CUARTA PARTE
LLEGAR A COMPADECER AL PERVERSO
EN LOS ORÍGENES DE LA PERVERSIÓN
¿NIÑOS MALTRATADOS?
¿Podemos decir que todos los perversos narcisistas han sido víctimas de maltrato? Depende de la definición que hagamos de maltrato.
Podríamos plantearnos cuál es la intención del educador para definir el maltrato, lo que, como veremos, a menudo es lo adecuado. Pero algunas formas de «no-buen-trato» pueden ser el resultado de mentes aparentemente bondadosas. Una encuesta ha revelado que los niños criados en orfanatos de Europa del Este, que no habían recibido ni buenos ni malos tratos, presentaban carencias psicológicas porque no habían podido formular nunca ninguna demanda. Las mismas carencias se han encontrado en niños muy mimados.
Si se alimenta al niño antes de que tenga hambre, o si obtiene algo antes de desearlo, nunca formulará un deseo ni conocerá la frustración, puesto que sabemos que el hombre se desarrolla en la capacidad para desear y para renunciar: es en el encuentro con las reglas, y con los límites, donde se estructura.
Muchos de nosotros tememos el conflicto. Sin embargo, el conflicto puede ser útil y estructurante. Tomemos el ejemplo de un adolescente que les dice a sus padres que esa noche sale y que no sabe a qué hora volverá. Cuando su padre se opone, el adolescente se va a su habitación y se encierra después de dar un portazo. Es importante saber que al hijo, incluso si muestra enfado, eso lo tranquiliza: ha encontrado fuera de él los límites que aún no está del todo seguro de tener completamente por sí mismo.
Poner límites al hijo
El padre de Nicolás, que es artista, abandonó a su mujer y a sus cuatro hijos para entregarse a su arte. Nicolás me explica que nunca le ha faltado nada ni ha conocido la violencia pero que, no obstante, vive en un estado de angustia permanente, y puede ser muy agresivo y despreciativo con su pareja.
Nicolás reconoce que de niño le dieron mucho amor, pero que no le pusieron límites. Efectivamente, siendo adolescente, cuando volvía tarde o no estaba a la hora de las comidas, nadie le decía nada.
Como hemos visto, cuando la pulsión se presenta, ya sea agresiva o sexual, el perverso pasa al acto mientras que el neurótico se lo prohíbe y reprime, o desplaza su pulsión. El primero, a diferencia del segundo, no tiene límite. Cuando Nicolás presiente una pulsión, está aterrorizado porque tiene la sensación que podría pasar al acto a pesar suyo, que nada podría impedírselo. Sus padres no le han ayudado a estructurarse. Su violencia es de hecho un miedo y un rechazo de sí mismo.
Cuando a un niño pequeño le damos un cachete en el culo para darle a entender que ha sobrepasado los límites; o cuando un niño reclama comer fuera de horas y le decimos que ya sabemos lo que está pidiendo pero que deberá esperar a la hora de la comida, estamos haciendo un acto de compasión con él porque le estamos ayudando a educarse.
Muchos perversos han padecido malos tratos, pero muchos de ellos fueron niños mimados que no han encontrado ni límites ni frustraciones, lo cual no les permitó estructurarse.
Algunos psicoanalistas se han interesado en la evolución del niño y han buscado las causas de una buena o una mala evolución. Donald Winnicott encuentra en la primera relación madre-hijo el origen de la evolución psíquica del niño. En primer lugar, en el manejo y la mirada de la madre, después en los espacios y los objetos transicionales a su disposición. Paul-Claude Racamier ve en una relación incestuosa de los padres con el niño el origen de lo que impedirá su evolución, y que no le permitirá acceder al Edipo y luego separarse de sus referentes.
JUEGO Y REALIDAD
En su libro Jeu et réalité,1 Donald Winnicott nos propone herramientas para comprender la evolución del niño y su capacidad de ser y pensar; es decir, para jugar en la realidad con su individualidad.
Para Donald Winnicott, la creatividad es la posibilidad de posicionarse en la comunidad sin negar la propia subjetividad. El niño, para pasar del sentimiento de serlo todo a la relación de objeto, y luego a la subjetividad, utilizará lo que Donald Winnicott llama objetos y espacios transicionales. Cuando el bebé reclama y la madre no acude, el niño deberá encontrar por sí mismo un objeto que sustituya a la madre; un objeto transicional para soportar su ausencia: el pulgar, el chupete o cualquier otro objeto que la sustituya. Es ahí donde se juegan el sentido y el simbolismo que permitirán al niño tender hacia la objetividad en las interacciones que él crea con el mundo. En un lugar entre fusión y separación, el niño entrará en una experiencia en la cual se manifestará su creatividad. La creatividad permite al individuo inscribirse en la comunidad conservando su subjetividad. Donald Winnicott llama «área intermedia» a las experiencias que lleva a cabo el niño entre el yo y el no-yo, es decir, con los objetos externos a él. Es a través del juego y de las relaciones de su entorno como el niño adquirirá su independencia.
Al principio, como hemos visto, el bebé es incapaz de distanciarse por sí mismo. Tiene un sentimiento de omnipotencia, como si satisficiera él mismo sus propias necesidades. Está instalado en la ilusión de su omnipotencia. En la experiencia de la omnipotencia, el objeto es a la vez encontrado y creado. El bebé no distingue el fantasma (objeto creado) de la realidad (objeto encontrado), el yo del no-yo. Cuando el niño pueda percibir objetivamente los objetos, intentará destruirlos. Su pulsión será una tentativa de despegarse del objeto, aun conservando influencia sobre él. Intenta verificar su omnipotencia para no salir de la ilusión.
El juego permite la desilusión frente a la pérdida de este control mágico, y el acceso al sentimiento de libertad. El niño que experimenta un desarrollo sano deja atrás la omnipotencia después de haber intentado destruir al objeto, ponerse a jugar con él y construir su realidad. El perverso narcisista, al no haber recibido seguridad en su infancia, permanece anclado en sus primeros tiempos de vida e intenta comprobar su omnipotencia continuamente, con el riesgo de destruir a los que intentan comprender y recrear su realidad. Para el perverso, su víctima es como un objeto transicional que intenta destruir, y luego vuelve a buscarla en la realidad. No habiendo habido distancia con su madre, no ha podido encontrar su propia imagen, atrapado entre el deseo de fusión y la necesidad de distancia. El perverso narcisista verifica su omnipotencia con la seducción e intenta despegarse del otro intentando destruir su imagen.
LA IMPORTANCIA DEL ENTORNO
La madre trabaja para la satisfacción del bebé. Es lo que Donald Winnicott llama preocupación maternal primaria. Si el entorno es lo bastante bueno, el bebé experimentará una sensación de omnipotencia antes de alcanzar una madurez suficiente para iniciar el proceso de separación entre el yo y el no-yo. Según Donald Winnicott, para asegurar el rol del niño, el entorno debe proporcionar el holding, el handling y el objeto-representativo.
El holding representa lo que va a apuntalar psíquicamente al niño, es decir, lo que servirá de apoyo a su yo. El niño lo encontrará primero en la mirada de su madre, y en su capacidad para responder a sus necesidades, y después en las relaciones que establecerá con su entorno.
El handling, el «manejo» del niño que, si es lo bastante tranquilizador, le permitirá delimitar su cuerpo.
El objeto representativo consiste en la iniciación progresiva a la realidad poniendo objetos al alcance del niño para que los pueda experimentar.
Una madre paradójica
Andrea confiesa: «Mi hermana me ha contado que, cuando yo era bebé, mi madre alcohólica no soportaba mi llanto. Podía llegar a dar fuertes patadas a mi cuna. Luego se culpabilizaba e iba a comprarme juguetes. Todavía ahora, ella me puede insultar una noche, y venir al día siguiente a casa para darme dinero para ayudarme».
La madre de Andrea, puesto que era caótica, no sabía calmar a su hija. Andrea, de adulta, reproducirá los mismos esquemas alternando momentos de amor con períodos de odio hacia quien habrá identificado como objeto de amor.
LAS VARIACIONES EN EL ROSTRO DE LA MADRE
Donald Winnicott explica que al principio el bebé no existe, es decir que él no tiene sentimiento de existencia en él mismo. Dirige su cara hacia la de su madre para intentar ver algo de él mismo. Si su madre lo considera una persona, podrá ponerse en contacto con su propia existencia. Esto será posible si la madre lo ve como a un individuo, y no como parte de ella misma.
Gracias a un refuerzo a través del yo materno, el yo del niño se integrará en el interior, y el no-yo se proyectará hacia el exterior. Esto le permitirá al niño, progresivamente, desmarcarse de su madre y, por tanto, del mundo exterior.
La madre del perverso no ha sabido ni reconfortar a su hijo ni ayudarle a separarse. Esto ha sucedido porque la madre ha tomado a su hijo por una parte de ella misma o porque ha utilizado a su hijo como falo, o como portador de su síntoma y responsable de su malestar o rechazo. El niño no ha podido integrar la imagen de su madre más que al precio de un clivaje delirante: para seguir amando a su madre, el niño ha tenido que negar su aspecto negativo e integrar una imagen delirante de su madre. Deberá, pues, sostener su fantasma y rechazar cualquier aspecto negativo de su madre, con el riesgo de proyectarlo en otro, identificado esta vez como mal objeto. Después, el perverso, de nuevo solo al precio de un clivaje, y con proyecciones masivas cuyo coste asumirá la víctima, podrá encontrar una relativa paz interior frente a sus objetos internos.
Una reacción sorprendente
Olivia y Maura trabajan en el mismo despacho. Olivia perdió a su madre siendo muy joven, y se encontró a solas con su padre cuidando de su hermano pequeño. Maura fue maltratada durante su infancia por su madre, pero sigue teniendo una relación muy estrecha con ella. Cuando ingresan a su madre en el hospital con un diagnóstico crítico, Maura se sume en un estado de angustia muy fuerte. Una noche, Olivia la abraza para consolarla. Al día siguiente, Olivia llega antes que Maura al despacho. Necesita utilizar un teléfono y coge el de Maura. Cuando Maura llega y ve a Olivia con su teléfono, la agarra por el cuello e intenta estrangularla. Afortunadamente, unos compañeros de trabajo advierten el forcejeo y logran separarlas. Olivia acaba hospitalizada y tiene que llevar un collarín durante varios meses.
Olivia creía que hacía bien consolando y conteniendo a Maura. Se posicionó como buena madre, abrazándola. No podía imaginarse que Maura desarrollaría un clivaje (buena madre/mala madre) y dirigiría su violencia y surencor contra ella: esta acción permite a Maura seguir amando a su madre, temporalmente liberada de su odio.
EL FANTASMA
Freud descubre el fantasma con sus pacientes neuróticos. Freud comprende que es el fantasma inconsciente lo que estructura la actividad psíquica: el desarrollo del niño se organiza alrededor de las actividades fantasmáticas. En su primera teoría de las neurosis, Freud pensaba que la causa era un incesto. Después comprende que se trata de un fantasma inconsciente que intenta emerger, y que el fantasma es la realización de los deseos reprimidos. De manera que sus pacientes no mienten, se ilusionan. Entonces Freud inventa la teoría del Edipo como conflicto nuclear de todas las neurosis.
En el fantasma, la persona es sujeto de su propio deseo y sujeto de su propio inconsciente (que es el que dirige sus fantasmas). Estando prohibido su deseo, el fantasma va a colocarse entre el deseo y la prohibición. Permanece secreto porque es de naturaleza incestuosa. Freud describe el fantasma como un escenario: debe corregir y apuntalar la realidad.
Como hemos visto, el psiquismo se rige por el principio de placer (inconsciente) y por el principio de realidad (consciente). El fantasma, a medio camino, permite conservar una zona protegida donde reina el principio de placer sin perjuicio en la realidad. Para una persona estructur...