de la edición.
Digamos, además, que esa primera edición de la obra, toda ella, fue objeto de enmiendas y adiciones por su propio autor, quien al morir dejó preparados los originales para publicar una edición segunda, que es la que hoy se estampa, alcanzándole la muerte sin que pudiera realizar su deseo.
Esta segunda edición aparece fechada por su autor en el manuscrito así: «Baltimore, 1882 y 1883».
Guiteras, al preparar la segunda edición, alteró el título primitivo de su obra, denominándola Historia de Cuba, según puede verse en los originales que se conservan en la Biblioteca Nacional, de La Habana, a la que hoy pertenecen. Sin duda, avanzado como ya estaba el proceso histórico de la nacionalidad cubana, Guiteras creyó mejor prescindir del apelativo isla, tan común entonces y aún persistente en España, expresivo solo de un carácter geográfico de Cuba; si bien no atreviose a emplear el adjetivo general, aplicado entonces a las historias de carácter nacional o de países con personalidad política propia. En cuanto a su valor literario, la historia cubana de Guiteras está escrita con estilo pulcro y elegante para gustar, clara y bien trabada en sus juicios para convencer.
Porque la obra en cuestión fue escrita para enseñar a los cubanos y extranjeros, como el autor confiesa, las vicisitudes de su patria y la justicia de sus anhelos.
Guiteras sacó a la luz hechos olvidados, que sus antecesores creyeron infecundos o sobradamente significativos; llevó los estudios históricos de Cuba más allá de la simple crónica externa de acontecimientos a menudo intrascendentes, o como ahora podría decirse con Spengler, ahistóricos o faltos de historicidad, y por primera vez en la historiografía cubana se enlazó íntimamente el desarrollo de nuestro pueblo con el resto de la vida mundial.
Sus propósitos didácticos bien se descubren, además, por el cuidado con que el autor aduce testimonios para probar la realidad de ciertos hechos o el valor de su interpretación, por él concebida como justa. Especialmente cuando se trata de los aspectos más candentes del absolutismo colonial, procura acompañar sus comentarios de los ya formulados a fuer de imparciales por publicistas o estadistas metropolitanos.
Guiteras está orientado por el iluminismo del siglo XVIII, que a través de la primera semicenturia siguiente se tradujo en el racionalismo inspirador de todos los impulsos liberales de la época, así los de España hasta dar con la revolución septembrina que quiso plasmar la república española, como los de Cuba hasta alcanzar la revolución secesionista de los diez años, de cuya gestación la obra histórica de Guiteras fue uno de los nutrimientos intelectuales. El historiador cubano se apoya en las llamadas leyes naturales y en el derecho, que también se llamó natural, para alzarse sobre los sucesos cubanos y denunciar el desvío de aquellas leyes y la indefectible catástrofe que habría de seguirse si aquéllas seguían olvidadas. A la luz de la ciencia contemporánea, la historia de Guiteras parecerá algo literaria, desprovista como estaba del inmenso instrumental científico que tiene hoy a su disposición el historiador, merced a los adelantos y descubrimientos humanistas, como son los representados por la etnografía, la sociología, la economía y la psicología; pero la obra responde a las exigencias ideológicas de su época diecinuevesca, por lo que fue acogida con fruición por el liberalismo cubano de aquel entonces.
Otras historias se escribieron sobre Cuba y alcanzaron más boga, amparadas como estaban por la tolerancia o el apoyo oficial, otras fueron recibidas con mayor entusiasmo por la opinión separatista de Cuba; de «clara y serena, aunque fría» la tildó Manuel Sanguily; pero no creemos que los cubanos podamos presentar otra historia que más sirviera a la cultura patria, sin perjuicio de su valimiento ante las musas y de su objetiva pureza de juicio ante la más desapasionada Clío.
Hoy tenemos, sin duda, que rectificar en ella algunas exposiciones y comentarios. En particular, la protohistoria de Cuba y su civilización antecolombina necesitan una nueva remodelación, pues aún se aceptan con sentido literal las crónicas de la conquista y sus visiones casi medioevales; la vida económica cubana hasta Carlos III y su estructuración, casi toda ella extralegal, sobre el comercio intérlope, está por analizar en sus trascendencias; los sacudimientos del nacionalismo insular, desde su cuna en las Sociedades Económicas de Amigos del País hasta las convulsiones sanguíferas de los días de Guiteras, deberán pronto ser iluminados, acercándolos más a las coetáneas corrientes del pensamiento humano y a los accidentes de la economía mundial; pero Guiteras fijó noble y virilmente en su Historia de Cuba el ideario cubano de su tiempo acerca de la patria y sus factores pretéritos, como antevidencia y propulsión de los venideros. Más no puede serle exigido. Su obra, además, fue y es todavía muy valiosa por su propia riqueza histórica, que incorporó a la conciencia cubana conceptos definitivos acerca de su pasado, y por ser vivo ejemplo de esa ideación patriótica y serenamente tesonera y leal, tan olvidada...