La minoría morisca y, en concreto, su represión y su trágico final han sido muy estudiados desde diferentes perspectivas y de casi todos los rincones de la Península. Por ello resulta sorprendente que un caso tan particular como el de Gea de Albarracín no hubiese sido objeto de una monografía hasta ahora. Xea, donde «son tan moros como los de Argel», alcanzó en su época fama de peligroso reducto del islam, un lugar adonde incluso algunos inquisidores se cuidaron de entrar. Los documentos del Santo Oficio, intrínsecamente sesgados y motivados por el interés en extirpar el elemento morisco, han conservado retazos únicos de las vidas de aquellas personas a las que reprimió. Sin embargo, más allá del punto de vista de las autoridades, lo que hizo especial a Gea y suscita ahora mayor interés fue el estar habitada casi exclusivamente por moriscos, el encontrarse relativamente aislada en la sierra y su triple condición jurisdiccional: ubicada en el Reino de Aragón, pertenecía al distrito inquisitorial de Valencia y dependía del Obispado de Segorbe-Albarracín. Todo ello permitió que la villa quedase al margen de muchos de los procesos que afectaron al resto de población morisca, a la vez que fomentó el mito de la Gea irreductible, lo que atrajo sucesivos episodios de represión.

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La represión inquisitorial sobre los moriscos de Gea de Albarracín
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Historia europea(1572-1592)
Un inquisidor en la villa de Gea

Los años que van de 1575 a 1595 son, en general, los de mayor represión contra los moriscos en toda la Corona de Aragón. En la cuantificación que realizó Raphael Carrasco sobre la actividad antimorisca del tribunal de Valencia, los periodos con mayor número de moriscos procesados fueron 1586-1590 (con 477 individuos) y 1591-1595 (con 724 individuos).1 Como ya hemos dicho, la represión inquisitorial sobre los moriscos de la zona aragonesa del distrito de Valencia, en general, y sobre Gea, en particular, es mucho más temprana que la del Reino de Valencia por las razones ya expuestas. Destaca especialmente el periodo 1559-1563, en el que fueron reconciliados 29 vecinos de la villa. Sin embargo, en Gea también se dejó sentir el proceso de radicalización general que produjeron, entre otros factores, la guerra de Granada, las sospechas de alzamientos en Valencia y Aragón o la resolución de la lucha por los bienes confiscados que supuso la concordia de 1571 en Valencia. El aumento de la represión que comportaron estos factores acabó por determinar la ruptura definitiva entre los moriscos y la sociedad cristianovieja.2 Desde el punto de vista numérico, el periodo 1572-1592 supondrá un aumento de la represión (teniendo en cuenta que en esta época tenemos también una mejor documentación), destacando los años 1575 (con 11 individuos), 1581 (14) y 1591 (21).3 Pero la caracterización conflictiva de este periodo de la historia de Gea no es tanto cuantitativa como cualitativa. Durante las dos décadas anteriores, podemos considerar que la reacción de la comunidad morisca del lugar ante la presión inquisitorial se canalizó fundamentalmente a través de solicitudes de periodos de gracia y un cierto juego entre la adscripción a las condiciones otorgadas a los moriscos de Aragón o a las otorgadas a los de Valencia. Sin embargo, a partir de 1572, aunque siguieron dándose tales negociaciones, se observa un aumento de la atención directa de los inquisidores a la villa y, como reacción, un aumento de las tensiones entre los moriscos y los cristianos viejos de la zona que culminará frecuentemente en actos violentos o resistencias a la acción del Santo Oficio.
EL INTENTO DE ASESINATO DEL DELATOR CRISTIANO-VIEJO BARTOLOMÉ LÓPEZ
El periodo entre 1572 y 1575 será el punto de inflexión entre ambas formas de encarar la resistencia por parte de los moriscos, pues en estos años se darán nuevas peticiones de gracia e instrucción, pero también encontramos las primeras manifestaciones de resistencia violenta. En el centro de este periodo se sitúa la visita de distrito del inquisidor Diego de Haedo, en concreto, en 1573, la cual abrirá una grieta considerable en la solidaridad interna de la comunidad debido a una delación interna. Estos hechos abrirán un nuevo capítulo represivo y, a partir de entonces, la reacción morisca a las intervenciones inquisitoriales será cada vez más tensa y hostil.
La visita del inquisidor Haedo estuvo precedida, como decimos, por el primer incidente violento documentado en Gea de Albarracín (más allá de los eternos rumores y sospechas). Se trata del intento de asesinato de Bartolomé López, un cristiano viejo de la villa, a quien los moriscos acusaban de haberles delatado ante la Inquisición. Este hecho puede resultar, hasta cierto punto, anecdótico dentro del contexto general de la violencia en las sociedades del siglo XVI; sin embargo, supondrá para Gea un hito trascendental, dado que cambió la significación de una visita inquisitorial que en principio estaba destinada a negociar un periodo de gracia y, quizá, una mejora en la tranquilidad de las vidas de los habitantes del lugar. Este precedente potenciará que la represión directa tras la visita fuese mayor y que, desde entonces, no dejase de crecer la espiral de acciones inquisitoriales y sus respectivas reacciones moriscas.
El origen de este ataque se sitúa en torno a las navidades de 1571 a 1572, cuando un mancebo morisco llamado Miguel Trompero, conocido como el Enano, afirmó en público que ese día no jugaría a pelota porque había oído misa y Dios no le ayudaría.4 Estas palabras fueron escuchadas por Bartolomé López, carretero criado de una de las escasas familias cristiano-viejas del lugar, los Fraile. Este denunció al Enano ante el comisario inquisitorial de Albarracín, quien apresó y castigó al morisco con unos azotes y penitencias públicas. Al parecer, esta no fue la única denuncia que algún miembro de la familia Fraile realizó por aquellos días contra los moriscos. Estos sospechaban que Pedro Fraile, hijo mayor de la familia, había delatado a tres mujeres (dos moriscas y una cristiano-vieja que estaba amigada con un morisco) y, en consecuencia, también habían sido azotadas por el comisario de Albarracín.5 También se menciona que, en ese momento, había otros dos geanos presos en Albarracín porque se habían casado dos veces con dos hermanas, los cuales igualmente fueron azotados.6 Como veremos más adelante, las sospechas de los cristianos nuevos estaban bastante fundadas, dado que los miembros de esta familia y de su entorno figuran frecuentemente como testigos contra sus vecinos moriscos a lo largo de las décadas, y, además, estarán detrás de la principal delación interna surgida en la comunidad. De hecho, una de las constantes que caracterizan la vida en el lugar hasta la misma expulsión será la gran animosidad entre la mayoritaria comunidad morisca y la pequeña minoría cristiano-vieja (alrededor de siete u ocho casas).
Estas denuncias y castigos suscitaron un gran alboroto en Gea y, en torno a la cuaresma de 1572, se produjeron juntas en las que los moriscos se conjuraron para la venganza contra los cristianos viejos. María de Zumarrizta, viuda de Joan Fraile y de la que era criado Bartolomé López, testificará que Amador Corvís, entonces justicia de la villa, le había comunicado «que la villa estaba muy mal con esta y con todos los de su casa, y que habían estado movidos para darle fuego a su casa»,7 porque creían que su hijo, Pedro Fraile, era quien había acusado a las tres mujeres castigadas por el comisario. Corvís afirma que esto se había tratado en concejo y que él había intentado apaciguar los ánimos de los moriscos.8 Este odio hacia la familia Fraile eclosionó tras la denuncia contra el Enano y, de nuevo, los moriscos se alborotaron y afirmaron públicamente que matarían a todos los cristianos de la villa y, especialmente, a los de esta familia, pues «de la dicha casa les venía todo el mal, y que ya debían haberla hundido e abrasado los que en ella estaban».9 Finalmente, las amenazas se materializarán contra Bartolomé López. Él mismo relatará el ataque del que fue objeto ante el inquisidor Haedo en su visita:
Viniendo una noche a una hora de la noche por una calle para casa de la dicha su ama con una escudilla de miel en la mano y un sombrero con unas pasas que en la tienda había comprado, llegando al cantón de la placeta del platero, salieron dos hombres a él con dos espadas del mural y a un mismo tiempo le dieron ambos dos golpes y le derribaron las narices y la ceja con parte del rostro. Y tiene por cierto que le acabaran si no volviera para atrás dando voces. Y que no conoció a ninguno de ellos. Y que entiende y tiene por cierto que las dichas cuchilladas se las dieron por haber dicho la dicha testificación que tiene referida contra el dicho morisco.10
Otros testigos (ninguno presencial) aumentarán el número de atacantes a seis; en todo caso, debido a la violencia del ataque, López no pudo reconocer a sus agresores o, quizá, como afirmó otro testigo, «estaba temeroso y amedrentado y no osaba decir quién le había dado».11 Según el cirujano que atendió al herido, Joan Lançuela, las cuchilladas le dejaron «las narices derribadas, que se le tenían de los labios altos solamente, y el ojo y ceja cortado».12 Todos los testimonios que después se recogerán en los procesos sobre dicho ataque serán de cristianos viejos de Cella o de la propia Gea. El propio Bartolomé López acudirá a Valencia a testificar en junio de 1572, y el resto de testimonios serán recogidos en julio de 1573, durante la visita inquisitorial, cuando el agredido ampliará y ratificará sus declaraciones. Entre una fecha y otra, la tensión será enorme en Gea. Aunque los cristianos viejos se decían atemorizados, el propio Pedro Fraile, sobre quien recaía buena parte de la furia de los moriscos, realizó diferentes pesquisas para descubrir a los posibles culpables. A través de algunos moriscos y de Joan de Espejo, alcaide de la villa, conseguirá un primer listado de acusados: Joan Palomero, Miguel Conde, Lope Geçiri, alias el Royo de Benito, (Lorenzo de) Liria y Josepe Corvís.13 Aunque puntualmente se da algún otro nombre, estos cinco serán los más repetidos, y cuatro de ellos serán procesados por estos hechos y aparecen en las relaciones de causas. El mencionado alcaide Joan de Espejo, como representante del conde en la villa, intentará, según Pedro Fraile, proteger a los moriscos. Primero, le ordenó al cristiano viejo que no tratase el asunto con el comisario de Albarracín sin estar él delante y, más tarde, le insistió en ello afirmando que: «Yo tengo entendido el negocio y, poco más o menos, sé quiénes son los que le dieron. Acá lo concertaremos si quiere dineros y, si no, yo le haré justicia y será más breve».14
Antes de la llegada del inquisidor Haedo al año siguiente, tenemos registro de cuatro geanos reconciliados en 1572 que fueron procesados por haber vivido como moros y hecho ceremonias de la secta de Mahoma,15 y, además, en un par de casos se les acusaba de un curioso juego sacrílego descrito en las relaciones de causas: «un juego que dezían: Adórote Señor Sanct Salvador, estando uno sentado, viniendo otro de rodillas y con un paño mojado dava al que estava sentado en el rostro diziendo: adórote Señor Sanct Salvador».16 Ninguno de ellos tiene relación con el ataque que hemos explicado, por lo que podemos afirmar que la represión por aquellos hechos no comenzó hasta la llegada a la zona del inquisidor. Igualmente, podemos observar que ninguno de los dos procesos que nos han llegado relacionados en relación con este tema comenzará hasta septiembre de 1573.
LA VISITA DEL INQUISIDOR HAEDO EN 1573 Y LA CUESTIÓN DEL EDICTO DE GRACIA
La visita inquisitorial a la zona de Albarracín y Gea, que estaba pendiente al menos desde 1569, se hizo más necesaria en el marco de la predicación del edicto de gracia que se había concedido a los moriscos valencianos con la concordia de 1571. A principios de 1572, los inquisidores Rojas y Soto informaron a la Suprema de que se había predicado el edicto de gracia en las diócesis de Tortosa y Segorbe, y que convenía continuar en las demás. Obviamente esto no incluyó a Gea.17 A principios de 1573, el Consejo indicó la necesidad de visitar el distrito, sobre todo en la zona de Gea.18 Finalmente, esta visita a la villa se emprendió el 11 de junio de 1573 con la llegada a Albarracín del licenciado Diego de Haedo. En su camino a esta ciudad pasó por Gea y pudo confirmar los temores que le anunciaban todos los precedentes que hemos comentado en las páginas anteriores. En una carta dirigida al Consejo el 18 de junio explicará que «he procurado de entender la vida suya, y es cosa de grandísima lástima ver el escándalo que por toda esta tierra hay, porque notoriamente viven en su secta de Mahoma», y que «es de doler que, de los pocos cristianos viejos que ay en Xea, no ay quien hose dizir por temor que los han de matar».19 Esto lo glosa explicando tanto el caso de Bartolomé López, como otros muchos actos violentos y asesinatos de los que no tenemos noticia documentada. En Albarracín, Haedo, además de realizar la visita a la ciudad y al resto de la comarca, procederá a recabar, entre el 12 y el 18 de junio, testimonios de varios cristianos viejos sobre los habitantes de Gea.
Las cuatro declaraciones que conservamos son de gran valor por diversos y variopintos motivos. En primer lugar, tenemos las testificaciones de Ángela de Camgral20 y su hija Francisca de Lerma.21 Ángela explica cómo, al emigrar ocho años atrás desde Zaragoza y no conseguir poder residir en Teruel, fue acogida por un tal Garpón, un moris...
Índice
- Cubierta
- Anteportada
- Portada
- Página de derechos de autor
- Dedicación
- ÍNDICE
- ABREVIATURAS
- INTRODUCCIÓN
- UNA COMUNIDAD ENTRE DOS REINOS Y DOS RELIGIONES
- PRIMERA ETAPA (1526-1571)
- SEGUNDA ETAPA (1572-1592)
- TERCERA ETAPA (1593-1610)
- CONCLUSIONES
- APÉNDICES
- FUENTES DOCUMENTALES
- REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
- ÍNDICE ANTROPONÍMICO
- ÍNDICE TOPONÍMICO
- ÍNDICE GENERAL
Preguntas frecuentes
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