
- 100 páginas
- Spanish
- ePUB (apto para móviles)
- Disponible en iOS y Android
eBook - ePub
Máscara de machirulo
Descripción del libro
La humanidad avanza; quizás muy lentamente en ciertos ámbitos, pero es innegable que su marcha es incesante. Evolucionamos gracias a nuestra capacidad de reflexión, porque podemos pensar sobre el mundo que nos rodea y sobre nosotros mismos.
Como sociedad, lo que nos permite crecer es el cuestionamiento de la supuesta normalidad, la incansable búsqueda de una discusión respecto a lo preestablecido. Y de eso trata este libro: del cuestionamiento de los mandatos, del hurgar dentro de uno mismo para entender los porqués de ciertos comportamientos, de la valentía de poder mirarse en el mismo espejo, pero con otros ojos.
Máscara de machirulo, entonces, puede considerarse como un libro de memorias, como un compendio de historias de amor y desamor o, mejor, como el diario de un viaje colectivo en el que todos seguimos caminando.Preguntas frecuentes
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Información
Estimados lectores y lectoras:
Quisiera acercarme a ustedes a través de estas vivencias, que contribuyeron a un posterior cambio en mis modos de observación y análisis, modificación que, como consecuencia, arraigó una ideología que lleva como estandarte la búsqueda de una discusión incesante respecto a todo lo que creemos normal y preestablecido.
No seré ni el primero ni el último que discuta acerca de la normalidad y del orden que heredamos de la propia historia del ser humano, historia que se modifica y evoluciona con el correr de los años. Siempre voy a recomendar acercarse a Michel Foucault a quienes quieran adentrarse en este contenido, pero, desde mi pequeño lugar, intentaré aportar un grano de arena para que vivamos en una sociedad más tolerante, justa y solidaria.
Me gustaría invitar a una lectura desde un lugar que no los ubique como meros observadores, sino en el que se vaya respondiendo a la pregunta clave: «¿qué aspectos de esta obra pueden contribuir positivamente a mi propia vida y la de mis seres queridos?».
Pido disculpas si mi pensamiento resulta polémico, pero no puedo arrepentirme de ninguna palabra escrita. Es una tóxica costumbre el repudiar ideas que no sigan un discurso dominante, pero exponerse a este es un riesgo necesario para la innovación del pensamiento.
Existiendo muchas corrientes de feminismo, quisiera enfocarme en el radical. Estas personas realizaron con sumo éxito la contribución correspondiente a este momento de la historia, pero, para poder seguir avanzando hacia la igualdad, deben reconsiderar sus métodos. Cuando, en su deseo de cambiar la sociedad, imponen un mensaje ante personas que, producto de su formación social y cultural, no tienen los recursos para entender la perspectiva por la fuerza, estos seguirán llamándolas «feminazis de mierda que se pasean por las calles en tetas y dan vergüenza», y reducirán a todo el movimiento feminista dentro de esa categoría por la propia decantación que genera el vivir en una sociedad de masas gobernada por la opinión, que le baja el precio al verdadero sentido de la lucha.
Estas opiniones desmembradas son el resultado de una sociedad regida por la ortodoxia familiar, acompañada por un sistema educativo sumamente arcaico, que poca gente pone en tela de juicio de manera seria. Hay cambios que son necesarios, pero son especialmente ignorados por una clase política con escasa ambición de grandeza, que solo menciona palabras
vagas sin hacerse cargo de la construcción de nuevos caminos.
vagas sin hacerse cargo de la construcción de nuevos caminos.
Abrir esas discusiones será vital si deseamos encontrarnos con mentes cada vez más abiertas, no solamente respecto de la mujer, sino también en torno a la tolerancia entre los seres humanos y la lucha contra nuestros miedos internos, que impiden escuchar a quien tenemos en frente.
Escuchar se encuentra a galácticas distancias de aceptar lo que dice el otro como verdad, por lo que quisiera definirlo como ‘contemplación de la posibilidad de que parte de lo que uno piensa pueda llegar a ser mejorado y que al menos una parte de lo que la otra persona está transmitiéndome pueda servirme’.
Escucharnos tiene el potencial de lograr un feminismo más eficiente y, aunque los avances producidos en la última década harían llorar de emoción a muchas de las mujeres que recordamos cada 8 de marzo, resulta innegable que la tirantez en los extremos dificulta el camino.
Quisiera invitarlos a un nuevo paradigma basado en la pacificación y la paciencia, donde maquiavélicamente dejemos de lado nuestros juicios para así llegar a esos hogares que no pudieron comprender la necesidad de seguir avanzando en la lucha por esa igualdad histórica.
Acerca de Paco Valerio
Antes que nada, quisiera que comprendan que decidí no publicar mi nombre porque, por efecto dominó, generaría incomodidades en las mujeres implicadas en cada relato. Por respeto a ellas, tampoco revelaré su identidad.
Sí creo necesario revelarles algunos datos para que comprendan de dónde vengo, por qué pensaba como pensaba, por qué actuaba como actuaba, cómo fue evolucionando mi pensamiento, cómo contribuyeron los diferentes movimientos, por qué pienso y actúo como lo hago y por qué creo que tengo muchísimas cosas que aprender aún. Ojalá esta obra sea el puntapié para lo que pueda llegar a venir.
Paco Valerio es una persona criada en una familia históricamente patriarcal, al igual que la mayoría de ustedes. En la familia, el hombre era quien tomaba las decisiones, manejaba el control del televisor, y se consideraba, de manera inconsciente, que tenía mayor poder por llevar el dinero. La mujer debía acompañar y solamente hacerse cargo de la crianza de los hijos.
También Paco Valerio creció en un entorno de ciudadanía donde el hombre tenía que ir en busca de la mujer porque eso era «de macho», y la mujer debía acceder o no a sus propuestas y, al asentir, concluía «entregándole» su cuerpo. Esta es una de las tantas premisas que me condujeron a discutir sobre sexualidad, empezando por casa.
Sin dudas, los últimos años contribuyeron positivamente en mi manera de tratar a las mujeres, pero no puedo ignorar que lo hice por la fuerza, cambiando por miedo a lo que podría sucederme si llegaba a cruzar algún límite, sin sentirlo genuinamente. Esto fue hasta la llegada del clic de la comprensión pacífica, basado en algo tan simple como escuchar al otro con el objetivo de nutrirme de sus experiencias; solo así logré actuar mediante un respeto sincero hacia la otra persona y no por miedo a las consecuencias de un mal accionar.
Creo estar lejos de haber sido un ser extremadamente repudiable, como podría serlo un golpeador o un abusador, y, aunque así algunos puedan categorizarme, dudo de que la clasificación tenga vital importancia en la solución del problema, como sí lo será atacar el origen de este modo de vida arcaico que continúa en muchas personas y deseamos erradicar.
En lo personal, me considero consecuencia de aquello que la sociedad me transmitió como normalidad, una normalidad que me condujo a ser victimario por manejar un cierto grado de poder sobre algunas personas, atropellando por egoísmo y comodidad, en muchos casos, el cariño que depositaban en mí.
Así estaba bien y, mientras no me mandaran a la mierda, seguíamos bien. Si me dejaban, cambiaba la estrategia: me victimizaba, hacía sentir culpa, prometía cambiar, y así tal vez la otra persona volvía. Todo de manera automática, sin intención de perjudicar, pero haciéndolo por omisión, desconociendo que del otro lado había alguien que también sufría y tenía sentimientos, que, muchas veces, reprimía.
Carta a astrólogos y astrólogas
Independientemente de que crean o no en la astrología, los invito a recorrer este camino. Quienes no, pueden ignorar el primer párrafo de cada historia y contemplar el uso de los diferentes signos astrológicos como mero reemplazo de nombres reales. Y quienes crean podrán darle el sentido que consideren pertinente.
Particularmente, no sé si creer o no. Tal vez hoy se impone como moda en una sociedad que se aleja cada vez más de las diferentes religiones por entenderlas como meros refugios espirituales que se forjaron por la incertidumbre que genera aquello que pueda llegar o no a suceder el día que no estemos más en este mundo. No hay dudas de que, alrededor de esa incertidumbre, se fueron generando grandes negocios, guerras y una milenaria necesidad de dirigir el pensamiento, el accionar y los juicios de valor de grupos masivos de personas. En definitiva, poder.
Pero ¿quién es dueño de la verdad absoluta? ¿Acaso los judíos o los musulmanes tienen el infierno asegurado si la verdad la poseen los católicos? Si los mayores crímenes de la humanidad se han hecho en nombre del bien, ¿quién determina lo bueno y lo malo?
Es posible que seamos nosotros quienes personifiquemos y le demos el sentido a lo que queremos creer y, al dejar de creer mínimamente en algo, la búsqueda de una nueva fe nos presenta inmediatamente a la astrología.
No tengo dudas de que la idea de un universo todo armónico y de nosotros como un pequeño universo regido por las mismas leyes tiene la fuerza para endulzar los oídos de los jóvenes que nos revelamos ante lo que nos inculcaron. y, aunque en el fondo tengamos la certeza de que nadie sabe la verdad, engañar a nuestra mente puede hacernos bien y ayudarnos a enco...
Índice
- 001 Mascara de Machirulo
- 003 Mascara de Machirulo
- 002.2 Mascara de Machirulo