1-Algunas palabras iniciales
“Ya pasará…Todo pasa…”
Hace poco, después de algún tiempo, volví a escuchar esa frase tan conocida, tan de la sabiduría popular. Se trataba de alguien que, sufriendo mucho otra vez por una situación ya conocida, volvía –no obstante- a intuir con certeza el carácter transitorio de la vida, su curso continuo que se renueva a cada momento justamente porque “todo pasa” y nada permanece demasiado tiempo en un mismo estado o lugar.
Es curioso comprobar cómo, cada día, las personas vislumbramos correctamente parte del verdadero significado y sentido de la existencia. Los ejemplos están a la vuelta de la esquina. Frases, refranes, comparaciones y demás, son siempre testimonio vivo de esa percepción despierta en un sinnúmero cada vez mayor de personas. La mente humana de hoy se ha complejizado y ha avanzado lo suficiente como para inteligir con acierto el carácter principal de la realidad física que nos rodea: la mutabilidad.
Si en este mismo momento alguien irrumpiese en su ambiente inmediato y le dijera ruidosamente y con ademanes enérgicos cuán cambiable, efímera, pasajera o fugaz es la vida, ¿usted se asombraría? ¿Sentiría estar ante un momento “revelador” en su vida?
Ciertamente que no. Podría sentir muchas cosas pero difícilmente podría creer haber llegado a una conclusión que jamás se la había pasado antes por la cabeza. Además del disgusto que este inoportuno visitante podría causarle con su falta total de decoro, usted bien podría decir tras cavilar unos segundos:
“Por supuesto… ¿quién no sabe eso?”
Luego y sin más, hubiera vuelto a su rutina cotidiana. Hubiera vuelto a la realidad, su realidad, tan mutable y cambiante como la de cada ser humano que en este preciso instante habita este planeta.
Los seres humanos sabemos, entendemos, captamos verdades (cada vez en mayor número, sí). Apreciamos, analizamos, juzgamos, tomamos posición, evaluamos, damos veredictos. Además, damos consejos, sugerencias, advertencias. También aprendemos, estudiamos, creamos, profundizamos en el entendimiento de complejos sistemas conceptuales, comparamos y hasta logramos brillantes resúmenes de redes mentales no tan fáciles de resumir. O sea, los seres humanos nos relacionamos a cada instante con la realidad. Cual obreros que en multitud transitan por un puente rumbo a una enorme planta industrial para más tarde retornar a sus hogares y reencontrarse con sus familias o afectos, cruzamos hacia la realidad y de ella volvemos, y volvemos a cruzar para más tarde retornar otra vez a nuestro centro mental, y así sucesivamente en un ciclo que ocurre millones de millones de veces cada día. No importa cuán inteligentes, cultos, preparados o capaces seamos. Menos importa si tenemos estudios académicos o no. De hecho, no importa en lo más mínimo. No marca una diferencia sustancial. Por naturaleza, por evolución racial, los seres humanos interactuamos a cada segundo con la realidad. Con cada percepción, con cada acción, con cada recuerdo, idea, comparación o iniciativa, estamos relacionándonos con el vasto mundo de la realidad material.
Otra vez nuestro visitante aparece, nos interrumpe esta lectura. Salta nerviosamente, agita las manos, exhibe una motricidad tosca, antiestética por completo. Ahora ya está más nervioso que la vez primera. Ha comenzado a sudar un poco. Da vueltas en círculos, se mueve de un lado a otro. Le falta un cigarrillo en la boca pero se tantea los bolsillos y no lo trajo consigo.
“La realidad cambia todo el tiempo…Es pasajera”
Vuelve a repetir su sentencia, solo que esta vez su mirada ya transmite cierto aire de resignación, de tristeza quizás.
“Sí, sí…Ya lo dijo hace un rato…”
Quizás nuestra mirada tampoco sea la misma en esta segunda oportunidad. Quizás su tristeza encuentre de nuestro lado cierto fastidio. Quizás esta introducción se estaba poniendo algo curiosa y misteriosa. Sobre todo porque el autor sigue siendo impreciso, vago, y no va al grano. Solamente por eso –la curiosidad humana otra vez haciendo de las suyas- usted había decidido continuar leyendo hasta que este inoportuno sujeto interrumpió el momento.
Decide no darle mayor trascendencia al asunto. Retira su atención y vuelve a la lectura. El ruidoso visitante como apareció, desaparece.
Mientras se concentra de nuevo pasan por su cabeza tareas pendientes, responsabilidades ineludibles, horarios, compromisos, intereses. Posiblemente todo esto, traiga, también, alguna reacción emocional no tan cómoda: tensión, nerviosismo, disgusto, preocupación, pero, con todo, hace un nuevo esfuerzo mental y vuelve a la lectura.
Lo que decíamos es lo ya sabido. Este enorme laboratorio en el que todos estamos inmersos 24 horas al día, no se detiene jamás. Podemos tener la sensación, la ilusión de descanso, de pausa, de “recreo” quizás, pero lo cierto es que este inmenso aparato no se detiene de manera alguna. Y parece no existir la forma de detenerlo. Dormidos o despiertos, tensos o distendidos, dichosos o infelices, la realidad física sigue inexorablemente su ritmo con paso firme.
Una propuesta inicial para ir terminando esta introducción necesariamente confusa. Nos detengamos un momento y tratemos de responder esta pregunta:
¿Qué aspecto de esta enorme realidad nos incluye a prácticamente todos los seres humanos, dejando afuera solamente unas pocas excepciones?
Podemos ensayas multitud de respuestas, claro: la contaminación, la inseguridad, etc…Pero este trabajo pretende acercarse al drama humano en su aspecto subjetivo, a la tragedia interior con la que cada día tenemos que batallar, y no tanto a cuestiones ambientales, externas (si bien, a fin de cuentas, una no está separada de la otra, por supuesto).
Para ir cerrando este primer círculo, ofrezco esta respuesta. Seguramente muchos ya se adelantaron y estarán diciendo: “Ah, pero eso es tan viejo, tan poco original…”
Porque si hay algo que nos iguala a cada momento independientemente de toda condición individual o grupal, es…el sufrimiento. El dolor de la existencia.
Ahí se acerca el molesto visitante otra vez. ¿Vendrá a insistirnos con su desesperado argumento de la realidad?
¡Demos vuelta la página y simulemos aguda concentración!
Quizás eso lo disuada por un rato…