Un emotivo y fascinante recorrido por la escena teatral porteña en los primeros cinco años de la intensa década de 1960. Salas nuevas, espectáculos modernos, variedad de géneros escénicos, actores que luego alcanzarían el reconocimiento general, obras de autores clásicos, experimentos muy novedosos, "emociones teatrales", como denomina su autor a estas breves viñetas recobradas a partir del recuerdo de su adolescencia y filtradas por su conciencia de hombre maduro, con una enorme trayectoria en el teatro. Estas páginas son una maravillosa invitación a vivir las noches teatrales de la Buenos Aires de entonces, una ciudad en ebullición, con una actividad artística incomparable. Kado Kostzer enriquece sus memorias de espectador juvenil con impresiones actuales y permite recuperar espectáculos tanto famosos como desconocidos, puestas asombrosas y sencillas, nombres que trascendieron y otros que no perduraron, salas perdidas y aquellas que aún hoy continúan convocando a sus fieles espectadores.

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TeatroEl Grupo del Sur - Teatro San Telmo
Solo a una loca se le podía ocurrir a mediados de la década del cincuenta abrir un teatro en el entonces ignorado San Telmo. Pero se puede entender muy bien ya que la insana era actriz y para su suerte tenía un marido poseedor de una gran fortuna. La apasionada era Lyde De Luca de Mirelman, más conocida artísticamente como Lydé Lisant, una buena actriz iniciada en el Instituto de Arte Moderno y que había llegado a integrar el elenco de la Comedia Nacional. Su consorte Jacob o Jacobo Mirelman estaba al frente de un sólido emporio textil.
El poderoso cónyuge de la emprendedora actriz había nacido en la Rusia de los zares, pero se había criado en la Suiza de la precisión y los relojes. Luego de la Primera Guerra Mundial, y de a poco, él y sus cuatro hermanos estaban instalados en la pujante Argentina donde con esfuerzo, imaginación y un capitalito se podían edificar imperios. Ellos lo lograron. Los productos que salían de sus fábricas se publicitaban ampliamente; recuerdo los anuncios, en El Hogar, Para Ti y Lyra, de las telas Rhodia Albene –una franquicia italiana–, que fueron las primeras de acetato en el mercado argentino y para las que hasta Niní Marshall prestó su figura. Seguramente un canje.
Ya adinerados, y más aún, los Mirelman fueron grandes impulsores de proyectos humanitarios y sociales dentro de la comunidad judía, no solo local, sino internacional. Jacob, apasionado del teatro, compró para su mujer un viejo cine en Chacabuco 966. La piojera había pasado por diferentes nombres desde 1932, año de su inauguración: había sido el Lidia –¿otra mujer con marido pudiente?–, el Albéniz, el San Telmo, el Mayo. En esta nueva reencarnación volvía a ser San Telmo, quizás para ayudar así al público a prepararse para la aventura de franquear las nueve o diez calles que lo separaban de la Plaza de Mayo.
La fiebre amarilla, en 1852, había sido el motivo de un primer éxodo de las grandes familias de la zona de San Telmo. Más masivo fue el abandono de las casas señoriales al año siguiente y total en 1871, cuando en un día llegaron a quinientas las víctimas fatales de la epidemia. La seguridad estaba en la zona norte de la ciudad, que se aristocratizó con la llegada de los fugitivos de los nefastos mosquitos Aedes aegyti que transmitían el mal. Mientras, San Telmo se había convertido en un compendio humano ecléctico con edificios notables. Tierra de trabajadores de pobreza digna que sabían cohabitar con una clase media baja decente y también muy trabajadora.
Ocurrió que el visionario matrimonio se adelantó unos años al auge que luego adquiriría San Telmo. No era fácil para los que estábamos acostumbrados al centro incursionar en tan “apartada” zona que para colmo carecía de tradición teatral. No era que no hubiesen existido en la zona templos paganos donde se daban cita las ficciones. El precioso Casal de Cataluña –llamado Margarita Xirgu en 1966– en Chacabuco al 800 era escenario muy ocasional de veladas artísticas, entre ellas el paso del visitante Federico García Lorca. También en unas cuantas pantallas barriales se habían reflejado aventuras, ilusiones y romances. Cines de muy poca categoría en las cercanías como el Cecil y el Royal Park en Defensa al 800 y al 1400 respectivamente y el Carlos Gardel en Bolívar al 1000, habían sido abandonados por el público que prefería las salas del centro o la naciente televisión.
El frente del Teatro San Telmo, de un modesto estilo vagamente híbrido, se conservaba intacto. Al atravesar las puertas vidriadas –que eran las mismas donde antes se habían exhibido afiches de películas– había un enorme hall, con piso de baldosas, que un largo panel dividía en dos en casi toda su extensión. En él y en las paredes laterales uno podía enterarse, por las muy buenas fotografías en blanco y negro, de los espectáculos de la aún corta vida de la sala. Este recorrido, en 1960, me invitó a añorar todo lo que me había perdido como espectador por no vivir en Buenos Aires.
El telón del San Telmo se levantó por vez primera en 1957 con El herrero y el diablo, una adaptación de Juan Carlos Gené, basada en un capítulo de Don Segundo Sombra de Güiraldes; le siguió Bodas de sangre, el drama lorquiano que hasta entonces parecía propiedad exclusiva, aunque compartida, de las eternas rivales Lola Membrives y Margarita Xirgu. Un par de primicias llegaron frescas del West End londinense. La casilla de las macetas (The potting Shed), de Graham Greene, en traducción de Victoria Ocampo, para lucimiento de la dueña de casa. La novedad fue que la dirección estuvo a cargo de un hombre siempre asociado al cine, el joven y ya prestigioso, Leopoldo Torre Nilsson. Pienso que la elección, a pesar de la inexperiencia teatral del realizador, era acertada, ya que ese mundo de secretos familiares bien guardados no le era ajeno. Siguió Burbujas en los mares del sur (South Sea Bubble), de Noël Coward con Lydé en el rol que había estrenado Vivien Leigh y el siempre regocijante Arlequín, servidor de dos patrones, de Goldon...
Índice
- A manera de prólogo
- A vuelo de pájaro
- Todo al alcance de mi mano
- Cae el Apolo
- Papeles de un día o de una semana
- Comedia Nacional Argentina - Caviglia
- La insoportable claque
- Mi libro de cabecera
- Fuego en el Cervantes - Compañía Renaud-Barrault
- Sainetes y saineteros
- Se inaugura el Teatro San Martín
- Mágicos veranos
- Transmisiones radiales
- La Máscara
- ¡Tres Fenómenos Tres!
- Aurelia en el 35
- La importancia de ser Alfredo
- Actors Studio
- Mane y Sara a cuatro manos
- Publicaciones
- Basil, el elegante villano
- Circo Teatro Arena
- Onofre, el más independiente
- Clásicos, pocos y no tan buenos
- La comedia musical
- La dama bella
- El novio de Julio
- Los Fantásticos
- Un carnaval para Lilí
- Intentos locales
- De corista a amo absoluto
- Campoy-Cibrián cantan
- Doña Lola sola
- Otros feudos, otros directores
- El teatro de la Virgen
- El ruinoso Soleil
- El Grupo del Sur - Teatro San Telmo
- Recién llegados: Martín-Sabatini
- Un templo derrumbado
- El modesto Agón
- Teatro Buenos Aires
- Otra víctima de la picota
- El Colón de los pobres
- Teatro y boutiques
- Dos elencos uruguayos bien diferentes
- Escenarios al aire libre
- Emilio A. y el Semanario Teatral del Aire
- 33 r.p.m. El teatro en su tocadiscos
- La gran... Berta
- El alma de Alma Bambú
- Un Luis que era Luigi
- Barletta y su Teatro del Pueblo
- Helen Hayes First Lady
- Catalina, una fierecilla indomable
- Pequeño Teatro
- Vanguardias varias
- Utilerias
- A la vuelta de Escasany
- Boero-Asquini y los nuevos teatros
- Nuevos dramaturgos argentinos: Nuestro fin de semana
- Amarillo
- El reñidero
- Aprobado en castidad
- El desatino
- Vivien y el Old Vic
- El selecto IAM
- Inda - GTA - Teatros 850 y Argentino
- El cine y los actores independientes
- De Irlanda, una leyenda viviente
- Anita no tuvo nada que ver
- Casares y toses
- El toque francés
- Italia canta y baila
- Narices
- La fortuna del niño de la calle Olazábal
- Teatro Montevideo
- Pedro y Paddy
- Único Raúl de Lange
- Obras y espectáculos
- Algunos protagonistas
- Teatros y espacios teatrales desaparecidos o inactivos
- Salas ocasionales
- Bibliografía
Preguntas frecuentes
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