Estupidocracia
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Estupidocracia

Nueva teoría de la necedad colectiva

  1. 224 páginas
  2. Spanish
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Estupidocracia

Nueva teoría de la necedad colectiva

Descripción del libro

El peligrosísimo pensamiento de masas, el pensamiento único, es el estadio último de la estupidez sistémica. Tú puedes hacer frente a un individuo estúpido o a un grupo de estúpidos identificados como tales, pero, cuando el sistema y buena parte de sus integrantes, la forma de vivir de la gente y la manera de gobernar están poseídos por la estupidez, parece imposible revertir la situación. Entonces, ¿cómo combatimos a algo que nos arrastra y de lo que somos parte? Puedes combatir al fascismo, al comunismo, a muchos «ismos» pero ¿puedes combatir a la estupidez cuando esta es sistémica y tú mismo formas parte del problema y justificas cosas totalmente absurdas?

Para intentar responder a estas preguntas, el autor ironiza sobre el estado del bienestar mal interpretado, el «buenismo» a veces irracional que nos rodea a todos y un pensamiento único que nos envuelve cada vez más y que, disfrazado de lucha por los derechos, expulsa el verdadero debate entre personas libres, pasando por el papel acelerador de casi cualquier cosa que tiene la tecnología, las nuevas formas casi demoníacas de entender el marketing, el papel profundamente «estupidizador» de las redes sociales, el rol infumable de una política que ha perdido el norte y de unas administraciones escleróticas…

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Información

Año
2022
ISBN de la versión impresa
9788418914225
ISBN del libro electrónico
9788418914232
Y en ésas estábamos
cuando llegó un virus
Este libro fue concebido años antes de la llegada de la pandemia de la Covid-19. Si ese episodio no se hubiera producido ojalá—, el contenido y el tono de la obra no hubieran cambiado sustancialmente. Tal vez, como mucho, el nivel de acidez de la misma hubiera sido algo más comedido, y se encontraría usted con un libro de un tamaño ligeramente menor. Pero claro, tendrá usted que entender que, si uno se pone a escribir un libro como éste —aunque su estructura y contenidos hubieran sido diseñados con anterioridad—, en medio de una pandemia como la que estamos viviendo, con la inacabable retahíla de ejemplos de estupidez sistémica en acción que nos está deparando la misma, no podía desperdiciar la oportunidad de hacer una breve mención a la situación, siempre dentro de la línea de pensamiento del resto de la obra.
Por eso, debo recordarle que, en ésas estábamos, con una sociedad ya suficientemente estupidizada y con una sensación de que, teniendo toda la información a golpe de clic, éramos más listos que el hambre. Con la mayoría del personal bien alineada con su tribu de bienpensantes —o de malpensantes, que también los hay—, y echando pestes de todo aquél que piensa diferente, contando siempre con el inefable apoyo de las redes sociales. Con un sistema educativo haciendo aguas y cooperador necesario del desplome general. Con una prensa y unos medios de comunicación que, en lugar de fomentar el pensamiento independiente, se convierten en ecos y voceros de los mantras del momento y buscan mayores audiencias con una estrategia de polarización y estupidización generalizada. Con una actividad empresarial que, en una buena parte de sectores estratégicos: tecnología, energía, datos, distribución, finanzas, etc., cada vez se concentra a nivel global en manos de menos actores y ejerce un mayor poder invisible sobre el consumidor de a pie. Con unas Administraciones Públicas que aplican un concepto de servicio público propio de la Edad Media, pero con pantallas de ordenador.36 Y, para aderezarlo todo con una buena guinda, mientras todo eso ocurre tenemos al timón de la cosa pública a una clase política todavía más estúpida que los propios ciudadanos a los que dicen liderar. Pues, efectivamente, en ésas estábamos cuando llega un bichito más bien enano, poco agraciado, verde con coronitas, si es que hemos de hacer caso de cómo lo pintan los dibujantes de cómics y, como no podía ser de otra manera, se lía parda.
En las siguientes páginas compartiré con usted algunas reflexiones sobre el episodio de la pandemia, todavía no totalmente finiquitado en el momento en el que finalizo este manuscrito. Más en particular, mis reflexiones lo serán sobre el espectáculo social que estos tiempos nos han permitido observar y que me han reafirmado, más que nunca, en la tesis central de esta obra. No hará falta que se la recuerde. Permítame, además, que le anticipe que, cuando usted lea las siguientes páginas, siempre y cuando su grado de estupidez sea lo suficientemente elevado, es posible que me tache de negacionista. Le ruego que no se ponga nervioso. Le aseguro que no es así. Deme la oportunidad de explicarme y siga leyendo.
No olvido, como no olvida usted, que este virus puede estar aflorando algún que otro problema nuevo en la humanidad, pero lo que hace, sobre todo, es acelerar tendencias ya preexistentes. Desgraciadamente, no creo que la covid-19 tenga ninguna virtud mágica especial, ojalá la tuviera, para acabar con su congénere, y más peligroso por inmaterial, virus de la estupidez. Al contrario, como con tantas otras tendencias subyacentes, la Covid-19 no ha hecho más que profundizar y acelerar la expansión global de la estupidez. Personalmente estoy en profundo desacuerdo con muchas de las medidas que se han adoptado para solucionar o acotar el impacto de esta famosa pandemia, y no por ello niego la existencia de un virus. Como creo, además, que nuestras preclaras autoridades en la mayoría de países del mundo, se han hecho las preguntas incorrectas y, lógicamente, por ello, no han obtenido respuestas sensatas. Como entiendo, para más inri, que se han dejado asesorar de forma casi exclusiva por supuestos expertos en un campo muy estrecho de la ciencia, la medicina epidemiológica, y han hecho muy poco caso a gente válida con ideas claras en otros muchos campos y que deberían haber sido escuchados ante una situación de la que el aspecto sanitario es tan sólo una dimensión más. Como todo eso es así, ya hay ahora, sin necesidad de publicar este libro, bastante gente que me tacha de negacionista, lo que evidencia que no tienen ni la más repajolera idea de lo que es el negacionismo.
Ya sabemos que la estupidez convierte a la sociedad en una especie de liga de fútbol: eres del Barça o del Madrid, es blanco o negro, eres de izquierdas o de derechas, eres buenista o eres sospechoso de ser fascista; y con lo del virus estamos igual: eres un probo ciudadano responsable o eres negacionista. Y, lo siento mucho, tengo que ser muy claro, yo no soy negacionista. El diccionario de la Real Academia Española define negacionismo37 como «la actitud que consiste en la negación de determinadas realidades y hechos históricos o naturales relevantes». Jamás he negado que la aparición de la Covid-19 sea un hecho natural relevante, que tenga su importancia o que deba afrontarse. Lo que discuto es lo que se ha hecho y, sobre todo, cómo se ha hecho. Y por eso no me puede usted tampoco etiquetar en el grupo de probos ciudadanos responsables que, en este mundo de extremos, deben ser para usted los que siguen a pies juntillas la bazofia que con un embudo les meten por televisión, porque no me considero uno de ellos.
Lo siento. Acabo de dejarle un nuevo problema sobre la mesa. Va a tener usted que buscar alguna etiqueta diferente para describir a los que opinan como yo, que alguno que otro habrá, espero. ¿Qué sería usted sin etiquetar a alguien? ¿Cómo vilipendiaría a esa persona si no crea primero una tribu en su espacio mental y le asigna unos atributos a la misma? Si ya está buscando una etiqueta, es más que evidente que no debe interesarle lo más mínimo entender qué pienso y porqué pienso diferente. Es normal. Eso no forma parte de las costumbres sociales al uso. Lo único que interesa es lo que usted piense, sea o no acertado, y en cómo machacar al que no piense como usted. Por ejemplo, a mí mismo.
Le tranquilizaré. Si considera que es demasiado sofisticado buscar una etiqueta para aquéllos que piensen como yo, así un poco raritos, que eso puede dificultar su labor de caza y captura del diferente y que, en este asunto del virus, se sentiría más a gusto no teniendo más que las dos opciones: buenos y malos, que le hacen a usted la vida tan fácil, entonces le eximo de buscar una etiqueta más apropiada para mi caso y le permito que me coloque en su columna de negacionistas, aun cuando el término no se ajuste en absoluto a la realidad que pretende definir. Al final, me ubique usted donde me ubique, tampoco servirá para gran cosa. Tanto usted como yo seguiremos sin pintar nada y, digamos lo que digamos, nada cambiará sustantivamente.
Pero en realidad, no soy negacionista porque no puedo negar que haya por ahí circulando un virus y porque no puedo negar que ese virus haya generado en muchos países, por término medio, mayor volumen de defunciones durante 2020 que en períodos anteriores. Cierto es, pero ¿representa ese virus una amenaza para la existencia de la especie humana? En absoluto. Siempre es una noticia terrible que mueran personas, pero si algún día conseguimos tener cifras globales creíbles sobre esta pandemia, como especie, relativizaremos su impacto. Simplemente a nivel de reflexión, un estudio hecho a nivel español, con datos a mayo de 2020,38 revelaba que el porcentaje estimado real de infectados estaba en alrededor del 6% de la población (algo más de 2.800.000 sobre unos 47 millones de personas de población total) y que la tasa de letalidad se situaba en algo más del 9 por mil de los infectados (unos 27.000 fallecidos en aquellas fechas) con una enorme concentración de la letalidad en los infectados de más de 65 años y con patologías previas, 42 fallecidos por cada 1.000 in...

Índice

  1. Índice
  2. Prólogo
  3. Agradecimientos
  4. Un poco de contexto
  5. La estupidez en los últimos siglos
  6. Las tendencias y las modas en la actualidad. Los otros «ismos»
  7. Información y propaganda. Internet y los medios de comunicación
  8. El misterio de las redes sociales
  9. Nacionalismos, banderas y otras yerbas
  10. Elogio a una palabra: gilipollas
  11. La educación en el siglo XXI. ¿Remedio o acelerador de la estupidez?
  12. El mundo de las Administraciones Públicas en el siglo de la estupidez
  13. La clase política, o la posesión de la estupidez viral llevada al grado sumo
  14. Y en ésas estábamos cuando llegó un virus
  15. Epílogo
  16. Frases seleccionadas

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