San José Sánchez del Río y mártires de México
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San José Sánchez del Río y mártires de México

  1. 194 páginas
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San José Sánchez del Río y mártires de México

Descripción del libro

Joselito, como llaman en su tierra mexicana a san José Sánchez del Río, mártir a los catorce años, es uno de los más jóvenes del Martirologio católico. También es de los más recientes, declarado santo por el papa Francisco en 2016. Sin llegar a empuñar las armas, no temió arriesgar su vida por Cristo y por la Iglesia, uniéndose a los cristeros en el convulso México de hace cien años.¿Qué pasó para que muchos católicos se alzaran contra el gobierno? ¿Fue legítima la guerra de los cristeros? El autor de este libro, natural del pueblo del joven mártir, no sólo responde a estas preguntas con documentos, sino que logra describir el ambiente que se vivía en Sahuayo dejando hablar a testigos directos de los hechos.A las decenas de miles víctimas causadas por la guerra, se suman en torno a 500 sacerdotes y no pocos católicos laicos asesinados por odio a la fe. La Iglesia ha reconocido ya como mártires a 40 de ellos, que también son presentados en este libro.En el siglo XX, en México, a causa del liberalismo radical —en otros lugares, bajo otros signos ideológicos— la sangre de los cristianos fue derramada sobre el altar del utópico ídolo moderno del «progreso». ¡Mártires de la esperanza!

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Información

Año
2022
ISBN del libro electrónico
9788413394374
Edición
1
Categoría
History
Categoría
Mexican History
XII. OTROS MÁRTIRES de México
«Los sacerdotes, religiosos y seminaristas víctimas de la persecución religiosa en México quizá ronden los 500. La lista de seglares católicos victimados en la persecución por odio directo a la fe católica o como consecuencia de la misma son sin duda algunos millares. Si a estas víctimas se añaden luego las de la Cristiada, sobre todo cuantos fueron traidora y bárbaramente asesinados tras los conflictos y tras los ‘arreglos’ de 1929, el número de estas víctimas alcanza cifras escalofriantes: unos 30.000 que cayeron en la Cristiada y 5.000 asesinados tras la contienda». Así resume Fidel González Fernández, experto en estos temas, los grandes números de víctimas de la guerra cristera y de la persecución en México72.
De aquellos mártires, 40 han sido reconocidos hasta ahora oficialmente por la Iglesia como mártires de Cristo: 26 santos y 14 beatos.
Los catorce beatos son los siguientes:
1. Beato Miguel Agustín Pro, sacerdote jesuita, el primero de los mártires mexicanos en llegar a los altares, al ser beatificado en Roma por san Juan Pablo II el 25 de septiembre de 1988.
2. Beato Elías del Socorro Nieves Castillo, sacerdote agustino, beatificado en Roma por san Juan Pablo II el 12 de octubre de 1997.
3. Beato Anacleto González Flores, abogado laico, hoy patrono de los laicos mexicanos, y 12 compañeros mártires, beatificados por san Juan Pablo II, por medio de su representante el cardenal José Saraiva Martins, en el estadio Jalisco de Guadalajara el 20 de noviembre de 2005. Sus doce compañeros de beatificación son los siguientes:
4. Beato Luis Padilla Gomez, laico.
5. Beato Jorge Vargas González, laico.
6. Beato Ramón Vargas González, laico.
7. Beato Ezequiel Huerta Gutiérrez, laico.
8. Beato Salvador Huerta Gutiérrez, laico.
9. Beato Leonardo Pérez Larios, laico.
10. Beato José Trinidad Rangel Montaño, sacerdote.
11. Beato Andrés Solá Morist, sacerdote claretiano.
12. Beato Luis Magaña Servín, laico.
[José Sánchez del Río, laico. Canonizado en 2016]
13. Beato Miguel Gómez Loza, laico.
14. Beato Ángel Darío Acosta Zurita, sacerdote.
25 santos, encabezados por san Cristóbal Magallanes, fueron canonizados en Roma por san Juan Pablo II el 21 de mayo de 2000. Son los siguientes:
1. San Cristóbal Magallanes Jara, cura párroco de Totatiche.
2. San Román Adame González, sacerdote.
3. San Rodrigo Aguilar Alemán, sacerdote.
4. San Julio Álvarez Mendoza, sacerdote.
5. San Luis Bátiz Saínz, sacerdote.
6. San Agustín Caloca Cortés, sacerdote.
7. San Mateo Correa Magallanes, sacerdote.
8. San Atilano Cruz Alvarado, sacerdote.
9. San Miguel de la Mora de la Mora, sacerdote.
10. San Pedro Esqueda Ramírez, sacerdote.
11. San Margarito Flores García, sacerdote.
12. San José Isabel Flores Varela, sacerdote.
13. San David Galván Bermúdez, sacerdote.
14. San Salvador Lara Puente, laico.
15. San Pedro de Jesús Maldonado, sacerdote.
16. San Jesús Méndez Montoya, sacerdote.
17. San Manuel Morales, laico.
18. San Justino Orona Madrigal, sacerdote.
19. San Sabás Reyes Salazar, sacerdote.
20. San José María Robles, sacerdote.
21. San David Roldán Lara, laico.
22. Santo Toribio Romo González, sacerdote.
23. San Genaro Sánchez Delgadillo, sacerdote.
24. San Tranquilino Ubiarco Robles, sacerdote.
25. San David Uribe Velasco, sacerdote.
A estos 25 santos se suma ahora otro más: san José Sánchez del Río, canonizado el 16 de octubre de 2016. A continuación se ofrece una semblanza de cada uno de estos santos.
San Cristóbal Magallanes Jara
Nació en Totatiche, Jalisco, el 30 de julio de 1869. De muy humilde origen, ingresó en su juventud al seminario conciliar de Guadalajara, donde se acreditó como un excelente candidato al ministerio eclesiástico. Ordenado presbítero el 17 de septiembre de 1899, prestó sus servicios en la Escuela de Artes y Oficios del Espíritu Santo, en Guadalajara; siendo luego párroco de su pueblo natal, se distinguió por su vida limpia y una intensa labor social. Para atender las vocaciones sacerdotales de esa región, estableció en su parroquia, a partir de 1916, un seminario auxiliar.
El 21 de mayo de 1927 un grupo de militares, encabezados por el general de brigada Francisco Goñi, capturó al párroco; ese mismo día el encargado del seminario de Totatiche, presbítero Agustín Caloca, también fue aprehendido. Acusado de sedición, el párroco desmintió los cargos presentando un artículo de su puño y letra, publicado un poco antes, donde exhortaba a sus feligreses a mantener la calma: La religión ni se propagó ni se ha de conservar por medio de las armas. Ni Jesucristo, ni los apóstoles, ni la Iglesia han empleado la violencia con este fin. Las armas de la Iglesia son el convencimiento y la persuasión por medio de la palabra.
Dos días después fueron trasladados a Momax, Zacatecas, y la mañana siguiente, sin ningún juicio, fueron fusilados en el patio de la presidencia municipal. Antes de ser ejecutado, el señor cura Magallanes distribuyó sus pertenencias entre los soldados del pelotón, dirigidos por el teniente Enrique Medina. Después ambos sacerdotes se dieron la absolución sacramental.
El señor cura pidió permiso para decir lo siguiente: Soy y muero inocente, perdono de corazón a los autores de mi muerte y pido a Dios que mi sangre sirva para la paz de los mexicanos desunidos. Sus restos, exhumados de Colotlán, yacen en la parroquia de Totatiche, Jalisco.
San Román Adame González
Nació en Teocaltiche, Jalisco, el 27 de febrero de 1859. De humilde cuna, en su juventud ingresó al seminario conciliar de Guadalajara. Como superaba en edad y juicio a sus condiscípulos, de seminarista desempeñó algunos oficios de cierta responsabilidad con diligencia y gusto.
Presbítero desde el 30 de noviembre de 1890, se le encomendaron algunos oficios de gran responsabilidad, poco después fue nombrado párroco. En su último destino Nochistlán, Zacatecas, se conserva la memoria del párroco piadoso, promotor de la devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María; confesor asiduo, predicó varias misiones populares y ejercicios espirituales; mejoró la catequesis y la instrucción en la fe y atendió con paternal solicitud a los enfermos.
Al suspenderse el culto público, continuó ejerciendo su ministerio. La prudencia no mermó su integridad, pues si bien evitaba el enfrentamiento, sabía que su vida corría peligro. La víspera de su captura públicamente dijo: ¡Qué dicha ser mártir, dar mi vida por mi parroquia! Un vecino del rancho Veladores compareció ante el coronel Jesús Jaime Quiñones, jefe de armas del ejército federal establecido en Yahualica, para denunciar al párroco. La madrugada del 19 de abril de 1927, Quiñones dirigió la captura y aprehensión del anciano, quien fue arrancado del lecho donde descansaba. En ropa interior, casi desnudo, descalzo y a pie, fue obligado a recorrer casi treinta kilómetros; un soldado compadecido le cedió su caballo, lo que le granjeó injurias de sus compañeros.
El coronel Quiñones ordenó torturar al prisionero. Durante el día lo expuso a la vista de todos atándolo a una de las columnas de los portales de Yahualica. Los vecinos solicitaron a Quiñones la libertad del reo. Tengo órdenes de perseguir y fusilar a todos los sacerdotes, pero si me dan seis mil pesos, a este le perdonaré la vida, respondió. Reunida la crecida suma, el militar se la apropió sin cumplir lo pactado, pues el 21 de abril decretó que el padre Adame fuera fusilado a las tres de la tarde en el cementerio municipal. La orden fue cumplida con exactitud. A la hora señalada colocaron al mártir junto a la fosa que le serviría de sepulcro. Uno de los soldados, Antonio Carrillo, se negó a disparar contra el sentenciado; el que dirigía el pelotón lo abofeteó, lo despojó de sus insignias y lo colocó en el paredón; una descarga hizo caer en la tumba al párroco; acto continuo fusilaron a Carrillo, inhumándolo en el mismo sepulcro. Sus restos descansan en Nochistlán, Zacatecas.
San Rodrigo Aguilar Alemán
Nació en Sayula, Jalisco el 13 de febrero de 1875. Ingresó al seminario auxiliar de Zapotlán el Grande, en 1888, donde cultivó el estudio del idioma castellano, aplicando sus cualidades literarias en el ministerio de la palabra.
Ordenado presbítero el 4 de enero de 1903, desempeñó su ministerio con celo y dedicación. Desde 1925 párroco de Unión de Tula, Jalisco, a partir de la suspensión del culto público fue objeto de persecución: debido al acoso sufrido desde enero de 1927 buscó refugio fuera de los límites de su parroquia, en Ejutla, Jalisco, perteneciente a la diócesis de Colima, donde seguía atendiendo las necesidades espirituales de sus feligreses.
Durante lo más álgido de la persecución religiosa llegó a decir: Los soldados nos podrían quitar la vida, pero la fe nunca. El 27 de octubre de 1927 el general Juan B. Izaguirre llegó a Ejutla, capitaneando un nutrido contingente de militares. El padre Aguilar, nombrado examinador sinodal de un grupo de seminaristas, refugiados como él por la persecución, se disponía a cumplir con su oficio; alertados, todos huyeron, menos el padre, enfermo de sus pies. Al ser descubierto, los ...

Índice

  1. ÍNDICE
  2. PRÓLOGO
  3. I. SAHUAYO, PRIMEROS AÑOS DEL SIGLO XX
  4. II. LEGISLACIÓN INICUA
  5. III. AGOSTO DE 1926 «PORQUE DIOS YA ME LLAMÓ»
  6. IV. PROBANDO LA VIDA DE LOS SOLDADOS
  7. V. POR EL RUMBO DE COTIJA, «EN LA RAYA, AL LADO DE DIOS»
  8. VI. EL VÍA CRUCIS DE UN MUCHACHO PRESO
  9. VII. LOS GALLOS DE PICAZO Y «CRISTO VIVE»
  10. VIII. «NOS VEREMOS EN EL CIELO»
  11. IX. LA SANGRE DE LOS MÁRTIRES, SEMILLA DE CRISTIANOS
  12. X. APERTURA Y ENTREGA DE LOS TEMPLOS
  13. XI. LOS FRUTOS DEL MARTIRIO
  14. XII. OTROS MÁRTIRES de México
  15. Bibliografía
  16. Galería de fotos
  17. Colección
  18. Mártires del siglo XX